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Cuentos para el fin de semana

Como comienza a hacerse costumbre, un par de lecturas interesantes para el fin de semana:

Del premiado escritor costarricense y amigo de este blog, Guillermo Barquero, un cuento llamado «Nunca conocerás Rhodesia»: El Signo Roto: Nunca conocerás Rhodesia – Guillermo Barquero.

Uno de mis cuentos favoritos de todos los tiempos, El príncipe feliz, cuento de Oscar Wilde | Zona Literatura.

Darkness Visible: William Styron

En mayo de 1989, el escritor William Styron (conocido sobre todo por su novela Sophie’s Choice), dio una conferencia en Baltimore en un simposio sobre desórdenes afectivos, patrocinado por el Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins.

«Darkness Visible», el texto de esa conferencia, ampliado, es lo que se presenta en el enlace que les comparto. Es la experiencia de Styron con la depresión. Posteriormente ampliaría aún más el texto y lo convertiría en un pequeño libro con el mismo título, que es uno de los grandes referentes de la experiencia personal de un paciente depresivo y de cómo lidió con ello.

Es una lectura que recomiendo no solamente para los que han sufrido o sufren de depresiones o para los que tienen a alguien conocido en dicha situación; también lo será para los escritores o aspirantes a ello. Siempre les digo a las personas que asisten a mis talleres que hay que leer de todo y que la lectura de textos sobre psiquiatría y psicología es de particular ayuda para la construcción de personajes. Por lo demás, es un texto muy bien escrito. Si no sabe leer inglés, consígase la traducción del libro en Mondadori, Esa visible oscuridad.

Darkness Visible | The Magazine | Vanity Fair.

Bowie 2001 A Space Oddity

Si le gusta la música de David Bowie y le gustó la película de Stanley Kubrick 2001 Odisea del espacio, quizás le guste esto: Fritz von Runte hizo un remix de varias de las canciones de Bowie y las adaptó a imágenes de la película. El resultado es esta producción de música e imágenes llamada Bowie 2001 A Space Oddity. Pueden escucharse sólo las canciones (si sólo le interesa la música), o puede escuchar la música con las imágenes en torrent o en línea (duración 99:43). También pueden comprarse a un precio módico. Puede suscribirse a la página para recibir notificaciones y otras sorpresas que no voy a arruinarle.

En lo personal, como fan que soy de Bowie y Kubrick, me encantó este experimento y su resultado me parece muy bien logrado. De las canciones, mis versiones favoritas son definitivamente la versión sinfónica de «Starman», la nueva «Sound and Vision», las canciones acústicas ligadas a las imágenes de cuando el Dr. Bowman entra en Jupiter y por supuesto, la obra maestra Bowiana, «A Space Oddity», siempre excelsa. Espero la disfruten tanto como yo.

Filmografía de Stanley Kubrick

Repaso de la filmografía de Stanley Kubrick a través de un animado hecho por Martin Woutisseth.

[vimeo http://vimeo.com/23030893 w=500&h=400]

Notas sobre el arte de escribir cuentos fantásticos, por H.P. Lovecraft

Mi actual proceso de composición es tan variable como la elección del tema o el desarrollo de la historia; pero si la estructura de mis cuentos fuese analizada, es posible que pudiesen descubrirse ciertas reglas que a continuación enumero:

1) Preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden a su aparición; no en el de la narración. Describir con vigor los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios y descripciones son de gran importancia en este boceto inicial.

2) Preparar una segunda sinopsis o escenario de acontecimientos; esta vez en orden a su narración, con descripciones detalladas y amplias, y con anotaciones a un posible cambio de perspectiva, o a un incremento del clímax. Cambiar la sinopsis inicial si fuera necesario, siempre y cuando se logre un mayor interés dramático. Interpolar o suprimir incidentes donde se requiera, sin ceñirse a la idea original aunque el resultado sea una historia completamente diferente a la que se pensó en un principio. Permitir adiciones y alteraciones siempre y cuando estén lo suficientemente relacionadas con la formulación de los acontecimientos.

