El poder de la apatía

Cada vez que hay elecciones, me resulta inevitable recordar a mi padre. Él jamás fue a votar. Alguna vez le pregunté por qué no lo hacía. Me contestó, sin molestarse en levantar la vista de su periódico: “porque todos son ladrones”.

Para él era un asunto zanjado que no merecía ni el beneficio de la duda. Su apatía era la consecuencia de vivir durante años con fraudes electorales, viendo a candidatos militares del mismo partido político ganando cada elección y a funcionarios corruptos que se enriquecían a manos llenas de las arcas públicas. En domingos de elecciones, mi padre prefería quedarse en casa, con la precaución de abastecernos de comida para quince días, por si hubiera protestas y balaceras por los resultados de los comicios.

Estamos a pocos días de votar y mi apatía actual es similar a la de mi padre. Ningún candidato, ningún partido político, ninguna propuesta me llama la atención. La campaña política, bastante desabrida por cierto, no me brinda ningún tipo de entusiasmo ni esperanza.

He creído demasiadas veces y demasiadas veces me he visto defraudada. Pongo de ejemplo la Ley de Cultura, promesa de campaña del actual gobierno y que, al ser aprobada en la Asamblea Nacional, terminó reducida a algo muy básico. También pongo de ejemplo la promesa de la pensión y el seguro social para los artistas, algo de lo cual ya ni se habla y que, hasta donde sé, no veremos pasar.

La apatía también es notoria entre los seleccionados a integrar las Juntas Receptoras de Votos, muchos de los cuales han planteado todo tipo de situaciones para evitar participar en ellas. Esto debería hacernos reflexionar sobre la ausencia absoluta de espíritu cívico a nivel nacional. Si esto fuera un país donde las instituciones funcionaran de manera eficiente y donde los funcionarios no abusaran de sus cargos, de seguro tendríamos otro ánimo. Pero es difícil tenerlo cuando pasan tantas cosas equivocadas.

Vemos cómo múltiples funcionarios hacen negocios turbios, se roban millonadas y abusan de su poder con toda impunidad posible. Vemos cómo han incrementado plazas públicas y cómo algunas instituciones dedican la mayor parte de su presupuesto a pagar salarios, mientras el trabajo y los resultados continúan siendo deficientes. Vemos las planillas de candidatos pero aunque hay rostros nuevos ya se sabe que actuarán por obediencia a los mandatos de sus partidos y no por iniciativa o consciencia personal.

En las encuestas de opinión sobre las elecciones, muchos han manifestado la idea de anular el voto. Eso ha hecho surgir una satanización del voto nulo, como algo “antipatriótico”, según le escuché decir a algún candidato. Lo cierto es que anular el voto es una  alternativa ciudadana y lo considero el verdadero voto de castigo: no darle mi voto de confianza a nadie; no darle mi aprobación a ninguno; no ceder el poder a nadie para llegar al gobierno. ¿Cómo, si no, vamos a expresar nuestro profunda rabia y descontento actual contra los políticos? La opción podría ser salir a la calle a manifestarnos, pero la gravedad de nuestra apatía nos mantiene paralizados… por el momento.

Los votos anulados y las abstenciones son una postura política válida, aunque algunos lo califiquen como un gesto anti democrático. De hecho, el voto nulo o en blanco puede ser tomado en cuenta en los resultados si, junto con las abstenciones, superan el número de votos válidos. De ocurrir esto, se tendrían que repetir las elecciones. Puede verificarlo en el Código Electoral vigente (Capítulo IV, De la nulidad; Título X, De las nulidades de urna y elecciones, Art. 273, inciso d).

Repetir las elecciones con los mismos candidatos sería inútil pero sobre todo, una tensión presupuestaria mayúscula para el Estado. Aunque en mis fantasías electorales, me gustaría verlo ocurrir. Quizás así, por una vez en la vida, los partidos políticos nos tomarían, a la ciudadanía y nuestro voto, con el respeto y la seriedad que merecemos.

Hay señales de que pronto el sistema partidario y sus rostros comenzarán a cambiar. Un puñado de candidatos independientes se apuntó para estas elecciones, aunque hay que mencionar que se les impusieron muchos obstáculos y al final no todos pudieron ser inscritos. También se anunció ya la fundación de un par de nuevos partidos. Por ello suponemos que la elección presidencial del 2019 planteará novedades, algo necesario para refrescar un panorama político de polarización partidaria y apatía extrema.

