En años recientes, los cambios en la esfera socio política mundial y el acceso indiscriminado a la información han introducido en nuestras vidas varios conceptos y conductas nuevos. La post verdad, las noticias falsas, las teorías conspirativas y, más recientemente, los productos derivados de la inteligencia artificial (que nos hacen dudar de si lo que vemos o leemos es generado por un humano o por un modelo de lenguaje o imágenes), nos están imponiendo una actitud de permanente desconfianza y cuestionamiento hacia todo tipo de contenidos.
A eso sumemos numerosos esfuerzos desde el ámbito de los estudios académicos y las ciencias humanísticas por rectificar y contar los eventos que conforman los capítulos indispensables de la historia, para darles una lectura más acorde a lo que realmente ocurrió. Desmitificar los héroes del pasado, sacar de la sombra a otros que nunca fueron nombrados, dar a conocer los eventos que se han silenciado o distorsionado por conveniencias políticas, rasgar el velo de romanticismo que envuelve las etapas más sangrientas de los pueblos y contar los eventos desde una perspectiva más realista, es parte de lo que hemos visto ocurrir al evaluar las bases sobre las que se fundaron nuestras sociedades.
En ese sentido, me parece muy importante la próxima realización del XVII Congreso Centroamericano de Historia que tendrá como sede la ciudad de San Salvador. Según el boletín de prensa distribuido por el comité organizador, el tema central del congreso será “Memoria, enseñanza e historiografía”, vistas como “una reflexión sobre la manera en que se investiga, interpreta y transmite la historia a las nuevas generaciones”.
El Congreso se llevará a cabo del 20 al 24 de julio y reunirá a especialistas, docentes, estudiantes e investigadores de 15 países. Están programadas 427 ponencias, presentaciones de libros y 10 mesas redondas que abarcan temas como la historia colonial, la política, la económica, la historia intelectual, cultural y de la literatura, hasta la relación de la historia con el patrimonio, la educación, la memoria, los archivos y las fuentes de investigación.
El evento es convocado por la Universidad de El Salvador (UES) y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), con el patrocinio de FLACSO El Salvador, Universidad Tecnológica de El Salvador (UTEC), Universidad Pedagógica de El Salvador (UPED), Universidad Dr. José Matías Delgado; las embajadas de México y Chile y ONU Mujeres, entre otras instituciones y empresas aliadas.
La inauguración será el lunes 20 de julio en la tarde, en el Auditorio “Herbert Anaya Sanabria” de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la UES. El Dr. Erick Ching, catedrático de Historia Moderna de América Latina en la Universidad de Furman, de los Estados Unidos, y estudioso de la historia de El Salvador, dictará la conferencia magistral titulada “La democracia en El Salvador: una perspectiva histórica y comparativa”.
El martes 21 de julio, tendrá lugar en el Auditorio Segundo Montes ICAS-UCA la conferencia magistral titulada “Experiencias comunes, fracasos similares, futuros distintos. Las repúblicas federales en Centroamérica y México 1823-1840”. Esta será impartida por el Dr. José Antonio Serrano, profesor investigador de El Colegio de Michoacán, especialista en historia política y procesos de independencia de la América española.
La conferencia magistral de clausura estará a cargo de la Dra. Patricia Alvarenga, historiadora costarricense, autora del libro Cultura y ética de la violencia. El Salvador 1880-1932, un libro fundamental para comprender los orígenes del papel de la violencia y las relaciones de poder en nuestro país. La segunda edición de este libro fue publicada por la extinta Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI) en el 2006. La primera edición apareció en Costa Rica, en 1996. El título de la conferencia que ofrecerá la Dra. Alvarenga el viernes 24, día de la clausura, será: “Retornar a la historia de la violencia en El Salvador. Nuevas miradas sobre otras epistemes e inéditos retos”.
El boletín de prensa difundido por los organizadores hace destacar que “la investigación histórica constituye una herramienta fundamental para fortalecer la educación, preservar el patrimonio y enriquecer la comprensión de los desafíos contemporáneos desde una perspectiva de largo plazo”. También señala que “la enseñanza de la historia promueve el fortalecimiento de las raíces identitarias e implica un laboratorio excelente para el sentido crítico y la lectura comprensiva de la realidad”.
Este enfoque resulta importante, sobre todo para los países de la región centroamericana, donde los acelerados procesos de gentrificación han y siguen modificando el paisaje arquitectónico, las costumbres, el tejido social de ciertos sectores de nuestras ciudades y, sobre todo, la sobrevivencia y manutención de edificios y lugares considerados como patrimonio nacional. Dentro de ello, la afectación al tejido social implica la pérdida de oficios manuales, talleres artesanales y formas de sobrevivencia económica, así como aprendizajes y tutelajes de dichos oficios. Aunque no lo parezca, o no se considere como algo serio o importante, la modificación de estos tejidos afecta incluso los sonidos de una ciudad y los elementos que la hacen tener una identidad particular.
También es importante la discusión sobre la educación de las nuevas generaciones en cuanto a los diversos aspectos de las historias nacionales, en particular en tiempos donde la versión de lo que conocemos como “la historia oficial” va sufriendo alteraciones, borrado o distorsiones, según las conveniencias políticas de algunos sectores.
Con lo mencionado al inicio sobre la masificación del acceso de la tecnología y la libre disponibilidad de la inteligencia artificial (tan propensa a presentar errores en sus resultados), es importante que se discuta en los espacios académicos y educativos las mejores maneras para transmitir el conocimiento histórico a las nuevas generaciones.
El Congreso de Historia se desarrolla desde hace 34 años y se lleva a cabo cada dos años. Su primera edición se celebró en Honduras en 1992 y desde entonces, se ha ido realizando en los diferentes países centroamericanos y del estado mexicano de Chiapas. En nuestro país, se realizó previamente en los años 2000 y 2014, en la UES.
Todas las actividades, a excepción de la inauguración el lunes 20, tendrán lugar en la UCA. Para los interesados en asistir y conocer más de los eventos, las conferencias y los expositores, pueden consultarse las cuentas de Instagram y Facebook del evento. Búsquelas como XVII Congreso Centroamericano de Historia. También puede buscar la página web en https://uca.edu.sv/xviicongresohistoria/.
Por la magnitud del evento y el momento en el que se desarrolla, la celebración de este congreso no sólo es significativa, sino también una oportunidad valiosa para enriquecer nuestros conocimientos y participar de ese intercambio intelectual donde el análisis de nuestra historia remota y las posibilidades educativas a futuro nos ayuden a forjar los espacios para la formación de profesionales pensantes y críticos en las futuras generaciones. También será importante para promover el gusto por el conocimiento y la investigación.
En países como los nuestros, donde las fuentes investigativas y los estudios sobre la memoria se realizan casi que con las uñas y con escasos alicientes institucionales, las iniciativas y deseos investigativos suelen ser los únicos y mejores combustibles para llevar a cabo los proyectos documentales y académicos. Por lo tanto, un evento como este congreso se perfila como un claro estímulo para las universidades, alumnado, académicos locales e invitados participantes.
(Publicado en sección de opinión de La Prensa Gráfica, domingo 12 de julio, 2026. Foto propia de una casa en la periferia del centro de San Salvador).
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