All posts tagged: columna de Jacinta Escudos

Memorias culturales

Hace poco, ordenando algunas cosas, encontré una caja llena de revistas y suplementos de periódico. Mi primera reacción fue apartar su contenido para donarlo como papel de reciclaje. Pero al ir sacando el material cambié de opinión. Se trataba de varias revistas culturales, una improvisada colección que reuní hace algunos años. Parte de ese material es salvadoreño, pero también hay publicaciones de otros países centroamericanos. La mayoría son de los años 90 y de inicios de los años 2000, un tiempo en que no existían redes sociales y en el que todavía dependíamos de la impresión en papel para dar a conocer materiales culturales. Artefacto y El ángel pobre de Nicaragua, Magna Terra y El borracho de Guatemala, Los amigos de lo ajeno de Costa Rica, Sagatara y Alkimia de El Salvador fueron parte de la efervescencia de ideas que tomó un renovado impulso, luego de una década de guerras y conflictos bélicos en buena parte de la región.

Por nuestros compañeros animales

Hace poco se me perdió un gato. Ocurrió poco después de una mudanza. Como nunca me había pasado antes, revisé páginas y videos de internet sobre las cosas que podían hacerse para localizar al animal. Por desgracia, mencionaban recursos que están plenamente disponibles en otros países, pero que aquí son inexistentes o de funcionamiento limitado. Varias de estas páginas indicaban localizar al animal si tenía implantado un microchip. Que yo sepa, los microchips con la información del dueño o con geo localizador no es algo que esté disponible todavía en El Salvador. Si lo está, supongo que cuesta una pequeña fortuna. No, mi gato no tiene microchip. Tampoco collar. La siguiente indicación era buscar en todos los refugios de animales de la zona. En los alrededores de donde vivo, no existe ninguno. Sé que hay algunos pocos proyectos privados que rescatan animales abandonados en el país, pero que no dan abasto para atender a satisfacción esta problemática. En todo caso, ninguno se encuentra cerca de mi vivienda.

Salto al vacío

Mientras más leo y aprendo sobre el bitcoin, más crece mi preocupación. Las innumerables preguntas que nos hacemos la mayoría de personas topan contra el mismo muro de silencio: no se sabe a ciencia cierta cómo pretende el gobierno implementar su uso. Es posible que debamos esperar hasta septiembre para saberlo. Mientras tanto, la preocupación general está justificada. Sin estudios técnicos conocidos de por medio, sin una reglamentación a la ley y sin explicaciones exhaustivas a la población, el común de la ciudadanía se debate entre lo que dicen los entusiastas tecnológicos que lo aceptan como una buena noticia y quienes, viendo esto desde un punto de vista más objetivo y práctico, advierten sobre todo tipo de riesgos y escenarios catastróficos para las macro y micro finanzas del país.

Antes del adiós

Como ya se habrán enterado quienes suelen leer este espacio, la revista Séptimo Sentido cierra sus páginas. En consecuencia, también se cierra este espacio, “Gabinete Caligari”, que nació desde el inicio de la revista, en junio del 2008. Doce años y medio de columna terminan el próximo 27 de diciembre. Se me agolpan las palabras y las ideas, pensando en todo lo que quisiera decir respecto a este final. En principio, lamento mucho el cierre de la revista, uno de los pocos espacios impresos que se dedicó a un periodismo más de fondo, con entrevistas y crónicas que tocaron temas imprescindibles de país y que, por lo general, no suelen encontrar el espacio necesario en páginas de otros medios impresos. No en vano, algunos reportajes publicados por la revista ganaron reconocimientos internacionales, como el reciente Premio de Periodismo en Profundidad, otorgado en el 2020 por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) a la Excelencia Periodística. El premio fue concedido por la publicación de una serie de doce reportajes sobre el impacto de las desapariciones en …

