Maltrato infantil: ¿disciplina o violencia?

Alarmado por el constante aumento de la criminalidad juvenil en su localidad, el Centro de Investigaciones Psicológicas de Shenyang (China), se dio a la tarea de estudiar diferentes casos de jóvenes homicidas. Comprobaron que todos ellos fueron sujetos a maltratos o humillaciones verbales durante su infancia. Seis de estos homicidas fueron entrevistados y filmados. Todos cuentan cómo, desde que eran niños, escucharon de sus padres o de los adultos que los rodeaban frases como “idiota, muérete, eres una desgracia, eres una basura, eres un inútil”. Después de años de escuchar esas frases, un buen día reventaron, tomaron un arma y mataron a alguien.

Como resultado de dicho estudio se lanzó la campaña “Words Can Be Weapons” (Las palabras pueden ser armas). En la estrategia de campaña se utilizaron esos mismos insultos, escritos en chino, y se rediseñaron los signos de la escritura para formar las armas que cada uno de los entrevistados ocupó para matar a alguien.

La campaña china pretende iniciar una discusión y una reflexión sobre cómo se disciplina a los menores, no sólo por parte de los padres de familia, sino también de los cuidadores, familiares cercanos y maestros. Algunos padres, al ser entrevistados y confrontados con esta información, se mostraron sorprendidos ya que no consideraban que regañar a su hijo por una mala calificación, gritándole constantemente “eres un inútil”, pudiera tener consecuencias negativas a futuro.

A inicios de septiembre, UNICEF presentó el informe Ocultos a plena luz: un análisis estadístico de la violencia contra los niños. El informe repasa varias formas de violencia contra los menores de edad: violencia física, homicidios, violencia sexual y acoso o intimidación escolar. El informe reúne datos de 190 países. La medición se hizo en víctimas de 0 a 19 años.

Dicho estudio plantea una estadística brutal: El Salvador es el país con la mayor tasa de homicidios de niños en el mundo, con 27 asesinatos por cada 100 mil habitantes. Se estima además que 7 de cada 10 niños en el país sufren de maltrato en sus hogares.

Al hablar de maltrato a niños no se refiere estrictamente a golpes o agresiones sexuales. Las nalgadas, empujones, jalones de oreja, amenazas, coscorrones, pellizcos y decir palabras o frases que insultan, denigran e irrespetan la integridad de los niños, son todas formas de maltrato infantil.

Por características propias de su edad, los niños son seres muy vulnerables y están expuestos a sufrir abusos por parte de los mayores. Los niños muchas veces no saben a quién recurrir o no encuentran un lugar donde poder hacer sus denuncias. Hablar y confesar públicamente que se sufre de maltrato en casa puede significarles un aumento en la severidad de los castigos, porque se considera que tienen la obligación de obedecer a sus padres sin cuestionar nunca su autoridad o decisiones. Si lo hacen se convierten en “rebeldes” o “malcriados” a los cuales hay que disciplinar con severidad. Algunos niños, por pura desesperación, optan por el suicidio.

Para los menores, vivir formas violentas de disciplina tiene consecuencias negativas que se extienden hasta la edad adulta. En dependencia del tipo de maltrato, de su duración y su severidad, dicha violencia impacta en su salud física, en la formación de su cerebro y en sus habilidades cognitivas. El maltrato también crea impedimentos para el aprendizaje, reduce su auto-estima, afecta sus procesos de socialización y los hace proclives a la delincuencia y las adicciones. Eso sin mencionar que muchos niños llegan a morir o a sufrir secuelas físicas de por vida a consecuencia de hechos de maltrato.

Como suele ocurrir con la violencia doméstica, muchos de los menores maltratados continuarán con el ciclo y agredirán a sus propios hijos o a las personas que los rodean. Uno de los mensajes implícitos que se transmite a los menores cuando se les golpea es que golpear a alguien más débil que nosotros es algo válido y “más efectivo” que castigos no violentos (como prohibirle ver televisión o la computadora, comer sus golosinas favoritas o salir a jugar). Es así como la violencia intrafamiliar se transmite de generación en generación hasta que algún miembro se atreve a romper el ciclo.

Por desgracia, la violencia doméstica y en particular, el maltrato infantil, es todo un tabú. Es algo que sabemos ocurre pero de lo cual no se habla, porque la forma de impartir disciplina entre los menores es considerado un asunto privado, donde nadie ajeno al círculo familiar tiene derecho a opinar.

El rol paterno, pero sobre todo el materno, tienen una percepción social tan sublime que resulta incuestionable y hasta mal visto poner en duda sus atributos. Pero en la imposición de disciplina, a muchos adultos se les va la mano. Creen que mientras más brutal el castigo, la lección a aprender por el menor quedará mejor grabada. Muchos adultos desquitan o desahogan sus frustraciones y sus rabias personales mortificando a los menores, proyectando en ellos sus traumas, sus propias carencias emocionales o considerándolos un obstáculo para la realización de su felicidad personal.

Cuando la disciplina familiar pone en peligro la salud física, mental y emocional de los menores se hace necesaria la intervención de la sociedad, las organizaciones de ayuda y el gobierno. En varios países del mundo existen “líneas calientes” o números telefónicos para denunciar casos de maltrato infantil. También existen números gratuitos que brindan asesoría y ayuda psicológica a niños y adolescentes que no saben a quién recurrir y que debido a la situación de violencia que viven en sus hogares sufren de depresiones e ideas suicidas.

Los niños no son seres inferiores ni posesiones personales de quienes podemos disponer según antojo. Los niños son seres con sensibilidad, individualidad y pensamientos propios. Apalear o decir frases hirientes cada vez que un menor hace algo que no consideramos correcto, no es educar sino sentar las bases para formar a un adulto disfuncional.

Recuerde eso cada vez que pierda la paciencia con un niño.

(Publicado domingo 28 de septiembre 2014, revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica).