Columna de opinión
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¿Estamos listos?

A cup of coffee, on a desk with books and papers.

¿Estamos preparados, como humanidad, para enfrentar los retos que nos plantea el uso masivo de la inteligencia artificial? ¿Cuáles son nuestras carencias y expectativas al respecto? Si la IA es solamente una herramienta más a nuestra disposición, ¿por qué hay tantas voces que pregonan un futuro apocalíptico al aceptar la masificación de su uso?

En días recientes, el escritor mexicano Jorge Volpi publicó en el periódico El País un artículo de opinión titulado “Otra inteligencia”. En el mismo, Volpi sostiene que los grandes modelos de lenguaje (conocidos por su sigla en inglés como LLM) están concebidos a imagen y semejanza de nosotros, los humanos. El texto enlaza varios artículos y entrevistas que, por diversas razones, tienen posiciones algo fatalistas sobre el futuro uso de estas herramientas.

Fue por ese medio que leí una entrevista con el filósofo francés Éric Sadin, quien considera que la IA “apesta a muerte” y que debería ser prohibida porque “amenaza la creatividad, el talento y el intelecto”. También leí una entrevista con la estadounidense Emily Bender, profesora de lingüística computacional, quien considera problemático que estos modelos de lenguaje hablen en primera persona. Además, llama a los chatbots “loros estocásticos”, porque escogen las combinaciones de palabras según cálculos de probabilidades, lo cual no significa que entiendan lo que dicen.

También leí un texto de Cody Delistraty, articulista invitado de The New York Times, quien en septiembre del año pasado comentó la percepción generalizada del público sobre la IA como “algo mágico”. Terminé ese intensivo de lecturas con varios artículos sobre el caso de la novela Shy Girl (Chica tímida, traducción mía). Su autora, Mia Ballard, escribió la novela y la autopublicó en febrero de 2025. Poco a poco, el libro fue recibiendo atención favorable, tanto así que Hachette Book Group, uno de los grandes grupos editoriales de los Estados Unidos, la contrató y la lanzó en el Reino Unido. Algunas de las personas que la leyeron compartieron sus sospechas en Goodreads (la red social de lecturas) de que parecía escrita con IA. Max Spero, fundador de Pangram, un programa para detectar el uso de alguna LLM en libros, decidió evaluar la novela. El resultado indicó que el 78 % del texto estaba generado por alguna IA.

Shy Girl fue retirado de inmediato de librerías y se canceló su lanzamiento en los Estados Unidos. La autora negó haber usado alguna IA, pero dijo haber contratado a un conocido suyo para editar la versión autopublicada. Sería esa persona quien habría utilizado la IA al hacer las ediciones correspondientes.

Este caso dejó en evidencia que las editoriales no están preparadas (todavía) para este tipo de problemas. ¿Pero qué tan confiables son los programas de detección de uso de IA en los textos? Algunos lectores curiosos alimentaron dichos detectores con capítulos de novelas famosas y los resultados fueron tragicómicos.

El escritor español Jorge Carrión posteó en su cuenta de X (antes Twitter) la captura de una de estas herramientas que aseguraba que Cien años de soledad, la novela del colombiano Gabriel García Márquez, publicada originalmente en 1967, estaba 100 % escrita con IA. Hubo muchas bromas al respecto, pero también preocupaciones. Al escribir un artículo o someter cuentos, novelas o poemas a un detector de originalidad humana, ¿a quién vas a creerle: al escritor que jura que no usó ninguna IA para su creación o a la IA que “garantiza” que sí lo hiciste?

Menciono estos problemas relacionados con lo cultural y editorial, aunque el alcance y la expansión de la IA se extiende a diferentes áreas, como la educación, la política y los programas militares, entre otros.

En Dinamarca, por ejemplo, un colectivo de artistas fundó en el 2022 un partido político llamado Synthetic Party. Al frente estaba un chatbot llamado Leader Lars. Alimentaron su plataforma con propuestas políticas olvidadas e incumplidas desde el siglo pasado, hechas por partidos marginales daneses. Su propuesta sólo reunió 11 firmas de las 20.000 necesarias para participar en las elecciones.

En algunos países ya se considera la posibilidad de ceder parte de los servicios públicos para ser ejecutados por las IA. Cabe preguntarnos si algún día seremos gobernados por chatbots y las consecuencias que eso podría tener para nuestras sociedades: desde desempleo masivo, pasando por la deshumanización de la administración pública y la manipulación e influencia en las decisiones políticas de la ciudadanía.

En lo personal, trato de mantener la mente abierta a todas estas herramientas. Me informo, las pruebo y las incorporo (o no) a mi cotidianidad. En el caso de la IA, su funcionamiento no me impresiona. Me fastidia la insistencia de cada aplicación o programa de ofrecerme su uso como si fuera la panacea universal. Las pruebas que he hecho me han dejado insatisfecha. He perdido más que ganado tiempo en verificar información dudosa o haciendo cosas que puedo resolver por mi cuenta. La verdad es que evito usarla y que sigo escéptica a sus promesas.

La velocidad de los cambios tecnológicos que hemos vivido en las últimas décadas es tal que todavía no terminamos de asimilarlos. No hemos estudiado a fondo sus utilidades y las consecuencias, a mediano y largo plazo, que su imposición tiene en nuestras vidas, en particular, en la formación intelectual y psicológica de las nuevas generaciones. La mayoría de los países siguen sin desarrollar normativas legales que tienen que ver con los diferentes problemas que se originan, y seguirán originando, por el uso de estas herramientas. Tampoco hay suficientes discusiones sobre las normas éticas que deberíamos observar sobre el uso de la tecnología, las redes sociales y, ahora, la inteligencia artificial.

La incorporación de la IA implicará cambios profundos en la manera de realizar muchas labores. Hay que señalar también la huella ecológica y energética negativa que se produce con cada consulta o tarea solicitada. No sólo se trata del exceso de agua limpia necesaria para regular la temperatura de los servidores y la energía usada para mantenerlos funcionando día y noche, sino también de la tensión mundial por los materiales para la construcción de los chips y hardware que utilizan, así como del aumento de la temperatura local y global. Está confirmado que, en los alrededores de las instalaciones de estos servidores, la temperatura ambiente se incrementa en dos grados Celsius.

Es importante y urgente educar a la sociedad en cuanto al uso de las LLM para comprender que no se trata de artilugios mágicos ni de un robot que está a punto de cobrar conciencia humana. No son un ente que nos comprende ni siente simpatía alguna por nosotros. Es un modelo de lenguaje programado para contestar preguntas hurgando en la extensa base de datos de documentos públicos y privados disponibles en internet y comete errores que tenemos que estar listos a detectar.

Es difícil prever las consecuencias de su uso a mediano y largo plazo, sobre todo, insisto, en la formación de las nuevas generaciones. El entusiasmo masivo con el que están siendo absorbidas están creando nuevas dependencias y minimizando habilidades creativas y cognitivas.

¿Será que creemos, ingenuamente, que estas herramientas nos convertirán en mejores seres humanos si nos resignamos a su uso? ¿O es que ni siquiera nos importan ya dichas consecuencias?

(Publicado en La Prensa Gráfica, sección de opinión, domingo 3 de mayo de 2026. Foto propia de una esquina de mi escritorio).


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