Cultura salvadoreña aquí y allá

El mes pasado, el corto de ficción Vientos de octubre, fue estrenado como parte de la selección oficial del 9º. Evolution Mallorca International Film Festival (EMIFF)* de España. El corto, que dura poco más de ocho minutos, fue escrito por Maya Salomé y dirigido por Heinz Köbernik, ambos salvadoreños que viven en California desde hace cuatro años. Me alegré mucho por este joven matrimonio al que tengo el gusto de conocer. Son dos personas con gran talento de quienes, estoy segura, seguiremos escuchando buenas noticias. Lo de su corto me dejó pensando en varias cosas. La primera que se me vino a la mente es que el trabajo creativo de Maya y Heinz se está desarrollando en otro país, en un lugar donde encontraron un espacio que ha sabido canalizar sus inquietudes y ponerlos frente a los elementos y recursos necesarios para realizar su pasión por contar historias. Esos elementos y recursos no los encontraron en este país, como no los encuentran tampoco miles de salvadoreños que cada año migran hacia el norte. Los motivos …

No se culpe al lector

Hace algunos años, me tocó visitar una universidad en Tegucigalpa, Honduras, como parte de una gira de presentación de una de mis novelas. Al terminar el conversatorio, hubo un momento para firmar libros. Un estudiante me pidió autografiar una copia de Contra-corriente, mi segunda publicación. Lo firmé, pero había algo raro en el ejemplar, algo que no terminaba de detectar, por más que lo hojeara. Se lo dije a la persona que me lo llevó, que me parecía una edición rara. Sin pena alguna, el estudiante me dijo que era un libro pirateado. Que debido a que mis libros son imposibles de encontrar en Honduras, habían conseguido un ejemplar y lo habían fotocopiado, haciéndolo parecer lo mejor posible a un original. La verdad fue que me conmovió. Pensar que había personas que querían, a toda costa, leer algo que yo hubiera escrito y que para ello se tomaran tanto trabajo, me parecía una forma de halago. Recordé la anécdota cuando hace pocas semanas, resucitó la discusión sobre el pirateo de libros, gracias a un tweet …

Otra forma de leer

Me encontraba picando verduras para preparar una sopa. Tenía puestos mis audífonos y estaba escuchando mi primer audiolibro. Mientras escuchaba, pensé que la experiencia era un equivalente a cuando alguien te lee o te cuenta una historia. Eso me llevó a preguntarme si escuchar un audiolibro podía considerarse una forma de lectura. A fin de cuentas, aunque el formato de acceso al texto escrito sea el oído y no los ojos, alguien te está leyendo un libro de principio a fin y, al terminar, te deja con pleno conocimiento de la obra. Confieso que estuve negada durante años a escucharlos. Me parecía que la experiencia no sería tan satisfactoria como leer en papel o en formato digital. Pero haciendo cuentas de las horas que invierto en los oficios domésticos, pensé que dicho tiempo podía aprovecharse de manera más agradable. Podría escuchar música, y a veces lo hago. Podría escuchar podcasts, pero sigo buscando alguno que me guste tanto como para escucharlo a diario. Durante un tiempo intenté ver series con el celular. Pero por estar …

Nuestra nueva vida virtual

La inesperada aparición de la pandemia en nuestras vidas ha producido cambios, evidenciado vulnerabilidades e impuesto alternativas improvisadas para un sinnúmero de nuestros quehaceres cotidianos. Dentro de toda la desgracia que la situación supone, podemos sentirnos afortunados de contar con internet, una herramienta que no existía en las pandemias del pasado y que, mal que bien, representa una alternativa para sobrellevar la situación. Tratemos de imaginar lo que sería pasar las limitaciones del confinamiento sin acceso a fuentes de información o de entretenimiento. Desde hace varios años se ha venido fomentando la conectividad por medio de servicios domiciliares y teléfonos móviles. Muchas de las actividades que hoy nos vemos obligados a hacer venían implementándose de manera muy lenta. La pandemia aceleró varios de esos procesos y nos vino a demostrar lo poco preparados que estamos en varios aspectos que, mientras no volvamos al nivel de sociabilidad anterior, continuarán siendo ejecutados desde nuestras computadoras o celulares. No estábamos listos para la educación, el trabajo o el comercio virtuales, por ejemplo. No lo estábamos en cuanto a …

