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«La tercera orilla del río», Joao Guimaraes Rosa

La decisión de un hombre trastoca la vida de toda una familia en este cuento del brasileño Joao Guimaraes Rosa, «La tercera orilla del río».

No todos los filósofos matan a su mujer

El odio que el filósofo Althusser profesó a su padre a lo largo de toda su vida se debía al doble martirio que había infligido a su madre, violarla en el lecho por las noches y humillarla en público al galantear con sus amigas. Había dejado a Lucienne el hogar y los hijos, para él se había reservado el trabajo, el dinero y el mundo exterior.

Llegado el tiempo cuando Althusser ya era un ser misántropo y paranoico, sobre este sustrato vital entró la figura de su mujer Hélène, condenada a soportar sus continuas depresiones. El martirio de su esposa se sobrepuso al de su madre. Se estaba repitiendo la historia. Frente al éxito intelectual del filósofo reconocido en todo el mundo, Hélène vivía condenada a un segundo plano, nadie preguntaba por ella, para los devotos y admiradores de su marido ella no existía. El hecho de que todas las llamadas fueran para él y ninguna para su mujer el filósofo lo llevaba como un suplicio entre la compasión y el desprecio. No obstante era Hélène la que lo llevaba al hospital, la que atendía a todas sus necesidades diarias mientras él sentía que estaba reproduciendo con su mujer el mismo tormento que su padre había ejercido con su madre.

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Bailando por un voto

La campaña electoral en medio de la cual nos encontramos ha resultado decepcionante sobre todo por un motivo fundamental: atenta contra la inteligencia de los votantes.

No importa de qué partido provenga ni en qué medio se difunda, todas las manifestaciones que como parte de esa campaña han llegado hasta los ojos y oídos del potencial votante lo pueden dejar con la sensación, primero de tener información sesgada e incompleta y segundo, de que no se le está dando la importancia debida a estas elecciones que parecen ser nada más una formalidad en medio de lo que consideran la carrera electoral verdaderamente importante que es la carrera presidencial.

Lo que más abunda son las consignas totalmente vacías pasando por mensajes subliminales y obvias alusiones a la divinidad, que curiosamente la Iglesia no ha objetado en aquello de mezclar la política con la religión, tan celosa que ha sido y es por mantener las cosas de Dios en su lugar como quieren hacernos creer con el tristemente célebre asunto del retiro del mosaico de la fachada de Catedral y para el cual, cada día, los argumentos y justificaciones se tornan cada vez más increíbles.

Nadie ha reclamado nada porque el actual alcalde capitalino utilice el símbolo de El Divino Salvador del Mundo como parte de su simbología de campaña ni tampoco que, aunque dice que no utiliza los recursos de la alcaldía, se ven numerosos Mupis con letreros alusivos a su campaña.

¿Qué es el Salvador del Mundo: el símbolo de la ciudad según la alcaldía o el santo patrono de nuestro país que se celebra anualmente según la tradición católica? Que alguien se lo quiera apropiar con fines electoreros me parece negativo, me perdonan ustedes. Cada cosa en su lugar. No se puede estar utilizando la simbología religiosa para lograr un voto.

Luego, la campaña del FMLN es muy débil. Si lo que desean es ganar nuevos votantes, me temo que no lo van a lograr con los ocasionales spots televisivos que han mostrado y que quieren aludir a una especie de sentimentalismo que se diluye en medio de las agresivas campañas que despliegan por la televisión los demás partidos. Leer más

Aniversario de la muerte de Philip K. Dick

Hoy se cumplen 30 años de la muerte del escritor Philip K. Dick. Comparto por ello un par de enlaces interesantes:

– Una rápida semblanza biográfica aparecida en Terminal (lecturas en tránsito).

-La página oficial de Philip K. Dick (en inglés).

-¿Quién era este señor? Para los que no saben nada de él, la entrada de Wikipedia.

Istmo No. 23: Dossier homenaje a Rafael Menjívar Ochoa

Ya está en línea el No. 23 de Istmo, cuyo tema central es la literatura de ciencia ficción en Centroamérica y el Caribe hispano. Este número tiene además un dossier homenaje al escritor salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa, fallecido en abril del año pasado, entre otros materiales.

