Últimas entradas

Aniversario de la muerte de Philip K. Dick

Hoy se cumplen 30 años de la muerte del escritor Philip K. Dick. Comparto por ello un par de enlaces interesantes:

– Una rápida semblanza biográfica aparecida en Terminal (lecturas en tránsito).

-La página oficial de Philip K. Dick (en inglés).

-¿Quién era este señor? Para los que no saben nada de él, la entrada de Wikipedia.

Istmo No. 23: Dossier homenaje a Rafael Menjívar Ochoa

Ya está en línea el No. 23 de Istmo, cuyo tema central es la literatura de ciencia ficción en Centroamérica y el Caribe hispano. Este número tiene además un dossier homenaje al escritor salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa, fallecido en abril del año pasado, entre otros materiales.

Revista Virtual de estudios Literarios y culturales centroamericanos.

The Composites

Brian Joseph Davis, músico, artista y escritor, ha impulsado un proyecto interesante. Utilizando los equipos de bosquejo usualmente usados por la policía, ha hecho bosquejos de personajes literarios de acuerdo a las descripciones que hay de ellos en los libros. Así ha creado una galería de personajes diversos que pueden verse en la página The Composites. El que ilustra la entrada es el sketch de Madame Bovary.

¿Y la felicidad?

El otro día leí una anécdota en internet que me llamó la atención. Supuestamente le ocurrió a John Lennon, aunque en otras partes aparece de manera anónima. Cuando tenía 5 años, su madre siempre le decía que la clave de la vida era ser feliz. Cuando entró a la escuela le preguntaron qué quería ser cuando fuera grande. Él respondió: “quiero ser feliz”. Los adultos le dijeron que no había comprendido la pregunta. El niño Lennon respondió: “ustedes no han comprendido la vida”.

La felicidad es un tema que ha desvelado desde el origen de los tiempos a todos los pensadores. Hay cientos de definiciones y libros escritos sobre ello y podríamos hacer un vasto inventario con todo ello.

En el campo de la literatura, curiosamente, la felicidad es mala consejera. Es decir, en la narrativa los personajes pueden buscar y luchar por la felicidad (tal como lo hacemos las personas comunes en la vida). Pero pensar que puede escribirse una novela o un cuento basado estrictamente en la felicidad sería imposible. Para que un texto narrativo tenga vida debe haber un conflicto. Y donde hay felicidad se supone que hay ausencia de conflicto, ausencia de mal. ¿Se imagina leer una novela donde todos los personajes son felices todo el tiempo? No pasaría nada y el interés se agotaría rápidamente. Por lo tanto, en la narrativa, eso no podría existir. No así en el campo más amplio de la poesía, que puede cantar las miserias de la tristeza y el dolor pero también las glorias de la felicidad en un poema.

La búsqueda de la felicidad es algo intrínseco al ser humano. Es un pensamiento que ocupa gran parte de nuestro de nuestro afán diario y de nuestra realización como seres humanos. Es posiblemente lo que nos mueve en la vida de manera general. Si nos preguntáramos íntimamente qué deseamos de la vida, y respondiéramos, sabemos que en el fondo lo que estamos deseando es eso que llamamos felicidad.

¿Pero cómo la definimos? En la introducción del libro El arte de la vida del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, llamada irónicamente “¿Qué hay de malo en la felicidad?”, el autor examina precisamente el concepto actual bajo el cual la sociedad parece estar convencida que está buscando la felicidad. Un concepto equívoco, según Bauman, ya que está íntimamente ligado al haber y al tener, a la cantidad de bienes materiales que se acumulan y se producen e incluso al PIB de los pueblos, pero no al sentimiento de bienestar subjetivo que es donde verdaderamente deberíamos buscarlo. Leer más

Carátula 46

Carátula 46 ya está en línea, con un texto de Carlos Martínez Rivas, rescatado de la revista El pez y la serpiente de 1965, así como textos de Ignacio Padilla, Carlos Castro Jo, Cecilia Padilla, entre otros.

Entrevista con Roberto Saviano en El País

Desde entonces, más que una espada de Damocles, el escritor tiene las bastante más peligrosas pistolas de los camorristas apuntando a su cabeza. E Italia se ha dividido entre una minoría, desde aquel chico hasta ministros del último Gobierno de Silvio Berlusconi, que considera que ha pintado un cuadro de Italia que no existe y ha mentido y una aplastante mayoría que lo apoya y exalta su valor. La segunda opción es la más escogida en el extranjero, donde el autor no da abasto entre premios e invitaciones a festivales. Como ayer, en Barcelona, donde el escritor aprovechó para hablar, como acostumbra, de mafia y literatura.

