La ciudad en bicicleta

Algo que me llamó la atención durante mi reciente visita a la ciudad de México fue la gran cantidad de gente moviéndose en bicicleta.

Parte de ello se debe a la implementación en el 2010 de Ecobici, el sistema de transporte individual organizado por el Gobierno del Distrito Federal. El programa consta de 276 estaciones en toda la ciudad, con 4,000 bicicletas a disposición de la ciudadanía. Ubicadas en varios puntos estratégicos, como paradas de buses y metro, parques, comercios o zonas de gran afluencia, la intención es poner a disposición general un medio alternativo de transporte para rutas cortas dentro de la ciudad, y ser un complemento al sistema de transporte público, que incluye el Metro y el Metrobús.

Como parte de las actividades del 2º. Foro Latinoamericano de Medios Digitales y Periodismo, los invitados tuvimos oportunidad de conocer algunos detalles interesantes de este sistema e incluso probarlo, gracias a que nos prestaron tarjetas para usar las bicicletas a conveniencia. Para varios de nosotros significó una alternativa práctica para movernos desde el hotel hasta los lugares donde se desarrollaban las actividades del Foro, lo cual nos permitió ahorrar tiempo y dinero.

Las bicicletas circulan por ciclovías exclusivas que corren en varias zonas de la ciudad como la Avenida Reforma, el Centro Histórico, Colonia Juárez, Roma y Escandón, entre varios puntos más. Los interesados en usar el sistema pueden registrarse en cualquiera de los puntos de atención. Por una anualidad de poco más de 30 dólares, la persona tiene derecho a usar las bicicletas todos los días del año, las veces que necesite al día, siempre y cuando no la utilice más de 45 minutos por vez, que es el tiempo máximo de uso.

Según me comentaba alguien que trabajó en el proyecto, Ecobici se originó a partir de la iniciativa de varios grupos que organizaban pedaleadas por la ciudad. La idea era poder hacer ejercicio, pero también hacer conciencia sobre el uso de un medio no contaminante como la bicicleta en una ciudad como el Distrito Federal. Esas pedaleadas originaron luego varias concentraciones para exigir a las autoridades la construcción de ciclovías y campañas de educación vial, sobre todo para los conductores de automotores, para concientizarlos sobre la presencia de los ciclistas.

Según cálculos de agosto de este año, había un total de 95 mil 780 beneficiarios registrados al sistema, número que de seguro ha incrementado desde entonces. Se realizan un promedio de 25 mil viajes diarios. A medida en que se han abierto más cicloestaciones, los viajes han incrementado, llegándose a registrar en agosto 600 mil viajes mensuales. Y la tendencia va en aumento.

La bicicleta tiene las características ideales para evadir los embotellamientos y también para incluir, dentro de la rutina diaria, unos minutos de ejercicio. Pero el asunto va mucho más allá.

El domingo en la mañana, durante mi último día de estancia, decidí salir a caminar por los alrededores del hotel en que me hospedaba, ubicado en Havre y Reforma. Me fui caminando por Reforma que estaba cerrada a los automóviles y abierta para uso exclusivo de ciclistas. En los carriles principales, bandadas interminables de gente en bicicleta iba y venía, por ambas vías. Policías velaban porque los ciclistas fueran respetados pero también porque estos observaran las leyes de tránsito, detalle que les era recordado por megáfono a los ciclistas durante la luz roja del semáforo en el cruce de Reforma con Insurgentes.

En las aceras, muchas personas caminaban, paseaban a sus perros, se sentaban en las bancas de algún parquecito que tenía grama y árboles (no como los parques de mi pobre ciudad: tan llenos de cemento, tan huérfanos de árboles).

Sin duda, el impulso de Ecobici no sólo creó confianza en la población para moverse en la ciudad con sus propias bicicletas, sino que obligó a repensar el uso de los espacios públicos, no sólo de parte del gobierno local, sino también de parte de los mismos ciudadanos.

Me pregunté si sería posible implementar un proyecto similar en San Salvador. Quizás no andemos lejos. Existen varios grupos que organizan pedaleadas no sólo en la ciudad, sino también en montaña. Según Cecibel Romero, periodista y entusiasta de las bicicletas, el grupo de ciclistas que participan en estas actividades ha crecido de manera impresionante.

Según Romero: “Eso es para mí un grito de que la gente necesita espacios públicos para divertirse. La mayoría de gente que va son jóvenes, amigos, o esposos e hijos que quieren sudar y reírse. Hay mucha amistad y solidaridad cuando alguien necesita ayuda. Eso es bonito. El mismo trasfondo creo que tienen los ‘runners’ que salen martes y jueves”.

Cecibel ahora está más activa con un grupo que hace ciclismo de montaña. Pero también han sido víctimas de la inseguridad. Estuvo en un grupo que fue asaltado. En otra ocasión, encontró a un grupo de amigos a quienes les habían robado las bicicletas y los zapatos.

Implementar un proyecto como este requiere de voluntad política y gobernantes con una visión moderna sobre el uso de los espacios públicos. Pero también requiere de la generosidad del colectivo, que deberá educarse para respetar las reglas comunes de tráfico y así lograr una convivencia armoniosa entre automotores, ciclistas y peatones. Debemos recordar que la ciudad es un espacio para todos, no sólo para los que andan en carro.

Imagínese una ciudad con espacios protegidos para que un segmento de la población pueda movilizarse y contar con otra alternativa de transporte. Lugares como Barcelona, Lyon, Montreal, Nueva York, París, Río de Janeiro, Quito y varias más, entre pequeñas y grandes, tienen programas similares donde el uso de bicicletas públicas se convierte en una alternativa de transporte viable para miles de sus habitantes.

Eso deberían ser las ciudades: espacios de comunidad y de encuentro, lugares de convivencia para todos.

¿Podrá San Salvador, algún día, transformarse en una ciudad así?

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, domingo 15 de diciembre 2012).