Una entrevista del 2004 a Mauricio Orellana Suárez

Considero oportuno volver a postear esta entrevista que le hice a Mauricio Orellana Suárez, flamante ganador del Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo”. Fue hecha en el 2004 y publicada el 5 de septiembre de aquel año en el suplemento Áncora del periódico La Nación, de Costa Rica, como parte de una serie de entrevistas que hice con escritores centroamericanos, uno por país, incluyendo Belice. La serie completa se publicó en Costa Rica porque aquí en El Salvador no hubo ningún interés en hacerlo. Algunas de las entrevistas fueron publicadas en Panamá y también en la revista electrónica Istmo.

El enlace de La Nación ya no está disponible en la red y por eso subo el texto completo. La novela que mencionamos, Tantra, el pecado al revés, es la base a partir de la cual escribió la novela que ganó el premio ayer, pero en una versión corregida, aumentada y con nuevo título.

Aquí la entrevista:

EL EXTRAÑO CASO DEL ESCRITOR CASI INÉDITO

El caso de Mauricio Orellana Suárez de El Salvador no deja de ser curioso: se dio a conocer con buen suceso en el 2002 por su novela Te recuerdo que moriremos algún día. Y no se supo más de él. Lo curioso es que todos lo conocemos como escritor, que más de alguno ha leído sus novelas inéditas y que, más insólito aún, toda esa obra inédita está premiada. De hecho, su novela Kazalkán y los últimos hijos del Sol Oculto, fue finalista del Premio Planeta de España, el año en que lo ganó Bryce Echenique.

Mauricio ha tenido siempre la generosidad de compartir sus novelas inéditas con los amigos y conocidos, quizás con la esperanza no perdida de encontrar una manera de publicarlas. Y aquí es donde se puede hablar de injusticias editoriales. Porque la verdad es que la obra de Orellana Suárez ha incomodado a más de alguno por su temática.

“Si estuviéramos en Europa, le podría publicar su novela”, dijo algún editor cuyo nombre me reservo. “Pero aquí, en El Salvador…”. Se refería a una novela llamada Tantra, el pecado al revés, novela de iniciación de la vida homosexual masculina, escrita con franqueza, humor y una valiosa innovación en cuanto al tratamiento no-lineal de una historia, sin caer en lo vulgar u ofensivo.

Pero no es la homosexualidad el único tema de Orellana. Kazalkán… es una ficción con gran detallismo de lenguaje, ambientada en una serie de pueblos indígenas ficticios que reflejan, a pesar de la época, problemas y situaciones de la vida actual, como la corrupción, las envidias, las guerras. Un tipo de historia que no había sido intentada antes en la narrativa salvadoreña.

Por desgracia, esta novela no ha sido ni siquiera solicitada para lectura por ninguna de las escasas editoriales salvadoreñas. ¿Falta de visión o prejuicios moralistas?

-¿Por qué has publicado tan poco teniendo tanto escrito?

Ha habido intentos pero no se han concretado por un sinnúmero de circunstancias, muchas de ellas inauditas; pero también porque en general la labor editorial está aún bastante deprimida en El Salvador. Lo bueno es que esto evita que uno se precipite publicando trabajo todavía en proceso de maduración, en el sentido de que uno tiene tiempo de buscar resultados más satisfactorios de acuerdo a las propias exigencias estéticas, que cambian y crecen a medida que el tiempo pasa. Todo tiene su momento, y por ahora lo que me quita el sueño es seguir produciendo, no publicar.

-¿Creés que la temática que tocás en tus novelas es lo que ha impedido que las editoriales salvadoreñas te publiquen?

Equivocada tal vez, pero podría ser una razón, y si lo es, entonces se vuelve preocupante pensar que se sigue sobrevaluando la temática, en detrimento del manejo formal y de los recursos expresivos y estéticos que toman en cuenta el tema sólo en función de cómo ha sido tratado, que es en lo que a mi juicio radica el valor de una obra literaria. Lo cierto es que yo no escojo mis temas, así los sudo en tinta y ya, y cuando haya una coincidencia de motivos, de sentido y de juicios, entonces tal vez se abra una puerta. Lo que nos ampara es la dignidad, ser fiel a lo que nos ocurre, y el no negar lo que nos ocurre.

