Columna de opinión, Música
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Es sólo rock and roll

La muerte de Charlie Watts, el baterista de The Rolling Stones, me dejó pensando en fragmentos de mi vida, repasando canciones favoritas y sintiéndome los ojos aguados de lágrimas. Más de alguna vez me pregunté qué pasaría cuando se muriera uno de los Stones. Ahora lo sé.

Los Rolling han sido parte fundamental de mi vida, desde que tengo memoria. Desde que era niña, sonaban en radio y televisión sus canciones. Se pasaban los clips de presentaciones del grupo, cantando con playback, como era lo normal en aquellos años. Siempre sonaba algo de ellos. O de Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Doors, The Who, The Cream y también The Beatles, aunque estos me gustaban menos. De hecho, los Rolling fueron concebidos como su antítesis, y aunque The Beatles también eran “peludos”, según el concepto conservador de la época, podían considerarse un cuarteto de niños decentes si se les comparaba con “sus satánicas majestades”, como fueron conocidos en algún momento los Stones.

El rock de finales de los 60 y comienzos de los 70 representaba, más allá de la mera música, una actitud irreverente y contestataria de la juventud, que se sentía asfixiada por las normas y las instituciones sociales. Explicaba Mick Jagger en algún documental que “no obtener satisfacción” implicaba mucho más que la mera satisfacción sexual. Era el rechazo a un sistema que no tenía las respuestas para sus preocupaciones. La guerra de Vietnam, los hippies, los luchadores estadounidenses por los derechos civiles de la población afroamericana, la guerra fría y la amenaza de un estallido nuclear, las drogas, los movimientos pacifistas…. but what can a poor boy do/Except to sing for a rock n’ roll band? preguntaba el grupo en “Street Fighting Man”.

Para los adolescentes y jóvenes de entonces, el rock era una forma de ruptura con el status quo, que iba desde la apariencia física hasta el tipo de música que se escuchaba. La camisa abierta enseñando el pecho lampiño de Robert Plant, su larga y crespa cabellera rubia, los pantalones tan ajustados que era posible distinguir con claridad sus genitales, y también los de Jimmy Page, Jimi Hendrix, David Bowie, implicaban además una clara erotización del escenario musical. Varios rockeros encarnarían a los personajes de sus canciones y nos presentaría la posibilidad de lo andrógino, donde no era importante distinguir lo masculino de lo femenino y donde aceptar una identidad tránsfuga era ese espacio cómodo y seguro, donde muchos jóvenes desadaptados, extraños y melancólicos sentíamos tener cabida. El puente de comunión era la música, aunque tuviéramos que escucharla a bajo volumen y encerrados en nuestros cuartos, porque nuestros padres se escandalizaban por aquello.

Mi padre miraba a Mick Jagger en la televisión, por ejemplo, y luego de emitir el clásico “¡eso no es música, es pura bulla!”, me preguntaba si aquel ser era hombre o mujer. A pesar de su absoluta desaprobación de todo lo que tuviera que ver con el rock, jamás me apagó el televisor ni me prohibió escucharlo, nada más me pedía que lo hiciera a bajo volumen. Cualquier momento que me quedaba sola en la casa era para poner la música a todo volumen, que es la única y mejor manera de escuchar rock.

La música permitía tener pequeños gestos de rebeldía como ése. Soñabas con poder estar en algún concierto y verlos a todos en vivo. O imaginarlos cantando, imaginarte ser miembro de la banda, tocar con ellos, tocar con virtuosidad la guitarra eléctrica, la batería, el piano. Vestir en colores chillantes y estampados estrambóticos. Usar pantalones acampanados y zapatos de plataforma. Bailar hasta romperte los huesos. Cantar hasta reventar la garganta.

Tuve Let It Bleed y Goat’s Head Soup en forma de casette. Yo entraba en la adolescencia así es que ahorré para comprarlos o me los regalaron. Ya no recuerdo. Lo bueno de por fin tener la música de los Rolling en casette era que podía escucharlos cuando quisiera y que ya no tenía que esperar sus canciones cuando sonaran en la radio o en la tele. Tampoco tendría que seguir escuchando los comentarios de mi padre quejándose de lo peludos que eran todos.

Escuché Goat’s Head Soup hasta que reventó, literalmente. Para salvarlo, tuve que hacer una microcirugía en su estructura interna. Reventé la caja (porque era original y venía sellada). La operación tuvo éxito, aunque “Dancing with Mr. D” y “Silver Train” quedaron algo dañadas, porque la casetera se había comido la cinta y los dobleces afectaron el sonido. El resto quedó perfecto. Cerré la caja con cinta negra de electricista. Continué escuchándolo hasta que, en alguna vuelta de la vida, lo perdí. Más adelante los compré en CD. Todavía los tengo, aunque ahora también los escucho en las plataformas de streaming.

A diferencia de otros grupos o solistas, The Rolling Stones nunca dejó de grabar ni salir de gira. Dentro de su amplio rango de canciones, es fácil encontrar la adecuada para mis estados de ánimo. Siempre tuve el deseo de ir a algunos de sus conciertos. Si mi situación económica hubiera sido otra, sin duda habría ido a Cuba en el 2016 para asistir al concierto gratuito que dieron en La Habana y en el cual estuvieron presentes medio millón de personas. Sólo los Rolling podrían haber provocado semejante concentración, después de negociar con las autoridades cubanas para que aceptaran aquello. Son cosas que sólo el rock puede lograr.

La muerte de Charlie Watts me recordó también a la muerte de John Bonham, el batería de Led Zeppelin. Tres meses después de su deceso, el grupo anunció su disolución. Estaban convencidos de que Bonham era insustituible. No sé si los Stones tomarán una decisión similar.

Lo cierto es que ya nada será igual sin Watts. Su muerte será sentida dentro del entramado de uno de los movimientos musicales más importantes e influyentes de la cultura universal. Pero aunque mueran los rockeros, la música continuará viva a través de nosotros, sus fanáticos.

Charlie Watts ha muerto. ¡Larga vida al rock!

(Publicada en la sección de opinión de La Prensa Gráfica, domingo 29 de agosto de 2021. Foto de Victoria Will/Invision/AP).

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