Hace algunos días terminé de leer mi primer libro en Kindle. Varia gente me ha preguntado con insistencia qué me ha parecido la experiencia. Primero ubico un poco el contexto personal de lo que voy a decir.
El año pasado, el 2010, irá registrado en mi historia personal como el año en que menos leí en mi vida, comparable quizás solamente con los años en que comencé a leer cuando niña.
Lo digo con absoluta vergüenza e incomodidad. Pienso que leer, en el caso de un escritor, es vital. Es parte de su trabajo, de su oficio, de su crecimiento, de su escuela y también, claro que sí, de su esparcimiento.
El ejercicio de lectura que hacemos los escritores es algo complejo, y con el tiempo, o a medida que uno reflexiona más sobre el oficio literario y en particular de la escritura, tengo la impresión de que se lee buscando otras cosas, más allá de una buena historia. Nos fijamos o valoramos más el uso del lenguaje, el ritmo, la construcción de los personajes, cómo se amarran los capítulos, cómo se construyen los ambientes, cómo una palabra (o a veces, la ausencia de ella) nos provoca una emoción específica, etc.
Quizás, en parte, por eso dejé de tener ganas de leer. Di un taller bastante largo, tuve que leer muchos textos para demostrar ciertas técnicas literarias, y de pronto me vi leyendo pero no gozando más de la lectura, sino casi que haciéndolo como un trabajo. Hasta sentí algo de tristeza pensando que nunca me iba a volver a emocionar un libro con la inocencia del que simplemente lee para encontrarse con una buena historia.
Pero me desvié del tema.
El caso es que el año pasado casi no leí. Creo que a lo sumo leí 5 o 6 libros y a duras penas los puedo enumerar. Sé que leí los Diarios de Cheever, y un libro de artículos de Ray Bradbury (Zen en el arte de la escritura), Amor líquido de Zygmunt Bauman, La historia del tiempo de Stephen Hawking, un poemario de Raymond Carver y el tercer volumen de Dune de Frank Herbert. Y no recuerdo más. Leer más



