Una vida de novela: Charles Dickens

El 9 de junio de 1865 hubo un accidente famoso en Inglaterra. Se trató del choque de tren de Staplehurst donde los siete primeros vagones cayeron en un puente que estaba siendo reparado. Solamente uno de los vagones de primera clase se salvó.

Uno de sus pasajeros se dedicó durante largas horas a socorrer a los heridos y a los moribundos hasta que llegaron los cuerpos de rescate. Antes de partir recordó que entre sus pertenencias estaba el manuscrito de una de sus últimas novelas titulada Nuestro amigo mutuo. Volvió al vagón a recuperarlo y luego partió. El hombre en cuestión era Charles Dickens. Sufrió heridas menores en este accidente pero jamás pareció recuperarse del stress post-traumático que el accidente le provocó.

Dickens logró evadir las investigaciones correspondientes del accidente por un pequeño motivo: viajaba con una mujer que no era su esposa. Ellen Ternan y su madre eran las acompañantes de viaje de Dickens aquel día y la revelación de ese dato podría causar un escándalo en la moralista sociedad victoriana de aquel entonces. Aunque Dickens formal y emocionalmente ya estaba separado de su esposa, el divorcio era impensable en aquellos tiempos y además la presencia de 10 hijos no hacía fácil una separación. Dickens, como buen caballero, continuó manteniendo la casa y la familia durante los próximos 20 años.

Toda la vida misma de Charles Dickens está llena de sucesos y giros que podrían ser pasto de novelas. Y él mismo lo reconoció así. Al punto que muchos de sus textos son autobiográficos o tienen retratos de personajes y situaciones que él conoció en su vida real.

Nacido el 7 de febrero de 1812 en Portsmouth, Inglaterra, fue el segundo de ocho hijos del matrimonio de John Dickens y Elizabeth Barrow. El padre siempre vivió más allá de sus posibilidades económicas, era muy despilfarrador, lo cual provocó mucha estrechez para toda su familia durante la infancia. A pesar de ello, Charles recuerda haber tenido una infancia feliz aunque se sentía un niño “pequeño y poco cuidado”. Era un niño que gustaba de los juegos pero al mismo tiempo era un lector voraz y desarrolló una memoria fotográfica de personas y eventos lo cual le serviría más adelante, cuando comenzara a desarrollar sus dotes de escritor.

Las dificultades económicas obligaron a la familia a mudarse a Camden Town en 1822. Dos años después, el padre sería enviado a prisión por deudas, a una cárcel especial para deudores en Marshalsea. La familia se fue con él a vivir a la prisión, algo permitido por la ley de entonces. Sin embargo, el pequeño Charles fue acogido en la casa de una amiga íntima de la familia y visitaba los domingos a toda la familia en la cárcel.

Esta situación lo obligó a buscar trabajo y comenzó a trabajar en una fábrica de betún para calzado, donde a los doce años tenía que sufrir jornadas de diez horas diarias pegando etiquetas en los botes de betún. Ganaba seis chelines a la semana. El dinero le servía para pagar su hospedaje y ayudar a su familia.

El padre salió de prisión después de algunos meses pero la situación económica siguió siendo desesperada hasta morir la madre de John quien le dejó en herencia 450 libras. A pesar de ello, la madre de Charles no retiró al niño de trabajar en la fábrica pues le parecía que la experiencia era buena para él. Las extenuantes condiciones de trabajo y la dureza de su madre causaron una impresión de por vida en Charles, impresiones que se mirarían reflejadas más adelante en sus obras, en particular en David Copperfield, considerada la más autobiográfica de sus novelas.

En los años siguientes, Charles Dickens comenzó a trabajar como taquígrafo judicial. Luego comenzó a trabajar como reportero en el Doctor’s Common y después fue cronista parlamentario. Estuvo muy interesado en el teatro y de hecho se apuntó a clases de interpretación, pero el día en que le tocaba asistir a una prueba en el teatro lo aquejaba una fuerte gripe y perdió así su oportunidad de ser actor, dejándolo definitivamente. A pesar de ello, sabría utilizar luego este entrenamiento en las lecturas dramatizadas que él mismo hacía de sus obras, variando las voces de los personajes.

Siguió metido en el periodismo y en 1836 contrae matrimonio con Catherine Thompson Hogarth, procreando 10 hijos y estableciéndose en Bloomsbury.

Es alrededor de esta época en que comienza a publicar sus escritos y lo hace por medio de entregas mensuales que se tornan muy populares. Esto se hacía porque se llegaba con ello a muchos más lectores que publicando las obras directamente en forma de libros, pues éstos eran caros. Las obras de Dickens hablaban en su mayoría sobre personajes de clases bajas tratando de sobreponerse a las dificultades de la vida en medio de una Londres tan real e idéntica a la que vivían los lectores. Oliver Twist, La historia de dos ciudades, Un cuento de Navidad y la mencionada David Copperfield serían algunas de sus obras más populares.

