Columna de opinión
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Protestas, arte y cambio climático

El pasado 22 de julio, tres miembros del grupo italiano Ultima Generazione, realizaron una protesta frente al cuadro “La primavera” de Sandro Boticelli. Dos de los participantes pegaron sus manos sobre el vidrio de seguridad que protege la obra, mientras un tercer miembro ayudaba a desplegar una manta donde se leía “Última generación. No al gas. No al carbón”.

La emblemática obra del Renacimiento, en exhibición en la Galería del Ufizzi, en Florencia, se calcula fue pintada entre 1477 y 1482. Las autoridades del museo actuaron con rapidez para retirar a los jóvenes del lugar. Estos serán acusados por los delitos de interrupción de un servicio público, resistencia a un funcionario público, realizar una manifestación no autorizada y destrozo de bienes, pese a que ni la pintura ni el vidrio de seguridad sufrieron daño alguno. Mientras tanto, los acusados recibieron la orden formal de no volver a Florencia en los próximos tres años, medida que también se aplica en toda Italia contra los fanáticos violentos de los clubes de futbol.

Miles de personas protestaron, a través de redes sociales, sobre lo que muchos calificaron como vandalismo y como “profanación de una obra de arte que debería considerarse sagrada” (según numerosos comentarios que leí sobre el tema). Los activistas de Ultima Generazione explicaron que se asesoraron previamente con restauradores de arte para saber qué tipo de pegamento usar, de manera que no causara daños. Dijeron que la intención de su protesta no es dañar cuadros sino llamar la atención sobre la indiferencia global y la inacción de las grandes corporaciones y gobiernos para tomar medidas efectivas que ralenticen los efectos del cambio climático.

Ante el reclamo de que dichas protestas no deberían realizarse en los museos sino en las corporaciones que explotan gas y carbón, los activistas respondieron que lo han hecho, pero que cuando eso ocurre, las acciones ni siquiera llegan a ser reportadas por la prensa, por lo que decidieron cambiar de estrategia y hacerlo en lugares donde el ojo público sí escuche su mensaje.

Ultima Generazione, que se define como “una organización de desobediencia civil pacífica contra el colapso ecoclimático”, asegura que continuarán sus protestas. “De la misma manera en que defendemos nuestro patrimonio artístico, debemos dedicarnos al cuidado y protección del planeta que compartimos con el resto del mundo”, dijeron en sus redes sociales.

Esta es la más reciente de una racha de protestas que se realizan en museos y eventos públicos para lograr generar conciencia y discusión sobre los daños climáticos. En mayo de este año, un hombre entró al Museo del Louvre, en París, disfrazado de mujer mayor en silla de ruedas, y untó de pastel la mampara que protege a la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. Al ser retirado del lugar, el joven gritó que su acto era “una protesta contra las personas que están destruyendo al planeta”.

Miembros del grupo francés llamado Dernière Rénovation (Última Renovación) obstaculizaron en cuatro ocasiones el desarrollo del evento ciclístico Tour de France de este año. El partido de la segunda semi final del Torneo Abierto de Tenis Roland-Garros fue interrumpido durante 15 minutos, cuando una muchacha, miembro de la misma organización, se encadenó a la red protestando contra la inacción sobre el cambio climático.

En el Reino Unido, miembros de la organización Just Stop Oil, pegaron sus manos a los marcos o vidrios protectores de obras de J.M.W. Turner, George Stubb, Vincent Van Gogh, John Constable y Leonardo da Vinci. Este grupo buscar detener la emisión de licencias para nuevos proyectos de extracción de gas y petróleo.

Al igual que Ultima Generazione, una vocera de Just Stop Oil señaló que protestas anteriores realizadas en terminales petroleras habían tenido escasa, si acaso alguna, cobertura periodística, mientras que la acción ante el cuadro de Van Gogh dio la vuelta al mundo. Por ello, decidieron cambiar de estrategia. De hecho, varios de los arrestados en este tipo de actividades, aprovechan sus juicios para informar y hacer conciencia sobre el cambio climático y sus consecuencias, algo que aseguran, está a la vista pública a través de los diferentes incendios y centenares de personas que han fallecido a causa de los golpes de calor este año.

Mientras tanto, entre enero y junio de este año, se han deforestado unos 4.000 kilómetros cuadrados en el Amazonas; China se propone aumentar la producción de carbón en 300 millones de toneladas este año; y la República Democrática del Congo quiere subastar tierras para la explotación de gas y petróleo, y cuyo dinero deberá servir para financiar programas de reducción de la pobreza y generar crecimiento económico en aquel país. Dichas tierras incluyen el santuario de gorilas más importante del mundo, en el Parque Nacional Virunga, y las turberas tropicales de la cuenca del Congo, que almacenan gran cantidad de carbono el cual, de ser liberado a la atmósfera, generaría una catástrofe global.

 Ante los cuestionamientos sobre esta decisión, el asesor del ministro de hidrocarburos del Congo, Tosi Mpanu Mpanu, declaró que “nuestra prioridad no es salvar al planeta”. Actitud que recuerda al presidente brasileño Jair Bolsonaro, cuando declaró en Naciones Unidas: “Es falso decir que el Amazonas es patrimonio de la humanidad y decir que nuestro bosque es el pulmón del mundo no tiene sentido”.

Desde la década de 1970 se viene protestando y luchando por temas ambientales, pero lo que se ha implementado para aminorar los efectos del cambio climático ha sido muy poco. Tanto así que estamos siendo testigos del inminente desastre.

Muchos de los participantes en estas protestas, la mayoría muy jóvenes, afirman sentirse frustrados por la inacción colectiva y por la indiferencia o ligereza de opinión sobre el desastre ecológico, de cuyo inicio ya estamos siendo testigos. ¿Qué más debe ocurrir para que tomemos este tema en serio?

Puede ser que estas formas de protesta molesten a muchos, pero estamos perdiendo de vista lo importante: el mensaje y el reclamo de una juventud, que mira con angustia su futuro cercano.

(Publicado en La Prensa Gráfica, sección de opinión, domingo 31 de julio, 2022. Foto: los manifestantes frente a la Primavera de Boticelli. Laura Lezza/Getty Images, en Busines Insider Mexico).

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