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Audiolilbros

Hace poco escuché el audiolibro de El cartero siempre llama dos veces, la novela breve del estadounidense James M. Cain. Esta historia es uno de los clásicos de la literatura negra. Sirvió de base para la película del mismo nombre, estrenada en 1946, dirigida por Tay Garnett y protagonizada por Lana Turner y John Garfield. También existe una versión fílmica de 1981 (protagonizada por Jack Nicholson y Jessica Lange) y hasta una ópera que debutó en 1982.

Tuve suerte de encontrar una versión del audiolibro en su original en inglés, leído nada menos que por el actor Stanley Tucci. Dicha versión fue la ganadora del premio AudioFiles Earphones Award de 2005, un premio concedido por la revista AudioFile a los mejores audiolibros en varios géneros literarios. Para otorgarlo, los organizadores toman en cuenta la calidad de la lectura, dicción clara y si el material seleccionado aplica para dicho formato. Leer más

El arte en tiempos de crisis

Muchas veces me pregunto cuál es la función del arte en medio de un mundo en crisis. Estoy segura de que es una pregunta que nos hacemos muchas de las personas que nos dedicamos a las diferentes actividades creativas e, incluso, quienes trabajan en la gestión cultural.

¿De qué sirve una exposición de pintura, un concierto de piano, una novela de ficción o una película mientras, en varios lugares del mundo, están cayendo bombas, se masacran personas, hay hambrunas, se cometen injusticias de todo tipo? ¿Cómo ignorar que miles de personas deben migrar de sus lugares de origen y que lo hacen en condiciones extremas para huir y salvarse de una tierra que se ha tornado violenta o que está siendo lentamente destruida por un cambio climático que nadie está dispuesto a detener? ¿Cómo no conmoverse ante los cuadros comparativos del antes y el después de la destrucción de las bombas en Gaza o Ucrania? ¿Cómo no sentir nada cuando vemos niños desangrados y mutilados gritando de dolor? ¿Cómo ser indiferente ante los llamados de auxilio de las organizaciones humanitarias que buscan mitigar, in situ, el dolor interminable de miles de víctimas? Leer más

Naturaleza y arte

Hoy quiero sugerir dos espacios diferentes para pasar algunas horas disfrutando de un esparcimiento interesante y constructivo. Estos espacios no implican mayor gasto económico, son aptos para toda la familia y no obligan a estar con la mirada fija en pantallas de ningún tipo, sino todo lo contrario: nos permiten desconectar a profundidad de una realidad cada día más estresante.

El primero es el Jardín Botánico Plan de La Laguna. Ubicado en Antiguo Cuscatlán, en lo que fuera un cráter volcánico, el terreno era originalmente la casa de la familia Deininger, quienes tenían como afición coleccionar plantas de todas partes del mundo. Eventualmente donaron el lugar para convertirlo en un jardín botánico y el 13 de julio de 1976 se constituyó la Asociación Jardín Botánico La Laguna, una entidad privada, sin fines de lucro, apolítica y no religiosa. Esta es la institución encargada de velar por el funcionamiento del parque, que se mantiene a través del importe de entrada (1.75 de dólar para adultos y 1.25 para niños de 2 a 12 años). También obtienen ingresos mediante membresías, cursos de jardinería, servicio de mantenimiento de jardines y un vivero. Leer más

Guardianas

El próximo 17 de junio aparecerá a la venta en los Estados Unidos el libro Guardianas: Despachos de la Asociación de Parteras Rosa Andrade (APRA). Publicado por la editorial Seven Stories Press de Nueva York, el libro es una colección de testimonios de parteras salvadoreñas, muchas de las cuales comenzaron su experiencia como tales en los años de la guerra civil.

La edición bilingüe, de 272 páginas, fue traducida por Emma Lloyd e incluye una sección de fotografías. Los testimonios fueron recopilados en el 2019 por la salvadoreña-estadounidense Noemí Delgado, quien convivió durante diez meses con mujeres pertenecientes a APRA. Esto fue posible gracias a la beca “Public Health Fullbright Fellowship”. Delgado fue también codirectora, junto a Shara Lili, del cortometraje documental Matronas: The Struggle to Protect Birth in El Salvador (2021). Leer más

Memorias de un navegante del porvenir

En la Nochebuena de 1977, los guardias del centro clandestino de detención, tortura y exterminio conocido como El Vesubio, ubicado en un predio del Servicio Penitenciario Federal de Buenos Aires, Argentina, se mostraron generosos con los prisioneros. Esa noche les dieron permiso de quitarse las capuchas y fumarse un cigarrillo. También les permitieron hablar entre ellos durante cinco minutos.

