Month: marzo 2011

Entre líneas: Antonio di Benedetto

“Primero estuvo detenido unos meses en Mendoza, en el Colegio Militar. No se lo podía ver, pero sí llevarle ropas y alimentos. Cuando lo trasladaron sorpresivamente a la Unidad 9 de La Plata, no nos dijeron adónde lo habían llevado. Empezamos a buscar con Bernardo Canal Feijóo, y los dos, cada uno por su lado, logramos saber su destino. (…) Estuvo preso un año y siete meses, desde marzo de 1976 hasta septiembre de 1977. Yo pedí a todo el mundo que hiciese lo posible para lograr su libertad. Finalmente el Premio Nobel de Literatura Heinrich Böll le envió un telegrama a Videla”. Antonio Di Benedetto sufrió cuatro simulacros de fusilamiento y numerosos golpes. Sin poder escribir, porque le rompían todos los papeles, encontró entonces un ardid: “Me mandaba cartas donde me decía: ‘Anoche tuve un sueño muy lindo, voy a contártelo’. Y transcribía el texto del cuento con letra microscópica (había que leerla con lupa). Después esos cuentos se editaron bajo el título de Absurdos. Con el anticipo que le dio el editor viajó …

El Biblioburro

La burra se llama Alfa, el burro se llama Beto y junto con el profesor Luis Soriano Borges conforman el Biblioburro. Viajan por las poblaciones de Colombia donde no hay bibliotecas porque «si los niños no tienen bibliotecas, hay que inventarse una; si esos niños del monte no tienen biblioteca, hay que llevarles la biblioteca hasta allá».

Why Do Writers Abandon Novels?

Este artículo examina los casos de varios escritores que emprendieron proyectos de novela pero no terminaron de escribirlas, o las escribieron pero las descartaron luego de invertir años en ellas. Es algo que suele ocurrir. En mi caso, he quemado 2 y tengo una con un pie en la pira, aunque quiero antes rescatar algunas páginas que espero puedan servir para otras narraciones. Es parte de los gajes del oficio de todo escritor (eso y la famosa «hoja en blanco»). Quizás es Stephen King quien lo define mejor: “Look, writing a novel is like paddling from Boston to London in a bathtub,” he said. “Sometimes the damn tub sinks. It’s a wonder that most of them don’t.” Why Do Writers Abandon Novels? – NYTimes.com.

«Soy un depredador en busca del amor»: James Ellroy

  ¿Cree que si su madre no hubiera sido asesinada nunca se hubiera convertido en escritor? Es una buena pregunta, pero pensar eso resulta bastante patético. Nunca pienso en estos términos porque sé que no puedo volver atrás en mi vida y cambiar a mis padres. Por tanto, no pierdo mi energía en darle vueltas a este tema. Eso es lo que sucedió. ¿Continúa todavía la maldición de su madre? No. Escribí el libro, me enfrenté a esa maldición y ya no estoy en ese círculo. Ahora soy un hombre feliz. Su libro me recuerda a Mujeres, de Charles Bukowski. ¿Lo pensó mientras escribía? A mí no me gusta Bukowski. Y no he leído el libro Mujeres. Por tanto no puedo relacionarlos… Pero, seguro que se comporta mal con ellas, ¿no? De usted se ha dicho que es un depredador, un machista y un fascista. ¿Está de acuerdo? «La maldición de mi madre ya está conjurada. Soy un hombre feliz. Yo no tengo una tendencia política muy definida. Tampoco pienso que los hombres sean superiores a …

Apuntes en mi moleskine mientras veo 2001, A Space Odyssey de Stanley Kubrick

  En “The Dawn of Man”, cuando nuestros ancestros simiescos descubren que pueden tomar algo, y con ello, golpear. El hombre descubre la violencia. Y el acto de matar. La herramienta, the weapon of choice, puede ser cualquier cosa. Una piedra, un hueso, una quijada de asno. Matar le puede servir para dos fines: alimentar o vencer a sus enemigos. Luego, matar cobrará otras categorías: desahogar furias, demostrar poder, causar miedo. Los otros, los que aún no descubrieron el acto de matar, miran con espanto cómo uno de los suyos cae, no se mueve más. Está muerto. Aprenderán por el ejemplo. Matarán también, tarde o temprano. Más adelante, mucho más adelante, el hombre descubrirá que las palabras también hieren. Y hasta matan. Simultáneamente descubrirá que el silencio o el no decir también es hiriente, asesino, doloroso. Las naves espaciales flotando en el espacio. Tan reales. El espacio, la soledad. Y si no fuera por la música, el silencio. El infinito, angustiante silencio. La limpieza de la estructura y las naves. La respiración del capitán Dave Bowman …

World Book Night

La noche del sábado 5 de marzo, en Irlanda y Gran Bretaña, la organización World Book Night distribuyó gratis un millón de libros entre quien los quisiera. Se los regalaban a la gente, quienes podían escoger un libro de entre una lista de 25 títulos y luego les regalaban 48 ejemplares del mismo, para que pudieran repartirlos entre amigos y familiares. Se les rogaba que se los regalaran de maneras creativas e imaginativas y que hicieran todo lo posible por que el libro fuese leído y que no quedara guardado u olvidado. El objetivo de esta iniciativa es incentivar la lectura en un mundo que ofrece distracciones como la televisión, la radio, Twitter y Facebook, según apuntó el editorial de The Observer en The Guardian: When Polonius asks the distracted prince of Denmark: «What do you read, my lord?», Hamlet’s answer is the perfect self-assertion of the sovereign reader: «Words, words, words.» In the lovely seclusion of a book, our imagination finds both privacy and nourishment. A book becomes a passport to a free state …

