Últimas entradas

Ciudad Orellana: salvadoreño asienta su literatura en Costa Rica

La página Red Cultura de Costa Rica reproduce esta entrevista con Mauricio Orellana Suárez quien en el último par de años ha publicado 3 libros en aquel país, entre ellos su novela Heterocity, ganadora del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo, y que continúa sin circular en librerías salvadoreñas.

La entrevista, hecha por David Ulloa, es a propósito precisamente de esta última obra, que trata el espinoso tema del matrimonio homosexual y también de lo que es ser escritor en un país como El Salvador.

Mientras tanto, Mauricio pone a disposición de todos su libro De un Dios cualquiera, para descarga gratuita y sin costo. Este libro es una reescritura de su primera novela publicada en la DPI bajo el título Te recuerdo que moriremos algún día.

Ferias de libros

Durante el mes de noviembre del año pasado, tuve oportunidad de estar en tres ferias del libro muy diferentes.

La Feria del Libro de San José de Costa Rica, la más pequeña de todas, que ha venido desmejorando considerablemente con los años, pudo darse el lujo de tener como invitado a José Saramago en sus mejores días, pero que en años recientes ha caído en ese letargo característico de las ferias de libro centroamericanas, que parecen realizarse nada más que por salir del paso. Para este año, el país invitado era Francia y se anunciaba con mucho bombo una exposición de libros de Gallimard, la más importante editora francesa. Pero la exposición no pasó de ser una colección de afiches que hablaban sobre el desarrollo de la historia de la casa editorial en mención.

Algo hay que decir a favor de la Feria y es que de nuevo se encuentra en las instalaciones de la Antigua Aduana, ya remozada, aunque el espacio en el que se instaló este año le dio una sensación de apretujamiento a los stands. Pero por lo menos era un lugar accesible al público, que acudió más o menos en buen número a una actividad que no ofreció atractivos ni sorpresas ni descuentos especiales para el público. O sea, a nivel de libros, no había nada que no pudiera encontrarse en una librería común y corriente de San José.

La Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile es una feria de mayor tamaño y es una de las ferias que poco a poco se está colocando entre las más importantes de la región, precisamente por su alto nivel de organización y por las actividades paralelas que se ofrecen. Este año, uno de sus mayores aciertos fue la organización de los Diálogos Narrativos Latinoamericanos, una serie de conversaciones con 15 escritores de todo lo ancho y lo largo del continente, actividad a la cual fui invitada. Leer más

Poemas de José Lezama Lima…

… en su propia voz.

Dibujos, pinturas y bocetos de J.R.R. Tolkien

Los voladores, Peter Stamm

Peter Stamm, de origen suizo, es uno de los autores de lengua alemana cuya obra destaca como de las más importantes de la narrativa contemporánea europea actual. Autor de novelas y cuentos, su obra ha venido siendo comparada (por cierto uso de los recursos del minimalismo), con las obras de Raymond Carver y de Albert Camus. Pero más vale entrar en la obra de Stamm con la mente en limpio y hacer una lectura propia, ajena a lo que las contraportadas y los críticos y académicos dicen, comentarios muchas veces distorsionadores de lo que uno realmente encuentra en la lectura.

Los voladores es una colección de 12 cuentos, lo primero que leo de Stamm. En general me ha dejado una buena impresión y ganas de leer más de este autor. Pero (y por eso digo que hay que llegar a su lectura con la mente en blanco), me desconcertó no encontrar eso que dicen sus críticos y sí encontrar otros valores, nada similares a los que pregonan.

¿Minimalismo? No diría que Stamm trabaja con minimalismo. O por lo menos no lo hace a través del lenguaje. Quizás podría decirse que lo hace a través de su planteamiento pues las historias son bastante sencillas y jamás utiliza retruécanos ni giros rocambolescos para contar sus narraciones. Va a lo que va. Cuenta su historia, de principio a fin, de la A a la Z, de principio a fin. No hace experimentos con las estructuras ni las formas ni el lenguaje. Aunque a esto no le llamaría yo minimalismo, pues el lenguaje que ocupa no es desnudo, simple.

Las historias son concentradas en un hecho, es decir, tampoco se desvían en contarnos historias de personajes secundarios o paralelos. Son historias tradicionales en su planteamiento, bien hilvanadas, efectivas. En algunas de ellas, como en “La expectativa”, parece que los primeros dos o tres párrafos dan un rodeo innecesario antes de aterrizar en la historia, pero una vez que aterriza, la atención del lector está atrapada.

Los ambientes son inequívocamente europeos y muchas de las historias están ubicadas en pueblos cuyos nombres no se mencionan pero cuyo paisaje local los ubica fácilmente en ambientes opresivos, aislados, en ese tipo de pueblos que a pesar de contar con algún acceso a la modernidad, nunca pasarán de ser los pequeños infiernos de los que los personajes soñaron escapar alguna vez pero en los que se miran condenados a vivir sus minúsculas desventuras domésticas.