Revista Virtual de estudios Literarios y culturales centroamericanos.

The Composites

Brian Joseph Davis, músico, artista y escritor, ha impulsado un proyecto interesante. Utilizando los equipos de bosquejo usualmente usados por la policía, ha hecho bosquejos de personajes literarios de acuerdo a las descripciones que hay de ellos en los libros. Así ha creado una galería de personajes diversos que pueden verse en la página The Composites. El que ilustra la entrada es el sketch de Madame Bovary.

¿Y la felicidad?

El otro día leí una anécdota en internet que me llamó la atención. Supuestamente le ocurrió a John Lennon, aunque en otras partes aparece de manera anónima. Cuando tenía 5 años, su madre siempre le decía que la clave de la vida era ser feliz. Cuando entró a la escuela le preguntaron qué quería ser cuando fuera grande. Él respondió: “quiero ser feliz”. Los adultos le dijeron que no había comprendido la pregunta. El niño Lennon respondió: “ustedes no han comprendido la vida”.

La felicidad es un tema que ha desvelado desde el origen de los tiempos a todos los pensadores. Hay cientos de definiciones y libros escritos sobre ello y podríamos hacer un vasto inventario con todo ello.

En el campo de la literatura, curiosamente, la felicidad es mala consejera. Es decir, en la narrativa los personajes pueden buscar y luchar por la felicidad (tal como lo hacemos las personas comunes en la vida). Pero pensar que puede escribirse una novela o un cuento basado estrictamente en la felicidad sería imposible. Para que un texto narrativo tenga vida debe haber un conflicto. Y donde hay felicidad se supone que hay ausencia de conflicto, ausencia de mal. ¿Se imagina leer una novela donde todos los personajes son felices todo el tiempo? No pasaría nada y el interés se agotaría rápidamente. Por lo tanto, en la narrativa, eso no podría existir. No así en el campo más amplio de la poesía, que puede cantar las miserias de la tristeza y el dolor pero también las glorias de la felicidad en un poema.

La búsqueda de la felicidad es algo intrínseco al ser humano. Es un pensamiento que ocupa gran parte de nuestro de nuestro afán diario y de nuestra realización como seres humanos. Es posiblemente lo que nos mueve en la vida de manera general. Si nos preguntáramos íntimamente qué deseamos de la vida, y respondiéramos, sabemos que en el fondo lo que estamos deseando es eso que llamamos felicidad.

¿Pero cómo la definimos? En la introducción del libro El arte de la vida del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, llamada irónicamente “¿Qué hay de malo en la felicidad?”, el autor examina precisamente el concepto actual bajo el cual la sociedad parece estar convencida que está buscando la felicidad. Un concepto equívoco, según Bauman, ya que está íntimamente ligado al haber y al tener, a la cantidad de bienes materiales que se acumulan y se producen e incluso al PIB de los pueblos, pero no al sentimiento de bienestar subjetivo que es donde verdaderamente deberíamos buscarlo. Leer más

Carátula 46

Carátula 46 ya está en línea, con un texto de Carlos Martínez Rivas, rescatado de la revista El pez y la serpiente de 1965, así como textos de Ignacio Padilla, Carlos Castro Jo, Cecilia Padilla, entre otros.

Entrevista con Roberto Saviano en El País

Desde entonces, más que una espada de Damocles, el escritor tiene las bastante más peligrosas pistolas de los camorristas apuntando a su cabeza. E Italia se ha dividido entre una minoría, desde aquel chico hasta ministros del último Gobierno de Silvio Berlusconi, que considera que ha pintado un cuadro de Italia que no existe y ha mentido y una aplastante mayoría que lo apoya y exalta su valor. La segunda opción es la más escogida en el extranjero, donde el autor no da abasto entre premios e invitaciones a festivales. Como ayer, en Barcelona, donde el escritor aprovechó para hablar, como acostumbra, de mafia y literatura.

