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Un recuerdo de Onetti

El corazón me latía muy fuerte cuando salí del ascensor en el último piso y llamé a la puerta. Me abrió Dolly, con su sonrisa grave de bienvenida. Las estanterías del pequeño comedor estaban llenas de libros, casi todos en ediciones de bolsillo muy usadas, muchos de ellos novelas policiales. El comedor lo recuerdo en penumbra. En la habitación donde estaba Onetti había una fuerte luz matinal. Una ventana con macetas daba a una terraza y a los tejados de Madrid. Onetti me recibió echado en la cama, en pijama, un pijama azul claro como de la Seguridad Social, en una postura forzada, de costado, apoyado en un codo. Tenía la piel pálida y enrojecida, y una barba escasa. Como no llevaba gafas resaltaban más sus grandes ojos saltones, esos ojos de pena o de tedio abismal que se le veían en las fotos.

Un recuerdo de Onetti | Cultura | EL PAÍS.

Caravana «Liberando la esperanza»

A inicios de octubre pasado fue capturado en Nuevo Laredo, México, Salvador Alfonso Martínez Escobedo, alias “Ardilla”. Este tipo era el jefe de “Los Zetas” en los estados mexicanos de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. Entre los numerosos crímenes que se le atribuyen está la presunta responsabilidad intelectual de la muerte de más de 300 personas, entre ellos los 72 migrantes asesinados en Tamaulipas en el 2010. También se cree que ejecutó personalmente a unas 50 personas y que tiene implicación directa en la fuga de varios reos de penales mexicanos.

Al ser presentado ante la prensa lo hizo en actitud sonriente y desafiante. Alzaba la cabeza ante las fotografías de los periodistas en una actitud de “¿y cuál es pues?”, alzaba el pulgar derecho y saludaba con la cabeza como si estuviera ante un público de admiradores. Parecía orgulloso de ser quien era.

Su supuesta implicación en la masacre de los 72 migrantes centroamericanos en Tamaulipas no hace más que reconfirmar la relación de los diferentes cárteles de la droga con los crímenes que se cometen contra los migrantes en las diferentes rutas que cruzan a través del territorio mexicano. También podría suponerse que su captura le pone fin a uno de los casos más dramáticos que ha trascendido a la prensa sobre el calvario por el que atraviesan miles de personas al hacer su viaje hacia los Estados Unidos.

Aunque da la impresión de que los medios de comunicación hablan cada día menos del tema, la realidad es que las personas siguen migrando del país a la primera oportunidad posible. Y por desgracia cientos de esos migrantes optan por hacerlo de la manera más dura, es decir, cruzando a pie los territorios de Guatemala y México.

Si de por sí el camino es peligroso, los riesgos se miran incrementados con el accionar de diferentes bandas criminales que encuentran en los migrantes una población vulnerable contra la cual actuar con múltiples propósitos. Desde robo de valores hasta trata de personas y asesinato para robo de órganos, pasando por secuestro, extorsión, tortura y violaciones, muchos de estos crímenes quedan sin resolver. La captura de Martínez Escobedo es casi una excepción a la regla. Leer más

¿Así de felices somos?

La New Economics Foundation (NEF), publicó en junio de este año la tercera edición del Índice del Planeta Feliz, una alternativa al indicador convencional que mide la riqueza de un país, como el Producto Interno Bruto (PIB). Según la NEF, conformada por economistas británicos, los países más ricos y desarrollados no son necesariamente los más felices.

En esta tercera edición, El Salvador calificó como el quinto lugar más feliz del mundo, después de Costa Rica, Vietnam, Colombia y Belice. La noticia fue retomada hace pocas semanas por Smarter Travel y reproducida por Yahoo, recomendando estos cinco países como metas ideales de viaje.

El estudio mide tres factores principales: el bienestar de los habitantes de una nación, su esperanza de vida y la huella ecológica de dicha nación. Los datos y métodos estadísticos son extraídos de otras instituciones como el Informe de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, el Gallup World Poll y el World Values Survey.

