La esquiva responsabilidad moral

Oskar Gröning era un devoto coleccionista de estampillas. En una de las reuniones anuales del club de filatelia al que pertenecía, Gröning comenzó una conversación casual con alguien que resultó ser negacionista del holocausto. Este argumentaba que era imposible que la matanza y los campos de concentración hubiesen sido reales. Al despedirse, el negacionista le prestó un libro sobre el tema. Gröning se lo devolvió, dejando un mensaje de su puño y letra en una de sus páginas: “Yo vi todo, las cámaras de gas, las cremaciones, el proceso de selección. Un millón y medio de judíos fueron asesinados en Auschwitz. Yo estuve allí”.

A partir de entonces, Gröning consideró necesario hablar de su experiencia como miembro de la SS, en particular, de los dos años que estuvo asignado como contador del campo de concentración de Auschwitz. Su función consistía en hacer inventario de todos los bienes y dinero que portaban los judíos al arribar al Lager, y enviarlo todo a Berlín.

Pasó tres semanas escribiendo su historia en 87 páginas, que luego dio a sus hijos. Concedió una extensa entrevista a la BBC. La revista alemana Der Spiegel también habló con él. Las autoridades y los sobrevivientes del campo comenzaron a seguir su pista. En septiembre de 2014 por fin fue llevado a juicio, luego de que en Alemania se admitiera como recurso legal que todo empleado en un campo de concentración podría ser juzgado como cómplice de asesinato por crímenes de lesa humanidad, aunque sus cargos fuesen burocráticos o de mantenimiento. Al momento del juicio, Gröning tenía 92 años.

El documental El contador de Auschwitz (2018) de Matthew Shoychet habla sobre el juicio contra Oskar Gröning, pero también plantea puntos de reflexión importantes: ¿Cuándo termina la culpa de alguien? ¿Es válido juzgar a alguien a los 90 y tantos años por crímenes cometidos cuando tenía 23? Si él obedecía a una cadena de mando, ¿estaba eximido de la responsabilidad moral que implicaba aceptar ciertas órdenes?

Juristas entrevistados para el documental, coincidieron en que la edad de los acusados no debería ser obstáculo para enfrentar la justicia. Alguno también comentó que para matar a las víctimas de Auschwitz no fue tomada en consideración su edad. De hecho, los ancianos, junto con bebés de meses y niños de corta edad que llegaban al campo, eran aniquilados de inmediato por considerárseles no aptos para trabajar.

Gröning no mató a nadie directamente, pero era parte del engranaje de exterminio. Aunque solicitó su transferencia en un par de ocasiones, el cambio le fue denegado, recordándosele el juramento de lealtad y secretismo que había asumido y firmado en papel, antes de ser asignado al campo. Su testimonio en el juicio y sus entrevistas para los medios de comunicación narran cosas que confirman no sólo que sabía lo que ocurría, sino que lo aprobaba y asumía como algo normal. Verlo, saberlo y tratar de asumirlo con indiferencia, como una parte más de su trabajo, era acaso su mecanismo de sobrevivencia interior.

Después de escuchar a 60 testigos en el juicio, Gröning se admitió moralmente culpable de los muertos de Auschwitz. La corte debería decidir si también lo era a nivel criminal. Cosa que en efecto ocurrió. El 15 de julio de 2015, Oskar Gröning fue condenado a cuatro años de cárcel, acusado de cómplice del asesinato de por lo menos 300,000 judíos. Se hicieron un par de apelaciones, pero ambas fueron rechazadas y la sentencia ratificada. Gröning murió a los 96 años en marzo de 2018, sin haber entrado nunca a prisión.

Que Gröning hablara abiertamente de su experiencia en Auschwitz terminó siendo algo positivo y necesario. Víctimas y victimarios del holocausto tienen ya una avanzada edad y están falleciendo. Quienes menos han hablado son los responsables directos de la matanza y su testimonio resulta importante para completar la narración de los hechos.

Uno de los sobrevivientes judíos entrevistados, Bill Glied, quien falleció antes de que el documental pudiera completarse, estaba convencido de que a pesar del tiempo transcurrido y de la edad de Gröning, éste debía ser juzgado. Consideraba que el juicio era importante para establecer un precedente y construir el marco legal para proteger a futuras víctimas, aunque el acusado no llegara a cumplir su sentencia.

El documental presenta varios planteamientos que sirven como detonantes de reflexión y que aplican perfectamente a nuestra realidad actual, por la discusión en la Asamblea Legislativa de la llamada Ley de Reconciliación Nacional, pero también por la reanudación del juicio contra los militares acusados por la masacre de El Mozote y lugares aledaños. Recordemos que también hay negacionistas sobre esa y otras masacres de nuestra guerra civil.

En El Salvador, la masacre de 1932 sigue siendo un evento del cual se habla con incomodidad, a pesar de lo mucho que marcó nuestro presente. Nadie fue juzgado ni acusado por aquella matanza. Todo lo contrario, se emitió “amplia e incondicional amnistía a favor de los funcionarios, autoridades, empleados, agentes de la autoridad, y cualquiera otra persona civil o militar, que de alguna manera aparezcan ser responsables de infracciones a las leyes, que puedan conceptuarse como delitos de cualquier naturaleza, al proceder en todo el país al restablecimiento del orden, represión, persecución, castigo y captura de los sindicados en el delito de rebelión del presente año”, según el Decreto Legislativo No. 121, artículo 2, del 11 de julio de 1932. No dudemos que dicho decreto dejó establecida la impunidad que favoreció las matanzas acontecidas años después.

En nuestro país, los involucrados en diferentes eventos históricos que han marcado nuestro presente de violencia, ni siquiera han tenido el gesto de reflexionar y admitir su responsabilidad moral en los hechos. Un gesto que, si demostrara ser sincero, contribuiría mucho más a una reconciliación efectiva que una ley cuya redacción podría dejar abierta la puerta para continuar con la impunidad y permitir la repetición de hechos similares a futuro.

Como ciudadanía deberíamos estar más atentos a esto porque, a fin de cuentas, los más vulnerados seríamos, como siempre, nosotros.

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador, domingo 28 de julio de 2019. Foto de portada: still del documental, rieles de tren a la llegada del campo de concentración de Auschwitz).

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