Las historias, como ya se dijo, tampoco son grandes temas y son pequeños eventos que trastocan la cotidianidad o un evento que trastoca la vida completa. En “La ofensa”, el cuento que más me gustó, lo que parecía comenzar como un amor termina convertido en un sentimiento no correspondido y hasta burlado. En “Los voladores”, el cuento que le da título al volumen, un niño no es recogido a tiempo en la guardería por sus padres y es llevado por la profesora a su apartamento. En “La carta”, una viuda descubre entre las pertenencias de su esposo un paquete de cartas y con ello parte de los secretos de la vida de su esposo. En “En la vejez”, un hombre vuelve a su pueblo natal para enfrentar asuntos de su pasado.

La impresión que nos dejan los textos de Stamm es de frialdad. No son textos emocionales, multicolores, explosivos. La vida se retrata tal cual es, la palabra exacta se utiliza para decir lo que se debe, los personajes son así, con sus luces y sus sombras, sus miserias y sus excesos.

Acaso el minimalismo del que se habla en Stamm radique en la recreación de universos contenidos en tan poco espacio (y hablo estrictamente de sus cuentos, no he leído ninguna de sus novelas todavía). Pensándolo, cualquiera de los argumentos de sus cuentos daría para una novela corta por lo menos o para relatos de más largo alcance. No lo sé. Lo cierto es que para un escritor que sabe manejar las herramientas técnicas adecuadas, toda/cualquier historia se puede convertir en algo digno de ser contado, en el formato que el autor así lo prefiera. Stamm lo logra con el cuento sin duda alguna.

About a White Page

(Encontrado en Espresso de Cinépata).

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, Patricio Pron

Alejandro Zambra plantea en su novela Formas de volver a casa, así como en algunos ensayos de su libro No leer, la  necesidad de conformar una “literatura de los hijos”, es decir, que los hijos hablen de lo que fue haber crecido en los años de las guerras o las dictaduras y no sólo que conozcamos la historia escrita por sus protagonistas, o sea, por los padres.

El planteamiento parece haber echado frutos en el Cono Sur donde puede leerse mucha producción en este sentido, novelas o historias producidas por jóvenes nacidos en la década de los 70, es decir, en plenas dictaduras, y que crecieron y maduraron con las consecuencias de las mismas. Sus afanes literarios resultan muy diferentes a los de aquellos nacidos en los 60. Se diría que tienen un mundo propio, no indiferente a lo que los rodea, sino uno cuyas circunstancias son enteramente diferentes a las de sus padres. Menos apabullante quizás, aunque lleno de secretos y rompecabezas por resolver.

Es el caso de la novela El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia de Patricio Pron de Argentina, una novela basada en hechos reales, donde el narrador (un escritor argentino), regresa a su país para despedirse de su padre enfermo y, como suele ocurrir en ese tipo de eventos, se confronta con la historia familiar. Es así como encuentra evidencias de que su padre buscaba a alguien antes de morir, un hombre que había sido muerto en circunstancias extrañas y quien, el autor descubrirá después, es el hermano de una joven amiga de su padre, secuestrada y asesinada por la dictadura argentina en 1977.

El libro nos lleva así a través de múltiples recortes de prensa a rearmar el caso de Alberto José Burdisso y de cómo fuera abducido y muerto. De eso se compone buena parte del libro, de cómo el narrador va armando las partes y deduciendo elementos sobre este caso y su relación con el pasado de su padre.

Debo decir que llega un momento en que los documentos que se leen llegan a ser excesivos, sobre todo porque es meticulosa la manera en que están escritos, es decir, incluyen todo tipo de fallas ortográficas y de redacción. Lo cual hace suponer al lector que la historia es verídica y que es algo que nos es revelado hacia el final, en el epílogo, donde Pron nos remite a su manera de composición del libro: “aunque los hechos narrados en este libro son principalmente verdaderos, algunos son producto de las necesidades del relato de ficción cuyas reglas son diferentes de los géneros como el testimonio y la autobiografía”. Y recuerda lo que alguna vez dijo Antonio Muñoz Molina: “una gota de ficción tiñe todo de ficción”.

El padre de Pron tuvo participación directa haciendo observaciones al manuscrito, algo que se detalla aquí.

¿Qué tiene este libro que ver con “la literatura de los hijos”? Lo podemos deducir de partes del libro escritas por el mismo Pron, quizás sobre todo de esta:

Alguien alguna vez había afirmado que los hijos serían la retaguardia de los jóvenes que en la década de 1970 habían peleado una guerra y la habían perdido y yo pensé también en ese mandato y en cómo ejecutarlo, y pensé que una buena forma era escribiendo algún día acerca de todo lo que nos había sucedido a mis padres y a mí esperando que alguien se sintiera interpelado y comenzase también sus pesquisas acerca de un tiempo que no parecía haber acabado para alguno de nosotros.