La noticia no dejó de sorprenderme y me pregunté en qué parte del país estará toda esa felicidad que yo me estoy perdiendo. Porque siento que vivir en este país es una angustia permanente. Mucho de nuestra realidad causa desánimo y es muy difícil mantener el optimismo en alto. Sólo pueden lograrlo aquellos que viven encerrados en burbujas, desconectados de la realidad cotidiana de la mayoría de la población.

Lo que no me sorprendió fue conocer el dato revelado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que afirma que El Salvador, ese mismo país que dicen es el quinto lugar más feliz del mundo, es también el país donde 6 de cada 10 personas sufren de depresión. Y que es este trastorno mental el que más afecta a sus habitantes.

Por su parte, el Instituto Salvadoreño de Medicina Legal reportó que entre enero y la primera quincena de septiembre del presente año se registraron 365 suicidios. De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), El Salvador ocupa el tercer lugar de la tasa de suicidios de Latinoamérica, con un promedio de 10 suicidios por cada 100 mil habitantes. La tasa de mortalidad a nivel mundial es de 16 por cada 100 mil habitantes. Leer más

Carátula 50

Carátula 50, Revista Cultural Centroamericana, correspondiente a octubre-noviembre 2012, ya está en línea. En este número encontrará el cuento «Pura sangre dieciochera» de Maurice Echeverría, ganador del Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve 2012 así como las secciones acostumbradas.

Poesía salvadoreña en Visor

Metro, corto de Jacob Wyatt

Hablar de la muerte

En la película The Bucket List (titulada en español Antes de partir), los actores Jack Nicholson y Morgan Freeman encarnan a dos enfermos terminales de cáncer que se ven obligados a compartir una habitación de hospital. Son dos personalidades opuestas: uno es rico, es obsesionado con el trabajo y tiene mucho mundo; el otro es un mecánico afable, sencillo y hombre de familia. Pero la obligación de compartir habitación y destino los hace poco a poco conversar y un día escriben una lista de las cosas que les gustaría hacer antes de morir.

El mecánico tira la lista a la basura pensando que, como de todos modos la muerte está cerca, esa lista es una tontería y que ninguna de esas cosas tiene posibilidad alguna de realizarse. Pero el otro, el que tiene dinero, saca la lista de la basura y le propone al mecánico que salgan del hospital y que vayan a cumplir esos deseos. Después de dejarse convencer un poco, el mecánico accede.

Hacen de todo: se tiran de un avión en paracaídas, van a las pirámides en Egipto, corren autos de carrera y otras cosas más, incluso las que el dinero no puede comprar, como reír hasta las lágrimas o besar a la chica más bella del mundo. En el camino descubren no sólo una preciosa amistad sino también el verdadero sentido de la vida.

Aparte de la maravillosa combinación de Nicholson y Freeman en una película, es inevitable, por el asunto que trata, ponerse a pensar en cuál sería la lista personal de las cosas que uno quiere hacer antes de morir. Yo comencé a hacer la mía. Y me detuve, en la misma actitud del mecánico. Pensé que hay cosas que por más que las sueño, nunca las voy a lograr hacer. Pero quizás lo valioso del ejercicio de esas listas sea precisamente el acto de soñar. Pensar que hay un mañana. La esperanza. Leer más

Moby Dick Big Read

Portada de Moby Dick

‘I have written a blasphemous book’, said Melville when his novel was first published in 1851, ‘and I feel as spotless as the lamb’. Deeply subversive, in almost every way imaginable, Moby-Dick is a virtual, alternative bible – and as such, ripe for reinterpretation in this new world of new media. Out of Dominion was born its bastard child – or perhaps its immaculate conception – the Moby-Dick Big Read: an online version of Melville’s magisterial tome: each of its 135 chapters read out aloud, by a mixture of the celebrated and the unknown, to be broadcast online in a sequence of 135 downloads, publicly and freely accessible.

Tilda Swinton lee el primer capítulo de Moby Dick en un proyecto llamado «Moby Dick Big Read», donde famosos y desconocidos leen cada capítulo del libro de Herman Melville. Cada capítulo va acompañado de una serie de imágenes de artistas diversos.

(Foto de una de las ediciones en papel de Moby Dick).

Un dólar mensual de pensión

A comienzos del mes pasado leí un caso en este periódico que me dejó pensativa. Era la historia de Carlos Serén, de 54 años, que recibe como pensión mensual un dólar con 21 centavos. Sí, leyó usted bien: un dólar con veintiún centavos, a los cuales le descuentan diez centavos para pagar el Seguro Social.

Su historia es similar a la de miles de salvadoreños: Serén comenzó trabajando en un ingenio donde estuvo durante siete años sin ahorrar para una pensión. Esto en la década de los 80, cuando las pensiones todavía se cotizaban con el ISSS para los empleados del sector privado formal. Serén era empleado del sector privado pero no estaba formal.

Luego comenzó a trabajar en la Supertienda Toyita. A pesar de ello, las cotizaciones fueron inconstantes, con meses donde no se pagaba nada a su cuenta.

Para no hacer el cuento más largo, Serén fue arrollado por un pick up, sufrió un daño de por vida en las piernas y desde el 2007 gestionó pensión por invalidez. Cuando se metió a hacer el trámite se dio cuenta de la cruda realidad.

Al principio llegó a recibir poco más de 100 dólares de pensión mensuales, pero a partir de diciembre del 2010, y con la reducción del ahorro en su cuenta, lo que le corresponde recibir es ese triste dólar con veintiún centavos. El cual sólo podrá recibir durante ocho años más. Y cuando termine la pensión dejará de tener acceso también, en consecuencia, a los servicios del Seguro. Eso a los 62 años. Leer más

El gran novelista

el gran novelista

La Cenicienta nacional

A fines de agosto pasado se anunció que La Luna Casa y Arte será cerrado durante este mes de septiembre. En realidad, en el comunicado donde se dio la noticia se negaron a hablar de cierre sino que prefirieron hablar de un “final feliz”. Se extendía la invitación para participar en las actividades de este mes que culminarán con una gran fiesta el día 29 para despedir este “fin de ciclo”.

En la nota que publicó este periódico al respecto, me llamaron la atención las declaraciones de Beatriz Alcaine, directora del lugar. Aclaraba que el concepto con el que nació La Luna, como área cultural independiente, ya no podía ser autosostenible por razones económicas, pero sobretodo, afirmó,  “por la falta de políticas que promuevan las expresiones culturales entre el público”.

“Desde que abrimos sabíamos que no tendríamos apoyo de las instituciones gubernamentales, ni de las grandes marcas, porque no había una visión clara de la importancia que tienen las áreas culturales en el país. Veinte años después, no hay políticas culturales, no hay una ley que la defienda. Si hubiera ese tipo de políticas todo el mundo ayudaría a que este tipo de lugares no desaparezca, como ocurre en otros partes del mundo”, puntualizó Alcaine en la nota de prensa.

La Luna fue fundada en 1992 y desde entonces se convirtió en el escenario y la plataforma de lanzamiento para docenas de artistas de diferentes disciplinas. Llenó un vacío en la raquítica escena cultural salvadoreña de finales de la guerra y comienzos de la posguerra, y supo aprovechar la efervescencia de los años posteriores al 92, cuando el cese al fuego había provocado mucha ilusión y ganas de hacer las cosas bien en este país.

Frases como las de Alcaine nos recuerdan el estado de cosas del antes y el ahora. Veinte años después, la situación sigue igual. No existen políticas culturales que promuevan y protejan los espacios culturales de este país. Veinte años. No le hagan caso a Gardel cuando canta que “veinte años no es nada”. Gardel miente. Leer más

«Una especie de pérdida», Ingeborg Bachman

Usados en común: estaciones del año, libros y una música.
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una
cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados,
gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y
siempre alargada la mano.

De inviernos, de un septeto vienés y de veranos me he
enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto, promesas he declarado
irrevocables,
he adornado un algo y he sido devota delante de una nada,

(-de un periódico doblado, de las cenizas frías, del
papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.

De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis
vecinos.
Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi
cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.

No te he perdido a ti,
sino al mundo.

(De Invocación a la Osa Mayor
Versión de Cecilia Dreymüller y Concha García
Ediciones Hiperión 2001)