La tentación de callar
Me siento a observar el mundo, a escucharlo. Cada día lo entiendo menos. Cada día me gusta menos. Tengo emociones contradictorias al leer o escuchar a mis congéneres. Al verlos actuar. Al ver cómo se hacen las cosas. Al comprender cómo funciona el mundo y asumir con asco que muchas decisiones de su funcionamiento se dictan desde la sombra. Poderes demasiado grandes están ahí, decidiendo nuestros destinos y los del planeta mismo. No sé qué hacer con tanto hartazgo, frustración, impotencia. Lucho contra mí misma, todos los días, para no dejarme arrastrar por el cinismo y el escepticismo generalizados. Lucho para no ceder a la resignación, a pensar que nada de esto cambiará, que resistir es inútil. No sé qué hacer con el desaliento de quien ya ha visto pasar estas cosas aquí o en otras partes, en otro tiempo, en otros idiomas. Las mismas guerras y luchas, los mismos traidores, los mismos aprovechados, los mismos sacrificados. Nunca escarmentamos. Nunca aprendemos. La historia se copia a sí misma porque no sabemos o no queremos hacer …
