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Faulkner at Virginia: an Audio Archive

William Faulkner fue el primer escritor invitado al programa de Writer-in-Residence de la Universidad de Virginia entre los años de 1957 y 1958. Sus charlas fueron grabadas y están a disposición en el enlace adjunto, así como fotos, conferencias, ensayos y artículos noticiosos que produjo durante su período en dicha Universidad.

Faulkner at Virginia.

Los Noveles #45

En esta edición con las colaboraciones de Luciano Lamberti (Argentina), Enzia Verduchi (México), Sergi Bellver (España), Griselda García (Argentina), Liliana Colanzi (Bolivia), Carlos Ramírez Vuelvas (México), Jorge Luis Chamorro (Perú), Ben Clark (España), Miriam Mabel Martínez (México) y Alexis Iparraguirre (Perú). Además, una terapia  musical a la poeta española Sara Herrera Peralta.

“El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio”: Roberto Bolaño

-¿Cuándo ha sido más feliz?
–Yo he sido feliz casi todos los días de mi vida, al menos durante un ratito, incluso en las circunstancias más adversas.

-¿Qué le hubiera gustado ser si no hubiera sido escritor?
–Me hubiera gustado ser detective de homicidios, mucho más que ser escritor. De eso estoy absolutamente seguro. Un tira de homicidios, alguien que puede volver solo, de noche, a la escena del crimen, y no asustarse de los fantasmas. Tal vez entonces sí que me hubiera vuelto loco, pero eso, siendo policía, se soluciona con un tiro en la boca.

-¿Confiesa que ha vivido?
–Bueno, sigo vivo, sigo leyendo, sigo escribiendo y viendo películas, y como les dijo Arturo Prat a los suicidas de La Esmeralda, mientras yo viva, esta bandera no se arriará.

“El mundo está vivo y nada vivo tiene remedio” – Diario Los Andes.

Allan Mills en Círculo de Poesía

Una muestra de inéditos del guatemalteco Alan Mills se comparte en la revista electrónica Círculo de Poesía:

Polaroid

Finalmente he podido tocar

Al engendro que fui.

Lo hice a través de una fotografía polaroid,

Pegada en la pared.

Al principio parecía yo mismo,

A mi edad actual,

Nada denunciaba el hallazgo

De ningún ser sin Tiempo.

Todo fue comenzar a rascar el material,

El papel con la luz acumulada perdió capas

Y más capas hasta que perforé el muro.

Frente a mí se abrió un agujero negro.

Parece el interior de un caracol.

Avanzaba hacia a mí una especie de luz,

Una iluminación imposible de explicar.

Y pude verme partícula por partícula,

Me sentí pasando por cada poro de mi piel,

Era la energía ya caminando dentro de mí,

La psique de un agujero negro,

Tragándose al Universo.

Foja de Poesía No. 277: Allan Mills – Círculo de Poesía.

Retrato de la hija cachorra

Los dos grandes mitos que eternizaron a Dylan Thomas –el record de 18 whiskies antes de morir en el hoy en venta Chelsea Hotel, y su nombre bautizando a Bob Dylan y dándole letra a la cultura del rock– ni siquiera son mencionados en estas memorias de su hija Aeronwy. Sin embargo, Paisajes de mi padre cumple de manera notable con ese extraño requisito que deberían tener las obras que se proponen abordar mitos verdaderos: como el agua de mar en medio de un desierto, a medida que satisface la curiosidad genera una avidez aún mayor por seguir sabiendo. Poemas, relatos, cartas, fotos, canciones y películas; todo aquello de Dylan Thomas que esté revoloteando por ahí va a caer inexorablemente a nuestras manos mientras se lee esta obra mítica; tan dylaniana –los rasgos faciales de padre e hija son idénticos y su escritura hace recordar a algunos de los cuentos de Retrato del artista cachorro– como dylaniana –el pelo alborotado y el rostro anguloso construyen casi un homenaje a Blonde on Blonde–.

Página/12 :: libros.

El padecimiento continuo

Nadie gana, es solo que unos pierden más despacio. (…)

La única ciudad eterna está en el corazón humano. Bukowski por los siglos. Rey Charles forever.

El padecimiento continuo.

Aldous Huxley: The most beautiful death

I had been warned in the morning that there might be some up-setting convulsions towards the end, or some sort of contraction of the lungs, and noises. People had been trying to prepare me for some horrible physical reaction that would probably occur. None of this happened, actually the ceasing of the breathing was not a drama at all, because it was done so slowly, so gently, like a piece of music just finishing in a sempre piu piano dolcemente. I had the feeling actually that the last hour of breathing was only the conditioned reflex of the body that had been used to doing this for 69 years, millions and millions of times. There was not the feeling that with the last breath, the spirit left. It had just been gently leaving for the last four hours. In the room the last four hours were two doctors, Jinny, the nurse, Rosalind Roger Gopal – you know she is the great friend of Krishnamurti, and the directress of the school in Ojai for which Aldous did so much. They didn’t seem to hear what I was saying. I thought I was speaking loud enough, but they said they didn’t hear it. Rosalind and Jinny once in a while came near the bed and held Aldous’ hand. These five people all said that this was the most serene, the most beautiful death. Both doctors and nurse said they had never seen a person in similar physical condition going off so completely without pain and without struggle.