Este joven, que lleva una vida bajo escolta cambiando de casa cada dos por tres y cultivando la utopía de “una cerveza con los amigos”, ha envejecido mucho más allá de sus 31 años. Aun así, sigue en el campo de batalla. Y ayer aprovechó el certamen literario catalán para lanzar el enésimo desafío a las mafias y, de paso, al Gobierno español. “Lamento que el nuevo Ejecutivo aún no haya pronunciado las palabras mafia ynarcotráfico ni tampoco su propuesta política sobre cómo contrarrestarlos y, en este momento de crisis, recuperar su botín y devolvérselo al pueblo español”, explicó el italiano.

Entrevista completa con video de la entrevista en El País, aquí.

Una vida de novela: Charles Dickens

El 9 de junio de 1865 hubo un accidente famoso en Inglaterra. Se trató del choque de tren de Staplehurst donde los siete primeros vagones cayeron en un puente que estaba siendo reparado. Solamente uno de los vagones de primera clase se salvó.

Uno de sus pasajeros se dedicó durante largas horas a socorrer a los heridos y a los moribundos hasta que llegaron los cuerpos de rescate. Antes de partir recordó que entre sus pertenencias estaba el manuscrito de una de sus últimas novelas titulada Nuestro amigo mutuo. Volvió al vagón a recuperarlo y luego partió. El hombre en cuestión era Charles Dickens. Sufrió heridas menores en este accidente pero jamás pareció recuperarse del stress post-traumático que el accidente le provocó.

Dickens logró evadir las investigaciones correspondientes del accidente por un pequeño motivo: viajaba con una mujer que no era su esposa. Ellen Ternan y su madre eran las acompañantes de viaje de Dickens aquel día y la revelación de ese dato podría causar un escándalo en la moralista sociedad victoriana de aquel entonces. Aunque Dickens formal y emocionalmente ya estaba separado de su esposa, el divorcio era impensable en aquellos tiempos y además la presencia de 10 hijos no hacía fácil una separación. Dickens, como buen caballero, continuó manteniendo la casa y la familia durante los próximos 20 años.

Toda la vida misma de Charles Dickens está llena de sucesos y giros que podrían ser pasto de novelas. Y él mismo lo reconoció así. Al punto que muchos de sus textos son autobiográficos o tienen retratos de personajes y situaciones que él conoció en su vida real.

Nacido el 7 de febrero de 1812 en Portsmouth, Inglaterra, fue el segundo de ocho hijos del matrimonio de John Dickens y Elizabeth Barrow. El padre siempre vivió más allá de sus posibilidades económicas, era muy despilfarrador, lo cual provocó mucha estrechez para toda su familia durante la infancia. A pesar de ello, Charles recuerda haber tenido una infancia feliz aunque se sentía un niño “pequeño y poco cuidado”. Era un niño que gustaba de los juegos pero al mismo tiempo era un lector voraz y desarrolló una memoria fotográfica de personas y eventos lo cual le serviría más adelante, cuando comenzara a desarrollar sus dotes de escritor. Leer más

«Discurso en el depósito de objetos perdidos», Wislawa Szymborska

Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.

Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó
de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

(De Si acaso, 1978, versión de Gerardo Beltrán).

Amélie Nothomb

Es que, al tiempo que éste es un libro sobre el amor, también trata sobre la identidad. Como todos los míos. Yo escribo sobre la identidad. Pero es que una de las claves del amor es la búsqueda de la identidad. De la identidad propia y de la de la persona que amas. Nunca encuentras la identidad de nadie si no lo conoces a fondo, y la mejor manera de conocer a alguien profundamente es mediante el amor.

Desde luego. ¿Y no puede existir una identidad mucho más plena en la búsqueda del amor que en el sentimiento de pertenencia a un país o a una región? Bueno, es fácil hablar de estas cosas cuando han acabado. Mientras lo estás viviendo, ni te lo planteas.

Ni te viene a la mente. Nadie filosofa sobre la identidad cuando está en una nube amorosa. Hay cosas mucho más importantes. ¡Por supuesto! Ni sabes qué pasa. No piensas en nada. Sientes. Sólo quieres sentir.

Amélie Nothomb · ELPAÍS.com.