Instapoetas

A finales de enero pasado, el periódico británico The Guardian publicó un artículo llamado “Keats is dead: How young women are changing the rules of poetry” (“Keats ha muerto: Cómo jóvenes mujeres están cambiando las reglas de la poesía”). Escrito por Donna Ferguson, el artículo habla sobre diferentes casos de poetas que se han hecho populares a través de Instagram.

La notoriedad que han logrado dichas escritoras ha generado un resurgimiento del interés por la poesía en el Reino Unido. Los medidores de ello no son sólo los miles de likes y seguidores que algunas autoras acumulan, sino también los llenos totales a eventos en que se presentan a hacer lecturas y las ventas de miles de sus poemarios, algo inaudito para el mundo editorial que siempre tiene reservas para publicar poesía, debido a sus pocas ventas.

Las llamadas “instapoetas” se dieron a conocer a través de sus redes sociales, publicando escritos personales, acompañados o no de imágenes. Los poemas, que abarcan temas tan variados como el amor y las historias cotidianas, pero también el feminismo, la menstruación, el racismo y las migraciones, suelen estar escritos y presentados en un formato sencillo, detalle que parece ser parte de su éxito y que es una característica común de la mayoría.

Una de las más conocidas es Rupi Kaur, una india de origen punjabi cuya familia migró a Canadá cuando era muy pequeña. Kaur tiene 3.4 millones de seguidores y combina sus textos con fotos de sí misma, muy consciente de su belleza física. Comenzó leyendo sus poemas en eventos comunitarios. Subió los textos a Instagram y con ellos publicó después un libro llamado Milk and Honey (que se publicó traducido al español con el título de Otras maneras de usar la boca).

El escándalo y discusión que generó la publicación en sus redes de varias fotos de ella y de su hermana en ropa interior con manchas de sangre menstrual, provocaron el cierre de la cuenta por parte de la red social. En vez de tener un efecto negativo, la situación provocó curiosidad sobre la publicación de sus poemas. Hasta la fecha, el libro ha vendido tres millones de copias y ha sido traducido a 35 idiomas.

La traducción al español la hizo su amiga Elvira Sastre, también poeta y con popularidad propia en redes sociales. Sastre, con poco más de 279 mil seguidores, utiliza la misma combinación de compartir sus textos y fotos propias en Instagram. Las entradas tienen miles de likes. Sus libros se venden muy bien, sobre todo en Buenos Aires. Suele hacer lecturas de sus poemas y filmar videos de sí misma leyéndolos. Sus poemas comparten el mismo lenguaje sencillo de muchos de las instapoetas más populares. La idea es que la claridad permite que mayor número de personas comprendan lo que se dice. Hay gente que no gusta de la poesía porque dice no entenderla y esto permite que el género se abra a mayor número de lectores.

Nacida en 1992 en Segovia, España, Sastre se inició publicando sus textos en blogs. Hace una semana, resultó ganadora del Premio Seix Barral de Novela con su primera incursión en la narrativa, Días sin ti. Los jurados alabaron su trabajo con mucho entusiasmo.

Estos casos llaman la atención por el potencial de usos que tienen las redes sociales para los escritores. Para quienes han crecido con medios digitales a su alcance, subir sus escritos a internet es la manera lógica de darlos a conocer. Si se tiene además la suerte de tocar un filón emotivo que conecta con miles de personas que se identifican con lo escrito o posteado, llamar la atención de una editorial no resulta difícil.

En primera instancia, esto puede verse como algo positivo. Si los libros de Harry Potter convirtieron a miles de niños alrededor del mundo en aficionados a la lectura, cabe suponer que las instapoetas podrían estimular el interés de sus seguidores para aventurarse a leer poetas con estilos diferentes y con una lírica más compleja. No es descabellado pensarlo. El artículo de The Guardian, mencionado al inicio de esta columna, asegura que el aumento en la venta de libros de poesía en el Reino Unido ha sido de un 48 % en los últimos cinco años.

Otro factor que está convirtiendo a la poesía en un género con creciente cantidad de lectores es la facilidad con que un poema puede compartirse y leerse en redes. A diferencia de un cuento o de una novela, un poema supone menos tiempo de lectura.

¿Pero a dónde queda la calidad literaria? El gusto masivo de los lectores por las instapoetas ¿significa que son escritoras de calidad? Quizás no sea ésa su prioridad.

Las entrevistadas para el artículo hablan de lo auténtico de su escritura y de cómo refleja sus emociones y su visión de mundo. Eso parece ser suficiente para ellas. Elvira Sastre por su parte ha declarado en alguna ocasión que esta manera de compartir sus versos y además realizar lecturas es volver a sacar la poesía a la plaza y los mercados, como hacían los antiguos juglares y trovadores.

El artículo deja pensando no sólo en el futuro de la escritura sino en la sobrevivencia de los libros que hemos considerado como clásicos literarios. ¿Será esta insta escritura la literatura del futuro? ¿Nos olvidaremos de la escritura íntima, reposada, que resuma la evolución de una visión de mundo, la búsqueda de una voz personal, la construcción de un lenguaje propio? ¿Se fusionarán géneros, surgirán nuevos? ¿Llegará algún día un post de Instagram a ser tan o más importante que el contenido de un libro impreso en papel? ¿Será indispensable la multi presencia pública del escritor y miles de likes para generar interés en su obra? ¿Qué es al final lo que la editorial vende: un buen libro o la figura mediática de quien lo escribe?

¿Se convertirá la poesía en algo tan común que no seremos capaces de apreciar su belleza?

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador, domingo 10 de febrero, 2019).