Algo más que arbolitos

El trabajo de reducir la velocidad del cambio climático no consiste solamente en sembrar unos cuantos arbolitos, dice Bernarditas Müller. Lo dice con algo de seriedad, la misma que mantiene durante casi toda su charla, aunque dicha expresión jamás se torna en una de severidad ni mucho menos de amargura.

Bernarditas habla en un tono suave y pausado, en un volumen de voz que mantiene inalterable, sin ser monótono. Y aunque se ha pasado los últimos 20 años de su vida negociando en los más diversos foros y países a favor de medidas que comiencen a bajar nuestra incidencia en el cambio climático, sus gestos son los del equilibrio, la serenidad, los de una persona que sabe ver el todo de la situación, aunque tiene el nervio, la paciencia y la perseverancia para mantenerse en el logro de su objetivo. Algo que sólo se obtiene y se transmite después de muchos años de experiencia, observación, psicología y paciencia, sobre todo mucha paciencia.

Bernardita Müller, de origen filipino y nacionalidad suiza, es una de las mayores conocedoras de negociaciones en cambio climático del mundo. Ha sido la negociadora principal del Grupo G77 más China.

Durante una reunión convocada por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales de El Salvador, un puñado de invitados, quien esto escribe incluida, tuvimos el gusto de escuchar a Bernarditas y conocer sobre los resultados de la 16 Conferencia sobre Cambio Climático realizada en Cancún en noviembre pasado. Este fue uno de varios encuentros que sostuvo con diversos sectores de la sociedad salvadoreña, incluida la Asamblea Nacional, para poder compartir de la manera más amplia posible, los esfuerzos que se realizan para mitigar dichos cambios y la incidencia que eso tiene para la región centroamericana.

Sin duda, el mensaje más importante que compartió Bernarditas es uno que de tan evidente, pasamos por alto: el cambio climático está ocurriendo ahora, ya, en este preciso instante. No es un suceso a futuro ni una especulación febril de un montón de histéricos y alarmistas.

Que el cambio climático, un evento del cual nos está tocando ser partícipes y testigos, está ocurriendo ahora, es algo que puede demostrarse de manera científica. Así mismo, la incidencia del ser humano en los actuales índices de la ralentización de la capa de ozono y el aumento de los gases de efecto de invernadero es innegable. Y eso también puede demostrarse.

Hay quienes sostienen que el cambio climático es un suceso que ocurre cíclicamente en el planeta y que es un proceso natural. Siendo así, estamos pegándole un empujón muy fuerte a la tierra para que ese cambio climático natural ocurra de manera todavía más acelerada. Y para que el proceso actual se desacelere, se requiere de cambios de actitudes y conductas que, de no asumirse, nos ponen en peligro como especie.

Hay otros millones más de incrédulos que están en estado total de negación. Y hay tantos otros que a pesar de la información que conocen, no toman medidas activas para comenzar a realizar todos los cambios necesarios para, por lo menos, desacelerar el proceso. Y esas medidas, como bien dijo Bernarditas, pasan por mucho más que sembrar arbolitos para reforestar.

Ese fue el segundo mensaje importante de este encuentro. Es urgente realizar un proceso de adaptación del ser humano en su forma de vida en referencia al cambio climático. Pero adaptación no significa resignación. Significa mitigar. Significa preparación, prevención, organización. Acceso a todos los recursos que como ciudadano y comunidad garanticen un respaldo organizativo y ejecutivo en caso de desastre. Algo nada despreciable de tener y conocer en un país como El Salvador, que tiene la particularidad de que el 88.7% de su territorio es vulnerable a los desastres naturales. En un país con una densidad poblacional como la nuestra, estas cifras no son para ser subestimadas. La población nacional que habita en ese territorio vulnerable es del 95.7%.

La totalidad de la región centroamericana emite menos de 1% de gases de invernadero. ¿Qué incidencia tendría el acuerdo de Cancún para El Salvador? ¿No son cosas que pasan así como quien dice “bien lejos” y que no nos van a afectar mucho? Si no provocamos el problema ni tenemos incidencia en él, ¿por qué me tiene que preocupar solucionarlo o ayudar a hacerlo?

El asunto es que todos vivimos en el mismo planeta y no hay otro. Y hay que cuidarlo. Si algo nos están enseñando los eventos naturales catastróficos es no sólo que el ser humano es vulnerable, sino que también lo son todos los sistemas de la naturaleza y que el planeta y las galaxias mismas son finitas.

La adaptabilidad al cambio climático tiene un arco grande de tareas que va más allá de “solamente” prevenir la emisión de los gases y estabilizar la concentración del ya existente, y pasa por lograr la seguridad alimentaria y el desarrollo social y económico.

No trabajar en estos objetivos, por otra parte, ya está provocando lo que se conoce como “migrantes climáticos”: personas que dejan sus lugares de origen debido a que el cambio de clima, por medio de continuas inundaciones, deslaves, sequías y otros eventos naturales con resultados desastrosos, los obligará a buscar mejores condiciones de vida. Y todo eso constituye una cadena que provoca vulnerabilidades de seguridad física, brotes epidémicos, problemas de gobernabilidad, etc.

