Autor: Jacinta Escudos

«John Cheever: la odisea de un pequeño gran hombre»

John Cheever es uno de mis escritores favoritos aunque empecé a leerlo hace poco tiempo. Comencé con algunos cuentos suyos en internet. Y sus diarios me causaron una impresión fuerte y variada. Una de las primerísimas cosas que leí en mi Kindle fue un cuento suyo (ya que compré sus cuentos completos). El cuento que leí fue «Goodbye, My Brother». Me impresionó tanto que todavía lo estoy elaborando. Quiero escribir un comentario sobre el mismo pronto (creo es lo más justo cuando se comenta un libro de cuentos; comentar en bloque es difícil pues cada cuento es una estructura diferente y aunque el libro completo comparta un mismo aire o espíritu, cada unidad que lo compone pienso que es como un hueso diferente del esqueleto, un músculo u órgano diferente del cuerpo). Acaban de publicar una biografía sobre Cheever y aquí hacen un comentario sobre la misma. John Cheever: la odisea de un pequeño gran hombre | Qué Leer – Revista.

Dos pájaros en mi boca

La muchacha que me atiende (cliente #115 favor pasar a la ventanilla 7), se llama Michelle Rodríguez. Igual que la actriz. Michelle es cordial y me atiende muy bien. Michelle me pide que me siente. Michelle me dice que esto va a tardar. Michelle me ofrece algo qué beber. Si le hubiese pedido una copa de champán estoy segura que me la hubiera llevado (y a temperatura perfecta). Fui algo más sencilla y pedí agua. Ella me pidió un montón de información. Me preguntó si tenía tiempo para esperar. Tengo un libro, le contesté. Me senté a leer. El libro que llevaba era  Pájaros en la boca de Samanta Schweblin.

The Top 50 Essential Non-Fiction Books for Weirdos

Ni quería leer la lista por el título pero como me gustan las listas, caí en la tentación. Obviamente aquí el término «weirdo» (algo así como «raro») es irónico. Pero la selección está interesante y confieso mi tremendas lagunas, aunque he leído unos pocos y conozco de oídas otros cuantos… The Top 50 Essential Non-Fiction Books for Weirdos · Geez Pete.

Cartas y diarios

The times they are a’changin’ ya lo dijo Bob Dylan desde hace ratos, pero ahora parece que lo hacen más rápido. Aquí dos recursos ampliamente usados por escritores que, en tiempos no muy lejanos, aún se hacían estrictamente a mano. Pero que hora, con el uso de alternativas como las computadoras, los teléfonos inteligentes y las grabadoras de voz, es posible que no veamos muchos originales manuscritos de este tipo en el futuro… ‘The Diary: Three Centuries of Private Lives’ – Slide Show – NYTimes.com. Las cartas. Yo recuerdo que pasábamos algo así como un mes cada año, en el colegio, estudiando como parte de la materia de Idioma Nacional, la escritura de cartas. Bueno, las cartas comerciales y profesionales, pero incluso habían ciertas normas para escribirse entre familiares y amigos. Esta página, Letters of Note, comparte varias cartas, notas, papelitos, y toda clase de anotaciones de escritores, artistas y otros personajes conocidos.

Un depredador llamado James Ellroy

Admito que ya me tienen bastante cansada todos esos escritores que se las quieren dar de malos, cínicos, ácidos, sarcásticos, irónicos, sangrones, promiscuos, duros, implacables, inconmovibles, etc. En el 98% de los casos, es pura pose y ni la saben llevar bien. Ni siquiera son originales porque quieren copiarle a otros, a Bukowski, a Céline, a Cioran, etc. Pero James Ellroy tiene su asunto bien personal. Lo he leído y te engancha y te pega como una patada en el hígado después de haberte tomado un trago del peor aguardiente. Es fuerte. Duele leerlo. Pero te conmueve la tripa. Y eso lo hace un buen escritor. Un depredador llamado James Ellroy · ELPAÍS.com.

Herta Müller – Todo lo que tengo lo llevo conmigo (dos textos)

Si lee alemán, le recomendaría que probara a Herta Müller en su idioma, ya que ella utiliza ciertos giros del alemán que me parece son propios de quien vive o se ha criado en Rumanía. Estas sutilezas supongo que se pierden en la traducción. Pero de todos modos, es una autora que viene bien conocer. Aquí unos fragmentos de su última obra. Herta Müller – Todo lo que tengo lo llevo conmigo (dos textos) : Ignoria.

«Do Not Go Gentle Into That Good Night», Dylan Thomas (leído por Anthony Hopkins)

Este día mi padre cumple diez años de haber muerto. Todavía recuerdo con claridad la madrugada en que apresurada y aturdida, preparaba el viaje para venir desde Managua a San Salvador para el entierro, en medio de los dos terremotos del 2001 (me tocó estar para el segundo acá y vivir todas las réplicas, más un terremoto familiar que no voy a detallar, pero que trastocó mi vida, dolorosamente, para siempre). Sólo yo y una gata y un montón de papeles viejos sobrevivimos a tanto descalabro. Pero aquí estamos. Nos salvó la literatura, como siempre.

Ciudad de Alado: un avance, en exclusiva

Mauricio Orellana Suárez ha tenido la generosidad de compartir, en exclusiva para los lectores de Jacintario, un avance de su novela Ciudad de Alado (Uruk Editores, San José, 2009). Recuerden que estaremos presentando esta novela pasado mañana, el miércoles 9 de febrero, en el Centro Cultural de España de San Salvador, a las 6:30 p.m. Esperamos vender ejemplares de la misma la noche del evento. Se presentará también un material fílmico de Gonzalo Vides, realizado exclusivamente sobre la obra y que fuera incluido en la revista digital Los Anillos de Saturno, un proyecto de la AECID y de la Red de Centros Culturales de España. Basta de bla bla y los dejo con Alado…

Viaje al centro de la migraña

1. La luz está compuesta por finas navajas voladoras que rasgan, al contacto, tus glóbulos oculares. Tu cabeza es yunque para un martillo. Caja de percusión para todo ruido. El sonido es un fluir de agujas invisibles que pincha tus tímpanos. Cierras los ojos y tienes alucinaciones geométricas y de colores estridentes. Serían bellas las alucinaciones si no dolieran tanto. Duermes y la oscuridad del sueño se llena de incongruencias que provocan angustia. Un sueño pastoso, profundo, incómodo. Alucinas. Imaginas cosas, algunas bastantes dramáticas. Si la cabeza pudiera desatornillarse, la dejarías puesta sobre el librero hasta que pasara el dolor. Pero tendrías que deshacerte también del asco en el pecho, ése que no te permite comer ni un bocado. Y también del malestar generalizado. Del aturdimiento. De la pesadez del cuerpo. Esa pesadez que solamente te permite pasar líquidos, fríos o calientes. Ves luces. Ves círculos morados y franjas azul cobalto. Ves resplandores súbitos a los lados y volteas rápido para ver si atrapas la vista de alguien porque, estás convencida, vas a ver algún …