Envejecer con dignidad
Ya es costumbre: cuando alguna actriz o personalidad aparece en público con visibles cambios faciales resultantes de algún tratamiento estético, los opinadores se lanzan a condenar su nuevo aspecto. Para muchos, todo se resume en un comentario: “hay que envejecer con dignidad”. Esa frase siempre me queda dando vueltas por todas las implicaciones que encierra. Se utiliza sobre todo al criticar a las mujeres, aunque también hay hombres que se hacen tratamientos. La reacción aplica también al ver a gente de cierta edad vestir con ropa colorida, bailando en alguna fiesta o anunciando una nueva relación afectiva con una persona que tiene menos años. “Están en crisis por la edad”, concluyen los opinadores. Parece que pocos se dan cuenta de que, al decir que alguien debe envejecer con dignidad, están cayendo justo en el mismo juego: la crítica basada en el aspecto físico de los demás, en lo que una persona haga o deje de hacer en referencia a su cuerpo, su rostro, su pelo, su vestimenta, su actitud y sus decisiones afectivas. Es, precisamente, …