Este joven, que lleva una vida bajo escolta cambiando de casa cada dos por tres y cultivando la utopía de “una cerveza con los amigos”, ha envejecido mucho más allá de sus 31 años. Aun así, sigue en el campo de batalla. Y ayer aprovechó el certamen literario catalán para lanzar el enésimo desafío a las mafias y, de paso, al Gobierno español. “Lamento que el nuevo Ejecutivo aún no haya pronunciado las palabras mafia ynarcotráfico ni tampoco su propuesta política sobre cómo contrarrestarlos y, en este momento de crisis, recuperar su botín y devolvérselo al pueblo español”, explicó el italiano.

Entrevista completa con video de la entrevista en El País, aquí.

Una vida de novela: Charles Dickens

El 9 de junio de 1865 hubo un accidente famoso en Inglaterra. Se trató del choque de tren de Staplehurst donde los siete primeros vagones cayeron en un puente que estaba siendo reparado. Solamente uno de los vagones de primera clase se salvó.

Uno de sus pasajeros se dedicó durante largas horas a socorrer a los heridos y a los moribundos hasta que llegaron los cuerpos de rescate. Antes de partir recordó que entre sus pertenencias estaba el manuscrito de una de sus últimas novelas titulada Nuestro amigo mutuo. Volvió al vagón a recuperarlo y luego partió. El hombre en cuestión era Charles Dickens. Sufrió heridas menores en este accidente pero jamás pareció recuperarse del stress post-traumático que el accidente le provocó.

Dickens logró evadir las investigaciones correspondientes del accidente por un pequeño motivo: viajaba con una mujer que no era su esposa. Ellen Ternan y su madre eran las acompañantes de viaje de Dickens aquel día y la revelación de ese dato podría causar un escándalo en la moralista sociedad victoriana de aquel entonces. Aunque Dickens formal y emocionalmente ya estaba separado de su esposa, el divorcio era impensable en aquellos tiempos y además la presencia de 10 hijos no hacía fácil una separación. Dickens, como buen caballero, continuó manteniendo la casa y la familia durante los próximos 20 años.

Toda la vida misma de Charles Dickens está llena de sucesos y giros que podrían ser pasto de novelas. Y él mismo lo reconoció así. Al punto que muchos de sus textos son autobiográficos o tienen retratos de personajes y situaciones que él conoció en su vida real.

Nacido el 7 de febrero de 1812 en Portsmouth, Inglaterra, fue el segundo de ocho hijos del matrimonio de John Dickens y Elizabeth Barrow. El padre siempre vivió más allá de sus posibilidades económicas, era muy despilfarrador, lo cual provocó mucha estrechez para toda su familia durante la infancia. A pesar de ello, Charles recuerda haber tenido una infancia feliz aunque se sentía un niño “pequeño y poco cuidado”. Era un niño que gustaba de los juegos pero al mismo tiempo era un lector voraz y desarrolló una memoria fotográfica de personas y eventos lo cual le serviría más adelante, cuando comenzara a desarrollar sus dotes de escritor. Leer más

«Discurso en el depósito de objetos perdidos», Wislawa Szymborska

Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.

Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó
de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía.

(De Si acaso, 1978, versión de Gerardo Beltrán).

Amélie Nothomb

Es que, al tiempo que éste es un libro sobre el amor, también trata sobre la identidad. Como todos los míos. Yo escribo sobre la identidad. Pero es que una de las claves del amor es la búsqueda de la identidad. De la identidad propia y de la de la persona que amas. Nunca encuentras la identidad de nadie si no lo conoces a fondo, y la mejor manera de conocer a alguien profundamente es mediante el amor.

Desde luego. ¿Y no puede existir una identidad mucho más plena en la búsqueda del amor que en el sentimiento de pertenencia a un país o a una región? Bueno, es fácil hablar de estas cosas cuando han acabado. Mientras lo estás viviendo, ni te lo planteas.

Ni te viene a la mente. Nadie filosofa sobre la identidad cuando está en una nube amorosa. Hay cosas mucho más importantes. ¡Por supuesto! Ni sabes qué pasa. No piensas en nada. Sientes. Sólo quieres sentir.

Amélie Nothomb · ELPAÍS.com.

Presentación del libro de Mauricio Orellana Suárez

The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore

Presentación de libro de María Cristina Orantes