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De Alaska, Horacio Castillo

El ojo de la foca -mi amuleto- me llevará hasta el oso blanco.

¿Hay algo más bello que perseguir al oso blanco en el océano blanco?

Hace muchos sueños que sigo sus rastros, estas pisadas

en la nieve que el viento borra y no llevan a ninguna parte;

y los ojos, de tanto mirar, ya han dejado de ver.

Pero a veces, en la inmensa blancura, he creído escuchar

una especie de lamento,

un bostezo no parecido al de ninguna otra criatura viviente;

y cuando aparecen los primeros pelos de la sombra

y el sol sangra cada vez más hasta desaparecer,

alguien ha visto una silueta sobre la ladera

convirtiendo la noche en el día, la oscuridad en luz.

Ahora se ha agotado el aceite de la lámpara,

las estrellas emigran hacia la tierra del caribú

y los hombres, excitados, colocan las trampas,

esperan la presa que se oculta para mostrarse.

¿Qué es ese resplandor en la escarpada colina?

Tres veces he frotado el ojo de la muerte,

tres veces prometí las vísceras a los hombres y los perros,

tres veces ofrecí como cebo mi corazón.

Y un día temblarán los cielos y la tierra,

un día la vara mortal atravesará su cuerpo,

y entonces colgaremos de un asta su vejiga

para ahuyentar la sombra y el espíritu de la sombra.

Luego arrastraremos sus restos cuesta abajo, hacia el mar,

y envueltos para siempre en la piel inmaculada,

seguiremos la marcha riendo clamorosamente

y dándonos los unos a los otros grandes palmadas en la espalda.

 

(De Alaska, 1993).

Más poemas de Horacio Castillo:

-Blog de poesía Faro vacío.

-Poema «Tren de ganado».

El extranjero de Albert Camus: posibles ilustraciones

Uno de los libros que más he releído en la vida es El extranjero de Albert Camus. Según las anotaciones de mi muy amarilla edición de 1984 de Alianza Editorial, la he leído 5 veces. La primera vez, en 1980, no fue en este preciso ejemplar que tengo desde el 85, sino en uno prestado.

En estos días lo saqué del estante de mis libros de cabecera, lo abrí y me volví a enganchar. Voy, pues, por la sexta relectura. Afortundamente mi memoria es tan corta que eso me permite volver a leer un libro y sentirlo como si fuera nuevo. O acaso, eso es lo que hace a un libro (o a un texto) bueno: que en cada relectura te dice cosas nuevas, te hace percibir cosas que antes pasaste por alto.

Casualmente descubrí ayer en The Guardian esta serie de ilustraciones basadas en la novela. Son los finalistas de un concurso para ilustrar una nueva edición de El extranjero que hará la Folio’s Society. Hay varias muy buenas que captan bien ese aire seco y descarnado del libro.

Discurso de aceptación del Premio Nobel, Ernest Hemingway

 

Carente de toda habilidad para pronunciar discursos y sin ningún dominio de la oratoria o la retórica, agradezco a los administradores de la generosidad de Alfred Nobel por este Premio.

Ningún escritor que conoce los grandes escritores que no recibieron el Premio puede aceptarlo a no ser con humildad. No es necesario hacer una lista de estos escritores. Todos los aquí presentes pueden hacer su propia lista de acuerdo a su conocimiento y conciencia.

Me resultaría imposible pedir al Embajador de mi país que lea un discurso en el cual un escritor diga todas las cosas que están en su corazón. Las cosas que un hombre escribe pueden no ser inmediatamente perceptibles, y en esto algunas veces es afortunado; pero eventualmente se vuelven claras y por estas y por el grado de alquimia que posea, perdurará o será olvidado.

Escribir al mejor nivel, es una vida solitaria. Organizaciones para escritores mitigan la soledad del escritor, pero dudo que mejoren su escritura. Crece en estatura pública a medida que se despoja de su soledad y a menudo su trabajo se deteriora. Debido a que realiza su trabajo en soledad y si es un escritor suficientemente bueno cada día deberá enfrentarse a la eternidad o a su ausencia.

