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Oxford University Press and The Making of a Book

Película muda de 1925, donde se presenta todo el proceso de producción de una edición en tapa dura del Oxford English Dictionary. (Producida por la Federation of British Industry, como parte de una serie para ilustrar la vida industrial).

Poe: un personaje de sí mismo

El 3 de octubre de 1849, un hombre delirante que necesitaba auxilio fue encontrado en las calles de la ciudad de Baltimore. Ese hombre fue llevado al Washington Medical College donde murió cuatro días después. El delirante nunca recuperó la cordura ni explicó lo que le ocurrió. Ese hombre era Edgar Allan Poe. Tenía 40 años.

Los periódicos de la época reportaron que había muerto por “congestión cerebral”, un término común para referirse a una causa de muerte “no respetable”. El certificado de defunción y sus registros médicos desaparecieron tiempo después. Eso impide al día de hoy definir cuál fue la causa exacta de su muerte. Se especula que pudo ser por delirium tremens, epilepsia, sífilis, meningitis, cólera, rabia o una condición cardíaca.

Hay también quien sostiene que Poe fue víctima de una práctica conocida como “cooping” (que traducida significaría “enjaulamiento”). Esta práctica era llevada a cabo durante el siglo XIX en días de votaciones. Pandillas secuestraban a gente cualquiera de la calle, la encerraban, les daban alcohol o drogas y los obligaban a ir a votar varias veces en el mismo día, por el candidato para el cual trabajaba la pandilla. Para variar su identidad les cambiaban la ropa y les ponían pelucas o bigotes falsos. Esa sería una explicación probable al hecho de que Poe apareció vestido con ropa que no era propia y de su desaparición de tres días, antes de ser encontrado, y durante los cuales no se sabe qué ocurrió.

Mucho se ha especulado desde entonces no sólo sobre la causa real de su muerte, sino también sobre su vida completa, de la cual se han contado historias que se confunden con la realidad.

Parte de la fama oscura de su vida proviene de Rufus Wilmot Griswold, poeta, editor y crítico, que sentía una gran rivalidad y resentimiento hacia Poe. El rencor comenzó luego de una crítica que éste hizo de una antología de poesía elaborada por Griswold, en la que cuestionaba a los autores incluidos, pero también a los excluidos. La rivalidad se extendió al campo laboral gracias a que Griswold sustituyó a Poe como editor de la Graham’s Magazine (incluso ganando un sueldo mayor). Otro motivo de discordia entre ambos fue el interés romántico en la misma mujer, una poeta llamada Frances Sargent Osgood. Leer más

Archivos del dolor nacional

“A mi hermano lo mataron en Zaragoza en 1987”, dijo la mujer. La escuchábamos un hombre que estaba sentado en la cuneta, dos policías y yo. Estábamos en una de las varias protestas que han ocurrido frente al Arzobispado de San Salvador, desde que se diera a conocer la disolución de Tutela Legal el pasado 30 de septiembre.

La mujer estaba tan curtida por el paso del tiempo y las dificultades, que me fue imposible calcular su edad. Tendría más de 60 años, aunque no me sorprendería que fuera menor.

Su hermano había sido guerrillero. En algún momento se retiró y volvió a su hogar, sobre todo para tranquilizar a su madre, quien sufría mucho ante la incertidumbre del destino de su hijo. Por algún motivo que no detalló, el hombre tuvo que irse a un refugio. Allí llegó el ejército a capturar gente, entre ellos a su hermano, que jamás regresó.

La mujer se dio a la tarea, por demás peligrosa en aquel tiempo, de averiguar su paradero. Logró descubrir no sólo que a su hermano lo habían torturado y matado, sino los nombres de los responsables. Lo que nunca descubrió fue dónde quedó el cadáver.

Cuando se enteró del cierre de Tutela Legal, esta mujer fue hasta el Arzobispado. Estaba preocupada por el destino del expediente de su caso.

