No cabe duda de que somos una sociedad llena de contradicciones. Por un lado nos empeñamos en prolongar la vida del ser humano mediante diversos métodos científicos y políticas de salud pública que han dado resultados; pero por otro, logrado el objetivo de la longevidad del ser humano, despreciamos y discriminamos a las personas de la tercera edad por infinidad de factores. ¿Estamos entonces preparados psicológica, emocional y socialmente para convivir de manera saludable con las personas de la tercera edad?
En una época obsesionada por la juventud, la apariencia, la energía, el vigor físico y la prisa pareciera que no hay espacio ni consideración para los atributos y las características propias de las personas de la tercera edad, que ven relegadas sus necesidades al último lugar de prioridad de los gobiernos. Por otro lado son pocas las organizaciones que se preocupan por el bienestar de este segmento de la población, muy pocas para el cada vez mayor número de gente que lo compone.
Se calcula que actualmente hay 654 millones de adultos mayores, que representan el 10% de la población mundial, y se espera que en el 2030 sean 1,348 millones (17%). Debido al aumento de la esperanza de vida y a la disminución de la tasa de fecundidad de muchos países, la proporción de personas mayores de 60 años está aumentando más rápidamente que cualquier otro grupo de edad en casi todos los países. Esto puede ser visto como un éxito de las políticas de salud pública pero supone sobre todo un inmenso reto para los países, que tienen que mejorar al máximo las condiciones en que estas personas van a vivir esta etapa de la vida.
Los países con mayor proporción de adultos mayores son Japón, Italia, Alemania, Grecia, Suecia, Canadá, Uruguay, Australia, Nueva Zelanda y Cuba.
En El Salvador, según el censo del 2007 elaborado por la Dirección General de Estadísticas y Censos, 9.4% de la población pertenece a la tercera edad. Es muy probable que a estas alturas, esta cifra haya aumentado. Leer más




