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Entrevistas a los 25 secretos en Letras Libres

La revista Letras Libres inició una serie de entrevistas a los escritores que conforman la lista de los 25 secretos de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Aquí comparto los enlaces a las primeras de ellas:

Andrés Burgos, Ulises Juárez Polanco, Emiliano Monge, Fabián Casas, Juan Álvarez, Daniela Tarrazona, Miguel Antonio Chávez y Carlos Oriel Wynter.

 

Después de la lluvia

Escribo esto en el primer día de sol después del prolongado período de lluvias que dejó anegado y en desgracia, una vez más, a nuestro país. 32 muertos, 2 desaparecidos, miles de evacuados, cientos de casas, carreteras y puentes destruidos, cosechas perdidas a todo lo largo y ancho del país es apenas parte de lo que se vislumbra como las consecuencias directas de este fenómeno.

 Y esto es sólo el comienzo. Ya vendrán las cifras oficiales de daños (si no es que salieron ya para cuando esta nota se publique, recuerden que yo entrego una semana antes de publicación). Ya vendrán las consecuencias que a mediano y largo plazo impactarán en la vida de todos. Porque las afectaciones serán de diversa índole.

Las cosechas perdidas impactarán directamente en los precios de los alimentos ya de por sí tensionados por diversos factores, desde especulaciones financieras hasta la crisis económica. Lo del precio de los alimentos se agravará debido a que las lluvias afectaron a toda Centro América y la producción de países vecinos que nos suelen suplir, como Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, también se vio seriamente afectada.

Podrá pensarse que quizás las obras de reconstrucción generen empleo provisional y eso sea un alivio a nivel económico, aunque sea temporal, para algunos salvadoreños. Pero eso dependerá de cuánta sea la ayuda internacional que se reciba para dichas tareas, de cuán pronto pueda venir y bajo qué condiciones, y de la eficiencia del Estado para manejar y administrar dicha ayuda.

Sin embargo lo más importante es otra tarea, que a estas alturas resulta vital. Desde hace unos años lo venimos sabiendo. La Coordinación y Evaluación de Desastres de Naciones Unidas (UNDAC) tiene catalogado a El Salvador como uno de los países más vulnerables del mundo.

En un estudio realizado en el 2010, el UNDAC detalló  que el 88,7 por ciento del territorio nacional es vulnerable a desastres naturales. Con el nivel de sobrepoblación que tenemos, esto implica que 95 por ciento de los habitantes de este país estamos propensos, en mayor o menor medida, a sufrir las consecuencias de estos desastres, sea en áreas rurales o urbanas. Leer más

El extraño caso de Benjamin Black

Banville ha ganado el premio Booker. Es editor del suplemento literario del Irish Times (además de un crítico feroz). Suele publicar en The New York Times. Ha escrito teatro, guiones y ahora está involucrado también en una serie que emitirá la BBC sobre los libros de Black. Y, no hay que pasarlo por alto, es irlandés. «No resulta sencillo ser un novelista irlandés. Irlanda es una isla pequeña con un número desmesurado de novelistas de gran talla, con gentes fascinadas por sus escritores, por contar historias, por el proceso de escribir, por las propias palabras. Es duro ser escritor en el país de un Joyce, que lo metió todo en los libros, y de Beckett, que lo sacó todo».

El extraño caso de Benjamin Black · ELPAÍS.com.

Jorge Melguizo: “Lo contrario a la inseguridad no es la seguridad, es la convivencia”

¿En qué consistió ese cambio fundamental de Medellín por el cual se ha hecho tan famosa esa ciudad?

Nosotros utilizamos la educación y la cultura como herramientas fundamentales para la transformación de la ciudad. Medellín venía de ser la ciudad más violenta del mundo y con más corrupción en el país. Nosotros ganamos la Alcaldía mediante un movimiento cívico que no pertenecía a partidos políticos, y al llegar pusimos el 40% del presupuesto público de la ciudad en educación y el 5% en cultura. Antes eran el 12% y 0.64% respectivamente.

Nos dedicamos a dos ejes: la ingeniería cultural y la jardinería cultural. El primero consistió en diseñar un sistema municipal de cultura, a hacer un plan de desarrollo cultural a 10 años, a trabajar grandes equipamientos culturales.  La jardinería cultural se trató de llenar de contenido ese proyecto cultural de dos maneras: primero, con nuevas apuestas de la cultura, como la feria del libro y la cultura, y en segundo lugar, a reconocer escuchar y potenciar lo que ya existía en barrios de la ciudad y organizaciones culturales. Ese ha sido uno de nuestros aciertos, el reconocimiento y potenciación de la cultura que ya existe y que trabajaba sin el Estado, a pesar del Estado o contra el Estado, y que simplemente necesitaban ser reconocidos.

Jorge Melguizo: “Lo contrario a la inseguridad no es la seguridad, es la convivencia”.