Los policías que escuchaban el relato eran jóvenes. Calculo que nacieron a inicios de los 80. Uno de ellos le preguntó a la mujer qué era lo que quería, por qué estaba allí, manifestándose. La mujer dijo que no quería dinero ni indemnización alguna por parte de nadie. Lo que quería era recuperar el expediente del caso de su hermano y localizar a los culpables, no para cobrar venganza, sino para que le dijeran dónde está enterrado su hermano.

Decía la mujer que era por lo que había estado luchando desde que se lo llevaron. Porque no soportaba el dolor de su madre. Porque no tenían ni dónde ir a ponerle flores. Que necesitaban enterrarlo decentemente porque “no fue un chucho lo que mataron, fue una persona”. Leer más

Otra cara de nuestra religiosidad

Llama la atención que en un país tan religioso como el nuestro, el estudio, la discusión y la investigación sobre nuestras creencias y prácticas espirituales es aún incipiente.

Para muchos, la práctica de una religión es considerada como algo imprescindible. Es común que la religión que se practica en el grupo familiar sea aceptada por tradición, sin realmente vivir la fe ni creer en sus preceptos. Escasos son los que tienen alguna epifanía o revelación personal que les permite encontrar su camino espiritual. Y pocos, muy pocos, son aquellos que, con la mente abierta y sin prejuicio alguno, se toman el trabajo de acercarse a diferentes religiones y prácticas para estudiarlas, informarse y conocerlas.

Por desgracia, en El Salvador, hablar de creencias religiosas diversas es un tema tabú. Se asume que la religión católica, practicada por la mayoría de la población, es la “única y verdadera”, despreciando  otras denominaciones y prácticas. Lo que a muchos se les olvida, o lo que ignoran, es que en nuestro país varias religiones conviven en el mismo territorio de manera armoniosa. Tenemos un par de mezquitas islámicas y también un imponente templo mormón, aparte de templos de varias denominaciones evangélicas y pentecostales, cuyos miembros son numerosos.

En ese sentido me pareció muy importante la realización del Primer Coloquio Salvadoreño de Religiosidad Popular en el Museo Nacional de Antropología (MUNA), organizado por la Dirección Nacional de Investigaciones (DNI) de la Secretaría de Cultura, la Universidad Tecnológica, la Universidad Don Bosco, la Academia Salvadoreña de la Historia y el Centro Cultural de España.

El Coloquio es reflejo de un interés creciente por parte de las Ciencias Sociales en estudiar la religiosidad popular, no sólo como una manifestación cultural sino también como parte de la identidad de los pueblos. Es importante estudiar la historia, el desarrollo y la dinámica de todos estos sistemas de creencias para poder comprender el origen de varias de nuestras costumbres y también para observar su impacto en la sociedad y en eventos históricos, así como los cambios que dichas creencias han experimentado a través del tiempo. Leer más

Una noche en Marshall Point

Para llegar a la comunidad garífuna de Marshall Point, hay que cruzar Laguna de Perlas, en la Costa Atlántica de Nicaragua. La Laguna es de dimensiones gigantescas. O por lo menos así parece cuando se está sentada en una lancha o panga (como la llaman allá) con capacidad para unas 8 o 10 personas.

Las aguas de la laguna son temperamentales. De madrugada el agua es mansa. Es cuando la gente sale a pescar. En el transcurso de la mañana, y a lo largo del día, las olas se ponen violentas, tanto que a veces su navegación llega a ser peligrosa. No son extraños los infortunios. Pangas que se dan vuelta en alguna tormenta, cuando las aguas de la Laguna son furiosas.

Tienen los misquitos una leyenda sobre la Laguna: dicen que en el fondo de ella vive una sirena. Y que cuando las embarcaciones se dan vuelta, ella sube a llevarse a alguien al fondo del agua. Por eso, cuando alguien se ahoga en Laguna de Perlas y no aparece su cadáver, dicen que “se lo llevó la sirena”.

En las márgenes de la Laguna hay un par de comunidades garífunas. Estos son descendientes directos de los esclavos africanos que sobrevivieron al naufragio de un par de barcos, alrededor de 1635. Muchos lograron salvarse y refugiarse en la isla de St. Vincent, en las Antillas Menores. Muchos llegaron después a Centroamérica.

