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Carátula 50

Carátula 50, Revista Cultural Centroamericana, correspondiente a octubre-noviembre 2012, ya está en línea. En este número encontrará el cuento «Pura sangre dieciochera» de Maurice Echeverría, ganador del Premio Centroamericano Carátula de Cuento Breve 2012 así como las secciones acostumbradas.

Poesía salvadoreña en Visor

Metro, corto de Jacob Wyatt

Hablar de la muerte

En la película The Bucket List (titulada en español Antes de partir), los actores Jack Nicholson y Morgan Freeman encarnan a dos enfermos terminales de cáncer que se ven obligados a compartir una habitación de hospital. Son dos personalidades opuestas: uno es rico, es obsesionado con el trabajo y tiene mucho mundo; el otro es un mecánico afable, sencillo y hombre de familia. Pero la obligación de compartir habitación y destino los hace poco a poco conversar y un día escriben una lista de las cosas que les gustaría hacer antes de morir.

El mecánico tira la lista a la basura pensando que, como de todos modos la muerte está cerca, esa lista es una tontería y que ninguna de esas cosas tiene posibilidad alguna de realizarse. Pero el otro, el que tiene dinero, saca la lista de la basura y le propone al mecánico que salgan del hospital y que vayan a cumplir esos deseos. Después de dejarse convencer un poco, el mecánico accede.

Hacen de todo: se tiran de un avión en paracaídas, van a las pirámides en Egipto, corren autos de carrera y otras cosas más, incluso las que el dinero no puede comprar, como reír hasta las lágrimas o besar a la chica más bella del mundo. En el camino descubren no sólo una preciosa amistad sino también el verdadero sentido de la vida.

Aparte de la maravillosa combinación de Nicholson y Freeman en una película, es inevitable, por el asunto que trata, ponerse a pensar en cuál sería la lista personal de las cosas que uno quiere hacer antes de morir. Yo comencé a hacer la mía. Y me detuve, en la misma actitud del mecánico. Pensé que hay cosas que por más que las sueño, nunca las voy a lograr hacer. Pero quizás lo valioso del ejercicio de esas listas sea precisamente el acto de soñar. Pensar que hay un mañana. La esperanza. Leer más

Moby Dick Big Read

Portada de Moby Dick

‘I have written a blasphemous book’, said Melville when his novel was first published in 1851, ‘and I feel as spotless as the lamb’. Deeply subversive, in almost every way imaginable, Moby-Dick is a virtual, alternative bible – and as such, ripe for reinterpretation in this new world of new media. Out of Dominion was born its bastard child – or perhaps its immaculate conception – the Moby-Dick Big Read: an online version of Melville’s magisterial tome: each of its 135 chapters read out aloud, by a mixture of the celebrated and the unknown, to be broadcast online in a sequence of 135 downloads, publicly and freely accessible.

Tilda Swinton lee el primer capítulo de Moby Dick en un proyecto llamado «Moby Dick Big Read», donde famosos y desconocidos leen cada capítulo del libro de Herman Melville. Cada capítulo va acompañado de una serie de imágenes de artistas diversos.

(Foto de una de las ediciones en papel de Moby Dick).

Un dólar mensual de pensión

A comienzos del mes pasado leí un caso en este periódico que me dejó pensativa. Era la historia de Carlos Serén, de 54 años, que recibe como pensión mensual un dólar con 21 centavos. Sí, leyó usted bien: un dólar con veintiún centavos, a los cuales le descuentan diez centavos para pagar el Seguro Social.

Su historia es similar a la de miles de salvadoreños: Serén comenzó trabajando en un ingenio donde estuvo durante siete años sin ahorrar para una pensión. Esto en la década de los 80, cuando las pensiones todavía se cotizaban con el ISSS para los empleados del sector privado formal. Serén era empleado del sector privado pero no estaba formal.

Luego comenzó a trabajar en la Supertienda Toyita. A pesar de ello, las cotizaciones fueron inconstantes, con meses donde no se pagaba nada a su cuenta.

Para no hacer el cuento más largo, Serén fue arrollado por un pick up, sufrió un daño de por vida en las piernas y desde el 2007 gestionó pensión por invalidez. Cuando se metió a hacer el trámite se dio cuenta de la cruda realidad.

Al principio llegó a recibir poco más de 100 dólares de pensión mensuales, pero a partir de diciembre del 2010, y con la reducción del ahorro en su cuenta, lo que le corresponde recibir es ese triste dólar con veintiún centavos. El cual sólo podrá recibir durante ocho años más. Y cuando termine la pensión dejará de tener acceso también, en consecuencia, a los servicios del Seguro. Eso a los 62 años. Leer más

El gran novelista

el gran novelista

La Cenicienta nacional

A fines de agosto pasado se anunció que La Luna Casa y Arte será cerrado durante este mes de septiembre. En realidad, en el comunicado donde se dio la noticia se negaron a hablar de cierre sino que prefirieron hablar de un “final feliz”. Se extendía la invitación para participar en las actividades de este mes que culminarán con una gran fiesta el día 29 para despedir este “fin de ciclo”.

En la nota que publicó este periódico al respecto, me llamaron la atención las declaraciones de Beatriz Alcaine, directora del lugar. Aclaraba que el concepto con el que nació La Luna, como área cultural independiente, ya no podía ser autosostenible por razones económicas, pero sobretodo, afirmó,  “por la falta de políticas que promuevan las expresiones culturales entre el público”.

“Desde que abrimos sabíamos que no tendríamos apoyo de las instituciones gubernamentales, ni de las grandes marcas, porque no había una visión clara de la importancia que tienen las áreas culturales en el país. Veinte años después, no hay políticas culturales, no hay una ley que la defienda. Si hubiera ese tipo de políticas todo el mundo ayudaría a que este tipo de lugares no desaparezca, como ocurre en otros partes del mundo”, puntualizó Alcaine en la nota de prensa.