Kazalcán y los últimos hijos del Sol Oculto me parece una catedral del lenguaje y la creación además de reinos imaginarios para recrear problemáticas actuales. ¿Cómo se te ocurrió esta historia, cuánto tiempo tardaste en escribirla?

Es más bien una catedral de la búsqueda, o mejor una eremita en marcha, erigida por las necesidades expresivas que van surgiendo en el proceso creativo personal; un caminar, y no un llegar. Surge como un ensayo, por un lado, para expandir un poco mis limitaciones naturales y crecer en el terreno en que considero que soy más débil: es una narración contenida, en el sentido, por ejemplo, de conscientemente no utilizar en la construcción del lenguaje tamices que distorsionen la realidad objetiva, con la intención de usar a ésta, y al detalle de la acción bajo esta clave, como signos de los procesos subjetivos de los personajes. Por otro lado, me planteé el reto de crear un espacio y un tiempo literario en donde poder inventar todo, desde costumbres, geografía, panteones, nombres y ciudades, hasta mitos y conflictos sociales y religiosos. La historia es entonces una excusa para lo anterior. Tardé poco más de un año en escribirla.

-Mi novela favorita tuya es sin duda la que conocimos algunos como Tantra, el pecado al revés. Mientras tanto, la obra ha sufrido algunas transformaciones y hasta cambió de título. ¿Sos de esos escritores que nunca terminan de corregir? ¿O creés que los libros que uno escribe pueden ir evolucionando con el tiempo y sufriendo transformaciones, tal como las sufren sus autores?

Creo que en el proceso creativo nada está escrito para ser ley. Nuestras concepciones no son inmutables, cambian día a día y es natural que querramos adaptar una obra a la nueva concepción, pero por lo mismo de que al ideal de la obra sólo podemos aproximarnos y nunca llegar, hay un momento en que tenemos que soltarla. A mí me cuesta soltar.

-¿Qué te gustaría que ocurriera en el panorama de la literatura salvadoreña?

Eso mismo: que ocurra, que siga ocurriendo. Y que todos quienes tenemos que ver con la escritura y con la obra creativa en general nos hermanemos más. Todo es una puesta en escena, demasiadas veces un juego de poses y protagonismos; tenemos que empezar a reírnos de él y de nosotros, disfrutar más y  no complicarnos.

 

Ficha bio-bibliográfica:

Mauricio Orellana Suárez, San Salvador, El Salvador, 1965.

Obra inédita y sus reconocimientos:

Kazalcán y los últimos hijos del Sol Oculto, Finalista Premio Planeta de Novela 2002.

Ciudad de Alado, novela, Premio Único, Juegos Florales Salvadoreños, 2000. (Actualización 2011: esta novela fue publicada en el 2009 por Uruk Editores en San José, Costa Rica).

La marea, novela, Premio Único, Juegos Florales Salvadoreños, 1999.

Nueve y medio casos de cólera, cuento, Premio Único, Juegos Florales Nacionales de Cojutepeque, 1998.

Tantra: el pecado al revés, novela, Tercer Lugar, Juegos Florales de la ciudad de San Salvador, 1999.

Perihuellas y microcuentos, Mención de Honor, Juegos Florales de la ciudad de San Salvador, 2000.

Publicaciones:

Te recuerdo que moriremos algún día, (novela), Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 2001.

Gavidia, Catador de lo eterno: voluntad de síntesis e integración, (ensayo), Primer Lugar, Certamen Literario Nacional “Francisco Gavidia”, UFG Editores, San Salvador, 1997.

– Zósimo y Geber, (cuento), Segundo Lugar, Juegos Florales Nacionales Ahuachapán, 1995, Dirección de Publicaciones e Impresos, San Salvador, 1995.