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El número 111 de la revista Cultura

Ya está circulando el número 111 de la revista Cultura de El Salvador. En ella se publican unas breves crónicas que escribí en Costa Rica. También se publica la obra Anafilaxis de Jorgelina Cerritos; poemas de Krisma Mancía, María Cristina Orantes y Tania Pleitez; una crónica (que recomiendo mucho) del guatemalteco Julio Prado, entre varios materiales más. Todo acompañado por ilustraciones de Renacho Melgar y Licry Bicard.

Soñemos

Me gustaría ver un candidato fresco, hombre o mujer, que no esté quemado dentro del mundillo político. Que no esté ninguneado hasta el ridículo en las redes sociales. Alguien que me hable en un lenguaje con el que me pueda identificar. Que me hable de “vos” o de “usted”, pero jamás de “tú”, porque de niña me enseñaron que el “tú” se usa en otros países y no aquí en El Salvador.

Me gustaría un candidato que respondiera a las preguntas de manera directa y clara, no con 27 frases vacías e incoherentes que dicen de todo pero que al final no lo comprometen con nada. Frases de cajón que ya nos sabemos de memoria y que sólo son mentiras piadosas electoreras.

Me gustaría un candidato que cuando sea presidente, honre como se merece las dos grandes tragedias del siglo XX en El Salvador: la matanza de 1932 y la guerra de los 80. Me gustaría un candidato que comprendiera que hacer justicia no es sinónimo de cobrar venganza sino la única manera que queda para dignificar a los muertos, a los desaparecidos y a nosotros mismos.

Me gustaría un candidato con ideas modernas. Un candidato informado sobre los avances de la tecnología y la ciencia, sobre las tendencias de la cultura mundial, sobre las discusiones de la filosofía y la academia.

Me gustaría muchísimo un candidato que comprendiera que la cultura no es solamente el baile folklórico que se realiza como cápsula de entretenimiento en los eventos oficiales o en las recepciones diplomáticas. Un candidato que lea a los escritores nacionales, que le guste el buen cine y ojalá también el rock. Un candidato que cuando sea presidente le dé a la cultura la importancia que se merece.

Me gustaría un candidato que piense en cómo lograr el desarrollo sin destruir ni poner en riesgo los limitados recursos naturales del país. Un candidato que no venda la riqueza nacional al mejor postor y que anteponga el bienestar de la gente por sobre la ganancia económica.

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Poe ilustrado por Gustave Doré

El cuervo de Edgar Allan Poe ilustrado por Gustave Doré

Un versión de El cuervo de Edgar Allan Poe ilustrada por Gustave Doré, a disposición en este enlace de la página web de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

La escritura en tiempos de tecnología

Cada día producimos en escritura el equivalente a millones de libros. Globalmente se envían 154.6 mil millones de correos electrónicos. Se publican más de 400 millones de tweets. En Facebook producimos alrededor de unas 16 mil millones de palabras. Se publican más de un millón de posts en blogs y se escriben alrededor de 2 millones de comentarios a posts. Eso solamente en la plataforma WordPress. Faltaría contabilizar las demás.

Si se junta toda esa escritura, la humanidad compone a diario el equivalente a 36 millones de libros. Para darse una idea: la Librería del Congreso de los Estados Unidos tiene, en su totalidad, 23 millones de libros.

Encontré esta información en un artículo de la revista Wired titulado “Pensando en voz alta. Cómo las redes exitosas nutren las buenas ideas” de Clive Thompson, un periodista canadiense que escribe sobre el impacto social y cultural producido por las tecnologías digitales.

Para Thompson, la tecnología está cambiando los patrones de pensamiento, para bien y para mal. Gracias a la horizontalidad de internet, donde se puede acceder a información y redes de comunicación, todos pueden tener una voz y se puede ser escuchado, visto o por lo menos leído.

Pero cantidad no es sinónimo de calidad. No todo lo que se escribe en la red es de lo mejor. Los números mencionados al inicio sirven para hacernos reflexionar sobre cómo la mayoría de nosotros, quiérase o no, utilizamos recursos que nos obligan a escribir para comunicarnos.

