Visibilizar la vulnerabilidad

El ser humano es el peor enemigo de sí mismo. Fue lo primero que pensé cuando me enteré de la masacre en la discoteca Pulse en Orlando, Florida, ocurrida la madrugada del domingo 12 de junio de este año. Me di cuenta de la noticia cuando los datos iniciales todavía hablaban de 20 muertos pero la policía advertía que podía haber “muchos más”. Un par de horas después, el número de víctimas había aumentado a 50 y había un número similar de heridos.

El segundo pensamiento que tuve fue dedicado a mis amigos gays y lesbianas. Gente a la que conozco y respeto. Gente con calidad humana admirable y cuya amistad celebro. Temí por cada una de esas amistades. Lo pensé porque la masacre de Orlando me dejó convencida de que la comunidad LGBTQ es un grupo con alto riesgo de ser blanco de agresiones y violencia de múltiple naturaleza.

Lo tercero que se me ocurrió fue una pregunta. A medida que avanzaba aquel domingo, se comenzó a decir que la matanza de Orlando era “la peor masacre” con armas de fuego en Estados Unidos. Me pregunté si podría decirse que era también la peor masacre contra la población gay. También me pregunté cuál, si no ésta, lo sería.

Recordé los campos de concentración nazis. Porque las matanzas ejecutadas por los nazis no se limitaron a los judíos. Opositores del nazismo, asesinos, vagabundos, migrantes, testigos de Jehová, romas y sintis (conocidos como “gitanos”), evasores del ejército, reincidentes criminales, “profanadores de la raza” así como homosexuales y lesbianas fueron también enviados a los campos de concentración y exterminados en masa, igual que los judíos.

De hecho, la ley que criminalizaba los “actos homosexuales” en Alemania no fue abolida hasta junio de 1969. La vigencia de esa ley, aún después de terminada la II Guerra Mundial, impidió que los asesinatos cometidos contra la población homosexual fueran incluidos en los Juicios de Núremberg como crímenes contra la humanidad. Debido a esa misma ley, dicha población no tuvo derecho a recibir la compensación económica que sí se ofreció después a los sobrevivientes judíos.

Aunque investigadores y académicos confirman que hubo un genocidio gay de parte de los nazis, es difícil establecer un dato fiable de bajas totales. El número que se usa con más frecuencia oscila entre los 5.000 y 15.000 homosexuales muertos. Mucho más complicado es segmentar esta cifra entre hombres y mujeres. Las lesbianas, por su condición de mujeres, y por lo tanto, aptas para parir hijos a la nación alemana, tuvieron un trato algo más flexible que los hombres y la persecución contra ellas fue menos feroz.

La masacre de Orlando también desempolvó el poco conocido recuerdo del incendio en el Upstairs Lounge, un bar gay ubicado en el French Quartier de Nueva Orleáns, el 24 de junio de 1973. Un coctel Molotov lanzado a las escaleras de entrada provocó un incendio que ocasionó la muerte de 32 personas. Los presentes en el bar eran miembros de la Metropolitan Community Church, una iglesia que aceptaba a la comunidad homosexual. Estaban reunidos para cenar después de finalizado el servicio religioso. El reverendo Bill Larson fue una de las víctimas del incendio.

No sería sorpresa enterarse de diversos crímenes de odio contra la población LBGTQ ocurridos en cada país del mundo y de los cuales poco o nada se sabe, debido a que los medios minimizan o ignoran las agresiones a dicho grupo. Amnistía Internacional afirma que hay casi 80 países que tienen leyes que criminalizan las relaciones consensuales entre personas del mismo sexo. Los castigos van desde latigazos en Irán, prisión en Argelia, cadena perpetua en Bangladesh hasta la pena de muerte en Mauritania, Arabia Saudita, Sudán, Yemen y algunos estados del norte de Nigeria.

En El Salvador es ineludible mencionar la desaparición y asesinato de una decena de mujeres trans en la zona de La Praviana durante los años ochenta, un crimen del que se tiene pocos y confusos detalles. Se sabe nada más que miembros de los cuerpos de seguridad hicieron una redada de mujeres trans en la zona mencionada y que nunca se volvió a saber de ellas. Cuando sus familiares buscaron información en los diferentes cuarteles y cárceles, las autoridades se burlaban o insinuaban que ya estaban muertas. A pesar del temor de algunos testigos de hablar sobre el hecho (temor duplicado por la situación de persecución política que se vivía en aquel tiempo), éste pasó a ser el único caso de violencia contra la población LGBTQ que fue documentado por defensores de los derechos humanos durante la guerra salvadoreña.

En el país resulta difícil tener un registro fiable de crímenes contra la población LGBTQ debido a que las autoridades registran las víctimas de homicidio con la definición sexual que muestra su documento de identidad. Esa definición se limita a dos opciones: hombre o mujer. Varias organizaciones independientes que trabajan a favor de los derechos humanos de dicha comunidad realizan sus propios registros de  crímenes y atentados. La Secretaría de Inclusión Social, a través de la Dirección de Diversidad Sexual, también hace esfuerzos por visibilizar la persecución contra miembros de la comunidad mencionada y ofrece acceso a diversos servicios de salud y atención propios a sus necesidades.

Visibilizar la vulnerabilidad y la situación de persecución y riesgo permanente en que se encuentra la población LGBTQ, es necesario no sólo para sensibilizar e informar al resto de la población, sino también para impulsar los cambios necesarios, tanto a nivel de mentalidad como de reconocimiento legal, gubernamental y estatal, para desechar por siempre la discriminación contra un amplio sector de nuestra sociedad.

El ser humano podría ser el mejor amigo de sí mismo si en vez de enfocarnos en lo que nos hace diferentes, nos enfocáramos en lo que compartimos, en lo que nos une, en lo que nos iguala. A fin de cuentas, todos vamos juntos en este barco con permanente amenaza de naufragio que llamamos “vida”.

Ayudémonos a vivir, no a naufragar.

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, domingo 3 de julio 2016. En la foto, detalle del monumento memorial a los perseguidos homosexuales durante el régimen nazi, ubicado en el parque Tiergarten de Berlín, Alemania).