Durante la Revolución Sandinista, en los años 80, un gran número de garífunas abandonó Laguna de Perlas debido a los ataques armados de la Contra. Algunos se quedaron en Bluefields, otros se dispersaron por las ciudades del Pacífico. Cuando la Contra se retiró de ese territorio, los líderes de la comunidad localizaron a toda la gente y la convencieron de regresar a la Laguna. Sentían que la vida en la ciudad estaba destruyendo a la comunidad y afectando sus costumbres.

Muchos aceptaron regresar. Emprendieron el retorno. Fundaron un nuevo asentamiento, La Fe. Lo bautizaron con ese nombre porque tenían fe en que las cosas mejorarían. La historia de cómo los garífunas huyeron de la Contra y el retorno a sus tierras me fue contada por Florentino Solís, líder de La Fe, sentados junto con otras personas de la comunidad, bajo la fronda de un gigantesco árbol de mango. Jamás tendré la habilidad para reproducir todo lo que nos contó Florentino. Escucharlo era como oír a Moisés narrando la huida de Egipto hacia la tierra prometida. Leer más

Calidad y bestsellers

En 1989, el escritor estadounidense Ken Follett publicó la novela Los pilares de la tierra. Para Follett este libro era una apuesta arriesgada. Sus novelas anteriores eran del género de suspenso. Pero Follett se había obsesionado con la historia de la construcción de una catedral. Visitó tantas catedrales como pudo, leyó varios libros sobre arquitectura de catedrales. Y terminó escribiendo una novela alrededor del tema.

Su editor no estaba muy entusiasmado con la idea, pero apostó por Follett porque sus libros son garantía de ventas. Pensó que lo peor que podía pasar es que el libro se vendiera menos de lo usual, aunque un margen de ganancia estaba asegurado de antemano gracias a la fama de Follett. Es un autor que suele figurar en la lista de los diez escritores más ricos del mundo. Sus libros han vendido millones de copias.

Los pilares de la tierra no sólo se vendió muy bien sino que se convirtió en el libro más vendido de Follett hasta ese momento. En el año 2007, la fama de la novela se reavivó gracias a que la presentadora de televisión Oprah Winfrey lo seleccionó para su Club de Libros. Cualquier libro seleccionado por Winfrey para su Club vende, de forma automática, millones de ejemplares.

No recuerdo qué fue lo que me llamó tanto la curiosidad de leerlo. La descripción de la historia no era nada emocionante. Pero leí muchos comentarios entusiastas sobre la novela. También leí un par de entrevistas con Follett, que me gustaron porque reflejaban a un escritor que se toma en serio el oficio.

Me senté a leerlo durante las vacaciones de diciembre del 2007. Dediqué toda la semana, desde la mañana a la tarde, a leer sus 983 páginas. Es de esos libros que enganchan de inmediato, que uno tiene avidez por leer, que no queremos que termine y que cuando termina, nos deja un vacío.

Su lectura resultó una agradable sorpresa. Porque confieso que lo leí con el prejuicio que nos provocan los bestsellers. Pero bestseller no tiene por qué ser sinónimo de mala literatura o literatura ligera. Leer más

El silencio y la memoria

¿En qué momento el Pasado se convierte en Historia? ¿Es el rescate de la memoria el paso intermedio necesario, el eslabón que une a ambos? ¿Qué pasa cuando un país o una sociedad cultivan el silencio que suprime los hechos incómodos o vergonzosos?

El silencio sobre ciertos eventos de la historia nacional reciente es uno de los obstáculos que enfrentan los investigadores al intentar reconstruir los hechos de la guerra de los 80 en El Salvador. Hace unas semanas, la académica Evelyn Galindo-Doucette, en su columna de la revista digital ContrACultura, planteaba en torno a este tema algunas preguntas interesantes: ¿Hay una ética de memoria y olvido en El Salvador? ¿Qué perspectivas se excluyen de la memoria “oficial”? ¿Cuáles son los silencios y tabúes en la guerra de los 80 en El Salvador?

