Las políticas culturales del Estado

Hace algunas semanas, la Fundación AccesArte presentó una investigación llamada Las políticas culturales del Estado salvadoreño 1900-2012. El trabajo fue realizado por el Dr. Knut Walter, uno de nuestros más respetados investigadores.

Desde la introducción del informe, Walter deja bien claro que la cultura jamás ha sido prioritaria para el Estado salvadoreño, como sí lo han sido “la educación, las obras públicas, la seguridad pública o la defensa militar”. La cultura ha sido más bien un asunto con el cual el Estado nunca ha sabido muy bien qué hacer. Para efectos administrativos se le ubicó varias veces como una dependencia del Ministerio de Educación, logrando con ello asignársele un porcentaje de su presupuesto. En su mejor momento, el área cultural llegó a recibir el 5 % del mismo.

Después de un recorrido que examina más de cien años de nuestra historia y las iniciativas más significativas, el Dr. Walter culmina su investigación señalando varias lecciones que deben aprenderse, si la intención es apostarle a la cultura como política de Estado. La primera lección, dice Walter, es que en los últimos cien años hay una “ausencia de metas claras y precisas en términos de la calidad y la cantidad del esfuerzo para promover las artes”.

La segunda lección es que “la gestión del arte y la cultura desconectada del resto del quehacer estatal no producirá sino resultados parciales”. “La formación de capacidades, de personas con suficientes conocimientos en alguna disciplina artística que puedan transmitirlos a otras, dentro de instituciones que faciliten tanto la enseñanza de los estudiantes como el perfeccionamiento profesional de los maestros” sería la tercera lección. Y la última, la más importante según señala Walter: “la ausencia de continuidad y consistencia en el apoyo a la cultura y las artes”.

El Dr. Walter comparte también algunas ideas de cómo fortalecer a instituciones como la Biblioteca Nacional o la Orquesta Sinfónica. Recomienda el incremento de los recursos monetarios asignados a las diferentes instancias del área cultural. Y hace notar el potencial dormido que hay en el desarrollo de una industria de cine en el país, que crearía trabajo para artistas, guionistas, diseñadores, actores y personal técnico de diversas especialidades.

La aparición de este informe no puede ser más oportuna. Se espera que en enero del próximo año quede creado el Ministerio de Cultura. Mientras tanto, se sigue esperando la aprobación de la Ley Nacional de Cultura, pese a que hace meses no se ha vuelto a saber nada del asunto.

Al leer el documento es fácil concluir que las diferentes administraciones han trabajado sobre el área cultural dejando las cosas al azar y al capricho de los tomadores de decisiones. Se ha carecido de una visión a mediano o largo plazo para la administración, promoción y protección de la cultura. Esta perenne improvisación desde el Estado, ese no saber qué hacer ni tener claro lo que se quiere lograr es uno de los motivos por los que se hace necesaria una ley de cultura, ya que esta puede servir como ruta de camino hacia una gestión coherente de lo cultural en el país.

El resultado de toda esa improvisación se ve reflejada hoy en día con mucha claridad. La oferta de productos culturales ha disminuido no sólo en cantidad sino también en calidad; artistas y otros profesionales se marchan del país porque no encuentran las condiciones adecuadas para llevar a cabo su trabajo, sus estudios o sus investigaciones y al mismo tiempo, sobrevivir económicamente; hay escasez de editoriales, librerías, salas de teatro, museos, cinematecas y otros espacios similares; hay poco o nulo apoyo para crear nuevos espacios o industrias culturales; no existen becas que promuevan la creación artística ni se gestiona, a nivel de gobierno, el otorgamiento de residencias creativas o de becas de estudio para carreras artísticas o de gestión cultural en el extranjero.

Ni la creación de un Ministerio ni la existencia de una Ley van a ser el pase mágico mediante el cual se solucionarán estos y muchísimos otros asuntos. Convertirse en ministerio representa la gran oportunidad para reconstruir el sistema y corregir muchos de los errores y limitaciones anteriores. Pero si la actual institución no hace una auto-crítica profunda y sobre todo honesta de su realidad, los problemas que viene arrastrando continuarán existiendo.

Flaco favor se le hará a la cultura nacional si la creación del nuevo Ministerio se limita a un cambio de nombre y a unos movimientos en el organigrama. Hay muchos problemas internos de funcionamiento en la Secretaría de Cultura y sus diversas dependencias. Por ejemplo, es una aberración que más del 90 % de su presupuesto se destine a pagar salarios y que, como contrapunto, muchos proyectos y propuestas culturales no puedan realizarse bajo la eterna excusa de que “no hay dinero”. Si realmente existe la intención de que la cultura tenga un papel predominante en la sociedad, su presupuesto debe tener un incremento sustancial dedicado exclusivamente al trabajo cultural y no a la manutención de un elefante burocrático.

Los problemas de cultura en el país no pasan estrictamente por lo organizativo o por la implementación y modificación de algunas leyes. Se necesita sobre todo de voluntad política para que se logre crear una institución cultural eficiente. Es necesario que la clase política, y la sociedad en general, renueven y actualicen sus concepciones sobre el rol de la cultura dentro de una nación. El momento global de transición tecnológica e ideológica que estamos viviendo, obliga a ello.

El Estado debería convertirse en un facilitador para la cultura y el arte, no sólo para quienes trabajamos en dichas áreas, sino sobre todo para la ciudadanía, que demanda y necesita tener acceso a bienes y espacios culturales de calidad. En este sentido, el Estado salvadoreño tiene una inmensa deuda. Parte de ella podría saldarse tomando decisiones audaces que le den un giro importante a la gestión cultural en el país.

El reto es grande pero no imposible.

(Puede descargar gratis el informe mencionado al inicio en la Plataforma Desarrollo y Cultura de la Fundación AccesArte. Buscarlo entre “Nuevos”.

Créditos de foto: Palacio Nacional y estatua ecuestre de Gerardo Barrios. Foto de David Stanley, Creative Commons license CC BY 2.0.

Columna publicada el domingo 14 de septiembre 2014 en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica).

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