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Un avance de la novela Heterocity de Mauricio Orellana Suárez


Marvin tenía que aprovechar. Sin un socio de cacería, era un imposible imperativo para su exceso de orgullo paranoico y de pudor (que le hacía creerse un rostro destacado y reconocible dentro de los circos muy de masas) pensar siquiera en llegar y estarse solo en un lugar como “ese”, porque él, el estudioso, se volvía allí un animalejo blanco del escudriñar de más de alguno de los estudiados.

“La gente, y no solo de los circos muy de masas sino a todo nivel, no deja de zampar la nariz en lo que no le incumbe cuando alguien llega a estacionarse solo a un sitio concurrido casi exclusivamente por grupos de amigos en parranda, y entonces se preguntan qué hará ahí ese pendejo oscuro, de cara desencajada, cachorro de extraterrestre abandonado en la jaula de las hienas por un videoclip de Moby. ¿Será un turista perdido?, ¿un pobre diablo recién mandado a freírse el llanto por una de esas noviecitas con cara de monja que terminó sacándole las vueltas, en la pista central del circo, montando y desmontando el miembro de caballo de su jefe en la oficina?, ¿o un desesperado hormonal que busca, el muy desubicado, descargarse la testosterona con alguna de las meseras maestras en cuidarse mucho de las propuestas impropias de algunos de los 6 más desatinados clientes-siempre-tienen-la-razón?, ¿o un maricón, qué asco, que busca que un borracho que ya no sabe cuántos dedos índices tiene en la siniestra, le haga una explosión en el esfínter tras un célere bombeo precursor (en ese caso el indagador de propósitos acompañará su inquisición visual con un gesto desaprobatorio, ceñudo y desafiante, faltaba menos), ¿o un tipo muy cancha que se cree que puede venir a untar la suprema seguridad que tiene en sí mismo en sus narices?, ¿o nada más un marginado consuetudinario? En todo caso el tipo da dos cosas: lástima o rabia, es un ser que amerita ya sea la misericordia o la desaprobación de los otros y su honesto agradecer en silencio el que sea él quien se traga ese rol de solitario en lugar concurrido y no ellos, uff, qué alivio”, le había dicho Marvin a Jared en el otro café, el de años después, el de siempre desde entonces, el del centro comercial.

Continuar leyendo el primer capítulo de Heterocity, novela ganadora del Premio Centroamericano de Novela "Mario Monteforte Toledo" 2010, del salvadoreño Mauricio Orellana Suárez.

«La soledad de la batalla», Juan Murillo

Se realiza en estos días en Guatemala la Feria Internacional del Libro FILGUA 2011, sin duda el evento de libros más importante de Centro América. Como ya es costumbre, se realizan diversos actos de presentaciones de libros, entrevistas y encuentros entre lectores, escritores, editores y público en general.

Entre los asistentes se encuentra el costarricense Juan Murillo, quien acompañará a Mauricio Orellana Suárez en la presentación de la novela Heterocity, ganadora del Premio Centroamericano de Novela «Mario Monteforte Toledo» 2010, publicada en Ediciones Lanzallamas.

Aquí un cuento de Juan Murillo: La soledad de la batalla | Las Malas Juntas.

Presentación en Guatemala de Heterocity de Mauricio Orellana Suárez

Hemingway, Hounded by the Feds

 

In November I went out West for our annual pheasant shoot and realized how wrong I was. When Ernest and our friend Duke MacMullen met my train at Shoshone, Idaho, for the drive to Ketchum, we did not stop at the bar opposite the station as we usually did because Ernest was anxious to get on the road. I asked why the hurry.

“The feds.”

“What?”

“They tailed us all the way. Ask Duke.”

“Well … there was a car back of us out of Hailey.”

“Why are F.B.I. agents pursuing you?” I asked.

“It’s the worst hell. The goddamnedest hell. They’ve bugged everything. That’s why we’re using Duke’s car. Mine’s bugged. Everything’s bugged. Can’t use the phone. Mail intercepted.”

Hemingway, Hounded by the Feds – NYTimes.com.

The Book Cover Archive

 

No cabe duda que una de las cosas que hacen atractivo al libro, como objeto, es la calidad de su edición. Y dentro de ello, el primer golpe de ojo que ocasiona una portada es vital para que un lector tome un libro de entre los cientos que pueden ofertarse en una librería. Muchas veces nos hemos visto seducidos a comprar un libro por su portada, aunque el autor o el contenido no sean precisamente los mejores. Lo ideal por supuesto, es una combinación de buen contenido con buena edición. En fin, aquí un blog dedicado exclusivamente a cubiertas de libros de autores y editoriales conocidos y desconocidos.

The Book Cover Archive.

Radio Ati en FILGUA 2011

«No sabemos nada y eso es lo fascinante», Wislawa Szymborska

A menudo, cuando voy a algún sitio, me ponen un micrófono en la boca, porque ha sucedido algo en cualquier parte del mundo, y me preguntan: ‘¿Qué piensa usted sobre esto?’. Siempre respondo lo mismo: ‘Tengo que pensarlo’. ‘No, no -me dicen-, lo necesitamos ahora.’ ‘Necesito tiempo para reflexionar sobre ello, tal vez mañana pueda responderles.’ ¡Y nunca lo aceptan! Que alguien se tome un día para pensar qué dice sobre algo importante está fuera de su lógica. Hay mucha gente que acepta dar esa respuesta inmediata, y a menudo se trata de frases estúpidas. Soy de esas personas que todavía creen que todo debe ser pensado un poquito, y que la primera impresión no siempre es la más acertada, la más coherente y la mejor. De hecho, escribo de la misma forma: tengo que andar, pensar, darle vueltas, ir de un sitio a otro…».

Entrevista completa con Wislawa Szymborska en Magazine.