El silencio sobre alguno de los hechos de la guerra puede estar enraizado en códigos de conducta impuestos por los bandos en contienda y que, bajo la consigna de estar en guerra, exigía de todos los involucrados la secretividad como norma de disciplina militar.

Dichos códigos de conducta exigían una lealtad absoluta, ciega. Era la manera de garantizar la andanza de la guerra, la sobrevivencia en condiciones de clandestinidad y la disciplina de los ejércitos en contienda. No sólo no se podía dar información al enemigo o cambiar de bando, sino que tampoco se podía dudar o cuestionar ninguna orden recibida, so pena de ser considerado un traidor.

Esos códigos de conducta, aprendidos por los participantes activos de la guerra (sin importar si fueron de derecha o de izquierda), fueron asumidos por los individuos, no solamente como un pacto ideológico necesario, sino que quedaron grabados e incorporados en el carácter de muchos, constituyendo hábitos de conducta personal que se arrastran hasta el día de hoy.

Sé de hijos de militantes de izquierda o de miembros de la derecha y del ejército que, hasta la fecha, continúan sin conocer con exactitud el rol que sus padres jugaron en la guerra. Cabe suponer que no ha habido, ni siquiera en la esfera privada, diálogos francos sobre la guerra de los 80. Leer más

El escritor es un pasajero solitario

Hace tres meses comencé a escribir un cuento. Pero en el transcurso de la redacción comprendí que lo mejor era escribir toda una novela, porque era necesario explicar con detalle el contexto de la historia en cuestión. (Lamento no poder decirles de qué se trata. Hay una superstición entre escritores que yo respeto mucho: si uno cuenta lo que está escribiendo, el texto “se sala”, ya no se escribe).

Comencé a escribir la novela sin tener una estructura. La he ido armando en el camino. Definí seis capítulos pero a medida que fui escribiendo reconocí que tenía que agregar otros dos. Luego, se me ocurrió incorporar un personaje que no estaba planeado. Cuando definí esos capítulos y el personaje nuevo, me sentí eufórica. Había resuelto varios problemas. El entusiasmo que sentí fue tan grande que quería contárselo a alguien. ¿Pero a quién? Entonces pensé en eso que llaman la soledad del escritor.

Le tengo rechazo al término porque se suele hablar del asunto con un drama innecesario, a mi parecer. Por lo general se habla de la soledad del escritor como algo duro de sobrellevar. A veces se le considera algo trágico; otras veces causa rechazo social o se considera una excentricidad. Amigos, conocidos y familiares reclaman de los escritores con quienes están relacionados esa necesidad de aislamiento, ese estar abstraído, ese anotar las ideas súbitas, esa manera de estar presente en cuerpo pero estar ausente en alma, con los ojos vueltos hacia adentro, hacia el mundo de la historia que se está escribiendo.

Si alguien que quiere ser escritor considera que su soledad es un asunto sufrido y doloroso, lo mejor es que cambie de oficio. No cabe duda de que el escritor necesita tiempo a solas para redactar sus libros, pero no sólo para eso. También para vivir inmerso en esa dimensión paralela que se torna parte de nuestra realidad cotidiana. Esa dimensión paralela donde el libro, la historia y sus personajes, crecen y se desarrollan. Uno entra en esas historias como un mirón y regresa a su mundo particular, a escribir lo que miró en el pozo de su imaginación. Leer más

Segundas lecturas

La primera vez que leí El viejo y el mar de Ernest Hemingway no me gustó para nada. Me pareció una novela aburrida, sin gracia alguna. Tenía unos 15 o 16 años. Leí el libro por obligación, como parte de las asignaciones escolares.

Cada vez que mencionaban El viejo y el mar lo primero que recordaba era el aburrimiento que me causó leerlo. Tenía una sensación de pesadez. De desagrado. De la historia no recordaba prácticamente nada ni me importaba, por muy Premio Nobel de Literatura que hubiera sido Hemingway.

