Los caprichos de la muerte

En diciembre de 1959, Maurice Yaméogo, entonces presidente de la República del Alto Volta (hoy conocida como Burkina Faso), invitó a varios ciclistas europeos para visitar su país y competir contra ciclistas locales. Entre los invitados a este intercambio deportivo se encontraba el italiano Fausto Coppi.

Ganador cinco veces del Giro de Italia, doble vencedor del Tour de Francia, nombrado Campeón del Mundo de ciclismo en ruta en 1953 y ganador de varias competencias y récords mundiales, Coppi llegó a ser conocido como Il Campionissimo, campeón de campeones.

La primera noche de aquel viaje al Alto Volta, Coppi y sus compañeros casi no pudieron dormir debido a los mosquitos. El francés Raphaël Géminiani, uno de los ciclistas invitados, aconsejaba a Coppi meterse debajo de las sábanas. Pero Coppi se pasó peleando contra los insectos, espantándolos con una toalla durante toda la noche.

Al terminar el evento, los ciclistas regresaron a sus países. Pero tanto Géminiani como Coppi comenzaron a sufrir fiebres. Coppi fue ingresado al hospital de Tortona, en el noroeste de Italia, pero desconocían lo que le ocurría al deportista. Pensaron que se trataba de una gripe o de una enfermedad pulmonar. Ignoraron el aviso del hospital francés donde se encontraba internado Géminiani. Los médicos avisaron que lo que sufrían ambos ciclistas era una enfermedad llamada malaria y que se curaba con tomas de quinina. Géminiani y Coppi se habían contagiado con plasmodioum falciparum, una de las variantes mortales de la enfermedad. Géminiani se recuperó. Pero Coppi, a quien nunca le administraron quinina, murió el 2 de enero de 1960, a los 40 años.

Sobre la muerte del ciclista se desataron algunos rumores. Se habló de una sobredosis de cocaína. De un envenenamiento con yerbas, método muy usado en Alto Volta para deshacerse de los enemigos. También se mencionó una intoxicación por comer carne de cobra. Pero en Europa se difundió la versión errónea de que Fausto Coppi había muerto en un accidente automovilístico. El 3 de enero de 1960, dicha noticia fue leída por el escritor francés Albert Camus.

Las vacaciones de fin de año estaban a punto de terminar. Camus, quien había ganado el Premio Nobel de Literatura en 1957, invirtió el dinero del premio en la compra de un antiguo criadero de gusanos de seda en Lourmarin, en la Provenza. Fue en esa propiedad donde pasó la Navidad con su esposa y sus hijos gemelos. Al preparar el viaje de retorno a París, apareció su gran amigo Michel Gallimard (sobrino de Gaston Gallimard y editor de Camus), con su esposa, su hija y su perro.

El plan original era que los Camus viajaran en tren a París. Pero en el último momento, con los billetes en la mano, Camus decidió viajar con los Gallimard. Michel manejaba un Facel Vega, un vehículo deportivo francés, que era la competencia del Mercedes SL y el Aston Martin DB5. Solamente se producían 200 Facel al año, lo que lo convertía en un auto bastante exclusivo.

Camus leyó la noticia sobre Coppi y encontró a algunos periodistas cuando salió para despedir a su familia en el tren. “Mourir en voiture est un mort imbecile”. Morir en automóvil es una muerte idiota, declaró, quizás refiriéndose al absurdo de que un ciclista muriera dentro de un vehículo de cuatro ruedas. Se despidió de los periodistas y se marchó con los Gallimard.

Esa noche del 3 de enero, cenaron en una hostería del camino, brindaron por el año nuevo y también por Anne, la hija de los Gallimard, quien había cumplido 18 años poco antes. El día siguiente, 4 de enero, el grupo retomó la carretera número 5.

Michel Gallimard manejaba, Camus iba en el asiento del pasajero. En el asiento trasero iban Janine, la esposa de Michel, Anne y el perro. Nadie usaba el cinturón de seguridad. No había tráfico pero sí una ligera llovizna. En las cercanías de Villeblevin, en un tramo recto y flanqueado por árboles, Michel Gallimard perdió el control del vehículo. El Facel Vega chocó contra un árbol, dio una vuelta en el aire, cayó y chocó contra otro árbol.

Según la hora en que quedó detenido el reloj del automóvil, el accidente ocurrió a las 13:55. Janine y Anne sobrevivieron ilesas. Michel murió 5 días después en un hospital, a consecuencia de las heridas. El perro de los Gallimard desapareció.

Albert Camus falleció a los 46 años, de manera instantánea, a consecuencia de una fractura de cráneo y otra de cuello. El accidente catapultó su cuerpo hacia el asiento trasero. Tardaron muchas horas en sacarlo, debido al estado en que quedó el vehículo. En uno de sus bolsillos estaba el boleto de tren a París. En la maleza cercana encontraron una carpeta con el manuscrito de su novela inconclusa El primer hombre.

Las autoridades estimaron que el accidente se produjo por la explosión de una de las llantas o la rotura de un eje. El exceso de velocidad y la llovizna también entraron en juego. Algún tiempo después corrieron rumores, nunca confirmados, de que los servicios secretos soviéticos, por medio de la KGB, habían provocado el accidente para matar a Camus, en revancha por un artículo que el francés había escrito algunos años antes. En dicho texto, responsabilizaba al canciller soviético Dmitri Shepílov de la represión de 1956 en Hungría.

El entierro de Albert Camus fue discreto. Entre los asistentes se encontraba el poeta René Char, un amigo muy cercano. Char también planeaba volver con los Gallimard a París el día 3; pero al ver que todos irían algo apretados en el Facel Vega, decidió viajar en tren.

La novela El primer hombre fue publicada por la familia Camus en 1994. Ese mismo año, Ayrton Senna, el multipremiado piloto brasileño de Fórmula 1, murió a los 34 años en un accidente durante la carrera del Gran Premio de San Marino. Por cierto, Senna nació en marzo de 1960, un par de meses después de la muerte de Camus.

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, domingo 3 de enero 2016. Fotografía: el Facel Vega en el que murió Albert Camus).