El gran diseño

Cuando asomé mi ojo por el ocular del telescopio, cuando pude por fin enfocar la mirada y ver la luna por primera vez en mi vida, recordé el corto de Georges Méliès, Viaje a la Luna, de 1902, donde el cohete espacial cae justamente en el ojo derecho de nuestro satélite. No sé por qué esperé ver esa imagen a través del telescopio y no eso tan extraño que vi: La luna parecía un cenicero colmado de ceniza triste y derrotada, un montón de polvo quieto, de un gris tan limpio y muerto, que al mismo tiempo transmitía una inmensa sensación de orden. Me dieron ganas de llorar. La imagen era tan nítida y real que podían verse los cráteres, pero si asomaba mi rostro al cielo, la luna estaba a una distancia tan grande que lo que miraba en el telescopio no parecía tener relación con el objeto tan distante que estaba en creciente. Era una sensación extraña. La superficie de la luna parecía un lugar apacible y sin viento. Un sereno reposo a …

«Abstracciones, historias», Cees Nooteboom

Puedo citar miles de cosas que en mayor o menor medida tienen una relación con la cultura: un cuarteto de cuerda, una lección de latín, una pila bautismal barroca, una máscara de teatro griego, un Alfa Romeo, una muñeca wayang, un traje de Brioni, un bar mitzvá, una estatuilla votiva de piedra de Jizo, un manuscrito de la Edad Media, una reverencia, una mezquita, un aguafuerte, un ordenador… La inyección que produce la muerte a un condenado de una cárcel norteamericana ¿también es cultura? Y por tanto, ¿forma parte de la cultura norteamericana? ¿Y la sharia? ¿La campana que suena en la Bolsa? ¿El Gran Hermano? ¿El carnaval? ¿Un festival de la canción? ¿La ablación femenina? ¿Un duelo? ¿El himno vasco que suena cuando se entierra a un terrorista? ¿Los informes de la Segunda Cámara del Parlamento holandés? ¿La película sobre el Corán de Wilders? ¿Hay alguna cosa que no sea cultura? La «mala» cultura, ¿se inscribe igualmente en la cultura? Y la cultura que es radicalmente distinta, la que se siente como hostil, ¿es cultura a …

«Es bueno ensuciarse un poco las manos»: Ian McEwan

El origen del libro fue el viaje de McEwan al círculo Ártico en 2005 con un grupo en el que se mezclaban los científicos y los artistas para presenciar de primera mano el cambio climático. “Me encantó ese viaje”, comenta. “Mientras los escultores y los pintores se dedicaban a lo suyo, yo hacía caminatas con quien quisiera venir conmigo”. Mientras recorría los fiordos helados con Antony Gormley, hablaba sobre el paisaje y la imaginación. En la cena había “conversaciones idealistas sobre lo diferentes que teníamos que ser en nuestras relaciones con el Gobierno”. Pero justo al otro lado de la puerta del alojamiento había un cuarto para las botas. “Era un caos. No había mala intención, pero la gente era descuidada y cogía sin darse cuenta las cosas de los demás. La ropa y el equipo que estaban ahí para salvarnos la vida, que deberíamos haber podido cuidar muy fácilmente, desaparecían, y pensaba, a pesar de todas las bonitas palabras y las buenas intenciones, a lo mejor la naturaleza humana era cómicamente incompetente para ocuparse …

Jonathan no tiene tatuajes

Viernes 4 de marzo se presenta en el auditorio del ICAS, de la UCA de San Salvador, a las 5 de la tarde, el libro Jonathan no tiene tatuajes. Una colección de crónicas de varios reconocidos autores del género. Sobre el mismo, Cristian Alarcón comenta: Oscar Martínez en su odisea en la frontera al lado de tres hermanos que escapan de la muerte; Roberto Valencia en su convivencia y amistad con el fallecido Neck, del Barrio 18; Carlos Salinas, en su incursión al Reparto Schick de Managua donde supo temblar ante el cañón de un mortero hechizo; Daniel Valencia a la hora de poner el cuerpo en la cárcel hondureña para reconstruir la explosión de una granada que mató a ex pandilleros del Barrio 18 y la Mara Salvatrucha; y, José Luis Sanz, subiendo incansable, una y otra vez, a la comuna de Sierra Alta en San Salvador para romper el silencio tras una masacre atribuida a la MS. Todos han sido investigadores y narradores, cronistas de comienzo a fin. Todos han sabido caminar con el paso ambivalente pero respetuoso que exige el territorio encendido por …

In Which When I Went To Iowa I Had Never Heard of Faulkner: Flannery O’Connor

Yesterday I sold a pair of peacocks, the first time I have sold any. These people showed up in a long white car, the woman in short shorts. They obviously had plenty of money that they weren’t used to. She flew a Piper Cub, kept two coons, and what she called a «Weimeraw» dog. He was going to start in on pheasants, peafowl an dbullfrogs. They came in and admired the house and she said, «We was in Macon looking for some French provincial furniture. I want me a love seat.» The man was a structural engineer. He said he had a friend who was a writer in Mississippi and I said who was that. He said, «His name is Bill Faulkner. I don’t know if he’s any good or not but he’s a mighty nice fellow.» I told him he was right good. In Which When I Went To Iowa I Had Never Heard of Faulkner – Home – This Recording.