Muchos años después, no recuerdo por qué, tomé el libro y comencé a leerlo. Descubrí un mundo nuevo, diferente. Me enganché tanto que dejé de hacer todo lo demás hasta terminar de leerlo, en una sola sentada. Me pareció apasionante. Esa segunda lectura borró aquella sensación negativa que tenía del libro.

Me gustó la sencillez del lenguaje, la construcción de las frases y la secuencia lineal. Eso le da al texto una sensación de espacio, de aire. Hemingway construye el ambiente necesario para que el lector visualice a perfección al pescador, en la inmensidad del mar, vulnerable, donde la soledad se palpa en el ambiente y oprime el pecho, porque se está a solas luchando contra cosas que son más grandes y mucho más fuertes que uno.

Hay varios libros que recuerdo con gusto y cariño. Pero siempre siento temor de darles una segunda lectura. Más de alguna vez me ha pasado que al hacerlo me detengo poco menos que decepcionada y dejo de leer para que el dolor no sea más agudo.

Algo así me pasó con los cuentos de Julio Cortázar. Creo que me los leí todos durante los 80. No todos me gustaban, pero igual, estaba obsesionada con leerlo. Tiempo después, cuando juntaba material para algún taller de narrativa, volví a leerlos. No me emocionaron ni un ápice. Como en muchos de ellos ya sabía lo que iba a pasar, el elemento sorpresa de Cortázar ya no funcionaba. Sentí tristeza. Leer más

La que escribe en el periódico

La revista Séptimo Sentido cumplió cinco años hace poco. Y por tanto, esta columna también cumplió cinco años, ya que apareció desde el primer número de la misma. Mil gracias a La Prensa Gráfica y a los que pensaron en mí para acompañarlos desde el inicio de la revista.

La primera columna, apenas hoy puedo decirlo, tenía un error en su título. Se publicó como “CRM” pero debió haberse llamado “CMR”, porque las letras correspondían a las iniciales del poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas, de quien hablaba en esa primera entrega.

El error fue mío. Ocurrió porque sufro de una dosis impertinente de dislexia, que me hace cometer ese tipo de errores con relativa frecuencia. No me di cuenta del error hasta la noche antes de su publicación. Me ha mortificado desde entonces. Así es que aprovecho esta oportunidad para disculparme y rectificar. Nunca es tarde.

También quiero aprovechar para darles las gracias a ustedes, los lectores. Diré, sin falsa humildad, que sé que hay gente allá afuera que me lee. Lo sé porque me saludan en el banco, en el supermercado, en la calle, en cualquier lugar. Lo sé porque a veces tengo que dar mi nombre en alguna oficina y de inmediato me preguntan si soy “la que escribe en el periódico”.

Cada vez que se acercan a saludarme por la columna, créanme que me siento honrada. Me sorprende que me reconozcan por la foto. Gracias por acercarse, por darme palabras de aliento, por contarme cuál es su columna favorita y por pedirme que siga escribiendo. Muchas veces, en este país aciago, donde perder el ánimo es fácil, esos encuentros me han levantado la moral y han arreglado más de un mal día. Es gratificante saber que lo que escribo es leído. Y mejor aún, que hay gente que se identifica y simpatiza con ello.

Me disculpo si parezco arisca en persona. Pero comprendan que cuando me abordan en plena calle y dicen mi nombre, me pregunto si es un lector o alguien que me está siguiendo para extorsionarme o matarme. Les recuerdo que vivimos en El Salvador. A eso hemos llegado ya: a sospechar, preventivamente, de todos. Leer más

Al borde del abismo

(El pasado 29 de junio, la revista Séptimo Sentido cumplió cinco años de publicación. Esta columna, «Gabinete Caligari» cumple igual número de años, ya que se apareció desde el primer número de la revista. Aprovecho para dar un inmenso gracias a todos los que han leído, seguido, compartido y comentado esta columna a lo largo de todos estos años. Espero que podamos continuar varios años más). 

Cada vez que llueve de manera prolongada o con mucha intensidad, entro en angustia. Si la lluvia es de noche o de madrugada, me levanto de inmediato, enciendo las luces y me mantengo en vigilia hasta que la lluvia pasa. Y ni eso me tranquiliza.