3) Escribir la historia rápidamente y con fluidez, sin ser demasiado crítico, siguiendo el punto (2), es decir, de acuerdo al orden narrativo en la sinopsis. Cambiar los incidentes o el argumento siempre que el desarrollo de la historia tienda a tal cambio, sin dejarse influir por el boceto previo. Si el desarrollo de la historia revela nuevos efectos dramáticos, añadir todo lo que pueda ser positivo; repasando y reconciliando todas y cada una de las adiciones del nuevo plan. Insertar o suprimir todo aquello que sea necesario o aconsejable; probar con diferentes comienzos y diferentes finales, hasta encontrar el que más se adapte al argumento. Asegurarse de que ensamblan todas las partes desde el comienzo al final del relato. Corregir toda posible superficialidad palabras, párrafos, incluso episodios completos-, conservando el orden preestablecido.

4) Revisar por completo el texto, poniendo especial atención en el vocabulario, sintaxis, ritmo de la prosa, proporción de las partes, sutilezas del tono, gracia e interés de las composiciones (de escena a escena de una acción lenta a otra rápida, de un acontecimiento que tenga que ver con el tiempo, etc.), la efectividad del comienzo, del final, del clímax, el suspenso y el interés dramático, la captación de la atmósfera y otros elementos diversos.

5) Preparar una copia esmerada a máquina; sin vacilar por ello en acometer una revisión final y modificar donde sea necesario.

Leer el texto completo en: Notas sobre el arte de escribir cuentos fantásticos, por H.P. Lovecraft | Zona Literatura.

El último encuentro, Sandor Marai

Hace pocos días leí la novela El último encuentro de Sandor Marai, autor al cual llegué por curiosidad, igual que muchos, movida por su nombre y su historia personal. Han sido múltiples los comentarios de halago de este autor húngaro que ha sido por decirlo así, redescubierto en años recientes y cuya obra se ha ido editando poco a poco en español y que se había ido convirtiendo en uno de mis pendientes de lectura. Lo leí con grandes expectativas y quizás eso hizo que mi lectura fuera algo decepcionante. Pero voy a explicarme mejor pues no quiero decepcionar a potenciales futuros lectores.

La novela relata el reencuentro de dos amigos que fueron criados prácticamente juntos, una amistad muy intensa desde niños. La separación ha durado 41 años y el reencuentro es preparado muy minuciosamente por uno de ellos en cuyo palacete va a llevarse a cabo la cena del reencuentro y donde todo va a disponerse como durante la última vez que se vieron. Sépase que los amigos se criaron juntos en la escuela militar, en el imperio austro-húngaro y que aunque uno de ellos era de menor condición social, eso nunca fue obstáculo para que la amistad fuese de lo más intensa e incondicional. Pero por supuesto, hubo algo que los mantuvo alejados durante tantos años y es lo que va a ventilarse en las 187 páginas del libro.

La novela maneja escasos personajes y no ocurre en realidad mucho. Se desarrolla en larguísimos monólogos de uno de los personajes que le explica y reclama al otro y donde se ponen en claro todas las circunstancias del pasado que provocaron la separación y que explican minuciosamente las relaciones familiares y de amistad que unieron a ambos personajes, pero no asistimos a ningún tipo de suceso ni acontecimiento más.

Limpiamente escrita, en un estilo muy clásico de la forma y del lenguaje, me parece que es un tipo de novela que no será atractiva para muchos lectores. Y quizás sí lo sea para otros que ya estén cansados de las novelas hiper-realistas o del tipo de lecturas caracterizadas como “realismo sucio”. Aquí se trata más bien de una obra de tipo psicológico, si quiere caracterizársele de algún modo. El autor hace un profundo análisis de las relaciones humanas y del vínculo de la amistad, sobre todo, de la lealtad, la vejez, el paso del tiempo.

