All posts tagged: Jacinta Escudos

La última y nos vamos

La última columna del año siempre me era la más difícil de escribir. La gente anda con la atención en otra parte y no quiere saber de problemas ni de temas muy duros. Pero la de este año trae un doble nivel de dificultad. Es la última columna de un año en pandemia, y también la última columna de una revista que hoy cierra sus páginas. Nunca me ha gustado repetir las frases comunes, frases repetidas infinidad de veces, por obligación o formalismo, que casi han perdido su sentido. En la temporada de fin de año, prefiero hacer notar que no todos son felices en esta época. En un plano paralelo a las campanas, los brindis y la exaltación colectiva, hay miles de seres humanos para quienes estas fechas no significan nada especial, porque hay sufrimientos personales que no dan tregua. Al contrario, las obligatorias reuniones con familiares y amigos, mezcladas con el alcohol, la estupidez y los resentimientos, suelen provocar situaciones incómodas. A veces, terminan en lo peor. La violencia intrafamiliar, el abandono, la …

Antes del adiós

Como ya se habrán enterado quienes suelen leer este espacio, la revista Séptimo Sentido cierra sus páginas. En consecuencia, también se cierra este espacio, “Gabinete Caligari”, que nació desde el inicio de la revista, en junio del 2008. Doce años y medio de columna terminan el próximo 27 de diciembre. Se me agolpan las palabras y las ideas, pensando en todo lo que quisiera decir respecto a este final. En principio, lamento mucho el cierre de la revista, uno de los pocos espacios impresos que se dedicó a un periodismo más de fondo, con entrevistas y crónicas que tocaron temas imprescindibles de país y que, por lo general, no suelen encontrar el espacio necesario en páginas de otros medios impresos. No en vano, algunos reportajes publicados por la revista ganaron reconocimientos internacionales, como el reciente Premio de Periodismo en Profundidad, otorgado en el 2020 por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) a la Excelencia Periodística. El premio fue concedido por la publicación de una serie de doce reportajes sobre el impacto de las desapariciones en …

Voy a dormir

Es de noche y se avecina una tormenta. Una mujer de 46 años que está hospedada en una pensión de Mar de Plata, Argentina, sufre de dolores terribles. La morfina ya no ayuda más. Debilitada por el dolor, llama a la asistenta del lugar y dicta una carta para su hijo Alejandro, de 26 años: “… Suéñame, que me hace falta. Te escribo tan sólo para que veas que te quiero”. En la madrugada del 25 de octubre de 1938, la mujer sale de su habitación. La tormenta ha comenzado. Quizás ya había escogido el lugar en días anteriores. Quizás nada más caminó y lo encontró. Lo cierto es que llegó hasta un espigón y desde allí se lanzó al mar. En las primeras horas de la mañana, unos trabajadores ven flotar un cuerpo en la playa. Lo sacan del agua, lo llevan al hospital y reconocen a la muerta como la poeta Alfonsina Storni. Tres años antes, en 1935, a Storni le fue detectado cáncer de mama. Los doctores la operaron y amputaron el …

Míster Eléctrico

En el otoño de 1932, un niño de 12 años llamado Ray Douglas Bradbury, regresaba junto con su familia del entierro de su tío favorito. Mientras el coche avanzaba, Ray miró hacia la orilla del Lago Michigan y distinguió las carpas del circo Dill Brothers Combined Shows, que había llegado a la ciudad la noche anterior. El niño urgió al padre que detuviera el coche. Éste se molestó ya que recién venían de un entierro, pero finalmente se detuvo y Ray Bradbury salió corriendo loma abajo hasta llegar al circo. Lo primero que vio cuando llegó fue a un hombre al que llamaban Míster Eléctrico. Estaba sentado sobre una plataforma, en la entrada principal del lugar. En aquellos días, Ray estaba fascinado con la magia. De hecho, llegó a pensar que, “cuando fuera grande”, sería un mago profesional. Fue el pretexto ideal para acercarse a Míster Eléctrico: le pidió que le explicara cómo hacer un truco de magia. Eléctrico complació la petición y le enseñó algún truco. Luego lo llevó a conocer a los otros …

