All posts tagged: Jacinta Escudos

Es sólo rock and roll

La muerte de Charlie Watts, el baterista de The Rolling Stones, me dejó pensando en fragmentos de mi vida, repasando canciones favoritas y sintiéndome los ojos aguados de lágrimas. Más de alguna vez me pregunté qué pasaría cuando se muriera uno de los Stones. Ahora lo sé. Los Rolling han sido parte fundamental de mi vida, desde que tengo memoria. Desde que era niña, sonaban en radio y televisión sus canciones. Se pasaban los clips de presentaciones del grupo, cantando con playback, como era lo normal en aquellos años. Siempre sonaba algo de ellos. O de Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Doors, The Who, The Cream y también The Beatles, aunque estos me gustaban menos. De hecho, los Rolling fueron concebidos como su antítesis, y aunque The Beatles también eran “peludos”, según el concepto conservador de la época, podían considerarse un cuarteto de niños decentes si se les comparaba con “sus satánicas majestades”, como fueron conocidos en algún momento los Stones.

La fama o la escritura

Muchas veces me sorprende la inmensa cantidad de personas que, en los perfiles de sus redes sociales, se presentan como “escritores”. La mayoría no tienen libros publicados, premios literarios ganados o una trayectoria que nos permita conocer y acceder a una obra en construcción. Quizás se trata de gente que está comenzando en el oficio o que trabajan en algunas pequeñas empresas que se dedican a escribir textos para páginas web, presentaciones y discursos, los ahora llamados “escritores fantasma” que, aunque producen contenidos escritos, jamás pueden firmar con su nombre verdadero porque lo hacen como parte de su trabajo. Esto podría llevarnos a la ociosa discusión de definir quién puede ser considerado escritor y quién no. ¿Es escritor quien publica libros en papel? ¿Es escritor quien escribe, pero guarda para sí todo lo redactado? ¿El medio de publicación define al escritor o es la persona misma quien debe y puede definirse como tal?

Memorias culturales

Hace poco, ordenando algunas cosas, encontré una caja llena de revistas y suplementos de periódico. Mi primera reacción fue apartar su contenido para donarlo como papel de reciclaje. Pero al ir sacando el material cambié de opinión. Se trataba de varias revistas culturales, una improvisada colección que reuní hace algunos años. Parte de ese material es salvadoreño, pero también hay publicaciones de otros países centroamericanos. La mayoría son de los años 90 y de inicios de los años 2000, un tiempo en que no existían redes sociales y en el que todavía dependíamos de la impresión en papel para dar a conocer materiales culturales. Artefacto y El ángel pobre de Nicaragua, Magna Terra y El borracho de Guatemala, Los amigos de lo ajeno de Costa Rica, Sagatara y Alkimia de El Salvador fueron parte de la efervescencia de ideas que tomó un renovado impulso, luego de una década de guerras y conflictos bélicos en buena parte de la región.

Sin importar la edad

Hace pocos días me enteré de que un amigo está desempleado desde hace cuatro meses. El lugar donde trabajaba desde hacía algunos años, hizo un recorte de personal y despidió a varias personas. Mi amigo ha buscado trabajo desde entonces y no ha encontrado nada. Atribuye esto a su edad, ya que pasa de los cincuenta años. Lo primero que pensé al enterarme de la noticia es que debería ser prohibido despedir a la gente mayor. Un despido a esa edad significa lanzar a la persona a un limbo de incertidumbre en cuanto a su futuro laboral y su estabilidad económica. Por desgracia sabemos que muy pocos lugares emplean a gente mayor de 45-50 años, no importando sus capacidades o estudios, debido a una serie de prejuicios etarios.

Por nuestros compañeros animales

Hace poco se me perdió un gato. Ocurrió poco después de una mudanza. Como nunca me había pasado antes, revisé páginas y videos de internet sobre las cosas que podían hacerse para localizar al animal. Por desgracia, mencionaban recursos que están plenamente disponibles en otros países, pero que aquí son inexistentes o de funcionamiento limitado. Varias de estas páginas indicaban localizar al animal si tenía implantado un microchip. Que yo sepa, los microchips con la información del dueño o con geo localizador no es algo que esté disponible todavía en El Salvador. Si lo está, supongo que cuesta una pequeña fortuna. No, mi gato no tiene microchip. Tampoco collar. La siguiente indicación era buscar en todos los refugios de animales de la zona. En los alrededores de donde vivo, no existe ninguno. Sé que hay algunos pocos proyectos privados que rescatan animales abandonados en el país, pero que no dan abasto para atender a satisfacción esta problemática. En todo caso, ninguno se encuentra cerca de mi vivienda.

Salto al vacío

Mientras más leo y aprendo sobre el bitcoin, más crece mi preocupación. Las innumerables preguntas que nos hacemos la mayoría de personas topan contra el mismo muro de silencio: no se sabe a ciencia cierta cómo pretende el gobierno implementar su uso. Es posible que debamos esperar hasta septiembre para saberlo. Mientras tanto, la preocupación general está justificada. Sin estudios técnicos conocidos de por medio, sin una reglamentación a la ley y sin explicaciones exhaustivas a la población, el común de la ciudadanía se debate entre lo que dicen los entusiastas tecnológicos que lo aceptan como una buena noticia y quienes, viendo esto desde un punto de vista más objetivo y práctico, advierten sobre todo tipo de riesgos y escenarios catastróficos para las macro y micro finanzas del país.

