Columna de opinión
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Copa manchada

Arrastrando una larga cola de polémicas y dudas, arranca hoy un nuevo campeonato mundial de fútbol. Desde la ubicación de su realización en un país con poca tradición futbolística, como Qatar, hasta las múltiples denuncias de sobornos y corrupción que involucran a altos ejecutivos de la FIFA y de federaciones de fútbol de varios países, el Mundial de este año pasará a la historia como el más cuestionado de todos.

Quien quiera informarse con detalle de toda la historia de las dinámicas lucrativas dentro de la organización del deporte y las maniobras para lograr la realización del torneo en Qatar, puede ver la serie documental Los entresijos de la FIFA (FIFA Uncovered) (2022) de Daniel Gordon, disponible en Netflix.

En cuatro episodios de casi una hora de duración cada uno, la serie hace un repaso minucioso por la historia de la institución y la consolidación de su influencia, hasta llegar a convertirse en algo que muchos califican de mafia, debido al poder que acumuló a través de los años y también al nivel de impunidad del que han gozado sus altos ejecutivos durante décadas.

Particular atención en el documental merece el concepto del sportwashing, algo así como “blanqueamiento político” o un “lavado de cara” mediante el deporte, de países con situaciones dudosas en referencia a sus gobiernos y al respeto a los derechos humanos. El ejemplo más claro de esto fue el Mundial Argentina 78, realizado en plena dictadura militar, legitimando con ello el gobierno golpista de Jorge Rafael Videla. Mientras la afición gritaba goles en el estadio Monumental de Buenos Aires, a menos de dos kilómetros de distancia, en la Escuela de Mecánica de la Armada Argentina (ESMA), los prisioneros políticos continuaban siendo torturados y “desaparecidos”.

Algunos de los prisioneros eran sacados de la ESMA y llevados por los militares a los estadios o a los festejos de gane de la selección argentina, con la esperanza de que fueran reconocidos por familiares y amigos, y así poder capturar más gente. Según el periodista Ezequiel Fernández Moores, en un artículo del New York Times, durante el mes del Mundial de Argentina hubo por lo menos 50 personas desaparecidas, entre ellas, nueve mujeres embarazadas.

Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, diría posteriormente, que: “Mientras se gritaban los goles, se apagaban los gritos de los torturados y de los asesinados”. De hecho, las Abuelas continuaron sus tradicionales movilizaciones de los jueves para poder encontrarse con periodistas extranjeros y narrar la situación que se vivía en el país.

Recientemente, el periódico The Guardian informó sobre la muerte de poco más de 6.500 trabajadores inmigrantes muertos durante las extenuantes jornadas de construcción de los ocho estadios de lujo y otras instalaciones, que albergarán a jugadores y visitantes del Mundial de Qatar. A nivel oficial, el gobierno de aquel país y la presidencia de la FIFA sólo admiten la existencia de tres trabajadores muertos.

Por su parte, Amnistía Internacional denunció que por lo menos cien mil trabajadores migrantes fueron explotados y sufrieron de abusos, mientras trabajaban y vivían en condiciones casi de esclavitud en los últimos doce años. Algunos de dichos trabajadores (muchos originarios de India, Nepal, Bangladesh, Pakistán, Sri Lanka y Filipinas), manifestaron que recibían salarios mínimos, sin reconocimiento de las horas extra en jornadas de 14 a 18 horas, laboradas a 50° C. También denunciaron vivir en condiciones infra humanas, amontonados en habitaciones que albergaban entre 12 a 18 personas cada una. El acceso a la justicia en Qatar es deficiente, por lo cual realizar denuncias locales es prácticamente inútil.

Qatar es uno de los países más ricos del mundo por contar con la tercera reserva de gas y petróleo más grande del planeta. La monarquía de la familia Al Thani ejerce el poder absoluto mediante la Ley Islámica o sharía, la cual restringe los derechos de las personas, en particular a las mujeres y las personas de la comunidad LGBTQ+, éstas últimas consideradas como “enfermos de la mente”, según declaraciones recientes de Khalid Salman, embajador del Mundial de Qatar, en una entrevista realizada a la cadena alemana ZDF.

La realización del Mundial en un lugar con tan altas temperaturas implicará una inversión energética máxima, para mantener aires acondicionados a temperaturas agradables, tanto en los estadios como en los hoteles y demás instalaciones a ocuparse por el millón de visitantes que esperan recibirse en el país. Qatar ya tiene altos niveles de contaminación debido a la extracción de gas y petróleo, así como los procesos de desalinización del agua de mar, necesarios para contar con agua potable.

Pero ninguna de todas las denuncias hechas desde el momento en que se seleccionó a Qatar como sede del Mundial fue escuchada ni debidamente analizada. Los intentos de algunas organizaciones de llamar a un boicot de este evento no tuvieron mayor resonancia. Al contrario, el actual presidente de la FIFA, Gianni Infantino, envió una carta a las 32 selecciones participantes en el Mundial para, según él, “centrarse en el fútbol y no formar parte de sermones sobre moralidad”. “Por favor, no permitan que el fútbol sea arrastrado a todas las batallas ideológicas o políticas que existen”, dice la misiva.

Así arranca lo que suele conocerse como la gran fiesta del fútbol. Todos a hacerse los locos con las denuncias de sobornos, abusos, esclavitud moderna, muertos, contaminación ambiental y corrupción en las altas jerarquías de la FIFA. Todos a hacer rodar la bola y los miles de millones de dólares que, de manera directa o indirecta, hecha a andar el gran negocio detrás del evento. Todos a comprar vasos/camisetas/objetos conmemorativos, a contratar paquetes de cable para no perderse ningún partido, a comprar un televisor más grande, a aprovisionarse de golosinas y ofertas promocionales de bebidas, boquitas y alimentos para hacer grandes comelonas en los días de los partidos finales y beber hasta caer, para celebrar o llorar, el fracaso o el triunfo de nuestra selección favorita.

A fin de cuentas, de eso también se trata el fútbol, ¿no?

(Publicada domingo 20 de noviembre 2022, La Prensa Gráfica de El Salvador. Foto de portada: logo oficial del Mundial Qatar 2022).

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  1. Pingback: A rodar otra vez – TRAVESÍA

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