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Rosa Montero: «Creo en la reinvención, yo lo estoy intentando»


La hiperactividad también es un narcótico, una forma de evadirse.

Sí, pero es una pena narcotizarnos así porque la vida es breve y hermosa. Esa conciencia de la muerte me ha hecho sentir la vida como una droga que te arde en las venas, y eso es maravilloso. He sentido y siento esos raptos de emoción absoluta por el fuego de la vida y la belleza del mundo, pero siempre con la muerte detrás.

Y esa sensación de fugacidad, ¿no le amarga los momentos felices?

No, los hace más hermosos. La melancolía es muy creativa, es la percepción de la belleza con la conciencia de que se acaba. Y eso le da un brillo imposible de igualar.

Hay quien dice que la tristeza inspira.

La melancolía te permite una mirada muy lúcida y articulada. La alegría también sirve para crear, pero la tristeza no. Eso de que sufriendo se escribe mejor forma parte del tópico de la bohemia, como que hay que ser alcohólico para crear. Eso de que en el sufrimiento eres creativo es mentira. El sufrimiento destroza. Paraliza.

Me gustó muchísimo esta entrevista con Rosa Montero y quiero llamar la atención no sólo sobre su enriquecedor contenido sino también sobre la calidad de entrevistas que se hacen en otras latitudes a los escritores. Nótese que las preguntas no son las de cajón y que a los escritores nos resulta poco estimulantes contestar (¿en qué se inspira para escribir sus libros?, ¿están basados sus libros en su experiencia personal?, ¿cuál es su horario de escritura?, ¿qué piensa escribir ahora?, etc.), sino que las preguntas hechas en esta entrevista (o en otras que he procurado compartir en este blog), son más bien diálogos para los cuales el entrevistador se ha preparado de antemano, y que conoce la obra y la vida del entrevistado bastante bien, amén de que ha leído su obra. Eso le da espacio para entablar una conversación con el escritor y saber de lo que habla, entrar en confidencias, escucharlo, dejarle hablar, hacerle decir cosas personales sin que el entrevistado sienta que están invadiendo su privacidad. De eso se trata una buena entrevista.

«Creo en la reinvención, yo lo estoy intentando»: Rosa Montero.

Falleció Rafael Menjívar Ochoa

Gonzalo Rojas

Para leer y recordar a Gonzalo Rojas.

Némirovsky inagotable

«Cuando nos lanzamos a publicar Suite francesa, era una autora completamente olvidada», reconoce Olivier Rubinstein, su redescubridor, y responsable actual de la editorial Denoël, en su amplio despacho de la sede parisiense, que se asoma a un patio interior lleno de árboles florecidos. «Había sido una escritora precoz, una especie de Françoise Sagan de su época, que publicó su primer libro en una revista literaria en 1926, con 23 años, y conquistó la celebridad absoluta a los 29 años con su novela David Golder». Cierto que dos de sus libros más célebres, este último y El baile, editados por Grasset, todavía se vendían, pero los derechos de autor que recibían las hijas de la autora eran de unos pocos cientos de euros.