¿Arte o crueldad?

Advertencia: Si usted es de sensibilidad delicada, le recomiendo no leer la columna de hoy (o puede saltarse los siguientes 6 párrafos), porque tengo que arrancar con unas descripciones bastante desagradables. No quiero perturbar su apacible día domingo.

Katinka Simonse es holandesa. Su nombre artístico es “Tinkebell”, similar al hada que acompaña a Peter Pan, sólo que sin la “r”. Simonse se dio a conocer en el 2004 con un proyecto llamado “Mi queridísima gata Pinkeltje”. El evento consistió en torcerle el pescuezo a su gata y despellejarla luego con sus propias manos, para utilizar la piel de la víctima y convertirla en una cartera.

Interrogada sobre los motivos de este acto, Simonse dijo que la gata estaba enferma y que de todos modos iba a morirse, así es que le pareció que lo mejor era que el animal muriera por su propia mano. ¿Pero hacer una cartera con la piel de la gata? Explicó que era para tener a su animalita siempre con ella. Luego se dedicó a dar talleres donde explicaba cómo torcerle el pescuezo a un gato y hacer una cartera con su piel.

No es este el único acto “artístico” de la susodicha. En el 2007 compró 60 pollitos macho de descarte de una granja, y en un evento en un mercado público anunció mediante un megáfono que echaría los pollitos a una trituradora de papel. Si la gente quería salvarlos, debía comprarlos. Se vendían a 15 euros cada uno.

Pese a la indisposición generalizada de los asistentes, sólo se vendieron 9 pollitos. Pero algunos llamaron a la policía para detener aquella masacre. Simonse explicó el motivo detrás de toda aquella demostración: miles de millones de pollitos macho son gaseados o triturados vivos cada año porque no pueden poner huevos, su carne es dura y como objeto de producción no son rentables y no sirven para nada. Con este acto quería dar a conocer esta masacre cotidiana de animales. Leer más

Literary homes

El periódico The Telegraph compartió esta serie de casas de escritores. Entre ellas están las de Agatha Christie, las hermanas Brönte, Jane Austen, Henry James y la que ilustra esta entrada, la casa donde se supone nació y creció William Shakespeare.

Literary homes – Telegraph.

El espejismo generacional

La distancia del mundo que concede la vejez permite ver las cosas de otra manera. Se puede ser un cascarrabias, como lo fueron un puñado de autores insignes, pero alcanzar también una lucidez fruto del reconocimiento de los propios errores y del abandono de todo espíritu de clan y afán de competencia. El creador, enfrentado a la cercanía de su desaparición física, no rivaliza ya con nadie; ve las cosas y su vida a distancia; elude la trampa del espejismo generacional y del “localismo temporal” del que habla Azaña. Sabe que la historia coloca a cada cual en el lugar que le corresponde: al innovador rebelde en el suyo, y a quienes confunden creatividad con éxito de ventas o visibilidad mediática en la plenitud de su nada.

Juan Goytisolo: El espejismo generacional.

De Alaska, Horacio Castillo

El ojo de la foca -mi amuleto- me llevará hasta el oso blanco.

¿Hay algo más bello que perseguir al oso blanco en el océano blanco?

Hace muchos sueños que sigo sus rastros, estas pisadas

en la nieve que el viento borra y no llevan a ninguna parte;

y los ojos, de tanto mirar, ya han dejado de ver.

Pero a veces, en la inmensa blancura, he creído escuchar

una especie de lamento,

un bostezo no parecido al de ninguna otra criatura viviente;

y cuando aparecen los primeros pelos de la sombra

y el sol sangra cada vez más hasta desaparecer,

alguien ha visto una silueta sobre la ladera

convirtiendo la noche en el día, la oscuridad en luz.

Ahora se ha agotado el aceite de la lámpara,

las estrellas emigran hacia la tierra del caribú

y los hombres, excitados, colocan las trampas,

esperan la presa que se oculta para mostrarse.

¿Qué es ese resplandor en la escarpada colina?

Tres veces he frotado el ojo de la muerte,

tres veces prometí las vísceras a los hombres y los perros,

tres veces ofrecí como cebo mi corazón.

Y un día temblarán los cielos y la tierra,

un día la vara mortal atravesará su cuerpo,

y entonces colgaremos de un asta su vejiga

para ahuyentar la sombra y el espíritu de la sombra.

Luego arrastraremos sus restos cuesta abajo, hacia el mar,

y envueltos para siempre en la piel inmaculada,

seguiremos la marcha riendo clamorosamente

y dándonos los unos a los otros grandes palmadas en la espalda.

 

(De Alaska, 1993).

Más poemas de Horacio Castillo:

-Blog de poesía Faro vacío.

-Poema «Tren de ganado».

El extranjero de Albert Camus: posibles ilustraciones

Uno de los libros que más he releído en la vida es El extranjero de Albert Camus. Según las anotaciones de mi muy amarilla edición de 1984 de Alianza Editorial, la he leído 5 veces. La primera vez, en 1980, no fue en este preciso ejemplar que tengo desde el 85, sino en uno prestado.

En estos días lo saqué del estante de mis libros de cabecera, lo abrí y me volví a enganchar. Voy, pues, por la sexta relectura. Afortundamente mi memoria es tan corta que eso me permite volver a leer un libro y sentirlo como si fuera nuevo. O acaso, eso es lo que hace a un libro (o a un texto) bueno: que en cada relectura te dice cosas nuevas, te hace percibir cosas que antes pasaste por alto.

Casualmente descubrí ayer en The Guardian esta serie de ilustraciones basadas en la novela. Son los finalistas de un concurso para ilustrar una nueva edición de El extranjero que hará la Folio’s Society. Hay varias muy buenas que captan bien ese aire seco y descarnado del libro.