La casa en la que vivo está ubicada, literalmente, al borde de un abismo. En el 2008, la empresa guatemalteca Inmobiliaria El Bosque comenzó la construcción de lo que sería un complejo de cuatro torres, de 24, 26, 31 y 36 pisos, con su respectivo parqueo subterráneo y helipuerto. El complejo, llamado Europlaza World Business Hotel El Salvador, sería una réplica de un complejo similar construido en Guatemala. El proyecto chapín tuvo tan buen suceso que la inmobiliaria decidió repetir la experiencia en nuestro país. La inversión inicial estimada era de 38 millones de dólares, con un monto total de inversión estimado en 150 millones de dólares.

Los trabajos comenzaron con las excavaciones para construir el parqueo subterráneo. Se hicieron cortes paralelos y se dinamitó el terreno planeado para la construcción, ocasionando fuertes temblores de tierra y levantamientos de polvo en toda la zona, rodeada de casas. Durante esta etapa no se llevaron a cabo ni obras de mitigación ni prevención de daños.

La crisis económica del 2008 afectó los fondos el proyecto. También hubo desconfianza entre los inversionistas debido a la llegada al gobierno de un partido de izquierda. Según declaraciones a la prensa nacional hechas en el 2011 por el arquitecto André Rallión, representante en el país de la empresa dueña del proyecto, las obras podrían reiniciarse si hubiera un cambio de gobierno.

La construcción se suspendió. De recuerdo quedó un hoyo que tiene 20 metros de profundidad. Las condiciones climatológicas, el tráfico pesado de la carretera Panamericana y la falta de obras de mitigación han ido causando diferentes tipos de daño en casas del Reparto La Sultana, Residencial La Ceiba, un mesón y Residencial La Sultana. Son 51 las familias afectadas, entre las que se cuentan 35 menores de edad, 47 adultos mayores y 3 personas con discapacidades físicas. Leer más

Confesiones de una viciosa

Confieso públicamente que tengo un vicio: acumulo libros. No puedo entrar a una librería sin dejar de comprar, por lo menos, uno. Cuando salgo sin comprar nada, me asusto. Me toco la frente para confirmar si no estoy enferma.

El vicio comenzó con mi primer trabajo, a los 18 años. El primer sueldo que gané limpiando baños en un edificio de oficinas en Alemania, lo gasté en un blue jean, una blusa y un par de libros. Desde entonces no he parado.

Acumulo más de lo que leo. En mi biblioteca calculo que hay un 25% de libros que no he leído. No sé cuántos volúmenes tengo en este momento. Digamos que son unos mil. Eso significaría que tengo alrededor de 250 libros sin leer.

Durante años, mi compra de libros fue compulsiva. Compraba sobre todo tema que me interesara o que me llamara la atención, si la edición era atractiva, si el autor era conocido o no. Muchas fueron compras inútiles, libros que me decepcionaron o que me aburrieron y nunca terminé. En esa época no había internet, así es que no podía, como hago ahora, leer varias reseñas del libro antes de comprarlo.

Este vicio es pesado. Literalmente. En cada mudanza, no sólo de casa, sino hasta de país, ando arrastrando mis libros. En esas ocasiones siempre me deshago de una buena cantidad. Pero hay otros de los cuales no puedo ni quiero separarme. Mis libros favoritos. Ediciones especiales. Libros autografiados. Los libros de los amigos. Libros regalados. Libros de consulta. Y por supuesto, los libros no leídos.

Tengo un amigo con el que comparto el vicio. Eso me consuela. Él tiene una librera repleta solamente de los libros que no ha leído. Podíamos estar hablando por teléfono sobre algún libro, nombrar algún título y ponernos de acuerdo para salir a buscarlo en algún lugar de San Salvador, a las 8 de la noche. Mientras otros iban a buscar guaro, nosotros íbamos a buscar libros, como si fuera el asunto más urgente del mundo.

Les digo que es un vicio. Leer más