F. Scott Fitzgerald leyendo

Hoy les ofrezco tres textos leídos por F. Scott Fitzgerald: un poema de John Keats, otro de John Masefield y el discurso de Otelo a los senadores venecianos de William Shakespeare (vía Fitzgerald: Voice, en inglés).

Los dibujos de Tolkien para El Hobbit

Esta semana se publican por primera vez, íntegras, las más de 100 ilustraciones que el propio J.R.R. Tolkien hizo para su libro El Hobbit. Se trata de dibujos en tinta y acuarelas, algunas de las cuales todavía permanecían inéditas. Esta publicación se enmarca en el 75 aniversario del libro, que se celebrará el próximo año. El libro, que aparecerá este jueves 27 publicado por HarperCollins, se llamará The Art of The Hobbit.

Aquí hay una pequeña muestra de algunas de esas ilustraciones.

El gran cuaderno, Agota Kristof

Recién terminé de leer El gran cuaderno, la novela de la escritora húngara Agota Kristof. Debo decir que me ha dejado muy impresionada por dos motivos. Uno es la historia que cuenta. Dos, la manera de contarlo. En castellano este libro circula bajo el título Claus y Lucas, un compendio de la trilogía de novelas de la cual El gran cuaderno es la primera (las otras dos son La prueba y La tercera mentira).

En El gran cuaderno Claus y Lucas son dos gemelos llevados por su madre a casa de su abuela, que vive en el campo, para ponerlos a salvo de la guerra. La abuela es un ser bastante antipático, pero con el tiempo los niños van adaptándose a la nueva situación y van encontrando maneras de sobrevivir al árido entorno, árido sobre todo en cuanto a lo afectivo. No puedo decir más para no arruinar la lectura. Lo único que puedo agregar es que el concepto de la inocencia infantil se disloca totalmente y que, sin embargo, contado de la manera en que está, parece la manera más lógica de sobrevivir, la manera más lógica de reaccionar sin derrumbarse.

El estilo narrativo de Kristof es sin duda uno de los grandes valores del libro. Es un estilo sobrio, pero sobre todo de una gran limpieza verbal. No sobra ninguna palabra. La misma narración es concisa, directa, sin adornos, sin dobles intenciones. Y pienso que no se podía contar esta historia si no era de esa manera tan escueta, casi en forma de telegrama.

Buscando más información sobre esta autora, que alguna vez estuvo en la competencia por el premio Nobel, me encontré con esta entrevista por demás interesante, donde habla un poco de su visión de la escritura y donde de hecho explica no creer en la literatura. A mí me dio un poco la impresión, después de leer la entrevista, que su estilo de escritura no era más que el reflejo de su propia manera de ser y que acaso Kristof era una señora muy dura (quizás por sus propias experiencias de vida), lo cual se proyecta en sus libros y en sus opiniones. Esto se comprende mejor cuando se accede a su obra. Una obra que definitivamente no es para estómagos débiles.

 

Entender la pintura a través de los escritores

«Este libro es una de las siete partes de una obra que he venido escribiendo desde hace treinta años», explica Calasso (Florencia, 1941). «El primero es La ruina de Kasch y, si presta atención, hacia el final del libro ya hablo de Baudelaire. El asunto es que estos libros, que tocan temas totalmente distintos, están estrechamente relacionados. La ruina de Kasch es un poco la base de todo el conjunto, que no está todavía acabado. Luego sigue Las bodas de Cadmo y Harmonía,que es principalmente sobre los mitos griegos; luego Ka, sobre mitos de India; después el libro K.,sobre Kafka, un escritor que también aparece varias veces en La ruina de Kasch, hacia el final. Cada uno de los libros se desarrolla a partir de los otros. Están estrictamente conectados. La Folie Baudelaire sale, de alguna manera, de La ruina de Kasch porque este gira en torno a la edad moderna. El personaje principal es Talleyrand, alguien que perteneció a la vez al Ancien Régime y al mundo posterior a la Revolución Francesa, es decir, a nuestro mundo».

Entender la pintura a través de los escritores · ELPAÍS.com.

Haruki Murakami: «I took a gamble and survived»

«Do I have a sense of alternative lives? Ummm-a. Yes. So I feel it’s very strange, still. Sometimes I wonder why I’m a novelist right now. There is no definite career reason why I became a writer. Something happened, and I became a writer. And now I’m a successful writer. When I go to the States or Europe, many people know me. It was so strange. Some years ago I went to Barcelona and did a signing and, you know, 1,000 people came. The girls kissed me. I was so surprised. What happened to me?»

He writes intuitively, without a plan. His latest novel came to him while sitting in traffic in Tokyo. What if he got out on the gridlocked freeway and went down the emergency exit; would the course of his life change? «That is the starting point. I have a kind of premonition it’s going to be a big book. It’s going to be very ambitious. That’s what I knew. I wrote the novel Kafka On The Shore, maybe five or six years ago and was waiting for the new book to come; it came. It has come. I knew it was going to be a big project. It’s just a feeling.»

Haruki Murakami: \’I took a gamble and survived\’ | Books | The Guardian.