El cambio climático es una avalancha cuyos efectos ya se están sintiendo y que no puede detenerse. Si nuestros problemas comenzaron con la Revolución Industrial, con nuestro abuso ante las posibilidades que nos ofrecían las recién inventadas cadenas de producción, estamos en la coyuntura exacta para tomar nuevamente un giro tan importante, o acaso incluso más que el de la propia Revolución Industrial. Y ese giro es respaldar activamente estas decisiones en las medidas para atenuar el cambio climático.

Pero tampoco debe pensarse que es el progreso el culpable del estado actual de cosas. No se trata de un juego de culpas, dice Bernarditas sobre este punto. De hecho el progreso tecnológico ha sido uno de los que han visto limitado su desarrollo debido al cambio climático.

Si no se conoce el problema, no se sabrá cómo solucionarlo. Y cuenta ella que en numerosas ocasiones, cuando le ha tocado revisar los documentos de los acuerdos que se establecen, varias personas se le han acercado para decirle que están ahí y continúan adelante, pese a lo difícil o agotador que resultan las jornadas. “¿Qué solvencia moral tendremos ante nuestros hijos cuando los miremos ahogarse, hundirse, morirse de hambre? ¿Qué les vamos a decir, o cómo vamos a hacerlo: que tardamos tanto para negociar esto, que no actuamos ahora, para hacer lo que podemos de la manera en que podamos?”, nos pregunta.

Tomando en consideración que las pérdidas ocasionadas por eventos climáticos extremos entre noviembre de 2009 y julio de 2010, solamente en El Salvador, fueron de 400 millones de dólares, bien nos vendría escuchar con algo más de detenimiento a este tipo de personas que no se tiene el agrado de conocer con frecuencia. Y esto no lo digo como una frase de cajón.

Me impresionó la forma de ser de Bernarditas. Y acaso por eso me tomo el atrevimiento de llamarla por su nombre a lo largo de esta nota. Porque no podría llamarla por su apellido, de obvia nota alemana, y que le infundiría una dureza a ella, que emite una aura tan suave. O decirle doña o señora que la alejan con una fría respetabilidad que merece pero ella se siente sobre todo como un ser accesible que tiene la generosidad, además, de tomarse un par de minutos para aclararte cualquier inquietud. Una visitante de lujo, sin duda alguna.

Si no hacemos algo hoy, ¿cómo será el futuro? “Yo tengo nietos”, comienza a contar Bernarditas. “A veces los veo y me pregunto cómo será el futuro. Mucha gente me pregunta por qué, después de tantos años, sigo aquí, es decir, por qué sigo trabajando. Estoy porque necesito hacer algo. Y lo necesito porque en todos estos años sólo he visto que las cosas van empeorando. Si no hacemos algo hoy, no tengo idea, no me puedo imaginar cómo va a ser el futuro. Y no quiero que me culpen a mí. Por lo menos podré decir que hice algo”.

Y no sé por qué me la imagino, a Bernarditas Müller, en un jardincito pequeño, lleno de flores y arbustos de flores extrañas, enfundada ella en una bata floja y cómoda, estampada en flores, rodeando con sus brazos a un montón de niños que llegan invadiendo su jardín con sus risas en un atardecer sin cobaltos ni carbonos ni azufres ni metanos ni otros venenos. O el mismo cuadro, sólo que con esos y demás venenos seriamente disminuidos y ya no tener ese péndulo rozándonos siempre la nuca. Los atardeceres serían más bellos.

(Publicado en la revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador, domingo 20 de Febrero 2011).

There are 3 comments

  1. Felipe Argueta

    Para obtener el título de bachiller, hace 20 y tantos años. El ministerio exigía cumplir con cierto número de horas sociales. Para cumplir con ello, recuerdo, que nuestro colegio planificó plantar arbolitos en colonias aledañas a Santa Tecla. Luego de ir y venir logramos cumplir la meta de sembrar cientos y cientos de arbolitos. Hoy veo hacia atrás, y reconozco que en el furor de la juventud le dimos poca importancia, en su momento, a nuestra obra. Y ese precisamente es quizá la tara mental o espiritual que lastra nuestra evolución a una mejor sociedad: el reconocer el valor que posee la naturaleza. Si la vida como un bien precioso va en cotidiano detrimento, cómo podemos adjudicarle el verdadero valor algo con lo cual nos encontramos tan interconectados como lo es la naturaleza.
    Y cada vez que paso por colonias como las Palmeras, Las Colinas, Sta. Monica, etc y veo esos arboles, hoy ya frondosos, me queda la satisfacción de haber hecho algo por nuestra naturaleza.

    Un saludo!

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    1. Jacinta Escudos

      Que la gente tome conciencia, no sólo los jóvenes, es la parte más dura del trabajo en estos tiempos. Impresiona ver cómo se está todavía en férreo estado de negación e ignorancia. Tenemos que trabajar en lograr que otros tomen conciencia también.
      Saludos.

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  2. Bitacoras.com

    Información Bitacoras.com…

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