Dice Thompson en su artículo que ahora somos “una cultura global de ávidos escritores, que casi siempre escribe para una audiencia. Cuando se escribe algo en línea –sea una frase, un comentario a una fotografía o un post de mil palabras– se hace con la expectativa de que alguien pueda leerlo, incluso cuando se publica de manera anónima”.

Acaso ese detalle sea el que estimula el apetito por escribir en la red: encontrar un lector, no en el sentido literario de la palabra, sino alguien empático, el que coincide con los sentimientos y opiniones expresadas y que representa un confidente, un amigo o aliado potencial.

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La música de Boris Vian

Lo que leyeron los que escriben en 2013

«Lo que leyeron los que escriben en 2013», un interesante listado de lecturas recomendadas por varios escritores, incluida mi selección. Recopilado por El Faro.

La verdad, Regina José Galindo

El 21 de noviembre de 2013, en el Centro Cultural de España de Guatemala, Regina José Galindo lee durante una hora testimonios de sobrevivientes del conflicto armado en Guatemala. Mientras lo hace, un dentista intenta silenciarla inyectándole anestesia en la boca varias veces. (Duración del video: una hora y 10 minutos. Advertencia: Los testimonios leídos son muy gráficos).

Regina José lee durante una hora testimonios de sobrevivientes. Dolor tras dolor. Pensé que en una hora pueden leerse todos esos testimonios y aún así, estar apenas viendo la punta del iceberg del terror de aquellos días. ¿Cuántas horas tomaría leer todos los testimonios del horror en Guatemala? ¿Y si le juntáramos los testimonios del horror en El Salvador? ¿Los de toda Centroamérica, los de Latino América? ¿Los de las Guerras Mundiales, los conflictos del Medio Oriente, de África? ¿Cuánto tiempo tardaríamos en leer las historias de horror del mundo, las historias del horror del humano contra el humano? Quizás no haríamos otra cosa, todo el día, todos los días, más que leer/hablar/testimoniar sobre el horror.

Anestesia para no hablar, para callar. ¿De cuántas maneras nos anestesia el sistema a diario para que no hablemos, para que no levantemos la voz, para que no hablemos claro, para que no digamos la verdad? ¿Con qué nos anestesian para que no pensemos ni sintamos ni nos conmovamos con el dolor ajeno, para que no nos duela ni nuestro propio dolor? ¿Qué tan genuino es nuestro intento por hablar/denunciar cuando tenemos la boca llena de algodones? ¿Cuántas dosis son necesarias para adormecernos? ¿Pocas, muchas? ¿Nos anestesian hasta matarnos o somos resistentes a la anestesia y seguimos sintiendo el dolor, aunque nadie nos crea?

El murmullo de una boca anestesiada, cuyas palabras apenas se entienden. Pienso en el proceso inverso: en la vivencia del dolor, en la necesidad del silencio para digerir el dolor, para darle nombre, para definirlo, para hacer un rompecabezas entre palabras y sentimientos, para encontrar las palabras que expresen todos los matices del dolor. El dolor que poco a poco va naciendo y definiéndose en palabras que, al comienzo, son un murmullo, palabras sueltas para conformar el testimonio de la verdad individual, en el necesario bálsamo inicial del silencio y el olvido. En la memoria de los hechos que arrastra sobre la playa de nuestro presente la escoria de nuestros peores recuerdos.

«No importa qué tanto intenten callarnos. La verdad está ahí. Nadie podrá silenciarla», dice Regina José en el correo donde comparte el video.

Regina José habla e intenta ser callada, aunque sigue hablando hasta donde dan la voz y las palabras. De esa manera, viaja desde el presente hasta el pasado, desde la voz hasta el silencio, desde el bienestar hasta el dolor, atravesando el proceso inverso de los sobrevivientes: del dolor, del silencio, del murmullo hacia la voz que habla con claridad, que dice sin miedo. Olvido, silencio, memoria, recuerdo, palabra.

La ciudad en bicicleta

Algo que me llamó la atención durante mi reciente visita a la ciudad de México fue la gran cantidad de gente moviéndose en bicicleta.

