Exageraciones de la corrección política

El viernes 26 de enero de este año, el cuadro “Hilas y las ninfas” del pintor británico John William Waterhouse fue retirado de exhibición en la Manchester Art Gallery de Inglaterra. En su lugar, los visitantes encontraron un letrero explicando que el cuadro había sido retirado de manera temporal para impulsar la conversación sobre cómo se exhiben e interpretan las obras de arte en su museo.

Junto al letrero que anunciaba el retiro del cuadro había papelitos Post-it, para que el público pudiera dejar un comentario. No sólo fue retirado el lienzo sino también las postales de la misma imagen que se vendían en la tienda del museo.

El cuadro en cuestión es una representación del momento en que Hilas, uno de los argonautas, acompañante y sirviente de Heracles, es abducido por un grupo de ninfas en la fuente Pegea, de Misia. Las ninfas están desnudas, semi sumergidas en el agua e incitan al joven a sumergirse con ellas.

La indignación que esto causó entre los visitantes del museo se convirtió muy pronto en noticia internacional. Clare Gannaway, la curadora, salió al paso diciendo que no se trataba de un acto de censura sino de una forma de impulsar una discusión necesaria en la actualidad. De hecho, la situación es parte de una acción artística de Sonia Boyce, quien analiza los “problemas de género” en la pintura y la cultura del siglo XIX. Durante el retiro del cuadro estuvieron presentes varios curadores y artistas. El evento fue filmado y el video del mismo será presentado en la retrospectiva de la obra de Boyce, que tendrá lugar de marzo a septiembre de este año.

El cuadro de Waterhouse se encontraba en un salón llamado “En busca de la belleza”, un nombre que a Gannaway le parece incorrecto porque contiene “artistas masculinos persiguiendo el cuerpo femenino, representado en forma decorativa o de ‘femme fatale’”. Gannaway admitió que los actuales movimientos de #MeToo y “Time’s Up” la habían hecho reflexionar sobre el contenido del museo.

El asunto hace recordar otro caso ocurrido hace poco. La empresaria Mia Merrill encabezó una colecta de firmas para que el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York bajara el cuadro “Teresa soñando”, del pintor franco-polaco Balthus. En el cuadro, una niña está sentada con las manos apoyadas sobre su cabeza, los ojos cerrados y la pierna izquierda flexionada, apoyada en un banco, mientras un gato come en el suelo. La posición de la pierna de la niña, que está vestida con blusa manga corta y falda, permite ver una parte de su ropa interior.

Merrill decía que el cuadro era una incitación a la pedofilia. Pedía que si se iba a continuar exhibiendo, que por lo menos se colgara una advertencia diciendo que algunos espectadores se sienten perturbados o insultados ante dicho cuadro. El Museo se negó a ambas peticiones, reiterando su deseo de contribuir en la continua evolución de la cultura “a través de la discusión informada y el respeto a la expresión creativa”.

Descalificar como arte o retirar el acceso público a obras cuyo contenido resulta incómodo de acuerdo a nuestras creencias particulares, es no comprender los mecanismos de la representación artística. No se puede leer las obras del pasado aplicando la visión política e interpretaciones ideológicas del presente sin que algo se tuerza en el camino. Es necesario conocer el contexto en el que la obra fue creada para comprender los elementos que la componen y los motivos por los cuales fue representada de esa manera.

Retirar obras de arte de museos por ser políticamente incorrectas es una forma de censura. Se convierte en tal desde el momento en que quien tiene el poder de decisión sobre lo que vemos, teme o desconfía de la interpretación que haga el espectador de la obra, que es precisamente una de las particularidades del arte: el nulo control del artista sobre la interpretación de su obra. Esta se complementa, se nutre y se enriquece con las múltiples interpretaciones surgidas entre los receptores. Cuando una institución o ideología pretende “explicar el mensaje de la obra” y plantearlo como una interpretación única, lo que hay es imposición ideológica, no un ejercicio pleno del derecho de cada individuo de tener y formar una opinión propia.

La lucha feminista actual está haciendo visibles las diversas maneras en que las mujeres han sido (y siguen siendo) abusadas, violentadas, subestimadas, invisibilizadas y discriminadas. Ojalá que las denuncias ya realizadas y las que estén por venir, logren cimentar los cambios sociales que se necesitan para que las desigualdades de diversa índole que rigen las relaciones entre hombres y mujeres lleguen a fundar prácticas y manifestaciones de auténtica igualdad. Pero para lograr esos cambios es imprescindible cambiar conductas y pensamientos de manera estructural. Eso se logrará con educación e información, no con censura; con discusión e intercambio de opiniones, no con la imposición de verdades absolutas.

Para quienes concebimos el arte como un espacio de libertad plena, el impulso creativo es una herramienta que nos permite explorar al ser humano, plantear preguntas sobre nuestra realidad y nuestro presente, reflexionar sobre nuestro tiempo y nuestra circunstancia. Pero para que la obra resultante manifieste plenamente lo que queremos decir, es importante no pensar en la corrección política, es decir, no auto censurarse.

El exceso de corrección podrá afectar la creación artística y literaria forzando narrativas y contenidos si el artista se doblega ante ello, pero también forzará la lectura del espectador o receptor de la obra de arte, como en los casos de los cuadros de Waterhouse y Balthus.

Justo hoy que escribo esto, 3 de febrero, la Manchester Art Gallery anunció que ha vuelto a colgar el cuadro de Waterhouse en su lugar, luego de las incontables acusaciones de censura recibidas desde todas partes del mundo.

Hay una fina línea que separa la corrección política del fanatismo. La exageración y la censura son dos maneras de cruzarla.

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador, domingo 11 de febrero 2016. Ilustración de portada: “Hilas y las ninfas” de John William Waterhouse).