Rubinstein conocía a Némirovsky y leyó el texto con interés, pero sin la menor sospecha de que tenía en sus manos uno de los mayores éxitos editoriales de Denoël. Suite francesa fue un superventas total, no solo en Francia, o en España, donde conquistó el Premio de los Libreros de Madrid, y tuvo una excepcional acogida. La edición en lengua inglesa superó el millón de ejemplares de ventas y sirvió, como dice Rubinstein, para descubrir «no solo una obra excepcional sino a una autora muy importante». Una autora que todavía no ha terminado de cosechar triunfos. El año próximo se iniciará el rodaje de una superproducción cinematográfica de Suite francesa, y existe el proyecto de inaugurar en Madrid una gran exposición sobre la peripecia humana de la escritora, que se clausuró en París en marzo pasado. La muestra procedía de Nueva York, donde bajo el lema Mujeres de letras. Irène Némirovsky y Suite francesa, presentaba la historia de la escritora, que ya había conmovido a la opinión pública estadounidense cuando se divulgaron los detalles del descubrimiento de su novela póstuma. Allí estaba su manuscrito, un cuaderno de papel cebolla emborronado con una letra diminuta de un azul especial; allí estaba el pequeño baúl (28,5 centímetros de alto, por 49 centímetros de ancho y 42 centímetros de profundidad), donde permaneció guardado junto a cartas, fotografías, pequeños recuerdos familiares, hasta los años noventa, cuando sus hijas se decidieron a depositarlo en un archivo público, no sin antes mecanografiarlo y reservarse cada una una copia. Y allí estaban las imágenes de Némirovsky. Fotografías de una adolescencia triste, de una juventud loca, vivida en el lujoso ambiente de los rusos blancos en el exilio. Irène, rodeada de rostros con la mirada esquiva que les identifica como descendientes de una estirpe de víctimas de pogromos, persecuciones, deportaciones. «Deportación es una palabra tan rusa», exclama Denise Epstein. Pero hábiles también para reconstruir fortunas y ganarse un sitio en las sociedades de adopción.

Némirovsky inagotable · ELPAÍS.com.

My Dark Places, James Ellroy

Hay que tener mucho hígado no sólo para leer este libro sino también para haberlo escrito. James Ellroy ha contado en My Dark Places (traducido al español como Mis rincones oscuros), la historia del asesinato y posible violación de su propia madre, hecho que ocurrió cuando Ellroy tenía apenas 10 años, pero asunto con el que se obsesionó por el resto de su vida.

Lo que se lee en el libro es un frío recuento no solamente del crimen en sí, sino de la posterior vida del niño sin su madre y cómo trató de comprender y convivir con este trauma (cosa que de hecho jamás ha podido lograr). En el momento en que el crimen ocurre, Ellroy está justamente viviendo su complejo de Edipo y el complejo truncado lo lleva a una obsesión enfermiza por encontrar en otros crímenes la violencia y el sexo que el niño imagina han acontecido en el asesinato de su madre. Por lo demás, el autor confiesa con extrema sinceridad que en aquella etapa de su vida, él odia y desea al mismo tiempo a su madre y el asesinato le impregna una mezcla permanente de culpa, morbosidad y obsesión por todos los asuntos que quedan sin resolver.

Esto lleva al niño, con la anuencia del padre, a explorar toda la literatura negra de la época en libros y revistas de las que se convierte en un ávido lector. Y curiosamente, ante esta situación, no solamente estamos ante la manera en que alguien está lidiando con un trauma mayúsculo, sino también estamos ante el nacimiento de un escritor.

Estas lecturas lo llevan al conocimiento del caso de la Dalia Negra y del funcionamiento de la policía de Los Ángeles y más adelante se dedicará a la escritura de novelas del género policial (Ellroy es sobre todo conocido por la novela L.A. Confidential, en la cual se basó la película, y también en una novela sobre la Dalia Negra).

En My Dark Places, un libro de memorias muy particular, la primera parte completa está escrita en forma de reportaje policial. Es frío, impecable, limpio y crudo en los detalles que describen el encuentro del cadáver de Jean Hilliker Ellroy, la madre del autor, los detalles de la autopsia, las declaraciones de los testigos y las investigaciones y conclusiones policiales al respecto, incluso con fragmentos muy gráficos de la autopsia. Leer más

Los infelices

Algunos meses antes de la muerte de la actriz francesa Maria Schneider, fallecida en febrero de este año, pude ver por televisión una entrevista que ella concedía en Cannes. En aquella mujer envejecida, descuidada físicamente y amargada de carácter apenas podía reconocerse a la sensual chiquilla de El último tango en Paris, la famosa película que interpretó junto a Marlon Brando, bajo la dirección de Bernardo Bertolucci.