Cada libro, para un escritor auténtico, deberá ser un nuevo comienzo donde intentará nuevamente alcanzar algo que está más allá de su alcance. Siempre deberá intentar lograr algo que nunca ha sido hecho o que otros han intentado y han fracasado. Entonces algunas veces -con gran suerte- tendrá éxito.

Cuán fácil resultaría escribir literatura si tan sólo fuera necesario escribir de otra manera lo que ya ha sido bien escrito. Debido a que hemos tenido tantos buenos escritores en el pasado es que un escritor se ve forzado a ir más allá de sus límites, allá donde nadie puede ayudarlo.

Como escritor he hablado demasiado. Un escritor debe escribir lo que tiene que decir y no decirlo. Nuevamente les agradezco.

 

«El nazismo, simbolizado por Hitler, ejemplifica dilemas que enfrentamos hoy en el mundo»

¿Cómo explica la fascinación que sigue ejerciendo Hitler como figura casi mitológica, que se refleja en su protagonismo en obras de la cultura popular como novelas y películas?
Intento dirigirme a este tema al final del tercer volumen de mi historia. Hitler equivale al nazismo, y les resulta fácil a las personas identificar todo el nazismo con ese individuo. Creo que la fascinación es que los crímenes de los nazis crean preguntas muy serias de la moral humana en general que van más allá de la historia de Alemania. Nos hace reflexionar hasta sobre situaciones del mundo de hoy y la conducta de nuestras propias vidas. Creo que el nazismo fue la ideología más racista que haya existido nunca. Y hoy el racismo es un tema preocupante en el mundo; estudiar el nazismo resulta útil para entender el racismo porque es su manifestación más extrema. Creo que Hitler, como un dictador popular y todopoderoso que no fue afectado por la insatisfacción de muchas personas por algunos aspectos de su régimen –allí también provoca preguntas sobre la democracia, las dictaduras, sobre cuán lejos uno puede resistir las dictaduras, las aboliciones de libertades civiles… Todo el fenómeno del nazismo, simbolizado por Hitler, ejemplifica —en una forma muy aguda— muchos de los dilemas con los que nos tenemos que enfrentar hoy en el mundo.

¿Cuáles son las lecciones, entonces, del nazismo para el mundo de hoy?
Que tenemos que ser atentos al racismo y combatirlo en todas las formas que surgen; tener mucho cuidado en preservar las libertades civiles y pensar dos veces antes de aceptar que se limiten. Tenemos que mirar al nazismo y darnos cuenta de las formas en las que la propaganda nazi puede atrapar a la gente. Hay que tener en cuenta que lo que nos dicen los gobiernos no siempre es la verdad. Hay muchas lecciones. Lo que intento hacer en mi libro es mostrar cómo el nazismo y el tercer Reich no fue una película de Hollywood donde hay buenos por un lado y malos por otro, sino que la gente común y corriente tuvo que enfrentarse con dilemas complicados que no pudieron resolver en muchos casos. Es muy fácil criticar retrospectivamente, pero uno tiene que estar conciente de la amplia variedad del comportamiento humano y de las reacciones en el período nazi. Eso es lo que intenté demostrar en los tres libros: dar una visión más equilibrada y sofisticada para que no sean tan crédulos en el presente que vivimos. Es muy fácil hoy acusar a alguien de ser nazi, o decir de algo es como Auschwitz: Pero cuando tienes en cuenta el enorme horror que fueron esas cosas uno tiene que discriminar más a la hora de juzgar eventos contemporáneos.

Entrevista completa con Richard Evans aquí.

«La soledad es la experiencia central de la vida moderna»: Sam Shepard

P. La soledad es un tema recurrente en su obra. ¿Por qué?

R. Porque es la experiencia central de la vida moderna. Todos luchamos contra la soledad. Hay quien la elude buscando la seguridad de una familia, otros se rodean de gente. Yo escribo porque es una compañía constante. Llevo mis cuadernos a todas partes. Cuando escribo no me siento solo y necesito esa soledad para escribir. Es un conflicto sin solución.

P. Supongo que hay mucho de búsqueda.

R. Sin búsqueda no hay creación. Si sientes que has encontrado las respuestas se acabó. Ya no hay razón para hacerlo. Ocurre con todas las artes. Lo interesante es mantener ese martilleo porque no tienes respuestas o porque siguen surgiendo preguntas.

