En la última quincena de mayo, la IA fue la protagonista de numerosas noticias, varias de ellas relacionadas con el mundo cultural y del libro. Son eventos que nos confirman los pasos agigantados con los que la IA se nos está colando en el uso cotidiano, sin nosotros estar todavía listos para ello.
Durante el congreso Poznań Impact (uno de los más importantes eventos de negocios, cultura y tecnología de Europa, que se realiza de forma anual en Polonia), la Premio Nobel de Literatura de 2018 Olga Tokarczuk dijo haber usado la IA para la escritura de una nueva novela que aparecerá publicada este año en aquel país. Según Tokarczuk, la IA “expande horizontes” y “desarrolla el pensamiento creativo”, convirtiéndose en una herramienta de increíbles proporciones. Ella misma afirmó haberla usado “como la usa cualquier persona”, para hacer investigaciones relacionadas con su novela.
Sus declaraciones causaron mucho revuelo y dejaron una mala impresión en el mundo literario. Fue tal el revuelo que Tokarczuk se vio obligada a sacar un comunicado aclarando que no utilizaba la IA para escribir, sino solamente para investigar. Esto no sirvió para aplacar las dudas originadas por sus declaraciones iniciales.
Horas después se supo que la prestigiosa revista literaria Granta publicó en su página web el cuento “The Serpent in the Grove”, de Jamir Nazir, ganador del concurso 2026 Granta Commonwealth Short Story Prize. Numerosos lectores aseguraron que el texto estaba escrito por la IA, debido a su uso de frases sin sentido y a su mala calidad en general. El escritor negó haber usado la herramienta. Ni los organizadores del concurso ni los editores de la revista pudieron comprobar el origen dudoso del cuento. A pesar del escándalo, la historia sigue disponible para leerse en la web de la revista.
Mientras escritores y lectores discutían estos eventos en diversas plataformas, James Daunt, el CEO de la cadena estadounidense de librerías Barnes & Noble, dijo que él no tendría ningún problema en vender libros escritos por la IA, siempre y cuando estuvieran claramente marcados como tales, y que hubiera una demanda del público por comprarlos. Las declaraciones las dio en el programa televisivo Today. Casi de inmediato, miles de clientes de la cadena llamaron al boicot, si eso llegaba a ocurrir.
Posterior a ello, se le dio nueva importancia a un artículo publicado por The Washington Post a finales de enero de este año, sobre una iniciativa llamada “Proyecto Panamá” de Anthropic (la empresa de IA, creadora de Claude). Dicho proyecto, según un documento interno de la empresa, consiste en escanear todos los libros del mundo para alimentar su chatbot y entrenarlo. Para ello, invirtieron decenas de millones de dólares en comprar libros, deshojarlos y escanearlos página por página, para luego ser destruidos. La información trascendió gracias a una demanda por derechos de autor impulsada contra Anthropic, por parte de un grupo de escritores y editores. Un juez permitió que se hicieran públicos algunos documentos del caso, pese a que la empresa prefería que todo continuara siendo un secreto.
Durante la misma semana en que toda esta información dominaba la discusión pública, Google anunció grandes cambios en varias de sus aplicaciones, siendo la principal que, al hacer una búsqueda, los resultados no serían una lista de enlaces (como solía ocurrir), sino un resumen producido por su IA. Mientras tanto, Meta despidió a 8.000 empleados cuyos puestos y funciones fueron sustituidos por la IA e implementó medidas para que las funciones de los que permanecen sean monitoreadas, con el fin de entrenar a la herramienta y que, eventualmente, ésta pueda ejecutar algunas o la totalidad de dichas funciones. Antes de que termine el año, se esperan por lo menos 7.000 despidos más.
Estos eventos ocurrieron en un margen muy corto de tiempo. Mientras muchas personas se preguntaban si seguir leyendo los libros de Tokarczuk o la revista Granta, si boicotear a Barnes & Noble o renegar por completo de los escritores que usan la IA para cualquier etapa de su trabajo, se perdían de vista consideraciones más profundas.
Es un hecho que las corporaciones tecnológicas han decidido imponernos el uso de la IA a toda costa. Pareciera que la estrategia es crear en los usuarios la ilusión de necesitar su uso, para luego obligarnos a pagar sus servicios. También han aprovechado esta etapa gratuita para que las diferentes y variadísimas consultas y peticiones del público sirvan como material de entrenamiento para los modelos de lenguaje.
En la medida en que el público se vuelca a utilizar dicha herramienta de forma masiva, le está dando validez a su supuesta utilidad. Por desgracia, la inmensa mayoría de programas y aplicaciones que usamos ya incluyen, o van agregando, funciones de IA. En algunas, como Google Search, su uso ya no es opcional y, aunque hay otros buscadores, la mayoría acepta y asume los cambios sin cuestionar nada.
Hay varias preguntas de fondo que deberíamos hacernos, tanto individual como colectivamente. En el mundo de la literatura y la cultura, habrá que discutir cómo vamos a relacionarnos con el material resultante de su uso. ¿Utilizar la IA para redactar una novela o un cuento será hacer trampa o no habrá problema siempre y cuando el escritor advierta, desde un inicio, su uso de la herramienta? ¿Cambiará nuestra definición de la literatura? ¿Disminuirá su calidad? ¿Ser escritor se convertirá en una tarea realizada con facilidad por el común de la gente? ¿Quienes escribimos “a puro cerebro” pasaremos a ser “piezas obsoletas” o tendrán nuestros escritos mayor valor? ¿Cómo impactará esto sobre la cadena de producción del libro y los derechos de autor?
Esa sumisión masiva al uso de la IA debería ponerse en pausa. Deberíamos tomarnos el tiempo para reflexionar y discutir, desde nuestros oficios, si nos resulta útil o necesaria. ¿Realmente necesitamos ver una foto suya y de su perro convertida en un dibujo al estilo del Estudio Ghibli? ¿De veras no es usted capaz de organizar la fiesta de cumpleaños de su hijo sin que lo haga la IA? ¿Se engañará a sí mismo pensando que merece una buena nota cuando fue la IA la que investigó y escribió su tarea escolar o universitaria?
También deberíamos de tomar en cuenta que cada petición o consulta, por trivial y rapidita que sea, tiene un precio ambiental atroz. Ese precio lo pagamos todos, en un planeta que está enfrentando graves problemas por el cambio climático y donde los recursos no renovables, como el agua potable y la generación de energía, están en tensión máxima.
La discusión sobre las consideraciones éticas y filosóficas que implican el uso de la IA y las intenciones detrás de su masificación es inaplazable. No es casual que el Papa León XIV haya dedicado su primera encíclica Magnifica Humanitas, lanzada el pasado 25 de mayo, a reflexionar sobre la IA y la urgente necesidad de dignificar al ser humano, su trabajo y sus talentos en la era tecnológica.
No se trata de tener miedo de la IA, pero sí de reflexionar sobre lo que estamos haciendo y de lo que queremos para nuestro futuro. Que lo que nos deslumbre no sea la novedad de la IA, sino la autenticidad y la creatividad de los procesos que nos hacen humanos.
(Publicada domingo 31 de mayo, 2026, sección de opinión de La Prensa Gráfica. Foto propia del libro que tengo de Olga Tokarczuk).
Descubre más desde Jacinta Escudos
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