Lo que en aquel momento parecía una buena oportunidad para su carrera terminó convirtiéndose en su cruz. A pesar de 52 títulos más en su haber, entre películas y programas de televisión, Schneider sería prácticamente sólo recordada por la película de Bertolucci, y dentro de la misma, por una escena que a ella le arrancó lágrimas de rabia.

Aquello opacaría su carrera para siempre. Todas sus actuaciones significarían siempre el esfuerzo de demostrar que era una actriz seria, algo que nunca logró. En la entrevista en cuestión mencionaba que El último tango en Paris la hizo profundamente infeliz durante toda su vida.

Su mención de la infelicidad me recordó a otra entrevista que le hicieran a la cantante estadounidense Nina Simone, donde dijo no haber tenido tampoco una vida feliz.

La extrema pobreza en la que creció, la discriminación racial que le impidió estudiar piano clásico, la violencia doméstica sufrida en su matrimonio con su representante Andrew Stroud y sus problemas con el alcohol, entre otros, llevaron a creer a muchos amigos y familiares de Simone que ella era un ser muy infeliz, pese a la afirmación contraria que haría la cantante luego en su autobiografía I put a spell on you.

Pero ya se sabe: hay ocasiones en que el corazón se ablanda y trata de dar un resignado balance general de conformidad, donde se dice haber sido “feliz”, sobre todo hacia el final de nuestras vidas, cuando la verdad muchos no han estado ni cerca de conocer aquel sentimiento. Leer más

John Kennedy Toole: La vida es una perra necia

El autor no pudo lidiar con el rechazo de la que consideraba su obra maestra ni con los reveses de la vida, que se ponía cada vez más necia y perra, complicando cada vez más las cosas. De ahí todo fue cuesta abajo: Kennedy Toole comenzó a desmoronarse, estaba deprimido y se sentía un fracasado; por si fuera poco, las cosas no iban bien en casa.
El 20 de marzo, tras una fuerte discusión con su madre desapareció; sólo se sabe que se dirigió a la costa oeste y a Georgia, donde visitó la tumba de la escritora Flannery O’Connor. Su cuerpo fue encontrado seis días después a las afueras de Biloxi, Mississippi.
Ken dejó una nota para su madre, quien la destruyó de inmediato e hizo comentarios confusos sobre su contenido; jamás volvió a tocar el tema. Su muerte pasó desapercibida, uno de tantos pobres diablos que se quitan la vida a diario porque no le encuentran sentido; sería hasta 1980 que el mundo conocería a Ignatius Reilly y pondría a su autor en el pináculo.
Cuando Thelma Toole encontró el manuscrito de su vástago comenzó a peregrinar por las editoriales; mucho más insistente y con mayor resistencia al fracaso que su hijo, llegó hasta las oficinas del escritor Walker Percy, quien tal y como relata en el prólogo de La conjura de los necios quedó fascinado y conmovido desde el principio.
El libro finalmente se publicó en 1980 y en 1981 obtuvo el Pulitzer.

‘I Work Against Ego’: The Art of Hedda Sterne

Born in Romania in 1910, Sterne fled German-occupied Bucharest and eventually settled in New York, where she became one of the few women in a circle of Abstract Expressionist painters that included Jackson Pollock, Willem de Kooning, Mark Rothko, and Franz Kline. But Sterne thought of herself as an anti-Abstract Expressionist, someone with no use for the cult of personality and personal gesture. Rarely did she paint a pure abstraction. In the 1960s she drew lettuce heads as crazy mazes, as if she were a worm inside, investigating. She pointed out that even her webby white-on-white drawings—made in the 1990s, when she was practically blind—represented the “floaters and flashers” across her field of vision. Although major museums acquired her work, and despite having one of the longest exhibition histories of any living artist (seventy years), she is hardly well known. Here is a selection of her work.

‘I Work Against Ego’: The Art of Hedda Sterne by Sarah Boxer | NYRBlog | The New York Review of Books.