Cultura salvadoreña aquí y allá

El mes pasado, el corto de ficción Vientos de octubre, fue estrenado como parte de la selección oficial del 9º. Evolution Mallorca International Film Festival (EMIFF)* de España. El corto, que dura poco más de ocho minutos, fue escrito por Maya Salomé y dirigido por Heinz Köbernik, ambos salvadoreños que viven en California desde hace cuatro años. Me alegré mucho por este joven matrimonio al que tengo el gusto de conocer. Son dos personas con gran talento de quienes, estoy segura, seguiremos escuchando buenas noticias. Lo de su corto me dejó pensando en varias cosas. La primera que se me vino a la mente es que el trabajo creativo de Maya y Heinz se está desarrollando en otro país, en un lugar donde encontraron un espacio que ha sabido canalizar sus inquietudes y ponerlos frente a los elementos y recursos necesarios para realizar su pasión por contar historias. Esos elementos y recursos no los encontraron en este país, como no los encuentran tampoco miles de salvadoreños que cada año migran hacia el norte. Los motivos …

Domingos

Durante muchos años de mi vida, odié los días domingo. Me parecían días muertos, aburridos, sin sentido. La laxitud, el silencio, las obligaciones familiares, una pereza resultante del agotamiento acumulado de la semana y una abrumadora sensación de soledad, moldearon las más de las veces esos días en los que no sabía ni qué hacer. Durante algún tiempo, intenté borrar el extraño sabor de los domingos probando diversas estrategias. Leía, escribía, escuchaba música. Eso me distraía del mal ánimo que me provocaba ese día, pero no del todo. Años después, durante un tiempo demasiado breve, los domingos fueron como una pequeña e íntima fiesta semanal que celebrábamos con Alguien, domingos en los que yo era terriblemente feliz. Cuando era niña, los domingos familiares tenían rutinas bastante inalterables. Después del desayuno, mi padre iba a una finquita que teníamos cerca de Panchimalco. Muchas veces lo acompañaba, con tal de eludir la otra rutina casera. Ese día no se hacía limpieza, pero sí se cocinaba algo especial. Por lo general hacíamos una barbacoa. Era el almuerzo familiar …

No se culpe al lector

Hace algunos años, me tocó visitar una universidad en Tegucigalpa, Honduras, como parte de una gira de presentación de una de mis novelas. Al terminar el conversatorio, hubo un momento para firmar libros. Un estudiante me pidió autografiar una copia de Contra-corriente, mi segunda publicación. Lo firmé, pero había algo raro en el ejemplar, algo que no terminaba de detectar, por más que lo hojeara. Se lo dije a la persona que me lo llevó, que me parecía una edición rara. Sin pena alguna, el estudiante me dijo que era un libro pirateado. Que debido a que mis libros son imposibles de encontrar en Honduras, habían conseguido un ejemplar y lo habían fotocopiado, haciéndolo parecer lo mejor posible a un original. La verdad fue que me conmovió. Pensar que había personas que querían, a toda costa, leer algo que yo hubiera escrito y que para ello se tomaran tanto trabajo, me parecía una forma de halago. Recordé la anécdota cuando hace pocas semanas, resucitó la discusión sobre el pirateo de libros, gracias a un tweet …

Otra forma de leer

Me encontraba picando verduras para preparar una sopa. Tenía puestos mis audífonos y estaba escuchando mi primer audiolibro. Mientras escuchaba, pensé que la experiencia era un equivalente a cuando alguien te lee o te cuenta una historia. Eso me llevó a preguntarme si escuchar un audiolibro podía considerarse una forma de lectura. A fin de cuentas, aunque el formato de acceso al texto escrito sea el oído y no los ojos, alguien te está leyendo un libro de principio a fin y, al terminar, te deja con pleno conocimiento de la obra. Confieso que estuve negada durante años a escucharlos. Me parecía que la experiencia no sería tan satisfactoria como leer en papel o en formato digital. Pero haciendo cuentas de las horas que invierto en los oficios domésticos, pensé que dicho tiempo podía aprovecharse de manera más agradable. Podría escuchar música, y a veces lo hago. Podría escuchar podcasts, pero sigo buscando alguno que me guste tanto como para escucharlo a diario. Durante un tiempo intenté ver series con el celular. Pero por estar …

