Pequeña biografía de una gata

Nunca supe el día exacto de su nacimiento. Tampoco dejé apuntado en ninguna parte el día que entró a mi vida para nunca más salir de ella.

Una mañana de junio de 1994 escuché maullidos detrás de mi casa en Managua. Allí había un botadero de basura y aquello no era inusual. Desalmados seres, de esos que se llaman humanos, solían ir a botar gatitos tiernos allí. Normalmente los maullidos duraban sólo unas horas. Pero estos maullidos duraron todo el día y toda la noche. Al día siguiente, los maullidos seguían.

Luego de escuchar maullar a aquel gatito durante horas decidí “irlo a ver”, aunque sabía que eso significaba “irlo a traer” para salvarlo de una muerte segura.

Fui hasta el botadero, me metí en medio de la basura y allí la vi, una gatita de lomo negro y pecho blanco, encaramada encima de una especie de refugio en ruinas. A diferencia de lo que se supondría, el animalito no estaba aterrorizado sino que, con toda confianza y bastante fastidio, maullaba mirando hacia todas partes con una expresión de “ya estuvo buena la broma, ahora apúrense a llevarme a casa”. Esa actitud me ganó de inmediato.

La tomé en mis manos y me la llevé. Justo a tiempo porque aquella noche cayó un aguacero espeluznante. De haberse quedado allí, de seguro se habría ahogado.

Ya tenía los ojitos bien abiertos y por suerte ya comía sola. Era del tamaño exacto de mi mano, por lo que calculo que tenía unas 3 o 4 semanas de nacida.

Quizás, por esas horas que quedó abandonada en el basurero sin alimento, siempre comió con ansiedad y tuvo algo así como el síndrome del plato vacío. Odiaba ver su plato de comida vacío o a punto de estarlo. Eso la ponía muy inquieta.

Después de varias semanas sin saber cómo llamarla, terminó convertida en Lolita, por la novela de Vladimir Nabokov. Luego degeneró en Loli y para los momentos serios como las regañadas, se llamó Luz de los Ángeles.

Es el gato más juguetón que he tenido en la vida. Mis brazos y manos fueron sus juguetes favoritos y yo su gran compañera de juegos. Nunca paraba de jugar, jamás se cansaba y yo suspiraba de alivio cuando por fin la miraba dormir porque cuando estaba despierta, lo único que quería hacer era jugar conmigo.

Tuvo amigos insólitos. El primero de ellos, un conejo gris de unos vecinos con quienes compartimos jardín. La primera vez que los descubrí juntos pensé que corría detrás del conejo para comérselo; pero en algún momento cambiaron de posiciones y luego el conejo la perseguía a ella. Así jugaban a las carreras. Luego descansaban y se acicalaban. Siempre sostuve que ese conejo fue su primer novio ya que nunca le conocí novio felino a Loli. A los meses, ella apareció preñada.

La noche del parto fue la única vez que la vi tener miedo. Se me encaramó encima y no se bajó hasta que parió al último de sus tres gatitos. Los parió literalmente en mi costado derecho, yo asistiéndola y dándole instrucciones a cada paso. Ella mirándome con cara de pánico, como si dijera: “¡me están saliendo gatitos del fundillo! ¡Esto es el fin!”. Le expliqué que había que morder el cordón umbilical, limpiar al gatito y comerse la placenta, cosa que ella hacía obediente pero con cara de asco. Fue una madre ejemplar y por fin se desentendió de mis brazos para jugar con sus propias crías.

Cuando regalamos a los gatitos nos quedamos con una, la Bonifacia, que habría de acompañarnos durante 12 años hasta su muerte, algo que Loli lamentó con una depresión profunda. Tanto que pensé moriría de la tristeza.

También fue amiga de una ardilla en nuestra casa de Los Planes. La ardilla llegaba a visitarla puntual todas las tardes y sepa Dios cómo, pero las dos platicaban y se llevaban de lo más bien.

Fue una cazadora implacable y efectiva. La primera vez que cazó un ratón en la casa de Managua, en la que yo juraba no había ratones, pasó jugando con el pobre animal una hora, hasta que ya lo tuvo hecho una sopa y Loli estaba hasta con disnea del agotamiento. Nunca cazó pájaros porque yo se lo prohibí.