Había una vez un pájaro: Clarice Lispector

Eso se hizo evidente en 1967 cuando aceptó hacer una columna semanal, cada sábado, en el Jornal do Brasil. Sus amigos, su editor, todos le dijeron lo que tenía que hacer: “Sea usted misma”. Ella, que se había pasado la vida preguntándose “si yo fuera yo, qué haría”, pidió a sus lectores: “Avísenme si empiezo a convertirme en demasiado yo misma”. Les dijo también: “Hoy sólo quería escribir, y serían dos o tres líneas, sobre cuando un dolor físico pasa. De cómo el cuerpo agradecido, todavía jadeando, ve hasta qué punto el alma es también el cuerpo”. Y también: “Me siento tan cerca de quien me lee”. La leían los taxistas y los filósofos, los juerguistas que miraban hacia su ventana a ver si había luz, cuando pasaban por su calle, y las vecinas que le dejaban de regalo ollas de moqueca de pulpo recién hecha. Escribió durante seis años esa columna, cada sábado. Dijo en una de ellas: “Quiero que los otros comprendan lo que jamás entenderé”. Les enseñó a los brasileños que se podía pensar sin ser racional (“Estoy habituada a no considerar peligroso pensar. Pienso y no me impresiono. Pero no soy intelectual, ni racional. Eso es usar sobre todo la inteligencia, y yo no hago eso: lo que uso es la intuición, el instinto. Voy a ver una película y no entiendo, pero siento. ¿Voy a verla de vuelta? No, no quiero arriesgarme a entender y no sentir”).

Página/12 :: Contratapa :: Había una vez un pájaro.

Edmundo Paz Soldán – Norte

De la contratapa:

Los personajes de Norte permanecen extraviados en el cruce de mundos y fronteras que caracteriza a nuestra época. La novela comienza en 1984 en el norte de México con Jesús, un adolescente obsesionado por su hermana que, con los años, se irá convirtiendo en el Railroad Killer, un psicópata en la lista de los más buscados del FBI. Luego pasamos a la California de 1930, en la que Martín Ramírez, un inmigrante indocumentado, está a punto de ser enviado a un psiquiátrico en el que se convertirá en uno de los grandes pintores autodidactas del siglo XX. La narración salta entonces a Texas en la primera década de este siglo, y se enfoca en Michelle, una joven que debe lidiar con su vocación de dibujante y guionista de comics, y con una tortuosa relación con uno de sus profesores. Tres destinos separados por el tiempo y el espacio pero interconectados por la violencia, el desarraigo, la creación y la locura. Una mirada ambiciosa y compleja a la forma en que Estados Unidos está siendo reinventado por los nuevos inmigrantes latinoamericanos.

Los dos primeros capítulos de la última novela de Edmundo Paz Soldán – Norte.

Entrevista con Edmundo Paz Soldán en Babelia: «Me interesa ahondar en la herida».

Presentación Revista Identidades

Borges

 

¿Estaba enamorado Borges de María Kodama? El testamento y las decisiones que ha tomado Kodama desde 1986 sobre su obra han despertado polémicas y desatado injurias como si ella se hubiese aprovechado de su vínculo con Borges para actuar en provecho exclusivamente propio. Pero lo cierto es que en los últimos 15 años de vida de Borges nadie lo atendió y cuidó como Kodama, y nadie tuvo posibilidad de escuchar sus deseos como ella. Poco importa hoy entonces que a alguien la parezca mal o bien que la obra de Borges pase mediante un contrato de dos millones de euros de Emecé a Random House, que se reediten libros que Borges no quiso reeditar en vida, o que siga enterrado en el cementerio Plain Palais de Ginebra.

Cuando caminaban juntos, es decir casi siempre que Borges caminaba, era él el que la llevaba del brazo. Y entonces era visible que el gesto de Borges, antes que el de un ciego, era el gesto de un compadrito: el gesto firme y orgulloso del hombre que no sólo está con la mujer que quiere estar sino que dice Esta mujer es mía.

Borges « Eterna Cadencia.