Me dio un poco la impresión, al concluir, de que quizás comencé mi lectura de Marai por la novela equivocada, aunque El último encuentro es uno de sus libros más sonados. Insisto: el libro está muy bien escrito, pero me dejó con ganas de más o de otra cosa. Hay muchas evocaciones de otros autores: Zweig, Tomas Mann, incluso (salvando inmensas distancias, sobre todo en la forma, porque lo de Marai es muy clásico y convencional), me recordó un poco a Lobo Antúnes por su libro Esplendor de Portugal, acaso más bien por el argumento, por esa rencorosa melancolía de esperar a alguien que se sabe no aparecerá nunca, no sé.

Puede ser que la historia personal del escritor Sandor Marai, obligado al exilio, defenestrado por el comunismo, nunca conforme con su defenestración literaria, que cometió suicidio a los 89 años luego de la muerte de su adorada esposa, hayan sido todos elementos que agigantaron al escritor Marai, sobrevalorando su obra. Se dice también que sus memorias Confesiones de un burgués son lo mejor que dejó escrito. No lo sé. Tengo sus memorias en mi posesión y las leeré un día, pero no pronto, pues por el momento prefiero pasar el trago con otras lecturas y no me abalanzaré sobre nuevos libros de Marai hasta que se me pase un poco esta experiencia de lectura que no me dejó muy emocionada.

En resumen: un libro que se deja leer y que leí hasta el final esperando un «algo» que jamás llegó, pero hubiera preferido leer otras cosas, que tengo bastantes pendientes que creo son más emocionantes y que seguro me gustarán más. Quizás hubiera comenzado por sus memorias y de ahí se me harían más comprensibles sus novelas… Me quedo con la impresión de que Marai, aunque buen escritor, está algo sobrevalorado por motivos extra-literarios. O que, como dije, no entré a su obra por la novela «correcta».

A Peek Inside Famous Writers’ Homes

Aquí una curiosa muestra de algunos escritores y los lugares donde vivían y escribían… bueno, es el pretexto para esta serie fotográfica. Por ejemplo, apenas vemos la entrada a la casa de Yukio Mishima (lámina 6) y a John Steinbeck se le ve muy cómodo sentado fumando en un sillón (lámina 9). Pero de todos modos, interesante esta serie fotográfica, surgida a propósito del anuncio de que el apartamento de Norman Mailer está en venta: Flavorwire » A Peek Inside Famous Writers’ Homes.

Cuentos para el fin de semana

Un par de lecturas para el fin de semana:

Herta Müller – Tango opresivo : Ignoria.

Morfina, cuento de Mijaíl Bulgákov | Zona Literatura.

H.P. Lovecraft: el excéntrico de Providence

La formación autodidacta de Howard fue clásica hasta lo ridículo. A los diez años leía a Pope, a Johnson, a Ovidio y la Ilíada y la Odisea. Aprendió latín por su cuenta, y a los doce años escribía poemas al estilo de Virgilio, Horacio y Juvenal. Antes había descubierto una versión de las Mil y una noches que lo entusiasmó tanto que se declaró musulmán y dijo llamarse Abdul Alhazred (el nombre haría carrera). Cuando llegó a los clásicos grecola­tinos, decidió llamarse Massala. En 1905 escribió el primer cuento que consideraría digno de preservar, “La bestia en la cueva”. En 1908 tuvo un ataque de nervios más serio que los que sufría habitualmente, y quedó cinco años recluido al cuidado de su madre y sus dos tías. Poco se sabe de esa época, salvo que el día en que cumplió 21 años lo pasó dando vueltas en tranvía por la ciudad hasta que el servicio cesó.

El Malpensante.com – H.P. Lovecraft el excéntrico de Providence.