Roncaba más que un borracho. Le gustaba comer melón, semita de piña, todo tipo de pan dulce, churritos y maíz dulce en mazorca. Le gustaba tomar agua en vaso y éste tenía que estar lleno hasta el borde. Amaba tomar el sol de las mañanas echada panza arriba en el jardín. Esperaba el sol y en donde cayeran los primeros rayos allí se echaba de inmediato para no desaprovechar ni un minuto de calor.

Todavía en Managua, se iba puntual a las 5 y media de la tarde a sus correrías nocturnas, regresaba a las 9 y media de la noche por un bocado y a darme el besito de las buenas noches y se volvía a ir para regresar de madrugada, a eso de las 4. Dormía hasta que yo me levantaba y desayunábamos juntas. Hablábamos mucho: ella siempre me respondía con un maullido o una mirada o un movimiento de sus orejas.

De sus aventuras me traía regalos que todavía conservo. Una vez me trajo una pulserita de cuentas blancas de plástico. Otra vez, un billete de un córdoba, que cargo en mi pistera como amuleto. Otra, un zapatito tenis de plástico, de esos de adorno. En alguna de mis frecuentes épocas de apuros económicos, le pedí que en vez de tonterías me trajera comida. Y la trajo: huesos de res chupados, elotes carcomidos, pan duro y hasta un hediondo esqueleto de pescado que no sé cómo hizo para traer sin desbaratarlo a través de techos, muros y el árbol de mango que trepaba para llegar a la casa.

Vivió en Nicaragua, Costa Rica y El Salvador. Conoció a varios escritores que pasaron por mi casa. Se sentaba en las reuniones de amigos, a escucharnos solucionar el mundo, como si nos entendiera y le interesara la plática. Pero claro, también le interesaban las golosinas que comíamos. Le gustaban los zapatos de cuero de Salvador Canjura y los cariñitos que le daba Mauricio Orellana Suárez.

Odiaba a los veterinarios y le enojaba ser examinada, tanto así que fruncía el ceño y era fácil notar su enojo en su expresión facial. Escupía las pastillas haciéndolas volar por medio metro. Lo mejor era inyectarle cualquier y todo medicamento.

Alcanzó la notable edad de 17 años, que en edad humana representa unos 80 años. Poco a poco fue perdiendo velocidad. Se fue quedando algo sorda y se fue haciendo más dependiente y más necesitada de afecto. Murió en casa el 27 de abril al mediodía. Pude estar con ella todo el tiempo y tuvo una muerte tranquila.

La noche antes de morir, dormí en el sofá de la sala para estar atenta a ella, pues estaba muy débil y ya no subía al segundo piso. Había dejado de comer y ya el veterinario me había advertido que era cuestión de horas. Su maullido se había hecho más débil y agudo. Apenas pegué el ojo.

En efecto, en la madrugada, me pidió que saliéramos al patio interno. Quería sentarse entre las plantitas y así estuvimos un rato. Yo acariciándole el lomo y hablándole, como siempre hice. Esa fue su despedida. Luego la puse en su camita y de allí ya no se movió más.

Escribo estas palabras desde ese jardín que improvisé para ella. Recuerdo que gasté un dinero que no debí, cuando, en otra de mis frecuentes crisis económicas, destiné algo para plantas y macetas, para que Loli tuviera algo de verde en esta casa sin jardín. Jamás olvidaré su mirada cuando descubrió las plantas, su felicidad y su asombro. Me miró y juro que me dijo: “Hiciste magia. ¡Hay plantas!”. Ese día me convencí de que habíamos aprendido a transmitirnos el pensamiento. Su inolvidable mirada de felicidad valió cada centavo en oro.

Hay cientos de cosas más que puedo contar de ella, pero no me alcanzaría este espacio para hacerlo. Imposible resumir una vida de 17 años en 1,500 palabras. Imposible también resumir el vacío que siento ante su partida. El silencio que se ha hecho en mi casa y en mi vida. Las lágrimas que lloro todos los días. El inútil deseo de que vuelva.