Epifanías secretas

¿Cuál fue el libro que cambió su vida? Es una pregunta que se nos hace con frecuencia a los escritores, pero que también se hace entre lectores. ¿Qué significa exactamente eso de que un libro te cambie la vida? ¿Se dejó de creer en algo? ¿Se cambiaron hábitos de vida o maneras de hacer las cosas? ¿Se mudó de país? ¿Adoptó una nueva religión? ¿Puede un libro producir transformaciones profundas en una persona? No sé si un libro me bastaría para hacer ese tipo de cambios. Sobre todo, no creo que ocurriría con novelas o cuentos, es decir, con libros de ficción. Quizás podría ocurrir con la lectura combinada de varios libros y con algunos hechos de la realidad que respalden las circunstancias del lector. Pienso en libros como La Biblia, el libro más traducido y publicado en toda la historia. O en El capital de Karl Marx, otro libro con gran número de ediciones en todo idioma y con profunda incidencia en los sistemas económicos que la humanidad ha tratado de implementar. Más recientemente, …

Hostilidad virtual

Desde hace un tiempo, algunas redes sociales se han convertido en espacios que concentran un alto nivel de hostilidad. La violencia verbal, la superioridad moral, la arrogancia, el cinismo, las amenazas, las descalificaciones, los egos inflados y la vulgaridad, se han convertido en su lenguaje cotidiano. Lejos de ser espacios para intercambiar ideas e información, parece ser que las redes sociales se entienden como lugares para ventilar rabias contenidas y todo tipo de bajezas. Veo esto reflejado en Twitter, uno de los pocos espacios que todavía mantengo abierto. Tener una opinión diferente a la propia parece ser el interruptor para que algunos insuficientes mentales reaccionen de manera desmedida, sobre todo cuando se trata de asuntos políticos o ideológicos, donde la agresividad se luce en todo su esplendor. Esto lo sabemos demasiado bien en nuestro país, donde casi cualquier cosa que se postea es detonante para pleitos. Esta situación es particularmente delicada para las mujeres, ya que expresar sus opiniones o criticar algún asunto (sobre todo cuando se trata de política nacional) se convierte en una …

Nuestra nueva vida virtual

La inesperada aparición de la pandemia en nuestras vidas ha producido cambios, evidenciado vulnerabilidades e impuesto alternativas improvisadas para un sinnúmero de nuestros quehaceres cotidianos. Dentro de toda la desgracia que la situación supone, podemos sentirnos afortunados de contar con internet, una herramienta que no existía en las pandemias del pasado y que, mal que bien, representa una alternativa para sobrellevar la situación. Tratemos de imaginar lo que sería pasar las limitaciones del confinamiento sin acceso a fuentes de información o de entretenimiento. Desde hace varios años se ha venido fomentando la conectividad por medio de servicios domiciliares y teléfonos móviles. Muchas de las actividades que hoy nos vemos obligados a hacer venían implementándose de manera muy lenta. La pandemia aceleró varios de esos procesos y nos vino a demostrar lo poco preparados que estamos en varios aspectos que, mientras no volvamos al nivel de sociabilidad anterior, continuarán siendo ejecutados desde nuestras computadoras o celulares. No estábamos listos para la educación, el trabajo o el comercio virtuales, por ejemplo. No lo estábamos en cuanto a …

El pálido jinete

Es curioso que la pandemia de gripe de 1918, conocida como la gripe española, tenga tan poca presencia en la literatura o el arte de su tiempo. Se podría pensar que un evento mundial, que produjo más de 50 millones de muertos, tendría una resonancia profunda entre los artistas de aquella época. Es posible que los eventos hayan sido tan abrumadores, que no permitieron el estado de ánimo adecuado para elaborar dichos sucesos a través de la obra artística. Algunas experiencias de la época parecen confirmarlo. El poeta estadounidense William Carlos Williams, quien además era doctor y tuvo que atender enfermos a domicilio durante la crisis, detalló que los médicos debían hacer hasta sesenta visitas diarias. “Varios de nosotros perdimos el conocimiento, uno de los jóvenes murió, otros se contagiaron y no teníamos nada que fuera eficaz para controlar ese potente veneno que se estaba propagando por el mundo”, contó luego en su autobiografía. El poeta francés Guillaume Apollinaire, se contagió de la gripe española en París, mientras seguía convaleciendo de una herida de metralla …