We will never know if all this is only our wishful thinking, or if it is real, but certainly all outward signs and the inner feeling gave indication that it was beautiful and peaceful and easy.

El blog Letters of Note, especializado en cartas, notas, apuntes y todo tipo de papeles de escritores y otras personalidades, posteó la carta de la viuda de Aldous Huxley, Laura, donde describe con todo lujo de detalles los últimos momentos de la vida del autor. La carta, dirigida al hermano de Aldous, detalla que le fue administrado LSD a petición del mismo escritor y bajo supervisión médica. Su viuda asegura que eso convirtió su paso a la muerte en algo mucho más sereno. La transcripción completa de la extensa carta se puede encontrar en el enlace.

Letters of Note: The most beautiful death.

The History of Science Fiction (by Ward Shelley)

Les recomiendo estudiar detenidamente este excelente diagrama hecho por Ward Shelley que hace un recorrido por la historia de la literatura fantástica, de ciencia ficción y de terror así como su relación con otros géneros como las novelas del oeste o de detectives. Para asimilarlo mejor, recomiendo comenzar por la esquina superior izquierda, donde el miedo y el asombro son el nudo que va desatando las primeras historias, leyendas y mitos que poco a poco van conformando estos páramos literarios. (Reproducido con autorización del excelente blog literario Biblioklept, tomado a su vez de Flavorwire. Para verlo mejor, hacer click en el botón derecho del mouse, abrir en una pestaña nueva y luego hacer click en la imagen para aumentarla).

William Carlos Williams – Asfódelo

Del asfódelo, esa flor algo verde,
igual que un botón de oro
sobre su tallo bifurcado
—si no fuera porque es verde y leñoso—
yo vengo, querida,
a cantarte.
Vivimos mucho tiempo juntos
una vida llena,
si quieres,
de flores- Así que
me alegré
apenas supe
que también había flores
en el infierno.

William Carlos Williams – Asfódelo : Ignoria.

En inglés: Asphodel, That Greeny Flower (excerpt).

Un friso oscuro y esplendoroso

La vida del escritor Augusto Roa Bastos es tan impactante como una de sus novelas. Exiliado de Paraguay llegó a la Argentina donde escribió Hijo de hombre, novela con la que obtuvo el premio Losada, con la que ganó además repercusión internacional. Sergio Ramírez prologa ahora la reedición que ha hecho Eterna Cadencia y hace un breve recorrido sobre todo por la infancia del autor:

[C]uentan sus biógrafos que en 1925, Augusto había sido enviado a Asunción para que siguiera sus estudios en el Colegio de San José, al cuidado de un tío de su padre, el obispo Hermenegildo Roa, lo que puede sonar un grato privilegio. Pero según le contó a Tomás Eloy [Martínez], “tenía un solo par de medias y vivía muerto de hambre”, el más pobre entre todos los alumnos de diversas edades, hacinados en un dormitorio comunal.

Para ese viaje a Asunción, emprendido a los ocho años de edad, estrenó unos zapatos con suela crepé. Era la primera vez que salía de Iturbe, y la primera vez que se subía a un tren. Los zapatos los había comprado ahorrando las monedas que recibía de su padre por barrer las estancias y lavar los trastos de la cocina. En sus recuerdos, o en su imaginación, eran unas veces unos zapatos usados, y otras, aunque nuevos, tan duros que le costó un mundo amansarlos.

Un friso oscuro y esplendoroso « Eterna Cadencia.

Entre líneas: Antonio di Benedetto

“Primero estuvo detenido unos meses en Mendoza, en el Colegio Militar. No se lo podía ver, pero sí llevarle ropas y alimentos. Cuando lo trasladaron sorpresivamente a la Unidad 9 de La Plata, no nos dijeron adónde lo habían llevado. Empezamos a buscar con Bernardo Canal Feijóo, y los dos, cada uno por su lado, logramos saber su destino. (…) Estuvo preso un año y siete meses, desde marzo de 1976 hasta septiembre de 1977. Yo pedí a todo el mundo que hiciese lo posible para lograr su libertad. Finalmente el Premio Nobel de Literatura Heinrich Böll le envió un telegrama a Videla”.
Antonio Di Benedetto sufrió cuatro simulacros de fusilamiento y numerosos golpes. Sin poder escribir, porque le rompían todos los papeles, encontró entonces un ardid: “Me mandaba cartas donde me decía: ‘Anoche tuve un sueño muy lindo, voy a contártelo’. Y transcribía el texto del cuento con letra microscópica (había que leerla con lupa). Después esos cuentos se editaron bajo el título de Absurdos. Con el anticipo que le dio el editor viajó a Europa, dio algunas vueltas y se instaló en España”.

Artículo completo en: Página/12 :: libros.

«Caballo en el salitral», un cuento de Antonio di Benedetto.

El Biblioburro

La burra se llama Alfa, el burro se llama Beto y junto con el profesor Luis Soriano Borges conforman el Biblioburro. Viajan por las poblaciones de Colombia donde no hay bibliotecas porque «si los niños no tienen bibliotecas, hay que inventarse una; si esos niños del monte no tienen biblioteca, hay que llevarles la biblioteca hasta allá».