Parte de ello se debe a la implementación en el 2010 de Ecobici, el sistema de transporte individual organizado por el Gobierno del Distrito Federal. El programa consta de 276 estaciones en toda la ciudad, con 4,000 bicicletas a disposición de la ciudadanía. Ubicadas en varios puntos estratégicos, como paradas de buses y metro, parques, comercios o zonas de gran afluencia, la intención es poner a disposición general un medio alternativo de transporte para rutas cortas dentro de la ciudad, y ser un complemento al sistema de transporte público, que incluye el Metro y el Metrobús.

Como parte de las actividades del 2º. Foro Latinoamericano de Medios Digitales y Periodismo, los invitados tuvimos oportunidad de conocer algunos detalles interesantes de este sistema e incluso probarlo, gracias a que nos prestaron tarjetas para usar las bicicletas a conveniencia. Para varios de nosotros significó una alternativa práctica para movernos desde el hotel hasta los lugares donde se desarrollaban las actividades del Foro, lo cual nos permitió ahorrar tiempo y dinero.

Las bicicletas circulan por ciclovías exclusivas que corren en varias zonas de la ciudad como la Avenida Reforma, el Centro Histórico, Colonia Juárez, Roma y Escandón, entre varios puntos más. Los interesados en usar el sistema pueden registrarse en cualquiera de los puntos de atención. Por una anualidad de poco más de 30 dólares, la persona tiene derecho a usar las bicicletas todos los días del año, las veces que necesite al día, siempre y cuando no la utilice más de 45 minutos por vez, que es el tiempo máximo de uso.

Según me comentaba alguien que trabajó en el proyecto, Ecobici se originó a partir de la iniciativa de varios grupos que organizaban pedaleadas por la ciudad. La idea era poder hacer ejercicio, pero también hacer conciencia sobre el uso de un medio no contaminante como la bicicleta en una ciudad como el Distrito Federal. Esas pedaleadas originaron luego varias concentraciones para exigir a las autoridades la construcción de ciclovías y campañas de educación vial, sobre todo para los conductores de automotores, para concientizarlos sobre la presencia de los ciclistas.

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Marcel Proust en Venecia

Marcel Proust en Venecia, sentado en la terraza del Hotel Europa.

Futuro digital

¿Serán sustituidos los medios informativos tradicionales por los medios digitales? ¿Hay espacio para que convivan ambos? ¿Qué nuevas capacidades exige el periodismo digital a los periodistas y a las redacciones que trabajan en ese tipo de medios? ¿Qué herramientas impulsan la innovación en el periodismo digital? ¿Cómo interactúan los medios digitales con sus audiencias en la construcción de sus contenidos? ¿Cómo puede sobrevivir un medio tradicional ante estos cambios?

Esas fueron algunas de las preguntas que varios periodistas y editores discutimos durante el 2º. Foro Latinoamericano de Medios Digitales y Periodismo, que se llevó a cabo en la ciudad de México el pasado 22 y 23 de noviembre.

El Foro se originó ante la falta de espacios en nuestro continente que reflexionen a profundidad sobre el medio digital en español. Organizado por la asociación civil Factual_, con el respaldo de la Universidad Iberoamericana, Google México y Telmex Hub, el 2º. Foro reunió a representantes de varios medios digitales de comunicación de Latino América como La Silla Vacía, Plaza Pública, Semana, CNN México, Vice, El Puercoespín y Future Challenges (sección Latino América), entre otros.

Es notable la aparición, en años recientes, de muchos portales informativos de todo tipo que se han convertido en referentes importantes. De hecho, el día antes de comenzar el Foro, La Silla Vacía ganó el Premio de Periodismo Gabriel García Márquez por Proyecto Rosa, una página creada para visibilizar la historia de Rosa Hernández y los líderes de las víctimas del conflicto armado en Colombia.

La relevancia que los medios informativos digitales han tomado, obliga a la reflexión sobre la forma tradicional de hacer periodismo y de emitir o recibir las noticias.

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Cuaderno africano de Lauri García Dueñas

«Sueño: 

Veo un caballo negro, negrísimo, su pelo flota en el viento, el caballo me muerde la mano derecha, me come la piel y en su lugar aparece una mancha de jirafa Masai».

(De Cuaderno africano de Lauri García Dueñas).

T.S. Eliot reads «The Naming of Cats»

(Via Brain Pickings.)