Autor: Jacinta Escudos

30 Libros

Me encontré este reto que quizás alguien se atreva a seguir. Durante 30 días, sea en Twitter o en su blog, se postean 30 Libros según la guía que sigue: 1. Uno que leyó de una sentada. 2. Uno que se haya demorado mucho en leer. 3. Uno que sea un placer culposo. 4. Uno que le gusta a todos menos a usted. 5. Uno de viajes. 6. Uno de un nobel. 7. Uno muy divertido. 8. Uno para leer por fragmentos. 9. Uno con una excelente versión cinematográfica. 10. Uno con una pésima versión cinematográfica. 11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar. 12. Una biografía. 13. El primer libro que leyó en su vida. 14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira. 15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega. 16. Uno ruso que sí haya leído. 17. Uno de este año. 18. El que más veces ha leído. 19. Uno que lo haya sorprendido por bueno. 20. Uno que lo haya sorprendido por malo. 21. Uno …

Luz de agosto, William Faulkner (1)

Leo Luz de agosto de William Faulkner. Es un libro de 508 páginas y apenas voy por la doscientos pero estoy maravillada por su construcción. El comienzo es muy simple y sin darse cuenta el lector, el libro se va creciendo y engrandeciendo. Lena Grove emprende la búsqueda, a pie, del hombre que la embarazó. Llega a un poblado justo el día de un incendio. Consigue que la lleve un hombre en una carreta. Ella le cuenta el cuento del embarazo con medias palabras. Llega a un aserradero donde le dicen puede trabajar el tipo. Hay una confusión de nombres, así es que habla con el que creen puede ser el sujeto pero en realidad no es. Mientras tanto medio pueblo anda viendo lo del incendio. Y lo del incendio, bueno, eso es otro cuento, con sus personajes y su propio drama. La estructura va dando saltos hacia atrás en el tiempo pero de manera ordenada, es decir, va examinando el pasado de cada personaje y sus circunstancias, de modo que poco a poco se …

El perro en la niebla, Róger Lindo

A propósito de la edición salvadoreña de la novela El perro en la niebla de Róger Lindo, me parece oportuno volver a compartir el comentario que publiqué el 1 de febrero del 2007 en la versión anterior de este blog, cuando la novela fue publicada en la editorial Verbigracia de España y su autor tuvo la gentileza de hacérmela llegar. Recuerdo que recibí el paquete, vi el libro sin intención de leerlo, sólo de ver las primeras páginas, porque en aquellos momentos estaba en otras lecturas, y leí el primer párrafo. Era un sábado. Quedé enganchada hasta terminar de leer el libro. De hecho, me medí y dejé un poco para terminarla el siguiente día, porque era tan buena que no quería que se me terminara tan rápido. Pero fue un libro que una vez comenzado ya no pude soltar. Cuatro años después sigo teniendo la misma buena impresión de su lectura y lo recomiendo con entusiasmo. Sigo pensando que, de todo lo que se ha escrito sobre la guerra, es lo mejor que he …

Idolatría, Sherman Alexie

    Marie esperó horas. Estaba bien. Ella era india y todo lo indio -powwows, funerales y bodas- requería paciencia. Esta audición no era india, pero ella estaba lista cuando dijeron su nombre. “¿Qué vas a cantar?”, preguntó el británico. “‘Every Reservation Girl Loves Patsy Cline’”, dijo ella. “Escuchémosla”. Sólo pudo cantar la primer estrofa antes de que la interrumpieran. “Eres una cantante horrible”, le dijo. “No vuelvas a cantar nunca”. Ella sabía que ese momento se transmitiría por la cadena nacional. Ella había estado de acuerdo en aceptar cualquier humillación. “Pero mis amigos, mis maestros de voz, mi madre me dicen que soy buena”. “Te mintieron”. ¿Cuántas canciones había cantado Mariela en su vida? ¿Cuántas mentiras le habían contado? Enfrente de la cámara, Marie hizo la cruel suma, se fue corriendo hasta la habitación verde y lloró en los brazos de su madre. En este mundo, debemos amar a los que mienten. O vivir solos. Cuento tomado de HermanoCerdo :: Literatura y Artes Marciales » Idolatría.

De «eso» no se habla

Hace unos días leí algo que me causó una impresión muy fuerte. Hablo del reportaje “Yo violada” del periodista Roberto Valencia, publicado en el periódico digital El Faro. Aunque el título es elocuente realmente no se tiene idea de la dimensión de lo que va a leerse. El reportaje habla del caso de Magaly (nombre ficticio, como casi todos los utilizados en el mismo), una muchacha que fue violada por 15 pandilleros durante más de tres horas. Fue sacada de la escuela por los mareros para ser servida como “regalo de cumpleaños” para uno de ellos y de paso los demás aprovecharon para hacer fiesta con el cuerpo de la niña, aún virgen. No es mi intención volver a contar el caso, creo que la pluma del periodista lo hizo bastante bien. Pero sobre todo, lo que el periodista logró de manera excepcional es dejar al descubierto una dimensión de la realidad salvadoreña que nos es absolutamente desconocida. Porque los medios de comunicación y las autoridades se limitan a hacer un conteo diario, fríamente estadístico, …

