Latest Posts

Un dólar mensual de pensión

A comienzos del mes pasado leí un caso en este periódico que me dejó pensativa. Era la historia de Carlos Serén, de 54 años, que recibe como pensión mensual un dólar con 21 centavos. Sí, leyó usted bien: un dólar con veintiún centavos, a los cuales le descuentan diez centavos para pagar el Seguro Social.

Su historia es similar a la de miles de salvadoreños: Serén comenzó trabajando en un ingenio donde estuvo durante siete años sin ahorrar para una pensión. Esto en la década de los 80, cuando las pensiones todavía se cotizaban con el ISSS para los empleados del sector privado formal. Serén era empleado del sector privado pero no estaba formal.

Luego comenzó a trabajar en la Supertienda Toyita. A pesar de ello, las cotizaciones fueron inconstantes, con meses donde no se pagaba nada a su cuenta.

Para no hacer el cuento más largo, Serén fue arrollado por un pick up, sufrió un daño de por vida en las piernas y desde el 2007 gestionó pensión por invalidez. Cuando se metió a hacer el trámite se dio cuenta de la cruda realidad.

Al principio llegó a recibir poco más de 100 dólares de pensión mensuales, pero a partir de diciembre del 2010, y con la reducción del ahorro en su cuenta, lo que le corresponde recibir es ese triste dólar con veintiún centavos. El cual sólo podrá recibir durante ocho años más. Y cuando termine la pensión dejará de tener acceso también, en consecuencia, a los servicios del Seguro. Eso a los 62 años. Leer más

El gran novelista

el gran novelista

La Cenicienta nacional

A fines de agosto pasado se anunció que La Luna Casa y Arte será cerrado durante este mes de septiembre. En realidad, en el comunicado donde se dio la noticia se negaron a hablar de cierre sino que prefirieron hablar de un “final feliz”. Se extendía la invitación para participar en las actividades de este mes que culminarán con una gran fiesta el día 29 para despedir este “fin de ciclo”.

En la nota que publicó este periódico al respecto, me llamaron la atención las declaraciones de Beatriz Alcaine, directora del lugar. Aclaraba que el concepto con el que nació La Luna, como área cultural independiente, ya no podía ser autosostenible por razones económicas, pero sobretodo, afirmó,  “por la falta de políticas que promuevan las expresiones culturales entre el público”.

“Desde que abrimos sabíamos que no tendríamos apoyo de las instituciones gubernamentales, ni de las grandes marcas, porque no había una visión clara de la importancia que tienen las áreas culturales en el país. Veinte años después, no hay políticas culturales, no hay una ley que la defienda. Si hubiera ese tipo de políticas todo el mundo ayudaría a que este tipo de lugares no desaparezca, como ocurre en otros partes del mundo”, puntualizó Alcaine en la nota de prensa.

La Luna fue fundada en 1992 y desde entonces se convirtió en el escenario y la plataforma de lanzamiento para docenas de artistas de diferentes disciplinas. Llenó un vacío en la raquítica escena cultural salvadoreña de finales de la guerra y comienzos de la posguerra, y supo aprovechar la efervescencia de los años posteriores al 92, cuando el cese al fuego había provocado mucha ilusión y ganas de hacer las cosas bien en este país.

Frases como las de Alcaine nos recuerdan el estado de cosas del antes y el ahora. Veinte años después, la situación sigue igual. No existen políticas culturales que promuevan y protejan los espacios culturales de este país. Veinte años. No le hagan caso a Gardel cuando canta que “veinte años no es nada”. Gardel miente. Leer más

«Una especie de pérdida», Ingeborg Bachman

Usados en común: estaciones del año, libros y una música.
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una
cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados,
gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y
siempre alargada la mano.

De inviernos, de un septeto vienés y de veranos me he
enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto, promesas he declarado
irrevocables,
he adornado un algo y he sido devota delante de una nada,

(-de un periódico doblado, de las cenizas frías, del
papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.

De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis
vecinos.
Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi
cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.

No te he perdido a ti,
sino al mundo.

(De Invocación a la Osa Mayor
Versión de Cecilia Dreymüller y Concha García
Ediciones Hiperión 2001)

Jorgelina Cerritos: «La dramaturgia es la hija despreciada del teatro»

Tenemos entendido que “Al otro lado del mar” perdió aquí los Juegos Florales de dramaturgia de San Miguel y luego ganó el premio Casa de las Américas, el más prestigioso de Latinoamérica. ¿Cómo se puede explicar eso?
Voy a hablar de dos momentos, cómo lo vi en aquel momento y qué pienso ahora. En El Salvador no hay incentivos para la producción literaria más que el de los premios de los Juegos Florales. En estos Juegos Florales son jurados locales: si el certamen es en San Vicente, entonces llamamos a los profesores de San Vicente y la percepción del jurado sigue siendo muy local, y a veces al jurado local de poesía se enfrenta con la obra de un poeta como Roberto Laínez, por mencionar a alguien súper formado, a ese jurado local le va a quedar grande la poesía de Roberto Laínez. Esto ha pasado a lo largo del tiempo, incluso cuando nosotros nos prestamos a ser jurados. Yo he tenido experiencias como jurado que me han hecho cuestionarme, porque uno mismo dice: “¡Ay, pero si son los Juegos Florales, una media lectura voy a dar!”… ¡y somos los mismos escritores los que nos quejamos de que aquí no hay premios de nada, pero nosotros mismos le estamos restando validez!

¿Crees que eso le pasó a tu obra en San Miguel?
Mirá, si alguna vez yo he tenido en mi vida la certeza de que he mandado una obra que va a ganar, fue esa vez, en 2009. Porque cuando terminé “Al otro lado del mar” yo sentía que había trascendido. En ese momento leí la obra y yo decía “esta es la mejor obra que he escrito”, entonces la mandé con la certeza de que iba a ganar y que iba a granjearme el Gran Maestre en Dramaturgia (título que se otorga cuando se ganan tres veces los mismos Juegos Florales), ya tengo el Gran Maestre de Teatro Infantil de los Florales de Santa Tecla… Pues yo decía ya soy Gran Maestre en Dramaturgia también, y no lo decía por ínfulas, sino con la sensación de que tenía frente a mí una cosa superior a lo que yo había estado escribiendo antes. Entonces, cuando mi predicción falla me quedé con cara de “¿qué paso?”… A veces me he llegado a preguntar cómo se me ocurrió la locura de mandarla después a Casa de las Américas si acababa de perder aquí adentro, ja ja ja…

Entrevista completa con Jorgelina Cerritos aquí.

Francisco Goldman: la voz de un árbol en la noche

Cuando hace cinco años su esposa Aura Estrada murió en una playa de México, Francisco Goldman se sumergió en la oscuridad. Luego escribió Say her name, una novela autobiográfica donde cuenta su historia. Un perfil del cronista mestizo del New Yorker que quiso ser Ítalo Calvino y navega entre la ficción y la no ficción mientra lucha con el recuerdo de su mujer.

Crónica escrita por Marcelo Figueras, publicada en revista Anfibia.

Don DeLillo: Cómo escribir con la mirada

—En casi todos los cuentos se repite un esquema básico, un conflicto más o menos latente entre dos personajes. En ‘Creación’ hay un conflicto oculto entre un hombre y su mujer. Él quiere que ella salga de la isla tropical donde están de vacaciones y ella no se da cuenta de que sus intenciones son adúlteras. En ‘La mujer hambrienta’, la historia que cierra el libro, el conflicto adquiere una configuración diferente. Un hombre que va al cine varias veces al día durante décadas descubre un día a una mujer joven que hace lo mismo que él. En Manhattan hay mucha gente así, pero no suele ser joven. El protagonista carece de vida propia, vive a través de las películas que ve. El descubrimiento de que hay una mujer muy joven que hace exactamente lo mismo que él le lleva a seguirla por todas las salas de la ciudad. No sabe muy bien por qué actúa así. La mujer despierta en él un sentimiento que no ha sentido antes, y que no es exactamente erótico. Ella no se da cuenta en ningún momento de que la siguen hasta la escena final cuando él entra en el lavabo.

Entrevista completa con Don DeLillo: «Cómo escribir con la mirada», Cultura, El País.

Convocatoria a reunión sectorial sobre Ley Nacional de Cultura

Sería bueno que acudiéramos también el mayor número posible de escritores y que nos acerquemos para conocer y discutir esta ley, aunque no estemos expresamente convocados en esta invitación.

Esperando una Ley Nacional de Cultura

Recientemente fue presentada al público la propuesta de la Ley Nacional de Cultura, de la Secretaría de Cultura de la Presidencia. Contrario de lo que se anunció, el documento que recibimos los asistentes al Foro 2012 Cultura y Desarrollo, Consulta participativa sobre la Ley Nacional de Cultura (que se desarrolló del 20 al 22 de agosto), era un conjunto de ideas sobre lo que eventualmente podría contener la mencionada ley y no realmente un “borrador” de la misma, como dice la portada del documento que se entregó.

El folleto, de 22 páginas, incluye 14 con los textos completos de la Ley de Protección al Patrimonio Nacional y la Ley del Libro vigentes, para sugerir posibles modificaciones. Las 8 páginas restantes son lo que las autoridades correspondientes terminaron llamando “un esquema” de la Ley.