Sólo puedo decir que ella me enseñó infinidad de cosas. Que es el ser más noble, leal y amoroso que he tenido el privilegio de conocer. Y que me queda la satisfacción de saber que aquel pequeño gesto de sacarla del basurero, cuando otros la habían condenado a morir, significó la posibilidad de 17 felices y extraordinarios años que ambas compartimos. Y que ni la muerte nos quitará lo bailado.

Hasta luego linda Loli. Nos veremos en el Valle de los Gatos.

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, domingo 15 de mayo 2011).

There are 23 comments

  1. Ratón empatinado

    Me hiciste llorar… no es que sea taaaan díficil pero tampoco tan fácil…. la verdad, es que vivo y muero por los gatos, sólo he tenido una por 2 semanas y antes de eso compartí la crianza de 1 par, también feminas 🙂 como por 3 años. Pude captar cada sílaba de tu relato, me movió lo que sea que lleve dentro.

    No te conozco, es la primera vez que te leo, pero te envío un abrazo de oso.

    Ya lo habrás escuchado, pero lo importante es cada valioso minuto que se regalaron mutuamente, sólo quienes amamos a estos felinos independientes y afectuosos podríamos entender la relación que tenían.

    Debe estar comiendo sus banquetes favoritos en su jardín de macetas con un cálido sol como testigo.

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  2. Batfink

    Creo que sé cuánto signficaba la Loli para ti. Lo percibí cuando la mencionaste en un comentario que me dejaste y que ahora tengo enmarcado en mi blog. La loli y su novio ardilla. Tu gata me hizo sonreir.

    El cielo de los gatos está lleno de ratones gorditos y correlones, lechita, madejas de hilo y ese sol que te provoca la pereza más dulce…

    Un abrazo

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  3. Susana

    Querida Jacinta:
    yo sé que no hay palabras para dar consuelo en estos casos pero quiero decirte que comprendo tu dolor y que los que encontramos amigos tán especiales como tu Loli debemos atesorar como las màs bellas joyas cada minuto pasado con ellos:seguro que hay un cielo de gatos y que Loli te saluda cada noche viendo por un hoyito luminoso…
    cariños

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  4. Carito Torres

    Querida Jacinta:
    Aunque Loli ya no este contigo tienes muchos recuerdos lindos que debes revivir en tu mente cada vez que la extrañes, pero no para entristecerte sino para volver a sonreir y a recordar lo feliz que te hacía entonces. Gracias por transmitirme con tu historia el mismo sentimiento de tristeza, pero de esperanza porque yo también espero que ella se encuentre a mi gatito Otto, quien también vivió conmigo por 10 años.

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  5. karla

    Estimada Sra. de las letras sabe que alguien envio su historia a mi mail que toco mi alma a la vez me hizo llorar porque esta historia se parece mucho a una que he vivido y mas que nada porque hace mas de un mes deje de ver a una persona que me enseño tantas cosas, y que aunque ya no lo veo, no lo escucho sigue siendo importante para mi y tambien como su historia dice (El inútil deseo de que vuelva) es lo que desearia y tenerno junto a mi con tal de verme en sus ojos, ver su sonrisa, sentir un abrazo suyo y como èl respondio en su comentario es un vacio que nada lo puede llenar porque parecia que nuestras almas estaban conectadas y como tambièn el finaliza aùn sigo aqui y sobre todo lo llevo en mi corazòn y mi mente cada segundo porque el 16 de Diciembre el mejor regalo que Dios pudo haberme dado fue èl y sigue siendo lo mejor que me ha pasado en la vida……….Gracias por compartir esta hitoria con nosotros que Dios la bendiga..

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  6. Germán Hernández

    Puedo comprender la importancia que tiene para ti esta nota tan hermosa, porque yo también he perdido irremediablemente en estos años a algunos de mis gatitos y gatitas, y también sé que son irremplazables. Tu Lolita me recuerda tanto a mi Crista, ya tiene 15 años, es una gordita divina, que recogí de un basurero, mi compañera fiel día y noche, y fanática del melón y la papaya… y de la carne!!!! Tricolor, la más mestiza de las fieras felinas, y sus caricias con lengua son las más suaves y las más ásperas cuando lame mi nariz….

