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El futuro climático

Lo que hasta hace poquísimos años era una amenaza incierta, se ha convertido en nuestra realidad. Estamos en pleno cambio climático y el proceso, según opinan los científicos, es irreversible. De inmediato pensamos en eventos extremos como sequías y huracanes, el aumento de las temperaturas, el derretimiento de los glaciares y el hundimiento de islas y territorios costeros. Más de alguno piensa que eso del cambio climático es un problema que sólo pueden resolver los gobiernos y que “sólo tiene que ver con la naturaleza”, es decir, que no le impactará de manera directa. Pero limitar el cambio climático a un fenómeno que “nada más” afectará a la naturaleza es quedarse en lo superficial. Porque las afectaciones que implica calarán en la humanidad de manera profunda, incluso en áreas que ni imaginamos.

Contar la posguerra

¿Se ha contado la posguerra en nuestra literatura? ¿Se ha contado en los demás países centroamericanos que también vivieron sus propias guerras durante la década de los ochenta? ¿Cómo se ha contado? ¿Quiénes la han escrito? ¿Es válido encasillar a todos los escritores que publicaron obra después de 1992 como “escritores de posguerra”? Fueron algunas de las preguntas que me rondaron la cabeza desde el instante en que me propusieron participar en un conversatorio llamado “¿Cómo se contó la posguerra?”. Esta fue una de las diversas actividades realizadas durante el Foro Centroamericano de Periodismo 2016 (Foro CAP), organizado por el periódico digital El Faro, que se llevó a cabo del 9 al 14 de mayo en San Salvador. Junto con Carlos Fernando Chamorro, periodista nicaragüense, editor y fundador de Confidencial; Enrique Naveda, director del periódico digital guatemalteco Plaza Pública y Miguel Huezo Mixco, escritor y moderador de la mesa, reflexionamos sobre este tema, no sólo desde el punto de vista del periodismo sino también desde la literatura.

¿Tú me comprendés?

Un amigo panameño me preguntó alguna vez cómo se aprende a vosear. En Panamá no usan el “vos” y a él le parecía que hablarlo era casi como hablar otro idioma, por la diferenciación en la conjugación de los verbos. Él entendía cada palabra pero era incapaz de contestarme en clave de “vos”, aunque se empeñó en hacerlo en un par de ocasiones. La pregunta me llamó la atención. Para nosotros, los centroamericanos, el uso del “vos” se da de forma natural. Lo curioso del aprendizaje del voseo es que se hace de manera informal, es decir, es un aprendizaje estrictamente oral. Aunque el voseo se usa en toda Centro América (menos Panamá), en algunos lugares al sur del Estado de Chiapas (en México), algunos lugares de Colombia y Bolivia, y en  Argentina, Uruguay y Paraguay, la conjugación verbal que aprendemos en la enseñanza primaria no incluye el voseo, aunque sí incluye el uso del “vosotros” usado en España, pero no en Latinoamérica.

Un tal William Shakespeare

Hacia el final de la película Anonymous (2011) del director Roland Emmerich, Edward de Vere, conde de Oxford, manda a llamar a su lecho de muerte al poeta Ben Jonson. Éste acude de inmediato. De Vere le hace entrega de varios de sus manuscritos, entre ellos los de un par de obras de teatro llamadas El Rey Lear y La Tempestad. Jonson sabía lo que debía hacerse. Durante años había obrado como intermediario entre el conde de Oxford y un actor mediocre, desagradable y oportunista llamado William Shakespeare, quien se hacía pasar como el verdadero autor de las obras teatrales más populares de aquel tiempo. Por su condición de noble, Oxford prefería mantenerse en el anonimato pero al mismo tiempo, quería someter su obra al público. Entonces conoció al actor Shakespeare, quien a cambio de dinero y de asumir la fama, accedió a ser usado como personaje de sí mismo, guardando en secreto la identidad de Oxford.

El efecto Tikal

Era la una y media de la mañana cuando llegamos a la parada de Río Hondo, en el desvío a Esquipulas. Lo que en el día era un lugar de mucho bullicio y movimiento de pasajeros, autobuses y vendedores, a esa hora de la madrugada era un lugar muerto. Solamente había un hombre al otro lado de la calle, sentado junto a una maleta negra, sobre un bordecillo de cemento. Cruzamos la calle. Preguntamos al hombre si sabía algo sobre los horarios de buses. Él mismo llevaba hora y media esperando. Tenía esa resignación del que no tiene otra alternativa más que esperar. No hubo más remedio que esperar nosotros también. Lo asumimos como parte de la aventura.

