Year: 2011

La mecánica de los premios literarios

¿[P]ueden estos premios provenir de concursos legítimos? Claro que no. Si bien los manuscritos son enviados con seudónimo y se supone que deberían ser todos leídos por el jurado, y que gana el mejor, esto no es cierto. Para empezar, es imposible que un jurado se lea los 500 manuscritos que se presentan, y se supone que hay un jurado ‘negro’ que hace cribas iniciales. Pero es obvio que la dirección editorial de la empresa señala, elige, investiga qué buenos escritores están a punto de terminar una novela, habla con los agentes literarios (que tienen un enorme poder) y con los autores, y claro, los invita a presentarse al premio. De hecho, a los escritores consagrados les ofrecen el premio. Porque casi ningún autor de renombre, que sabe cuánto venden sus libros, va a correr el riesgo de presentarse a un premio y perder. ¿Para qué someterse a eso? Y es que el tamaño de los egos es un asunto complicado en el mundo de la literatura. Los miembros de los jurados sí leen a …

Conversaciones con Emil M. Cioran

J.L.A. ¿Cuál es su primer recuerdo del tedio? E.C. Fue durante la primera guerra. Tenía cinco años. Una tarde, de verano sin duda, todo lo que me rodeaba perdió sentido, se vació, se inmovilizó: una especie de angustia insoportable. Aunque entonces no pudiera formular lo que ocurría, me estaba dando cuenta de la existencia del tiempo. Nunca he podido olvidar aquella experiencia. Hablo del tedio esencial, que es una toma de conciencia extraordinaria de la soledad del individuo. Me resulta un sentimiento tan ligado a mi vida, que estoy seguro de que podría sentirlo hasta en el paraíso. Evidentemente, si nos marca de manera tan profunda, es porque se trata de la expresión capital de nosotros mismos. En estos momentos el hastío tiene mala prensa; de alguien que se aburre suele decirse que está vacío, lo cual no es cierto, pues ese vacío conlleva una explicación del mundo. Por eso me ha interesado tanto el tedio monástico, la acedia, el hecho de que la vida monástica está presidida por la tentación, por el peligro del tedio. A los monjes egipcios siempre se les …

Tres poemas de Antonin Artaud

Selva, selva, hormiguean ojos en los pináculos multiplicados; cabellera de tormenta, los poetas montan sobre caballos, perros. Los ojos se enfurecen, las lenguas giran el cielo afluye a las narices como azul leche nutricia; estoy pendiente de vuestras bocas mujeres, duros corazones de vinagre. Tres poemas de Antonin Artaud | Zona Literatura.

Cenizas de abril

Aquel Domingo de Ramos, 2 de abril de 1944, muchas familias salvadoreñas habían cumplido el rito de bendecir las palmas en sus respectivas parroquias. El humo del incienso todavía lo andaban prendido a sus ropas. Algunos no habían colgado la palma bendita detrás de la puerta principal, como es tradición, cuando a eso de las 3 de la tarde comenzaron a escucharse ametralladoras y cañonazos en San Salvador. El alzamiento cívico-militar que venía gestándose desde hacía pocos meses había comenzado. La ingenuidad, el azar y lo que algunos llamaban las “artes ocultas” del entonces Presidente de la República, el General Maximiliano Hernández Martínez, alias “Pecuecho”, alias “El Brujo”, dieron al traste casi desde el comienzo con lo que se constituyó en una de las páginas más heroicas de nuestra historia nacional. Según lo acordado entre los alzados, la Aviación Militar iniciaría las acciones y el vuelo de la flotilla de 5 aviones que la componía sería la señal para que las unidades militares a favor del movimiento iniciaran sus operaciones en tierra. El Regimiento de …

«Escribir un cuento» por Raymond Carver

Tengo clavada en mi pared una ficha de tres por cinco, en la que escribí un lema tomado de un relato de Chejov: … Y súbitamente todo empezó a aclarársele. Sentí que esas palabras contenían la maravilla de lo posible. Amo su claridad, su sencillez; amo la muy alta revelación que hay en ellas. Palabras que también tienen su misterio. Porque ¿qué era lo que antes permanecía en la oscuridad? ¿Qué es lo que comienza a aclararse? ¿Qué está pasando? Bien podría ser la consecuencia de un súbito despertar. Siento una gran sensación de alivio por haberme anticipado a ello. Una vez escuché al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. También eso pasó a una ficha de tres por cinco. Solo que con una leve corrección: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido últimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fácilmente sólo con …