«La Loteria en Babilonia», Jorge Luis Borges

Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles. Miren: a mi mano derecha le falta el índice. Miren: por este desgarrón de la capa se ve en mi estómago un tatuaje bermejo: es el segundo símbolo, Beth. Esta letra, en las noches de luna llena, me confiere poder sobre los hombres cuya marca es Ghimel, pero me subordina a los de Aleph, que en las noches sin luna deben obediencia a los Ghimel. En el crepúsculo del alba, en un sótano, he yugulado ante una piedra negra toros sagrados. Durante un año de la luna, he sido declarado invisible: gritaba y no me respondían, robaba el pan y no me decapitaban. He conocido lo que ignoran los griegos: la incertidumbre. En una cámara de bronce, ante el pañuelo silencioso del estrangulador, la esperanza me ha sido fiel; en el río de los deleites, el pánico. Heráclides Póntico refiere con admiración que Pitágoras recordaba haber sido Pirro y antes Euforbo y antes algún …

Escritores criminales

Peor le fue a William Burroughs (1914-1997), culpable de haber asesinado en 1951, en Ciudad de México, a su mujer, Joan Vollner, jugando a ser Guillermo Tell. El autor de El almuerzo desnudo disparó sobre la manzana que sostenía en la cabeza su mujer, pero hizo diana en su frente. En su declaración afirmó que fue una muerte accidental, los forenses mexicanos avalaron su versión y, pocos días más tarde regresó a Estados Unidos sin exceso de equipaje ni sentido de culpa. Su gran amigo Kerouac llegó a escribir: “Bill es grande, y Joan le ha hecho aún más grande que nunca”. Leer artículo completo en: Se busca.

¿Qué pasa con las bibliotecas de los escritores cuando mueren?

A la muerte de Herman Melville, una librería compró sus libros por 120 dólares pero sólo aprovechó algunos: a los de teología los destruyó para vender el papel. Los libros de Stephen Crane tuvieron una suerte incluso más disparatada: fueron subastados en las escaleras de ingreso de un juzgado de Florida tras la muerte de su viuda, para pagar deudas. Los nueve mil ejemplares de la biblioteca personal de Ernest Hemingway permanecen en su villa cubana sin que puedan ser consultados por los especialistas debido a la censura del gobierno de ese país. Al igual que el autor de El viejo y el mar, Mark Twain solía afirmar que carecía de formación literaria, pero los ejemplares que han sido rescatados de la pérdida de su biblioteca muestran a un lector voraz y analítico. El escritor como lector – Diario EL PAIS – Montevideo – Uruguay.  

Danilo Kis o el arte de mentir verazmente

El 15 de octubre de 1989 moría en París, en medio de una indiferencia casi generalizada, uno de los novelistas más singulares de la segunda mitad del sigloXX. ¿Su nombre? Danilo Kis. Era yugoslavo; numerosos escritores de distintas partes del mundo, de Susan Sontag a Juan Goytisolo, de Joseph Brodsky a Milan Kundera, lo tenían en la mejor de las estimas; incluso el mismo escritor llegó a estar, a veces muy cerca, de obtener el Premio Nobel de Literatura. Sin embargo, su público en Francia, su país de residencia, era limitado, casi confidencial. En el caso de Kis podía esperarse todo: un reconocimiento póstumo, una reevaluación verdadera de su obra. Sin embargo, hay que reconocer que esto no ha llegado todavía, que a pesar de algún suplemento literario póstumo, de publicaciones y traducciones (en España recientemente se han comenzado a editar su obras completas), su importancia, al igual que su país de origen –ahora desmantelado–, permanece ampliamente desconocida por un gran número de personas. Ya es tiempo de enmendar esta injusticia. Danilo Kis o el …

En busca de la creatividad

¿Cuáles son los maestros que perduran en nuestro recuerdo y de los cuales aprendimos las lecciones más duraderas? Aparte de los que consideramos buena gente, porque siempre estaban de buen humor y nos tenían una paciencia infinita, probablemente sean aquellos que en vez de obligarnos a memorizar fórmulas y conceptos nos enseñaron a buscar las respuestas a las preguntas por nuestra cuenta, los que nos alentaron a dar una opinión propia y los que nos calificaban favorablemente, no porque el resultado coincidiera o reflejara estrictamente lo que nos habían enseñado a memorizar sino porque habíamos emprendido un proceso de razonamiento que nos había llevado a obtener una conclusión válida. Lo que se memoriza para salir del paso, es decir, para responder estrictamente a un examen, se olvida con rapidez. Sin embargo, lo que permanece con nosotros es aquello que aprendemos acompañado de una sensación de haber descubierto algo importante o de haber comprendido o desentrañado un misterio. O para explicarlo de manera más profana, cuando algo nos hace “clíck” por dentro. En ese tipo de …

«Restos del carnaval» de Clarice Lispector

    No, no de este último carnaval. Pero no sé por qué éste me transportó a mi infancia y a los miércoles de ceniza en las calles muertas donde sobrevolaban despojos de serpentina y papel picado. Alguna que otra beata con la cabeza cubierta por un velo iba a la iglesia, atravesando la calle tan extremadamente vacía que sigue al carnaval. Hasta el año siguiente. Y cuando la fiesta se acercaba, ¿cómo explicar la agitación íntima que me acometía? Como si por fin el mundo se abriese, de capullo que era, en gran rosa escarlata. Como si las calles y las plazas de Recife por fin explicaran para qué habían sido hechas. Como si las voces humanas cantaran por fin esa capacidad de placer que era secreta en mí. El carnaval era mío, mío. Mientras tanto, en la realidad, poco participaba en él. Nunca había ido a un baile infantil, nunca me habían disfrazado. En compensación, me dejaban quedarme hasta las 11 de la noche en el umbral de la puerta de la casa …