Puesiesque

Cuando don Salvador Salazar Arrué se iba caminando a su trabajo en el diario Patria, se entretenía en el camino por quedarse platicando con los niños que iba encontrando. Aquellos niños con los que hablaba Salarrué eran de La Candelaria, El Calvario y La Vega, los barrios periféricos semi urbanos de San Salvador, barrios populares donde los niños también salían a trabajar como canillitas o como ayudantes en los mercados y las ventas callejeras; algunos mayorcitos iban siendo aceptados como aprendices en talleres de zapatería, talabartería o carpintería. Algunos, no todos, iban a la escuela.

El toque

Nunca voy a olvidar todos aquellos brazos alzados, agitándose al unísono de la música; los ríos de gente vestida de negro que inundaron las calles aledañas al estadio; la camaradería y la amistad durante el par de horas de espera en la cola para entrar a la sección General, cola que abarcaba varias cuadras; las bromas entre todos; los reencuentros entre amigos que tenían tiempo de no verse; la gente que había llegado de Guatemala, Honduras, México y otros países; la ilusión de todos por lograr el sueño de ver a Iron Maiden, con el bonus de también escuchar a Anthrax;

La renovada vigencia de los blogs

La periodista nicaragüense Mildred Largaespada se propuso una meta interesante al abrir su blog 1001 trópicos: el experimento de hacer periodismo adaptado a los nuevos formatos digitales, según ella misma explica en un video subido a su página. Mildred ha escrito sobre temas diversos pero también se ha convertido en una convencida promotora del valor de los blogs, impartiendo charlas y talleres para animar a más personas a abrir el suyo. Ha sabido mantenerse al día con las discusiones temáticas y ha experimentado con diversos formatos que le dan dinamismo a su blog a través del uso de varias herramientas. Ha realizado entrevistas a través de Twitter y video, hangouts colectivos y transmisiones en vivo desde su celular, vía Periscope, sin descuidar el uso de formatos tradicionales como la fotografía y el texto.

Sit tibi terra levis

Acabo de regresar de un entierro. La madre de un querido amigo falleció el día de la Virgen de la Candelaria, el 2 de febrero. Tocó avisar a otros amigos, llegar a la vela, ir al entierro. Cada vez que muere alguien me es inevitable recordar todos los muertos, velorios y entierros de mi vida, no importando el nivel de parentesco o de afinidad emocional, ni siquiera importando si conocí a la persona o no, como cuando los deudos son familiares de amigos cercanos. Revivo en mi memoria cada muerte en una sucesión desordenada de escenas rápidas, enfocadas en algún detalle, como en un collage cinematográfico.

Más allá de los funcionarios

Como ya se nos ha hecho costumbre cada vez que hay un nuevo nombramiento en la Secretaría de Cultura de la Presidencia, revivimos un ritual enfermizo: todos celebran el anuncio, se destacan las cualidades positivas del recién nombrado, las esperanzas se renuevan, se observa con detenimiento la nueva gestión, pasa el tiempo, no ocurre mayor cosa, el funcionario se retira o es retirado del cargo, se destaca todo lo negativo de la persona saliente, se espera el siguiente nombramiento y, cuando ocurre, vuelta a comenzar. En esa rueda de caballitos de la esperanza, muchos nos hemos desentendido de las actividades de la Secretaría de Cultura, porque la alta rotación de funcionarios, los pocos resultados y la incapacidad de lanzar propuestas novedosas y atractivas, han terminado por desgastar la credibilidad de dicha institución.

Aves raras

Comenzaba 1947. El poeta y crítico Randall Jarrell estaba fascinado con el primer libro de poemas de Elizabeth Bishop, North & South, publicado el año anterior. Cuando supo que ella estaba en Nueva York, no dudó en invitarla a cenar en su apartamento con él, su esposa y otro poeta. Bishop dudó en aceptar. Era muy tímida y la idea la ponía nerviosa. Pero terminó asistiendo. Fue así como Jarrell le presentó a Robert Lowell, un poeta de casi 30 años de edad, con un par de libros publicados pero que ya gozaba de prestigio. La timidez de ella desapareció de inmediato. Ambos comenzaron a hablar de manera incontenible. Según detalló Bishop después, era la primera vez en su vida que pudo hablar sobre escribir poesía con otra persona. Lowell también se sintió impactado por conversar con alguien a quien consideró su par de inmediato, a pesar de que Bishop era 6 años mayor.

Los caprichos de la muerte

En diciembre de 1959, Maurice Yaméogo, entonces presidente de la República del Alto Volta (hoy conocida como Burkina Faso), invitó a varios ciclistas europeos para visitar su país y competir contra ciclistas locales. Entre los invitados a este intercambio deportivo se encontraba el italiano Fausto Coppi. Ganador cinco veces del Giro de Italia, doble vencedor del Tour de Francia, nombrado Campeón del Mundo de ciclismo en ruta en 1953 y ganador de varias competencias y récords mundiales, Coppi llegó a ser conocido como Il Campionissimo, campeón de campeones.