 Cada vez que hay elecciones recuerdo también la primera vez que fui a votar. Me tocó hacerlo en Panchimalco, después de la firma de los Acuerdos de Paz. Era un domingo soleado y me emocionaba la idea de votar. Mi padre, quien todavía vivía, trató de convencerme de no ir. Le resultó incomprensible que yo quisiera votar. Pero mi emoción era más fuerte que sus argumentos. El fin de la guerra había planteado la posibilidad de que ahora la institucionalidad sí iba a funcionar y tomaría en cuenta a la ciudadanía y sus necesidades. Que la guerra nos había enseñado que de ahí en adelante íbamos a hacer bien las cosas. No hay necesidad de repetir todo lo que ha pasado desde entonces y que nos ha sumido en la decepción colectiva actual.

Una de las herramientas más importantes que tenemos como ciudadanía para intentar cambiar el panorama actual es el voto. Los políticos lo saben. Por eso nos enamoran con grandes promesas. Pero ya puestos en el poder, son como aquellos sinvergüenzas que primero te seducen y después, cuando lograron tu amor, te mandan al diablo y se hacen los que no ha pasado nada.

Todavía no he decidido qué haré el día de las elecciones. Pero de lo que estoy segura es que ya no le daré a ningún candidato o partido el poder de seguirme defraudando. Ya no creo en palabras. Que demuestren con hechos su viabilidad como gobernantes y quizás después, me animo a concederles mi voto.

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador, domingo 25 de febrero 2018). 

There are 5 comments

  1. Ricardo

    Hola Jacinta,

    En el juego democrático hay algo curioso: amamos las elecciones porque creemos que ellas son el eje fundamental de nuestras libertades, pero odiamos a los politicos que son elegidos con ese mecanismo. El fenómeno es global, y la apatía de la que hablas en tu columna bien podría describir el sentimiento de Colombianos y Mexicanos con las elecciones que se avecinan. Y entonces culpamos a los politicos (¡porque todos son unos ladrones!) o a la democracia (¡porque todo estaría mejor si los tecnócratas tomaran todas las decisiones!).

    Pero tal vez el problema son las elecciones mismas. Son tan frágiles, tan idílicas, tan inútiles, pero les seguimos teniendo fervor. El argumento más extendido lo escribí hace un par de días aquí: https://ricardopachon.com/2018/04/13/contra-las-elecciones/

    Llegue a tu columna por pura casualidad, cuando buscaba otros blogs que hablaran de este tema y estoy encantado leyendo el resto de artículos. Un saludo desde Londres.

    Ricardo

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  2. marinadeldesierto

    Jacinta gusto en conocerte a traves de tus escritos. Soy de nacimiento chilena. He vivido en Canada, EEUU, Peru, y ahora en Australia. Verdaderamente lo que tu escribes pasan en todos los países. La politica es una mier….. a nivel planetario y contra eso, la gente deja de votar. Nunca he votado en mi vida, ni nunca lo hare a no ser que sea mandatorio y por no votar te molten. El Consuelo de los tontos es decir, pero si nadie vota…Malo! pero nada se puede hacer. Necesitamos presidentes como uno de los ex presidentes de Uruguay Don José Mujica. El Planeta necesita muchos José Mujicas, pena que solo existe uno. Felicidades Jacinta, desde hoy te sigo en WordPress.

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  3. sama

    y eso que no tocaste el tema de la propaganda en esta campaña electoral, verdaderamente de pena ajena, de risa, una propaganda que parece que han contratado agencias publicitarias de 5 pesos, Spots y Jingles publicitarios que ni a fuerza los hacen rimar y que no nos dicen ni nos dejan nada en concreto, dicen que es un privilegio el ir a votar pero los de los privilegios son ellos con un montón de prebendas que reciben en sus puestos, vemos funcionarios nuevos en cargos como la procuraduría pasando encima de las leyes contratando familiares a placer con buenos sueldos o aumentándoselos (es lo primero que hacen cuando llegan) diputadas ignorantes que entraron con promesas de cambio de actitud y de mentalidad pero también caen en lo mismo de contratar a diestra y siniestra familiares, con solo ver las fotos de la propaganda te das cuenta que no son ellos desde ahí nos comienzan a mentir parece que todos han contratado al creador del Photoshop y verlos con esas sus rizas cínicas me da asco, es por demás Jacinta no hay esperanza, por cierto yo tampoco voy a ir a votar.

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