Entrevista completa con Sam Shepard aquí. Por cierto, recomiendo mucho la lectura de sus libros de relatos.

Forgotten Bookmarks

 

 

¿Qué cosas suelen guardar entre sus libros? ¿Qué cosas se han encontrado dentro de un libro? Hay gente que a la hora de leer agarra cualquier cosa que encuentra cerca y lo mete dentro de las páginas del libro para usarlo como un marcador. Hay gente que simplemente «guarda» cosas dentro de un libro y después se le olvida dónde las metió. Flores, cartas, anotaciones, envoltorios de dulces, recortes de revistas, fotos y hasta dinero… de todo puede encontrarse en un libro. Esta página, Forgotten Bookmarks, presenta algunas de las cosas que alguna gente ha encontrado metidas en un libro.

La importancia del espacio público

Una de las cosas que más me llama la atención cuando tengo la oportunidad de viajar a otros países es la utilización del espacio público por parte de sus ciudadanos. Y quizás no fue sino hasta en mi más reciente viaje que pensé seriamente en cómo los salvadoreños hemos perdido totalmente la noción de su uso y de nuestro derecho a tenerlo.

De las actividades que más emprendí mientras estuve en Alemania fue simple y sencillamente salir a caminar por las ciudades donde me encontraba. Caminar es una actividad sencilla, gratis y muy relajante cuando se puede hacer en una ciudad que cuenta con aceras y zonas de descanso para los paseantes. Y el hecho de sentirse a salvo de los delincuentes es un añadido maravilloso.

Le comentaba a una pareja de amigos que viven allá que caminar o andar en bicicleta es algo que no puede hacerse en San Salvador dadas las condiciones de nuestra ciudad. Y me preguntaban entonces, con asombro: “¿Entonces qué hacen? ¿Cómo viven? ¿Viven encerrados?”. De inmediato recordé nuestras casas todas llenas de rejas en puertas y ventanas y del alambre de navaja que corona muros en todas partes y no pude más que sentir pena.

San Salvador (y creo que en alguna medida, las mayores ciudades del país van por el mismo camino), está construida y organizada sobre todo para favorecer a sus automovilistas, haciéndole la vida muy difícil a los que andamos a pie, pese a que somos mayoría.

La falta de aceras (o donde las hay, pobremente mantenidas), la falta de pasos o puentes para peatones, la falta de parques que sean pequeños pulmones y oasis para refrescarse del calor coronado todo con la inseguridad ciudadana, han convertido a la ciudad capital en un caos invivible.

Es frecuente escuchar que los medios de transporte urbano atropellen a alguien y el conductor culpable huye del lugar o sigue su camino como si nada. Alguien es asaltado y no es auxiliado ni por los demás ni por las autoridades que brillan por su ausencia en el momento en que se les necesita. Cambia la luz del semáforo y si el peatón no está atento, se lo pasan llevando en las esquinas y en las supuestas zonas de seguridad para peatones. Los automovilistas, buseros y camioneros viven con la ley del pito y tienen entrenados los dedos para pitar “la vieja” (*) a la menor provocación posible. Leer más

The Best Magazine Articles Ever

Este es un enlace interesante y valioso. A Kevin Kelly, cofundador de la revista Wired, se le ocurrió reunir una selección de los mejores artículos publicados en revistas (en inglés) desde los años 60 hasta la fecha. La selección está hecha década por década culminando con una lista de los 25 mejores artículos de todos los tiempos. Para ello contribuyeron un sinnúmero de personas que le sugirieron a Kelly los artículos mencionados, enviaron enlaces, añadieron comentarios o simplemente votaron por alguno.

Lo interesante es encontrar enlaces a la gran mayoría de los textos. David Foster Wallace, Gay Talese, Hunter S. Thompson, F. Scott Fitzgerald, Joan Didion, Norman Mailer, Albert Einstein… la lista de autores es inmensa y la calidad de los artículos reunidos es genial. No dejen de explorarla, tendrán lectura para rato.