Romero: voz y mirada

La semana pasada fue inaugurada en el Museo Nacional de Antropología (MUNA) de San Salvador la exposición fotográfica «Romero: voz y mirada», una colección de fotografías inéditas, en la que se exhiben no solamente fotos inéditas suyas sino fotos tomadas por él. Resulta que Monseñor era un fotógrafo aficionado y que tenía muy buen ojo fotográfico, y esta exhibición presenta al público, por primera vez, la manera en que el propio Monseñor vio a su pueblo y su país. Meses antes de morir, Monseñor Romero le dio a guardar a Santos Delmi Campos un cofre con 400 fotografías y diapositivas porque, según le dijo el mismo Monseñor, «usted es bien ordenada». Esto lo contó la propia Delmi en el acto de inauguración. El año pasado, cuando se cumplieron 30 años del martirio de Romero, Campos decidió donar las imágenes al Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) para su rescate, conservación y difusión. Una muy pequeña muestra de ellas están en exhibición en las instalaciones de dicho museo, pero ésta es la primera vez …

Virginia Woolf: formas de narrar la angustia

Examinemos por un instante una mente corriente de un día corriente. La mente recibe un sinfín de impresiones: triviales, fantásticas, evanescentes o grabadas con afilado acero. Llegan de todos lados, una lluvia incesante de innumerables átomos; y al caer, al tomar forma como la vida del lunes o el martes, el acento recae de modo distinto que antaño; el momento de importancia no venía aquí sino allí; de manera que si un escritor fuera un hombre libre y no un esclavo, si pudiera escribir lo que quisiera, no lo que debiera, si pudiera basar su obra en su propia sensibilidad y no en convenciones, no habría entonces trama ni humor ni tragedia ni componente romántico ni catástrofe al estilo establecido, y quizá ni un solo botón cosido como lo harían los sastres de Bond Street. La vida no es una serie de lámparas de calesa dispuestas simétricamente; la vida es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos recubre desde el principio de la conciencia hasta el final. Virginia Woolf: formas de narrar la angustia.

«La libertad de un escritor», Tennessee Williams

¿Qué es ser un escritor? Yo diría que es ser libre. Ya sé que hay escritores que no son libres, que trabajan asalariados, lo cual es una cosa muy distinta. Es posible que profesionalmente sean mejores escritores, tomado lo de «mejor» en su sentido convencional. Están al tanto de las exigencias de los éxitos comerciales y satisfacen a sus editores, y es de suponer que también a su público. Pero no son libres, y por lo tanto no son lo que considero un auténtico escritor. Ser libre es haber alcanzado el objetivo de tu vida. Significa toda clase de libertades. Significa la libertad de pararse cuando uno lo desea, de ir donde le apetezca y en el momento que le apetezca; significa ser viajero aquí y allá, un viajero que pasa por muchos hoteles, triste o contento, sin obstáculos ni demasiado pesar. Significa la libertad de ser. Y como observó alguien muy sabiamente, si uno no puede ser uno mismo, ¿qué sentido tiene ser nada en absoluto?  

Centenario de Tennessee Williams: El futuro se llama «tal vez»…

“A los catorce años descubrí la escritura como un escape del mundo real, en el que me sentía terriblemente incómodo. De inmediato se convirtió en mi lugar de retiro, mi cueva, mi refugio. ¿De qué me refugiaba? De que me llamaran mariquita los chicos del barrio, la señorita Nancy y mi padre, porque prefería leer libros en la biblioteca grande y clásica de mi abuelo a jugar a las bolitas, al béisbol y a otros juegos normales de chicos, como resultado de una grave enfermedad infantil y de un excesivo apego a las mujeres de mi familia, quienes habían logrado que volviera a tomarle el gusto a la vida”. Ya antes de cumplir los 20 años, Williams era un escritor “confirmado”, como él mismo dice, por la fuerte vocación y el trabajo: poeta, narrador, dramaturgo, y si bien toda su vida mantendría esa riqueza de géneros, el teatro será la producción a la que dedicará mayores esfuerzos. Centenario de Tennessee Williams: El futuro se llama «tal vez»…