La educación que nos falta

Hay frases que de tanto ser escuchadas y dichas, van perdiendo la profundidad de sus verdades. Su significado se diluye en la repetición, se aceptan en automático y no profundizamos en la sabiduría que encierran. “Quien no conoce la historia está condenado a repetirla” es una de ellas. Es una frase cuya verdad está siendo demostrada en diversos lugares del mundo, incluido nuestro país, donde parece que la realidad está dando un giro de retroceso hacia situaciones que ya se creían superadas. Una reacción inmediata puede ser la de rendirse ante la fuerza de los eventos, pensar que toda lucha o esfuerzo por mejorar nuestras sociedades es inútil y vivirlo todo con resignación. Pero es necesario reflexionar e ir más allá de la apariencia de los eventos, para comprender el origen de lo que ocurre hoy en día, porque el manejo de los temas históricos en nuestro país se ha caracterizado por la desmemoria, el silencio y la manipulación tendenciosa de la verdad.

La última y nos vamos

La última columna del año siempre me era la más difícil de escribir. La gente anda con la atención en otra parte y no quiere saber de problemas ni de temas muy duros. Pero la de este año trae un doble nivel de dificultad. Es la última columna de un año en pandemia, y también la última columna de una revista que hoy cierra sus páginas. Nunca me ha gustado repetir las frases comunes, frases repetidas infinidad de veces, por obligación o formalismo, que casi han perdido su sentido. En la temporada de fin de año, prefiero hacer notar que no todos son felices en esta época.

Antes del adiós

Como ya se habrán enterado quienes suelen leer este espacio, la revista Séptimo Sentido cierra sus páginas. En consecuencia, también se cierra este espacio, “Gabinete Caligari”, que nació desde el inicio de la revista, en junio del 2008. Doce años y medio de columna terminan el próximo 27 de diciembre. Se me agolpan las palabras y las ideas, pensando en todo lo que quisiera decir respecto a este final. En principio, lamento mucho el cierre de la revista, uno de los pocos espacios impresos que se dedicó a un periodismo más de fondo, con entrevistas y crónicas que tocaron temas imprescindibles de país y que, por lo general, no suelen encontrar el espacio necesario en páginas de otros medios impresos. No en vano, algunos reportajes publicados por la revista ganaron reconocimientos internacionales, como el reciente Premio de Periodismo en Profundidad, otorgado en el 2020 por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) a la Excelencia Periodística. El premio fue concedido por la publicación de una serie de doce reportajes sobre el impacto de las desapariciones en …

Voy a dormir

Es de noche y se avecina una tormenta. Una mujer de 46 años que está hospedada en una pensión de Mar de Plata, Argentina, sufre de dolores terribles. La morfina ya no ayuda más. Debilitada por el dolor, llama a la asistenta del lugar y dicta una carta para su hijo Alejandro, de 26 años: “… Suéñame, que me hace falta. Te escribo tan sólo para que veas que te quiero”. En la madrugada del 25 de octubre de 1938, la mujer sale de su habitación. La tormenta ha comenzado. Quizás ya había escogido el lugar en días anteriores. Quizás nada más caminó y lo encontró. Lo cierto es que llegó hasta un espigón y desde allí se lanzó al mar.

Míster Eléctrico

En el otoño de 1932, un niño de 12 años llamado Ray Douglas Bradbury, regresaba junto con su familia del entierro de su tío favorito. Mientras el coche avanzaba, Ray miró hacia la orilla del Lago Michigan y distinguió las carpas del circo Dill Brothers Combined Shows, que había llegado a la ciudad la noche anterior. El niño urgió al padre que detuviera el coche. Éste se molestó ya que recién venían de un entierro, pero finalmente se detuvo y Ray Bradbury salió corriendo loma abajo hasta llegar al circo. Lo primero que vio cuando llegó fue a un hombre al que llamaban Míster Eléctrico. Estaba sentado sobre una plataforma, en la entrada principal del lugar. En aquellos días, Ray estaba fascinado con la magia. De hecho, llegó a pensar que, “cuando fuera grande”, sería un mago profesional. Fue el pretexto ideal para acercarse a Míster Eléctrico: le pidió que le explicara cómo hacer un truco de magia. Eléctrico complació la petición y le enseñó algún truco. Luego lo llevó a conocer a los otros …

Cultura salvadoreña aquí y allá

El mes pasado, el corto de ficción Vientos de octubre, fue estrenado como parte de la selección oficial del 9º. Evolution Mallorca International Film Festival (EMIFF)* de España. El corto, que dura poco más de ocho minutos, fue escrito por Maya Salomé y dirigido por Heinz Köbernik, ambos salvadoreños que viven en California desde hace cuatro años. Me alegré mucho por este joven matrimonio al que tengo el gusto de conocer. Son dos personas con gran talento de quienes, estoy segura, seguiremos escuchando buenas noticias. Lo de su corto me dejó pensando en varias cosas. La primera que se me vino a la mente es que el trabajo creativo de Maya y Heinz se está desarrollando en otro país, en un lugar donde encontraron un espacio que ha sabido canalizar sus inquietudes y ponerlos frente a los elementos y recursos necesarios para realizar su pasión por contar historias. Esos elementos y recursos no los encontraron en este país, como no los encuentran tampoco miles de salvadoreños que cada año migran hacia el norte. Los motivos …