Year: 2023

El anonimato literario

Nunca he leído un libro de la escritora italiana Elena Ferrante, pero goza de todo mi respeto. A pesar de la gran popularidad que ha adquirido su obra, la autora (cuyo nombre es un seudónimo), prefiere mantenerse en el anonimato. No acude a presentaciones públicas o eventos literarios. Las escasas entrevistas que ha concedido, han sido respondidas por correo y a través de sus editores. Desde la publicación de su primera novela, L’amore molesto, en 1992, el anonimato fue una condición no negociable que solicitó para acordar la publicación. Lo admirable es que su editorial haya aceptado, empeñadas como están la mayoría en explotar la figura del autor como personaje público (algo que, argumentan, ayuda a aumentar las ventas). Sin embargo, la postura de Ferrante desmiente eso: millones de sus libros se han vendido en todo el mundo, pese a su no participación en eventos. ¿Es imprescindible, entonces, que los escritores tengan la excesiva presencia mediática que se les demanda hoy en día?

Muerte lenta por murmullos

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. La primera vez que leí la frase fue a la luz de un par de quinqués, reunida la familia en la mesa del comedor. Días antes, los empleados de la Compañía de Alumbrado Eléctrico estaban en huelga en demanda de mejoras salariales. Como método de presión, habían comenzado a ejecutar apagones de una a dos horas en toda la capital, particularmente de noche. Era 1977 o 1978, los días en que la violencia política comenzó a superar la censura y el miedo. Íbamos camino a la guerra, sin saberlo. Comenzábamos a tomar conciencia de que esa sería nuestra normalidad durante los años por venir.