Caravana “Liberando la esperanza”

A inicios de octubre pasado fue capturado en Nuevo Laredo, México, Salvador Alfonso Martínez Escobedo, alias “Ardilla”. Este tipo era el jefe de “Los Zetas” en los estados mexicanos de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. Entre los numerosos crímenes que se le atribuyen está la presunta responsabilidad intelectual de la muerte de más de 300 personas, entre ellos los 72 migrantes asesinados en Tamaulipas en el 2010. También se cree que ejecutó personalmente a unas 50 personas y que tiene implicación directa en la fuga de varios reos de penales mexicanos.

Al ser presentado ante la prensa lo hizo en actitud sonriente y desafiante. Alzaba la cabeza ante las fotografías de los periodistas en una actitud de “¿y cuál es pues?”, alzaba el pulgar derecho y saludaba con la cabeza como si estuviera ante un público de admiradores. Parecía orgulloso de ser quien era.

Su supuesta implicación en la masacre de los 72 migrantes centroamericanos en Tamaulipas no hace más que reconfirmar la relación de los diferentes cárteles de la droga con los crímenes que se cometen contra los migrantes en las diferentes rutas que cruzan a través del territorio mexicano. También podría suponerse que su captura le pone fin a uno de los casos más dramáticos que ha trascendido a la prensa sobre el calvario por el que atraviesan miles de personas al hacer su viaje hacia los Estados Unidos.

Aunque da la impresión de que los medios de comunicación hablan cada día menos del tema, la realidad es que las personas siguen migrando del país a la primera oportunidad posible. Y por desgracia cientos de esos migrantes optan por hacerlo de la manera más dura, es decir, cruzando a pie los territorios de Guatemala y México.

Si de por sí el camino es peligroso, los riesgos se miran incrementados con el accionar de diferentes bandas criminales que encuentran en los migrantes una población vulnerable contra la cual actuar con múltiples propósitos. Desde robo de valores hasta trata de personas y asesinato para robo de órganos, pasando por secuestro, extorsión, tortura y violaciones, muchos de estos crímenes quedan sin resolver. La captura de Martínez Escobedo es casi una excepción a la regla.

Hay que pensar en la otra cara de la moneda: los familiares que quedan atrás, con la esperanza de tener pronto noticias de la persona que partió. A veces, demasiadas, no se vuelve a saber nada de los viajeros. Y muchas veces, demasiadas, es porque estas personas murieron en el camino, no fueron identificadas, o han sido secuestradas y no tienen posibilidad alguna de contactar a sus parientes. En el mejor de los casos, se quedaron en alguna población intermedia del camino pero su situación particular no les permite comunicarse con sus familias. O no quieren hacerlo.

Un grupo de animosas madres organizó nuevamente la Caravana “Liberando la esperanza” en el que 60 madres y algunos padres originarios de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala recorrieron entre el 15 de octubre y el 3 de noviembre la ruta de los migrantes, en busca de sus familiares desaparecidos en tránsito por Guatemala y México.

La Caravana iba acompañada por miembros de Amnistía Internacional, grupos de derechos humanos y algunos miembros de la prensa, para garantizar su seguridad durante la realización del viaje. La Caravana recorrió 4,600 kilómetros por 14 estados y 23 localidades de México no sólo en busca de sus familiares, sino también haciendo conciencia a su paso de las condiciones de viaje de los migrantes, de los peligros que enfrentan durante su trayecto y de la falta de compromiso de las autoridades correspondientes para resolver los casos denunciados.

No hay datos oficiales pero algunas organizaciones estiman que hay entre 70 y 120 mil desaparecidos en la ruta del migrante. Las cifras son inexactas ya que hay cientos de casos que no son denunciados ante las autoridades. De hecho, hay organismos que prefieren trabajar con la cifra más baja para no causar alarma entre los familiares.

Se estima también que el 66% de las víctimas son mujeres. Los menores de edad van en aumento dentro de esta población vulnerable ya que cada día es más frecuente ver a niños en dicha ruta, sea viajando solos o acompañados por algún familiar.

En el marco de esta caravana se ha dado a conocer también que en los panteones mexicanos es frecuente encontrar fosas comunes donde han sido enterrados migrantes sin identificación. Recientemente científicos del Equipo Argentino de Antropología Forense realizaron la exhumación de cadáveres de inmigrantes de la fosa común del panteón de Tapachula, suponiendo encontrar ahí a muchos centroamericanos que fueron dados por desaparecidos. Al partir la Caravana desde Tenosique, en Tabasco, una de las representantes de la Mesa Nacional para las Migraciones en Guatemala (MENAMIG), declaró que “México entero es un cementerio de migrantes”.

Cada una de las madres viaja con fotografías de su familiar desaparecido para intentar localizarlos. Van dejando dichas fotos en el camino para documentar las desapariciones. Estas caravanas se iniciaron en el año 2000 y hasta la fecha se han realizado 8 de ellas. A partir del 2006 han sido organizadas por el Movimiento Migrante Mesoamericano. Desde que se iniciaron las caravanas han logrado reencontrarse a 64 personas, un número muy bajo en comparación con la alta cifra de desaparecidos.

Al momento de escribir esta columna, supe que apenas 5 madres, de las que partieron en la caravana de este año, habían logrado reunirse con sus familiares. Entre ellas estaba Silvia Campos, originaria de Honduras, quien logró localizar a su hijo Cervelio Mateo Campos en el municipio de Jalapa, Tabasco. Ellos se reencontraron en el albergue “La 72” casi una década después de que Cervelio Mateo emprendió el viaje a los Estados Unidos.

Ojalá que los participantes de esta caravana logren hacerse escuchar durante su recorrido. Porque quizás la mayor tragedia detrás de las historias de migraciones es que no queremos escucharlas, no queremos saber. Como si no sabiendo, el problema dejara de existir.

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, domingo 4 de noviembre 2012).