El pálido jinete

Es curioso que la pandemia de gripe de 1918, conocida como la gripe española, tenga tan poca presencia en la literatura o el arte de su tiempo. Se podría pensar que un evento mundial, que produjo más de 50 millones de muertos, tendría una resonancia profunda entre los artistas de aquella época. Es posible que los eventos hayan sido tan abrumadores, que no permitieron el estado de ánimo adecuado para elaborar dichos sucesos a través de la obra artística. Algunas experiencias de la época parecen confirmarlo. El poeta estadounidense William Carlos Williams, quien además era doctor y tuvo que atender enfermos a domicilio durante la crisis, detalló que los médicos debían hacer hasta sesenta visitas diarias. “Varios de nosotros perdimos el conocimiento, uno de los jóvenes murió, otros se contagiaron y no teníamos nada que fuera eficaz para controlar ese potente veneno que se estaba propagando por el mundo”, contó luego en su autobiografía. El poeta francés Guillaume Apollinaire, se contagió de la gripe española en París, mientras seguía convaleciendo de una herida de metralla …

Pequeñas epifanías

A medida que se agotan mis alimentos durante esta cuarentena, pienso mucho en Magdalena. Magdalena es una joven que todos los martes, jueves y sábados suele vender frutas y verduras en los alrededores de la Basílica de Guadalupe, en Antiguo Cuscatlán. Es originaria de Cojutepeque y los días que le toca venir, sale temprano para pasar antes por el mercado La Tiendona y abastecerse de los mejores productos. Viene acompañada de su esposo y su madre. Él ayuda con la venta o llevando encargos voluminosos a vecinos de la zona que, por uno u otro motivo, no pueden llegar en persona. Su madre vende marquesote, salpores y otro tipo de panes. Ni Magdalena ni los suyos, y quizás tampoco los vecinos que acudimos a su venta, nos damos cuenta real del valor de su servicio, que trasciende la simple compra venta. No es solamente que nos ayuda con el abastecimiento, sino que, al acercar el mercado hacia esta zona, nos ahorra el tiempo de ir por nuestra cuenta. Comprarle a ella es un mandado que …

Diario de pandemia

Hoy se decretó alerta roja. El país está en emergencia. Es cuestión de tiempo que el virus nos alcance. Desde hace varios días sigo las noticias al respecto. Me preocupo. Trato de no leer mucho sobre el asunto para que no me de ansiedad, pero al mismo tiempo, quiero estar informada. Hay muchas historias, muchas contradicciones y pocas certezas. Un par de días antes hice mi compra normal de la quincena. No estoy preparada económicamente para hacer compras imprevistas, para hacer una reserva de comida que dure, por lo menos, un mes. Deberé sobrevivir con lo que tengo. Debo confiar en que seguirá habiendo alimentos y que no me contagiaré cuando salga a comprarlos. Ando muy consciente de cómo evitar tocar los objetos que han pasado por varias manos. Sensación de vulnerabilidad o desventaja ante los demás. Me preocupa enfermar y quedar a mi suerte. El sistema de salud que tenemos no da abasto en una situación normal; mucho menos si existiera una epidemia, con un virus para el cual no hay vacuna ni tratamiento …

Bienvenidos a la posverdad

El pasado mes de febrero se estrenó en Netflix una película llamada The Last Thing He Wanted (2020), de la directora afroamericana Dee Rees. En español, el título ha sido traducido como Su último deseo. Basada en una novela homónima de Joan Didion, la película narra la historia de la periodista Elene McMahon (interpretada por Anne Hathaway) quien, luego de estar presente en El Salvador cubriendo la masacre de El Mozote, es asignada por su periódico a cubrir la campaña presidencial de Ronald Reagan. El padre de Elene (interpretado por Willem Defoe) cae enfermo y necesita cerrar un buen negocio: deberá hacer una entrega de armas en Centroamérica. Elene decide realizar ella misma la transacción. La película es bastante mala y aburrida, y no me tomaría la molestia de escribir sobre ella si no fuera por algunos elementos que me resultaron inquietantes y que me dejaron pensando en lo fácil y rápido que se puede falsear la historia, a un extremo tal que los personajes de George Orwell estarían orgullosos. Curiosamente, los eventos de la …