    Y claro que nos entienden todo, pero no les da la gana hablar, pero no me sorprendería nada el día que lo hagan….

    Hasta siempre Lolita!!!! ahora (yo soy de los que creen esas fantasías) seguro estás jugando con mi Arthur, con mi Tiger, con mi Anton, con mi Leví y todos lo gatitos que saben pernoctar con la vida y cuidarnos de las malas vibras y velar nuestras espaldas….

    Saludos!!!!

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  7. Raul Castillo

    Estimada señora de las letras. Hace mas de un mes, dejé de ver a una persona que ha sido (y sigue siendo) para mi tan importante. la historia que publicó me ha hecho llorar un rio, porque me identifique con la ultima parte del relato como si fueran palabras que yo puedo decir de ella. Es un vacio que se trata de superar de todas las formas posibles y no encuentras nada que lo llene. Solo desearia que ella supiera que éste para quien ha sido tan importante, aun sigue aqui. Gracias por compartir esta linda historia con nosotros. Es usted una maravilla de persona.

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  8. Claudia Navas

    Jacinta, no quería leer este artículo porque no quería llorar, ya mi amiga Lucía Escobar me había contado de Loli y su partida. Yo recién tuve que dar en adopción a Simone mi hija mayor, una gatita gris de pecho blanco, compañera, amiga, mi espejo muchas veces. Este artículo me sacó hasta los mocos, y es que quienes amamos a los gatos y particularmente tenemos un cariño así con alguno de ellos, podemos sentir en el corazón, la panza, los ojos y todo el cuerpo lo que tu sentís ahora. No hay palabras de consuelo para esto, solo que Loli sigue en ti, como de alguna forma Simone aunque en otra cosa se manifiesta en mi cada día.
    Un abrazo.

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  9. Silvia Molina

    Estimada Jacinta, no tengo el placer de conocerla, pero me encantan sus columnas. Esta última sobre su gatita ha sido muy especial para mí porque yo también tuve la inmensa dicha de “rescatar” a una gatita (negra con blanco como Loli) que había sido abandonada a su suerte en una caja de cartón y que tuvo que soportar dos días enteros de hambre y lluvia. Puse rescatar entre comillas porque ella fue realmente quien me rescató a mí de un largo período de depresión por falta de empleo. A diferencia de Loli, mi gatita no había abierto aún sus ojitos y no podía comer sola, la veterinaria me dijo que tenía menos de 10 días de nacida y que difícilmente sobreviviría. Después de cuatro semanas de constantes cuidados (alimentarla cada tres horas día y noche con gotero, ayudarla con sus necesidades, acicalarla y tenerla calientita, etc.) logró salir adelante; creo que ni a mis propios hijos les dediqué tanto esfuerzo cuando estaban recién nacidos. Eso sucedió en agosto de 2009, ahora Mia (así se llama, ella misma escogió su nombre) pronto cumplirá dos años y es tan especial como lo son sus demás congéneres; espero que estemos juntas hasta que la muerte nos separe y aún después de eso si es posible. Jacinta, me alegra mucho que esté pensando en escribir algo más largo sobre ella, eso mismo pensaba pedirle! créame que a sus lectores nos ha dejado con ganas de conocer las mil y una aventuras de su amada Loli. Muchas gracias!

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  10. Felipe Argueta

    A partir de su historia, siento mucho la muerte de Loli.
    Gracias por compartila con nosotros.

    Saludos!

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  11. Jorge Véliz

    Oooh!!! Increíble cómo penetró esta historia en mí!! Yo Sé que tan grande es el amor que uno puede tener hacia su amigo, la mascota. Gracias por compartir ésto!