El primer día del Foro 2012 de Cultura y Desarrollo estuvo dedicado enteramente a ponencias de expertos nacionales y también de Colombia, Costa Rica, España y Cuba. Los temas fueron variados aunque podía sentirse su intencionalidad: la insistencia en la creación de pequeñas y medianas empresas para vender producto cultural.

Fue en el segundo día cuando se pudo conocer el esquema de la Ley que fue leído y comentado por la Secretaria de Cultura, Ana Magdalena Granadino, acompañada de todos los Directores Nacionales de la Secretaría de Cultura.

Los asistentes podían plantear observaciones, preguntas o sugerencias a la mesa mediante papelitos. Se recibieron más de 600 participaciones. Algunas fueron comentadas o respondidas.

Al tercer día, un grupo de personas subió al escenario a pedir que se presentara la versión completa de la ley, luego de haberse publicado aquella mañana, en otro periódico, una entrevista concedida por Gonzalo Castellanos, el consultor colombiano que trabajó en la propuesta. Se daba a entender que existía otra versión del documento. Leer más

Presentación de libro de Ricardo Castrorrivas

Diane Arbus: cronista inquietante

Era el 26 de julio de 1971, en uno de los apartamentos del Wesbeth Artists Community de Nueva York, un complejo de apartamentos de bajo costo para artistas. Una mujer de 48 años toma primero una gran cantidad de barbitúricos. Luego se mete en la bañera con todo y ropa y se corta las venas. Sería encontrada dos días después por su íntimo amigo y amante Marvin Israel. La mujer en la tina era Diane Arbus.

No había nota de suicidio así es que muy poco se sabe de los motivos que tuvo la fotógrafa para suicidarse. Sin embargo, durante toda su vida, y particularmente el año anterior a su muerte, Arbus había sufrido de fuertes depresiones que se agravaron cuando contrajo hepatitis. La depresión parece que estuvo en el centro de su decisión de quitarse la vida pero también parece ser el origen subterráneo de la estética creada en sus peculiares fotos.

Diane Nemerov nació el 14 de marzo de 1923 en el seno de una rica familia judía. Su padre, David Nemerov, era un duro trabajador, hijo de emigrantes rusos. Su madre Gertrude era la hija del dueño del almacén Russek’s, una tienda de pieles ubicada nada menos que en la Quinta Avenida. Luego del casamiento, David se dedicó al almacén transformándolo en una tienda por departamentos, manteniendo la sección de pieles y abriendo una sección de moda femenina para lo que se decía David tenía buen ojo. Sabía prever lo que estaría de moda en las temporadas siguientes.

Diane creció junto a sus dos hermanos en grandes apartamentos ubicados en Central Park West y Park Avenue. La crisis económica de los 30 no impactó en la economía familiar. Diane creció dentro de este ambiente siendo una niña protegida y alejada de la realidad, según ella misma contaría tiempo después.

Pero no todo era ideal en este panorama. El padre se mantenía alejado por el trabajo y la madre sufría de graves depresiones. La niña, de ojos verdes y de cuerpo delgado, desarrolló entonces una fascinación por la gente que iba conociendo. Y uno de esos fue Allan Arbus, un empleado del departamento comercial del almacén de sus padres. Ella tenía 13 años. Cuando tuvo 14 se hicieron novios pese a las reservas de la pareja Nemerov. Con tal de ver su hija feliz, consintieron en el matrimonio de Allan y Diane cuando ésta cumplió los 18 años. Leer más

Peter Stamm: El reto no es el lenguaje, sino la estática | Letras Libres 1

 

Peter Stamm (Münsterlingen, Suiza, 1963) es una de las voces más singulares de la narrativa de habla alemana de la última década. Con un estilo conciso, se declara discípulo de Chéjov y de los narradores norteamericanos de la llamada generación perdida. Sus novelas hablan de lo “torcido cotidiano”, de esas vidas en apariencia insignificantes, pero llenas de tensiones, de fracasos, de alegrías ínfimas, de esperanza y desencanto. La más reciente, Siete años (Acantilado, 2011), es una novela sobre la incomunicación, y su autor, casi como un sello de su estilo, parece solo dedicarse a iluminar esas zonas oscuras de sus personajes, al tiempo que parece decirnos: “En ese juego de luces y sombras, en esa contraluz, cobra contornos la belleza de la vida.”

(Nota: tengo la impresión de que debe decir «la estética», lo que tendría mayor sentido. Pero tanto en el título como en el texto de la entrevista usan la palabra «estática». Lo dejo así por respeto al original. A pesar de ello, la entrevista no tiene pierde. JE).

Peter Stamm: El reto no es el lenguaje, sino la estática | Letras Libres 1.