Taxi

“A usted le gusta leer bastante, ¿verdad?”, me preguntó un taxista un día. “Sí”, le contesté algo sorprendida porque no iba leyendo en el taxi ni iba haciendo nada que me pudiera delatar. Me marea leer cuando voy en carro y tengo que ir viendo por la ventana o pensando en la inmortalidad del cangrejo cuando voy en uno.

“Es que usted es la del periódico, ¿verdad?”, me dijo ya con afán de sacarme plática. Y ya ahí me sacó la sonrisa. Y la sorpresa. Me sorprende que alguien me reconozca por la fotito del periódico.

Siempre he sido de plática fácil con los taxistas. Me parecen por un lado, seres privilegiados porque tienen que lidiar con gran variedad de personas en su vida cotidiana y eso les permite enterarse de infinidad de situaciones, lo cual les permite tener siempre una historia que contar. Pienso que un taxista podría ser un gran escritor, si tuviera el tiempo, el talento, las ganas y la energía para dedicarse a ello.

Por otro lado, ser taxista en un país como el nuestro es también un oficio de alto riesgo. Lo sé por los episodios de asaltos que me ha contado más de alguno. Nunca se sabe a quién se recoge en la calle. Total, para ser asaltante no hay que tener “cara de malo” ni un letrero en el pecho que anuncie “te voy a robar”.

“Es que yo la leo los domingos en el periódico”, me insistió el taxista. Y yo “muchas gracias, muy amable”. Y él “… y por eso se me hace que a usted le debe gustar mucho leer, porque a ustedes los escritores tiene que gustarles mucho la lectura”. “Así es”, le contesté yo. “Pues mire lo que ando aquí”, me dijo, pasándome una revistita al asiento de atrás.

Era una Selecciones del Reader’s Digest que se miraba bastante viejita. “Fíjese en la fecha”. Como no andaba mis lentes de lectura, estiré la Selecciones a todo lo que me daba el brazo y medio distinguí que era de agosto de 1945 (aunque pensé que podía ser de 1943), pero en cualquiera de los dos casos, mi comentario siguiente no estaba fuera de lugar: “¡Es una reliquia! ¿Dónde la consiguió?”. Leer más

«La ciudad sin nombre», H.P. Lovecraft

Mis temores, efectivamente, se relacionaban más con el pasado que con el futuro. Ni siquiera el horror físico de mi situación en aquel angosto corredor de reptiles muertos y frescos antediluvianos, millas por debajo del mundo que yo conocía, y ante ese otro mundo de luces y brumas espectrales, podía compararse con el miedo que sentía ante la abismal antigüedad del escenario y de su espíritu. Una antigüedad tan inmensa que empequeñecía todo cálculo parecía mirar de soslayo desde las rocas primordiales y los templos tallados de la ciudad sin nombre, mientras que los últimos mapas asombrosos de los frescos mostraban océanos y continentes que el hombre ha olvidado, cuyos contornos eran vagamente familiares. Nadie sabía qué podía haber sucedido en las edades geológicas ya que las pinturas se interrumpían, y la resentida y rencorosa raza había sucumbido a la decadencia. En otro tiempo, estas cavernas y la luminosa región que se abría más allá habían hervido de vida; ahora, me encontraba solo entre estas vívidas reliquias, y temblaba al pensar en los incontables siglos durante los cuales dichas reliquias habían mantenido una vigilia muda y abandonada.

Cuento completo: «La ciudad sin nombre» en Zona Literaria.

«Viaje a Tijuana», Sándor Márai

Rosarito está oscuro como una boca de lobo pero encuentro alojamiento en dirección del ladrido de los perros. La habitación es gélida. En una esquina, sobre el piso de tierra, hay un horno de gas natural. Hace todo menos calentar.
Por la mañana me despierta el brillo del sol que resplandece con toda franqueza. Olvidé bajar la cortina de la ventana y el sol se lanza desde el océano como un latigazo. Directo frente a la puerta ruge la marea matutina del océano Pacífico y el golpe de las olas esparce espuma en el umbral. La luz es tan salvaje que debo regresar a la sombra: me quema los ojos.
La costa está desierta. Sólo hay algunas palmeras y casas de barro. El sol quema ya desde temprano, pero el viento y el aliento del océano hormiguean fríos como una ducha helada sobre un traje de baño muy caliente. En el comedor vacío del hotel me anima amistoso a comer y beber un cocinero chino, viejo y gruñón, que se contonea como un pato.
Me advierte que sus guisos son limpios y no debo temer la “venganza de Moctezuma”, la infección intestinal que ataca a los extranjeros. Es un hombre experimentado que sabe por qué los turistas le temen a los productos del campo local, abonados con excrementos humanos. El cocinero sonríe burlonamente cuando lo tranquilizo diciéndole que no dudo de la limpieza de su cocina, pero que las moscas de América Central aún no conocen las medidas higiénicas y ensucian todo con sus contagiosos excrementos, no sólo los granos y las frutas, sino hasta los cubos de hielo.