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  12. Clara

    Te comprendo esa relación con la Loli. Desde hace 15 años más o menos he desarrollado una relación con los gatos y mi gata actual, la Muñeca, es la quinta generación de gatos que comenzó con un gato callejero que una noche de julio llegó a la casa de mis papás buscando comida y cariño y al que mi hermano y yo le dimos posada y no volvió a irse hasta que murió en una de sus correrías. Hace un par de meses murió la mamá de la Muñeca, la Chata. También me tocó acompañar la muerte de la Mandolina y la Piruja (abuela y madre de la Chata respectivamente) y bueno, cada vez que me ha tocado estar en un parto o en una muerte de alguno de mis gatos ha sido desolador, pero los recuerdos de cada uno de los 9 gatos y gatas con quienes he convivido, permanecen aquí conmigo… cada uno con su personalidad y sus peculiaridades, sus demencias y sus extravagantes maneras de dar cariño, con sus maullidos y ronroneos únicos han dejado su huella en mi alma y vivirán hasta el día en que nos reunamos nuevamente, y como vos bien decís, algún día en el Valle de los Gatos.

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  13. Esetuitero

    Tuve un perro con el que me entendía de esa forma. No fueron los 17 años de la Loli, apenas fueron 2, pero sentí cómo nos entendíamos. Me lo mataron el año pasado.
    Ahora tengo a mis espaldas una perrita, ya señora, con la que también me entiendo. Es lindo saber que uno nunca está sólo en el mundo.
    Ando en la búsqueda de casa para otra perrita y una camada de gatos. Ojalá encuentre un hogar para ellos como el que tuvo Loli.

    Saludos.

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  14. Bitacoras.com

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Nunca supe el día exacto de su nacimiento. Tampoco dejé apuntado en ninguna parte el día que entró a mi vida para nunca más salir de ella. Una mañana de junio de 1994 escuché maullidos detrás de mi casa en Managua. Allí había…..

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  15. Guarnieri

    El maestro Tung-shan dijo: ‘Es como si hubiera encontrado una perla en medio de un montón de basura’. Acaso fue esto lo que ocurrió con ustedes. Éste trabajoso ir y venir de una…vida en otra, solo acaba al develar el acto de la relación Yo-Tú. Pues estas 1500 maravillosas palabras son un buen descorrido del biombo que aisla este tema. A usted se le da muy bien la crítica vehemente y lúcida (sobre cine, literatura, política, etc.), pero también el relato de lo cotidiano: ésa mezcla de víscera, intuición y magia. Las medias tintas no van con usted, aunque peca a veces.

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  16. Mercy Gamero-Wilson

    Querida Jacinta, gracias por compartir este tributo a la vida de la Loli. La verdad es que me encariñé con su gatita a través suyo y sé lo especial y amada que fue para usted. Así que no tengo palabras ante esa pena grande, pero confió que con el tiempo, ese dolor se vuelva esperanza.
    “… what we have enjoyed, we can never lose … all that we love deeply becomes a part of us.” Helen Keller.

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  17. Ligia

    Jacinta, lo lamento mucho. Siento su dolor, no sólo porque conocerla a usted era saber de la Loli y cuánto la quería, sino porque yo también tuve una socia así por más de una década; más que mi mascota, era mi chera. Por más que pasen los años, no se dejan de extrañar, ni se deja de agradecer el tiempo compartido. Hace falta más personas con su sensibilidad y calidez hacia los animales; ¿A lo mejor más adelante se anima a darle un hogar a otro(s) gatito(s)? La Loli, fortaleza de carácter aparte, fue muy afortunada de encontrarla a usted y viceversa. Ánimo, y un abrazo.

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  18. Karla Sterloff

    Querida Jacinta. La Loli fue dichosa, te encontró, la amaste profundamente, fuiste su amiga durante toda su vida. El dolor que sentís no es para menos, pero poco a poco irá desapareciendo, tranformándose en algo más liviano, más fácil de sobrellevar. Ella te esperá, estoy segura. Los que te conocimos, de alguna forma también conocimos a Loli. Gracias por escribir esto y compartirlo, se lo merecían ambas. Te mando un gran abrazo.

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    1. Jacinta Escudos

      Gracias a vos Karla.
      La Loli se merecía ese pequeño homenaje y mucho más, estoy pensando escribir algo más largo sobre ella, todavía no sé bien en forma de qué… El espacio se me hizo cortísimo para contar todas sus aventuras y su asombrosa personalidad. Fue un ser muy especial. Abrazo a vos y a toda tu tribu.

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