Ese tiempo fue aprovechado por uno de los prisioneros, el de mayor edad, para saludar y darle la mano a cada uno de los detenidos que se encontraban ahí. El hombre en cuestión tenía casi 60 años. Estaba muy flaco. Se le veía adolorido. Cada movimiento que hacía le suponía un pesado esfuerzo, pero sacó ánimo para apretar la mano de todos. Leer más

Duelos

Dolor. Tristeza. Llanto. Vacío. Soledad. Ausencia. Añoranza. Desconcierto. Dolor físico. Dolor de pecho, del alma. El cuerpo como un cajón vaciado. El silencio en la cabeza, en las habitaciones, en la vida cotidiana. La falta como una ausencia que cala. Recuerdos como cuchillos afilados azuzando el dolor. La lágrima fácil e interminable.

La Real Academia de la Lengua Española tiene dos definiciones para la palabra “duelo”. Una se refiere a un combate o pelea entre dos personas, a consecuencia de un reto o desafío. La otra definición, la que hoy me ocupa dice, textual: “Dolor, lástima, aflicción o sentimiento”. Y sí, nuestra gente pueblo adentro dice “me dio sentimiento” cuando quiere expresar una tristeza muy honda, que no sabe cómo explicar y que parece abarcar todas las formas posibles del sentir. Una tristeza revuelta con dolor que lo barre todo, como una escoba destructora, como un viento terminal.

También dice la RAE que duelo son las demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien y la reunión de parientes, amigos o invitados que asisten a la casa mortuoria, a la conducción del cadáver al cementerio o a los funerales. Luego vienen otras definiciones y usos particulares, incluso un platillo llamado “duelos y quebrantos”, preparado antiguamente para guardar la abstinencia parcial que se decretaba por precepto eclesiástico en los reinos de Castilla los días sábado.

Pensé que hoy me era casi obligatorio escribir algo sobre este tema, porque los últimos quince días han estado llenos de muertos, públicos y privados. La muerte no deja de estar ahí, presente en la vida de todos. La muerte de otros es nuestro constante memento mori. Lo curioso es que, aunque la única certeza que tenemos en nuestras vidas es la de la muerte, hablamos poco sobre ella. Es un tema que evadimos, que nos causa aprensión, que no nos gusta tocar, quizás porque no nos gusta recordar ni que nos recuerden que nuestro tiempo acá es finito, contado y, de remate, una sorpresa fatal. Lo mismo podemos morir niños que ancianos, enfermos o sanos, de súbito o como resultado de un largo calvario de salud. Nunca se sabe.

Los muertos públicos han sido el escritor peruano español Mario Vargas Llosa, fallecido el 13 de abril, y el papa Francisco, fallecido el 21 de abril. Ambos de 88 años. Ambos amados por unos e insultados por otros. Ambos sometidos a juicios minuciosos sobre sus faltas, sus errores, su no hacer, sus posturas políticas y también lo bien hecho. Con Vargas Llosa, se reavivó la discusión de intentar separar a la obra del autor, de salvar sus libros del fuego mientras se insultaban sus posturas frente a diversos temas sociales. Con el papa fue más o menos lo mismo. Mientras miles enumeraban sus cambios y posturas inclusivas, otras personas decían que no había hecho lo suficiente. Una periodista que respeto escribió artículos sobre cada uno, exaltando al escritor y destrozando al papa. Me quedó claro que, con los muertos públicos, lo que ocurre es que cada quien proyecta en el muerto sus propias creencias y afectos, sin poder ser objetivos ni respetuosos con el dolor ajeno.

Quizás el silencio sería mejor en el caso de estos muertos, si lo único que va a hacerse es insultarlos cuando ellos ya no pueden replicar, cuando nunca se les espetó en público, en su cara. Es parte de las costumbres sociales del duelo. Se exalta sólo lo bueno, se trata de obviar lo negativo, se entierra y es olvidado el difunto, aunque entre corrillos se siga hablando de sus defectos, algo que se impone desde la sentencia del “descanse en paz”. Una expresión que siempre me causa problemas, porque leo entrelíneas un “ya no hablemos de esta persona nunca más”. La condena del olvido. ¡Ay, todas esas frases seudo poéticas o filosóficas, todos esos clichés que inventamos para consolarnos de la muerte!

Hace pocos días hablé con una pareja de amigos. Tuvieron que dormir a su perra, por alguna enfermedad. Comentamos esa pena, esa ausencia, eso que problematiza tanto a los demás como es la pérdida de un compañero animal. Lo poco respetado, lo poco comprendido que es el duelo por nuestros peluditos. Se convive cuatro, diez, varios años con un perro, un gato, cualquier animal. Nos entregan un cariño y una lealtad ilimitadas, a toda prueba. Su muerte nos causa, por supuesto, un vacío emocional enorme, un dolor que no es menor ni de segunda categoría. Merecen todas y cada una de nuestras lágrimas, porque la calidad de su afecto es muchas veces superior al de los humanos.