Se dice que la gente de la época solía comentar como parte de la conversación cotidiana lo que ocurría en dichas entregas y que incluso cuando los barcos llegaban a Nueva York, sus seguidores estadounidenses esperaban noticias de los que venían de Inglaterra para que les contaran cómo iban las vicisitudes de tal o cual personaje.

Sus obras también encerraron siempre una gran crítica social. Era obvia la empatía de Dickens por el hombre común y por personajes que no eran usuales en las novelas. Prostitutas, huérfanos, alcohólicos, ladrones, todos eran humanizados en las novelas de Dickens. Las historias de sus tribulaciones y el motivo por el cual el destino los había llevado a vivir en la desgracia se constituyeron en certeras críticas al sistema social de la sociedad victoriana.

Pero a pesar de su popularidad, no todo era fácil para el autor. El triunfo supuso una gran carga de trabajo para satisfacer el creciente interés en sus obras. Éstas dejaron de ser escritas de manera improvisada y se fueron haciendo cada vez más planificadas, haciendo gala también de toda suerte de recursos narrativos. Dickens exigió de sus editores mayor remuneración pero éstos se la negaron, lo cual lo obligó a extenderse a otras actividades como la teatral, donde la hizo de actor; fundó un periódico y dió también conferencias donde hablaba de diferentes temas, desde los derechos de autor, la defensa de las prostitutas hasta la condena de la pena de muerte, que por aquellos días constituía uno de los espectáculos de “entretenimiento” para la población.

Su salud comenzó a deteriorarse hacia 1850 gracias a esta excesiva carga de trabajo, la cual empeoró aún más por el impacto que le produjo la muerte de su padre, de una hija y de su hermana Fanny. En 1858 ocurriría la crisis en su matrimonio.

A pesar de haber salido con heridas menores del accidente de tren de Staplehurst, Charles Dickens nunca se recuperó plenamente del mismo. Terminó de revisar el manuscrito de la novela que por poco queda perdido en el tren y comenzó a trabajar en El misterio de Edward Drood, que dejó inconclusa en un tercio. La experiencia del choque ferroviario le sirvió para escribir un cuento llamado “El hombre-señal”, donde el protagonista tiene una premonición sobre el accidente y sobre su muerte.

En 1867 fue recibido en audiencia por la Reina Victoria I, gran lectora de la obra de Dickens. Ese mismo año dio su primera lectura pública en un teatro en los Estados Unidos, segundo viaje que hacía a aquel país.

Charles Dickens murió al día siguiente de sufrir una apoplejía, el 9 de junio de 1870, exactamente en el 5º. aniversario del accidente de tren que lo había dejado conmocionado. Contrario a sus deseos, sus restos descansan en el Rincón de los Poetas de la Abadía de Westminster (él deseaba ser enterrado en la Catedral de Rochester).

La popularidad de su obra sigue vigente al día de hoy. Se han hecho cientos de adaptaciones al cine, teatro, radio y televisión basados en sus novelas. Sus obras se reimprimen permanentemente y sigue siendo uno de los autores más leídos en la actualidad. Ahora, con el bicentenario de su nacimiento, se le recuerda como uno de los más grandes escritores que hayan salido de Inglaterra.

(Publicado en la revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, domingo 5 de febrero 2012).

There are 3 comments

  1. Silvia

    A mí me gustó mucho “Little Dorrit” ya veo de dónde viene lo de la prisión por deudas llamada Marshalsea.

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  2. Jose

    Gracias por estos datos tan interesanted Jacinta. Personalmente, Dickens es uno de los mejores escritores que he leido hasta ahora. Sus obras, ademas de plasmar con gran detalle las dificultades de la gente pobre y su rechazo al sistema, como bien ud lo menciona, tambien son riquisimas en historia. La obra que mas he disfrutado de el es David Copperfield. Hay muchas escenas que en verdad me hacen recondar mi ninez y transportarme a esos momentos que jamas podre olvidar.

    Otra gran obra que tambien he disfrutado muchisimo, pero que no es de Dickens sino de Victor Hugo, es Los Miserables. Vaya manera de escribir de ambos. Los dos son enormes y grandes escritores. Leer sus obras es como sonar dispierto y volar atravez del tiempo hacia esos mundos, que si bien no fuimos parte de ellos, nos hacen recordar muchas etapas de nuetras propias vidas.

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  3. Bitacoras.com

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