Cool Tools: The Best Magazine Articles Ever.

Cómo escribir un cuento policíaco, por G. K. Chesterton

El segundo gran principio es que el alma de los cuentos de detectives no es la complejidad sino la sencillez. El secreto puede ser complicado pero debe ser simple. Esto también señala las historias de más calidad. El escritor esta ahí para explicar el misterio pero no debería tener que explicar la propia explicación. Ésta debe hablar por sí misma. Debería ser algo que pueda decirse con voz silbante (por el malo, por supuesto) en unas pocas palabras susurradas o gritado por la heroína antes de desmayarse por la impresión de descubrir que dos y dos son cuatro. Ahora bien, algunos detectives literarios complican más la solución que el misterio y hacen el crimen más complejo aun que su solución.

(…)

Si tuviese que crear reglas para este tipo de composiciones, esta es la primera que sugeriría: en términos generales, el motor de la acción debe ser una figura familiar actuando de una manera poco frecuente. Debería ser algo conocido previamente y que esté muy a la vista. De otra manera no hay autentica sorpresa sino simple originalidad. Es inútil que algo sea inesperado no siendo digno de espera. Pero debería ser visible por alguna razón y culpable por otra. Una gran parte de la tramoya, o el truco, de escribir cuentos de misterio es encontrar una razón convincente, que al mismo tiempo despiste al lector, que justifique la visibilidad del criminal, más allá de su propio trabajo de cometer el crimen. Muchas obras de misterio fracasan al dejarlo como un cabo suelto en la historia, sin otra cosa que hacer que delinquir.

Cómo escribir un cuento policíaco, por G. K. Chesterton | Zona Literatura.

«Creo que los lectores son felices cuando son muy activos»: Lydia Davis

En sus relatos los silencios, todo lo que no cuenta, es tan importante como las palabras. ¿Cómo llega a calcular todo lo que no debe decir?

No es el resultado de un cálculo, es algo más intuitivo, depende de cómo me llegue historia. Mi reflexión gira alrededor de cuánta información es suficiente para una buena historia: lo que sobra y lo que falta, y cómo mantener el equilibrio mientras lo escribo. Pero soy incapaz de pensarlo con antelación, tampoco lo pienso luego ni pulo cosas. El autor debe mantener un equilibrio entre el control que ejerce y la actividad del lector. Leo a autores que ejercen demasiado control, que explican demasiadas cosas. Creo que los lectores son felices cuandohacen mucho, cuando son muy activos.

¿Cómo se consigue que en una sola frase pueda incluirse toda una historia?

Según la sensación de concreción que me transmite cuando la leo. Un sentido físico de que la historia es parte de otra historia. En las conversaciones me gustan las interjecciones, es decir, todo lo que puede llegar a decir un comentario corto sobre la persona que lo dice. La escritura siempre intenta ser todo lo más concisa que puede, incluso Marcel Proust decía que era muy conciso. Escribía páginas y páginas, pero no escribía más de lo que debía.

Entrevista completa con Lydia Davis aquí.

«Notes from a Literary Apprenticeship», Jhumpa Lahiri

My love of writing led me to theft at an early age. The diamonds in the museum, what I schemed and broke the rules to obtain, were the blank notebooks in my teacher’s supply cabinet, stacked in neat rows, distributed for us to write out sentences or practice math. The notebooks were slim, stapled together, featureless, either light blue or a brownish-yellow shade. The pages were lined, their dimensions neither too small nor too large. Wanting them for my stories, I worked up the nerve to request one or two from the teacher. Then, on learning that the cabinet was not always locked or monitored, I began helping myself to a furtive supply.

(…)

It was not in my nature to be an assertive person. I was used to looking to others for guidance, for influence, sometimes for the most basic cues of life. And yet writing stories is one of the most assertive things a person can do. Fiction is an act of willfulness, a deliberate effort to reconceive, to rearrange, to reconstitute nothing short of reality itself. Even among the most reluctant and doubtful of writers, this willfulness must emerge. Being a writer means taking the leap from listening to saying, “Listen to me.”


Notes from a Literary Apprenticeship : The New Yorker.

«Las escuelas matan la creatividad»: Sir Ted Robinson