Cine en El Salvador (I)

Desde hace unos pocos años me parece que hay un grupo de personas muy interesadas y comprometidas con hacer cine de ficción en el país. Siempre las ha habido, pero en los últimos años han surgido una serie de actividades que han permitido que dichos interesados se reúnan en torno a este tema y comiencen a dar pasos más serios y mejor planificados en la consolidación de un cine salvadoreño. O por lo menos están en esa búsqueda.

Me refiero en concreto a talleres de cinematografía que junto al Taller Profesional de Cine y Televisión de la Escuela de Comunicaciones Mónica Herrera, vienen a conformar un valioso semillero de gentes e ideas que bien pudieran darnos sorpresas en un futuro no muy lejano.

Hace poco arrancó el tercer ciclo para la Realización Cinematográfica de Ficción impartido por André Guttfreund, con nada menos que con 25 alumnos. En este esfuerzo están involucrados además el Centro Cultural de España, la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y la Secretaría de Cultura de la Presidencia. Este taller se subdivide en dos: uno para personas que no tienen experiencia en obras cinematográficas, pero están vinculadas a la literatura y a las artes en general. Y el taller dos que es para aquellos que poseen experiencia en la cinematografía, ya sea en documental o ficción, guionistas, directores de fotografía y editores de literatura.

Otro de los talleres que se realizaron hace poco, y que guarda relación con este tema, fue el de adaptación de obra literaria a guión cinematográfico a cargo del cineasta español Luis G. Valdivieso. El taller, organizado por el Centro Cultural de España, contó con la participación de nueve personas, incluyéndome. Todos los participantes trabajamos en una propuesta de guión para un cortometraje. La idea es que luego de una etapa de trabajo, que ahora continúa a distancia, estos guiones se consoliden y los mejores puedan ser filmados en nuestro país.

La experiencia vivida en el taller me permitió no sólo acercarme a una forma diferente de escritura, como lo es la del guión, sino también ver y comprender el cine de una manera distinta. Es profundamente diferente estructurar y narrar una historia con las múltiples herramientas literarias que ya conocemos a contarla estrictamente a través de imágenes, que es lo que hace el cine.

La convivencia en el taller nos permitió también intercambiar impresiones sobre el cine en general y en particular sobre el estado de la incipiente producción de cine de ficción en nuestro país.

Luis Valdivieso no es una persona ajena ni extraña al quehacer de cine en El Salvador. Director y productor de cine y televisión español, ganador de un Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín, vivió acá durante muchos años, luego de la firma de los Acuerdos de Paz, donde estuvo dedicado a varios quehaceres que involucraron la creación y producción de audiovisuales, así como a la formación en el área cinematográfica.

Sobre los motivos por los cuales en El Salvador se ha hecho tan difícil arrancar con una producción cinematográfica (a diferencia de otros países como Guatemala y Costa Rica, donde se han hecho algunos intentos más constantes), Luis opina que partiendo que la realidad del país no es la mejor para facilitar la producción, habría que referirse a otros motivos relacionados específicamente a la propia gente que hace o quiere hacer cine.

El primero de esos motivos es, para Valdivieso, la falta de motivación: “Esto es vital porque lo primero que un profesional debe de tener es pasión por lo que hace y además luchar para que lo hecho llegue a la gente. En definitiva creer en lo que se hace. Hay que tener empuje para desde vuestra realidad enfrentarse con espíritu positivo al desarrollo de la profesión”.

Otro motivo que considera impide la producción de cine en el país es la creación de cotos cerrados de forma individual. “Esto supone un freno tremendo porque no se comparte la obra y cada quién busca defender únicamente lo suyo. Como resultado del punto anterior no se ha colectivizado la profesión”.

Agrega que hay, por lo demás, una gran falta de conocimiento del cómo se hace una película; esto pasa por el desprecio, desde la ignorancia, de la importancia del guión hasta la absoluta falta de formación: se ha empezado con ella hace escasos 7 años.

“Hoy en día se están subsanando varias de estas carencias que señalo, pero todavía falta camino por recorrer. Para mí lo más importante es que los que se dedican a ello hagan un ejercicio de humildad y reconozcan la necesidad de estar adquiriendo conocimientos constantemente, que amen lo que hacen y que lo compartan”, subraya Valdivieso.