La Luna fue fundada en 1992 y desde entonces se convirtió en el escenario y la plataforma de lanzamiento para docenas de artistas de diferentes disciplinas. Llenó un vacío en la raquítica escena cultural salvadoreña de finales de la guerra y comienzos de la posguerra, y supo aprovechar la efervescencia de los años posteriores al 92, cuando el cese al fuego había provocado mucha ilusión y ganas de hacer las cosas bien en este país.

Frases como las de Alcaine nos recuerdan el estado de cosas del antes y el ahora. Veinte años después, la situación sigue igual. No existen políticas culturales que promuevan y protejan los espacios culturales de este país. Veinte años. No le hagan caso a Gardel cuando canta que “veinte años no es nada”. Gardel miente. Leer más

«Una especie de pérdida», Ingeborg Bachman

Usados en común: estaciones del año, libros y una música.
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una
cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados,
gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y
siempre alargada la mano.

De inviernos, de un septeto vienés y de veranos me he
enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto, promesas he declarado
irrevocables,
he adornado un algo y he sido devota delante de una nada,

(-de un periódico doblado, de las cenizas frías, del
papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.

De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis
vecinos.
Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi
cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.

No te he perdido a ti,
sino al mundo.

(De Invocación a la Osa Mayor
Versión de Cecilia Dreymüller y Concha García
Ediciones Hiperión 2001)

Jorgelina Cerritos: «La dramaturgia es la hija despreciada del teatro»

Tenemos entendido que “Al otro lado del mar” perdió aquí los Juegos Florales de dramaturgia de San Miguel y luego ganó el premio Casa de las Américas, el más prestigioso de Latinoamérica. ¿Cómo se puede explicar eso?
Voy a hablar de dos momentos, cómo lo vi en aquel momento y qué pienso ahora. En El Salvador no hay incentivos para la producción literaria más que el de los premios de los Juegos Florales. En estos Juegos Florales son jurados locales: si el certamen es en San Vicente, entonces llamamos a los profesores de San Vicente y la percepción del jurado sigue siendo muy local, y a veces al jurado local de poesía se enfrenta con la obra de un poeta como Roberto Laínez, por mencionar a alguien súper formado, a ese jurado local le va a quedar grande la poesía de Roberto Laínez. Esto ha pasado a lo largo del tiempo, incluso cuando nosotros nos prestamos a ser jurados. Yo he tenido experiencias como jurado que me han hecho cuestionarme, porque uno mismo dice: “¡Ay, pero si son los Juegos Florales, una media lectura voy a dar!”… ¡y somos los mismos escritores los que nos quejamos de que aquí no hay premios de nada, pero nosotros mismos le estamos restando validez!

¿Crees que eso le pasó a tu obra en San Miguel?
Mirá, si alguna vez yo he tenido en mi vida la certeza de que he mandado una obra que va a ganar, fue esa vez, en 2009. Porque cuando terminé “Al otro lado del mar” yo sentía que había trascendido. En ese momento leí la obra y yo decía “esta es la mejor obra que he escrito”, entonces la mandé con la certeza de que iba a ganar y que iba a granjearme el Gran Maestre en Dramaturgia (título que se otorga cuando se ganan tres veces los mismos Juegos Florales), ya tengo el Gran Maestre de Teatro Infantil de los Florales de Santa Tecla… Pues yo decía ya soy Gran Maestre en Dramaturgia también, y no lo decía por ínfulas, sino con la sensación de que tenía frente a mí una cosa superior a lo que yo había estado escribiendo antes. Entonces, cuando mi predicción falla me quedé con cara de “¿qué paso?”… A veces me he llegado a preguntar cómo se me ocurrió la locura de mandarla después a Casa de las Américas si acababa de perder aquí adentro, ja ja ja…

Entrevista completa con Jorgelina Cerritos aquí.

Francisco Goldman: la voz de un árbol en la noche

Cuando hace cinco años su esposa Aura Estrada murió en una playa de México, Francisco Goldman se sumergió en la oscuridad. Luego escribió Say her name, una novela autobiográfica donde cuenta su historia. Un perfil del cronista mestizo del New Yorker que quiso ser Ítalo Calvino y navega entre la ficción y la no ficción mientra lucha con el recuerdo de su mujer.

Crónica escrita por Marcelo Figueras, publicada en revista Anfibia.

Don DeLillo: Cómo escribir con la mirada

—En casi todos los cuentos se repite un esquema básico, un conflicto más o menos latente entre dos personajes. En ‘Creación’ hay un conflicto oculto entre un hombre y su mujer. Él quiere que ella salga de la isla tropical donde están de vacaciones y ella no se da cuenta de que sus intenciones son adúlteras. En ‘La mujer hambrienta’, la historia que cierra el libro, el conflicto adquiere una configuración diferente. Un hombre que va al cine varias veces al día durante décadas descubre un día a una mujer joven que hace lo mismo que él. En Manhattan hay mucha gente así, pero no suele ser joven. El protagonista carece de vida propia, vive a través de las películas que ve. El descubrimiento de que hay una mujer muy joven que hace exactamente lo mismo que él le lleva a seguirla por todas las salas de la ciudad. No sabe muy bien por qué actúa así. La mujer despierta en él un sentimiento que no ha sentido antes, y que no es exactamente erótico. Ella no se da cuenta en ningún momento de que la siguen hasta la escena final cuando él entra en el lavabo.

Entrevista completa con Don DeLillo: «Cómo escribir con la mirada», Cultura, El País.