Jean Echenoz: «No creo en la imaginación pura. Las novelas parten de cosas reales»

La ficción nunca es pura y la invención novelesca siempre es alimentada por la experiencia, ya se trate de la experiencia cotidiana o de hechos que se pueden encontrar en la vida, en la prensa y que uno siente el deseo de metamorfosear un poco en el marco de la novela. Pero yo no creo en la inspiración. No creo en la imaginación pura. Las novelas parten de cosas reales. Las últimas que escribí están centradas en personajes reales. Yo había escrito un libro, hará unos doce años que para mí es un ejemplo. Se llama Me voy. Tenía ganas de trabajar sobre el mercado del arte, del comercio del arte, el arte contemporáneo sobre todo. Me interesaba como un territorio totalmente desconocido. Y quise aprender cosas al respecto para hacer el marco de una novela y entonces, tomé un grabador y fui a ver artistas, coleccionistas, marchands, galeristas y los escuchaba hablar. Cuando llegaba a mi casa, escribía todo a máquina y a partir de ahí podía empezaba a crear, a imaginar una ficción novelesca en base a ciertos elementos. Para algunos libros fui a hacer localización y búsqueda, como para una película. Y por ejemplo, en el caso de Al piano, tenía ganas de trabajar en un personaje que fuera intérprete y volví a hacer lo mismo. Fui con mi grabador a ver a un gran pianista francés, que ha grabado mucho, da muchos conciertos, que graba, que es muy famoso en Francia y le pedí que me hablara de su vida cotidiana. A partir de ahí pude empezar a construir hipótesis, a imaginar cosas. Pero siempre necesito esa base de documentación, una base de realidad, un hilo conductor, no puedo improvisar. Conozco escritores que parten en la improvisación. Yo no, no tengo ganas, no soy capaz.

Otra entrevista con Jean Echenoz en Revista Ñ, mi reciente descubrimiento literario.

How Writers Build the Brand

Si alguien pensó que esto de que los escritores se dediquen a promocionar sus libros para venderlos (o a promocionarse a sí mismos) nació en tiempos recientes, se equivocó. Viene desde tiempos atrás, como lo verifica no solamente este anuncio en el que Ernest Hemingway anuncia una marca de cerveza, sino que se remonta incluso hasta los tiempos de Herodoto, cuando éste se auto-financió su propio «book-tour» para promocionar su libro de historia, que tuvo su gran impulso cuando pudo declamarlo frente a una muchedumbre rica e influyente en los Juegos Olímpicos, en el Templo de Zeus.

Este artículo del New York Times hace un excelente recuento de varios casos de lo que los escritores han tenido que hacer, a lo largo de la historia, en el afán de hacer visible su obra: How Writers Build the Brand – NYTimes.com (en inglés).

«Me interesó trabajar la vida cotidiana bajo el comunismo»: Jean Echenoz

Correr es una novela sobre la figura del legendario atleta checoslovaco Emil Zátopek (1922-2000), un corredor de fondo que en los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952 batió todos los records: ganó tres medallas de oro en diez días, en los 5000 metros, en los 10.000 y en la maratón, proeza jamás repetida. A pesar de que corría raro y no tenía estilo, la invencible y eficaz “locomotora checa” fue un héroe nacional del régimen comunista. Pero el corredor, bandera y paradigma de la revolución proletaria, sería duramente castigado por apoyar a los reformistas de Alexander Dubcek. Cuando los soviéticos invadieron Praga para poner en caja a los “rebeldes”, el corredor fue expulsado del ejército y desterrado. Ascenso meteórico y caída al vacío, la gloria y el infierno. El purgatorio que le asignaron los camaradas fue la recolección de basura.

No es la primera vez que Echenoz escribe sobre un personaje real. Correr forma parte de una trilogía de vidas imaginarias que arrancó con Ravel, centrada en los últimos años de la vida del célebre músico, y se completará con Relámpagos, sobre el ingeniero Nikola Tesla. “No sé si hay un paralelismo entre correr y escribir –dice el escritor a Página/12–. No se puede escribir de un atleta de la misma manera que se escribe sobre un músico. Tanto Ravel como Zátopek llegan a ser ellos los autores de estos libros. Sus estilos, sus maneras de ser, sus artes, contaminaron la escritura.”

Entrevista con Jean Echenoz en Página/12 :: espectaculos.