Autor: Jacinta Escudos

Estatuas de sal

Desde hace varias semanas, en Guatemala y en Honduras, miles de ciudadanos salen a manifestarse en contra de los actos de corrupción que han sido descubiertos en aquellos países. En El Salvador hay por lo menos una docena de motivos graves por los cuales también podríamos salir a protestar, pero no ocurre. Las escasas veces que se ha intentado, no se pasa de un entusiasmo modesto de algunos cuantos para intentar defender una causa u otra. Los motivos para protestar de los que hablo no se refieren estrictamente a asuntos políticos. Hace algunas semanas, un inhumano violó y mató a una niña de seis años, pero fuera del usual cacareo exaltado que ocurre siempre en los gallineros de las redes sociales, la vida siguió con toda normalidad.

Juguetes de una niña solitaria

Un cubo de plástico transparente que en su interior albergaba un laberinto, también de plástico transparente; en una de las caras del cubo había un agujero donde se metía una chibola. El objetivo del juego era sacar la chibola por otro agujero en la cara contraria, atravesando el interior del cubo. Podía tomar horas lograrlo.

La alquimia del dolor

Hay días en que el mundo duele. En que la vida hiere. Días en que el alma pesa como si dentro del pecho cargáramos una roca. Días en que en ese mismo pecho, hay un agujero negro insondable. Hay días en que no se soporta cargar ni el peso de una pluma. Días en que la risa ajena nos molesta. Días en que las miradas felices de los demás son bofetadas para nuestra angustia. Días en que cada pregunta que nos hacen es una afrenta; hablar, un esfuerzo insufrible.

Nuestra deuda con Monseñor

En aquel tiempo, el corazón del país estaba pesado. Entre 1977 y 1979, las protestas de los sectores populares comenzaron a romper las barreras del miedo y de la censura para denunciar estafas y corrupción estatal, injusticias laborales y salariales, represión política y organizativa, la falta de alternancia en el poder e incontables violaciones a los derechos humanos.

La libertad del lector

Hace un par de semanas recibí un mensaje de una alumna que estudia 2º año de bachillerato en un colegio capitalino. En tono desesperado, me solicitaba le enviara “una especie de autobiografía” (sic), porque para su clase de literatura le habían asignado “personificar” a la escritora Jacinta Escudos.

Menos monumentos, más árboles

El pasado 22 de abril se inauguró en San Salvador un monumento llamado “Homenaje a la memoria”. Está ubicado en un espacio entre la Avenida Jerusalén y el Boulevard Monseñor Romero. El conjunto escultórico, elaborado por Guillermo Perdomo, consta de 96 figuras de troncos talados, hechos en concreto pigmentado, con medidas de entre 70 centímetros a 2.5 metros de altura. Según la explicación del escultor, publicada en la página web de la Secretaría de Cultura de la Presidencia, el conjunto muestra “un panorama triste, sombrío, caluroso, árido, lleno de troncos secos, ausentes y grises, que reflejan la destrucción ambiental”. Pero el monumento tiene una doble función, ya que también sirve como homenaje “a las personas que murieron en el holocausto contra el pueblo judío, durante la II Guerra Mundial, razón por la cual los troncos tienen una inclinación hacia el este, donde se encuentra la ciudad de Jerusalén”, según las palabras de Perdomo.

Currucucucú

Estoy lista para sentarme a escribir esta columna. Reviso apuntes. Trato de aterrizar uno de los tres temas que tengo en mente. Abro la plantilla correspondiente en la compu. En ese momento, una paloma de monte aterriza en el balcón de la ventana que tengo junto a mi escritorio. Me quedo inmóvil, con los dedos sobre el teclado, viéndola. Ella ladea la cabeza con movimientos cortos, intentando ver hacia adentro a través del vidrio cerrado. Me pregunto qué pensará la paloma al ver dos paredes forradas de libros y un par de sillas. Se preguntará por la falta de árboles, por la falta de agua, por la falta de flores.

Pronto: El asesino melancólico de Jacinta Escudos

El pasado lunes me confirmaron por parte de la editorial que mi novela El asesino melancólico, ya salió de imprenta. No he visto el libro en físico todavía, pero les comparto el diseño de portada. Mis agradecimientos a Sergio Ramírez y Mauricio Orellana Suárez, por sus generosos comentarios sobre la novela citados en la contraportada. También mi agradecimiento a Sandro Stivella por mi foto de solapa. Y también a todo el equipo de Random House, que en medio de la fusión con los sellos del Grupo Prisa, continuó con el trabajo de producción del libro. A partir de mayo, la novela estará disponible en librerías de México y Centroamérica. Por el momento, desconozco precio de venta al público, nombres específicos de librerías o fechas de presentaciones, pero en su debido momento compartiré la información. También habrá versión e-book (costará $7.99, pero todavía no está disponible para la venta). Gracias por la paciencia, por estar pendientes y por la expectativa de todos.

Fotografías

Buscando algo en unas cajas llenas de papeles, encontré lo que pensé perdido: fotos de los años 80, de cuando trabajaba en Río San Juan, Nicaragua. La emoción duró poco. Cuando las saqué del sobre, descubrí que estaban pegadas. Ni siquiera hice el intento de separarlas porque temí se dañaran aún más. Sólo podía consolarme viendo la foto de encima, también dañada: se ve a un hombre alto y flaco llamado Donald, un panguero que me acompañó numerosas veces en mis viajes de trabajo por el río; yo a su lado, con un cigarro en la mano izquierda y con unas botas militares coreanas que me ponía para andar por aquellos parajes. Estamos en el muelle de El Castillo de la Inmaculada Concepción. Detrás nuestro está el río.

La renovación necesaria

No todo ha sido malo en el panorama político salvadoreño. De 1992 hasta el presente, los dos partidos mayoritarios, ARENA y FMLN, han tenido la cordura y la madurez para permitir la alternancia en el poder, sin las temidas consecuencias de los tiempos de las dictaduras militares anteriores a los 80, cuando cualquier crítica contra el gobierno implicaba un riesgo real de muerte. Consuela un poco saber que el trauma que la guerra dejó en los salvadoreños, sirvió para lograr avances en la mejoría de los derechos humanos, la libertad de expresión y el ejercicio de la democracia. Pero hay algo que de tan obvio, se nos olvida: los mencionados partidos fueron creados durante la guerra. Fueron organizaciones concebidas para enfrentar a un rival militar e ideológico, organizaciones creadas para luchar una guerra y ganarla, en el marco de la batalla decisiva entre “el comunismo internacional” y las fuerzas “capitalistas del imperialismo yanki”. Ya sabemos cuál fue el desenlace de ese proceso para nosotros: 75 mil muertos, miles de desaparecidos y exiliados, millones en pérdidas …