 En ese sentido, resulta todavía difícil hablar de una literatura de los hijos en Centro América, quizás porque los períodos de transición han sido diferentes. En nuestra región todavía no está claro lo que es “la paz” y seguimos bregando en la violencia, por lo que nuestra literatura parece siempre estar impregnada o del recuerdo vivencial de la guerra o de la violencia cotidiana que ha sido “normal” desde que cesó la guerra como tal en 1992. Los hijos no han tenido descanso para poder pensar en la vida y escribirla.

Sería a los hijos a los que les tocaría digerir lo que pasó en las guerras y las dictaduras, lo que es crecer con las consecuencias de ello, si la paz lo permitiera. Pero como no tenemos paz, tampoco puede haber literatura al respecto, al menos no en Centro América. No por el momento.

Invitation to World Literature

Un proyecto para promover la lectura mediante el uso de la red es Invitation to World Literature. Trece obras de la literatura mundial (entre ellas Cien años de soledad y el Popol Vuh), son leídas, comentadas, ilustradas y presentadas en contexto para que el lector o los interesados puedan acercarse a ellas. Un exquisito proyecto visual (en inglés).

En la masmédula, Oliverio Girondo

Poemas del último libro de Oliverio Girondo, en su propia voz.

Instantáneas de Chile (y II)

(…) Neruda no se consideraba a sí mismo un coleccionista sino un “cosista”, un acumulador de cosas. Quizás se autodefinió de esa manera porque sus objetos están reunidos, no con la erudición de un coleccionista que tiene un plan trazado para su colección, sino simplemente por el impulso del que encuentra y compra.

Eso puede notarse en los varios objetos del poeta como sus copas de vidrio de colores, sus máscaras africanas, sus cuadros (entre los que hay un par de originales de Diego de Rivera, su gran amigo) y otros pocos objetos que lograron sobrevivir al asalto que sufrió la casa luego del golpe del 11 de septiembre de 1973, cuando los militares, sabiendo que el poeta se encontraba en Isla Negra, irrumpieron en La Chascona y destruyeron su biblioteca de 3 mil volúmenes.

Algunos ejemplares, muy pocos, sobrevivieron a aquel asalto de los militares, así como algunos objetos que luego Matilde recuperó y guardó.

Allí en La Chascona puede verse la medalla que le dieron cuando ganó el Premio Nobel y algunas páginas manuscritas de sus poemas.

6. Compro libros. Busco sobre todo libros que sé no encontraré jamás en El Salvador, porque son de autores o editoriales que no circulan en nuestro país. Logro hacerme de títulos que he buscado desde hace rato, como la trilogía de novelas Circo familiar del serbio Danilo Kiš o una variedad de autores chilenos como Juan Emar, Álvaro Bisama y Alejandro Zambra.

Cuando llego al hotel procedo al ritual de rotularlos con mi nombre y la fecha de compra. Hojeo algunas páginas. El libro de Zambra, una novela llamada Formas de volver a casa me captura de inmediato y me pongo a leerla hasta que es hora de salir a la Feria.

Justamente esa noche habré de conocerlo. Es su turno de hablar en la mesa de Diálogos Narrativos Latinoamericanos junto al boliviano Rodrigo Hasbún y al mexicano Heriberto Yépez.

Los temas de los Diálogos han sido constantes en todas las mesas: ¿por qué no circulan nuestros libros en toda la región? ¿Cómo está nuestra literatura en nuestros respectivos países? ¿Qué nos une? Todos parecemos concordar en que muchas de esas preguntas, sobre todo el por qué la literatura de nuestros países no circula tanto como debiera, no nos corresponde responderla a los escritores, sino más bien a los editores y los libreros, ausentes en estos diálogos. A nosotros, los escritores, nos corresponde escribir. Leer más

Una encuesta sobre el simbolismo de The Paris Review

En 1963, un estudiante de secundaria de San Diego (California), llamado Bruce McAllister, envió una encuesta mimeografiada de cuatro preguntas a 150 escritores literarios, comerciales y de ciencia ficción. Entre las preguntas que les hacía estaban: ¿Conscientemente planta símbolos en sus textos? ¿Quién notaba los símbolos apareciendo desde el subconsciente y quién los miraba salir del texto, sin restricciones, creados más bien en la mente de los lectores? Cuando esto pasaba, ¿le importaba a los escritores?

The Paris Review retoma aquella encuesta y reproduce algunas de las respuestas de autores como Jack Kerouc, Ayn Rand, Norman Mailer, Saul Bellow y Ray Bradbury (en inglés).

Cómo matar al intermediario, Hernán Casciari