En “The Dawn of Man”, cuando nuestros ancestros simiescos descubren que pueden tomar algo, y con ello, golpear. El hombre descubre la violencia. Y el acto de matar. La herramienta, the weapon of choice, puede ser cualquier cosa. Una piedra, un hueso, una quijada de asno. Matar le puede servir para dos fines: alimentar o vencer a sus enemigos. Luego, matar cobrará otras categorías: desahogar furias, demostrar poder, causar miedo. Los otros, los que aún no descubrieron el acto de matar, miran con espanto cómo uno de los suyos cae, no se mueve más. Está muerto. Aprenderán por el ejemplo. Matarán también, tarde o temprano. Más adelante, mucho más adelante, el hombre descubrirá que las palabras también hieren. Y hasta matan. Simultáneamente descubrirá que el silencio o el no decir también es hiriente, asesino, doloroso. Las naves espaciales flotando en el espacio. Tan reales. El espacio, la soledad. Y si no fuera por la música, el silencio. El infinito, angustiante silencio. La limpieza de la estructura y las naves. La respiración del capitán Dave Bowman …