Pensando en lo que se necesitaría para poder establecer una industria de cine en El Salvador, y si algún día tendríamos capacidad para ello, Valdivieso expresa una idea interesante: “La capacidad se mide por la realidad de los países. En este caso la realidad no ayuda mucho a generar una industria de cine en El Salvador, la extensión territorial, su demografía, la falta de recursos propios, la desigualdad social; todo ello hace que no podamos hablar, hoy por hoy, de una industria cinematográfica que pueda asentarse en el país y desde allí salir para afuera. Pero sí se puede pensar que en pocos años se podrían producir de 2 a 3 películas de largometraje de ficción, además del cine documental que ya lleva algo más de camino recorrido. A pesar, del adelanto que nos llevan Costa Rica y Guatemala, no creo que estos dos países sean capaces de crear una auténtica industria de cine. Siempre he pensado que la única industria posible que se puede crear, cuando se salven todos los intereses que frenan la integración, es la centroamericana, en la que cada país producirá conforme a la realidad de cada uno de ellos y la suma de todas las producciones engrosarán esa industria, en la que ya hablamos de unos 40 millones de posibles receptores de ese cine centroamericano y a partir de allí distribuirlo a escala mundial. ¿Se conseguirá? Me encantaría”.

Si a alguien le parece superfluo o fuera de lugar pensar en el establecimiento de una producción de cine salvadoreño, sobre todo a los inversionistas locales, podrían tomar en cuenta estas consideraciones hechas por Luis Valdivieso: “Es, sin duda, la mejor forma de conocer un país, de dar a conocer su cultura, su forma de vida. Es un enriquecimiento que no tiene fin, abre las puertas de nuestra cultura a otras culturas y se alimentan mutuamente. Por otra parte crearía puestos de trabajo, tanto entre los propios profesionales como en diferentes servicios: hoteles, restaurantes, agencias de viaje, turismo, etc., lo que ayudaría, en parte, al crecimiento económico”.

Si bien es cierto hacer cine es una disciplina complicada por la cantidad de conocimientos técnicos que requiere, también es cierto que los tiempos que vivimos han facilitado el acceso al cine y a su producción de maneras nunca antes vistas. Pueden rodarse cortos con cámaras celulares o cámaras digitales corrientes, por ejemplo. Eso hace que dicho medio de expresión esté al alcance de muchos, aunque no sean todos los llamados a ejecutarlo con la calidad o el ingenio deseados.

Realizar y producir cine de ficción, sobre todo un largometraje, no sólo requiere de cierto aparataje y conocimiento técnico sino que necesita también de un trabajo en equipo y recursos financieros. Incluso en los países donde hay industrias de cine establecidas, los productores y realizadores sufren lo indecible buscando el financiamiento para sus producciones.

En algunos países de Latinoamérica (como México, Colombia, Bolivia, Chile y Argentina), se cuenta con subsidios y facilidades, como una Ley de Cine, que beneficia y ampara las producciones nacionales de los países donde existe.

Tampoco hay que despreciar el componente educativo en esta ecuación. En un país como el nuestro, donde somos bombardeados en nuestros cines con toda la basura producida en Hollywood, hay que pensar en formar a un espectador que tenga la sensibilidad y la educación de ver algo más que explosiones, persecuciones de carros, comedias sin gracia, efectos especiales y personajes bonitos físicamente que ni se despeinan aunque hayan caído de un edificio de 30 pisos.

Producir cine nacional y mostrarlo a un público local pasará también por educar a un espectador que aprecie dichas producciones, sabiendo distinguir la calidad cinematográfica.

(Publicado en revista Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica, domingo 10 de junio 2012).

There are 4 comments

  1. Alejandro Lopez

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    …muy buenos apuntes Jacinta, te felicito por tu participación en el taller, y gracias por compartir tu experiencia, ojalá estos iniciales logros de preparación crezcan y fructifiquen y se pueda conocer algo de calidad, en el cine salvadoreño, aun cuando sea abriéndose paso a re empujones, entre tantas adversidades!!! Saludos

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  2. Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León.

    Con respecto a lo que dice Luis G. Valdivieso: “Esto supone un freno tremendo porque no se comparte la obra y cada quién busca defender únicamente lo suyo. Como resultado del punto anterior no se ha colectivizado la profesión”; ésto también es cierto en la mayoría de actividades artísticas y laborales en nuestro país, lo cual es una lástima.

    Muy buen artículo, Jacinta.

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  3. Bitacoras.com

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