En esa plática sobre el duelo, comentábamos cómo parece que sólo los hijos, padres y madres merecen ser llorados y dolidos. La sociedad tiene muchos problemas para aceptar que también otros familiares, sanguíneos o políticos, nos pueden doler tanto igual o más. Incomprensible resulta también para muchos el duelo por los amigos muertos. Lo de los amigos vino a cuento porque habían perdido también a alguien, de súbito, por un infarto. Habían hablado pocas horas antes con él. El fallecido se sintió mal de pronto, se acostó en la hamaca y murió.

Eso me recordó a una amiga muy querida y cercana que murió el año pasado. Una muerte que sigo procesando, doliendo, pensando, recordando. Sueño con ella con regularidad. Y en los sueños, como un puente con mi realidad, siempre hay un momento en que la abrazo y le digo que la quiero mucho y que la extraño. Ella me mira en silencio, me sonríe y continuamos lo que sea que estemos haciendo en el sueño.

Pienso que insisto en decirle que la quiero, en sueños, porque me queda la sensación de que no se lo dije o demostré lo suficiente en vida. También me pasa cuando sueño con mi padre, que lo abrazo y le digo que lo quiero. Muchas veces damos por sentado de que otras personas saben que los queremos, que no necesitamos decirlo porque el acuerdo tácito de afecto es un sobreentendido, que lo demostramos en hechos, en detalles. Pero que nos digan un “te quiero”, un “me hacés falta”, un “te extraño”, nunca sobra.

Llorar a nuestros muertos, no importando su relación con nosotros, no es una muestra de debilidad. Por el contrario, es una forma de honrar y reconocer la relación, la profundidad del afecto y la importancia que ha tenido en nuestra vida. El duelo es una forma de amor y de dar las gracias. Sólo dejamos partir con apatía lo que nos es indiferente, en esa despedida definitiva que es el morir.

Solemos vivir nuestros duelos en silencio, en privado, porque no queremos que alguien insulte no sólo la memoria del ser fallecido (humano o animal), sino lo que ese ser significa para nosotros, lo que nos ha dado a nivel fundamental para nuestra vida y formación. Nadie (o casi nadie) puede comprender a plenitud lo que nos significa un escritor, un papa, un amigo, un perro, un gato. Nadie quiere vernos y mucho menos escucharnos durante días, semanas, meses, hablando de la falta que nos hace alguien. Nadie quiere vernos llorar. La sociedad nos exige fortaleza, compostura y actitud positiva. Sonreír y pasar la página, como si nuestros amores, grandes o pequeños, pudieran olvidarse con tanta facilidad.

La muerte no destruye el amor. Ese amor es lo que permanece, ante una partida, como algo fundamental de lo que somos, algo que nadie nos podrá arrancar jamás. Que nos quede esa certeza, aunque lloremos en silencio.

(Publicado en La Prensa Gráfica, sección de opinión, domingo 4 de mayo, 2025. Foto propia).

Escritora Flannery O'Connor, en muletas, mirando a dos pavos reales.

Una escritora en estado de gracia

“Ayúdame, querido Dios, a ser una buena escritora y a que me acepten algo más (para ser publicado)”. Esta petición puede leerse varias veces en el libro Diario de oración, de la escritora estadounidense Flannery O’Connor.

El libro fue escrito por la autora entre 1946 y 1947, durante su decisiva estadía en la Universidad de Iowa. Llegó hasta allá con la idea de estudiar periodismo, pero su contacto con otros escritores y la negativa o poco interés que recibían sus pinturas y caricaturas, la llevaron a tantear los rumbos de la escritura literaria.

O’Connor, de ascendencia irlandesa, era católica hasta la médula e iba a misa todos los días. Pero el ambiente intelectual de la universidad, la lectura de Franz Kafka, James Joyce y William Faulkner, el conocimiento de otras filosofías y las conferencias de escritores como Robert Penn Warren y Andrew Lytle, ponían a prueba sus convicciones religiosas, por lo que necesitaba de una comunicación directa con su creador.

Concibió la idea de escribir una carta diaria a Dios mismo, como una forma de hablar con Él, sin intermediarios. La escritura en dicho cuaderno era una forma suya de orar y aferrarse a su fe, aunque los textos no siempre fueran formas convencionales de oración. Leer más

Un libro polémico

El 27 de marzo pasado, la editorial Anagrama de España dio a conocer su decisión de suspender, de manera indefinida, la difusión y puesta a la venta del libro El odio, del escritor Luisgé Martín.

Esta obra de no ficción está basada en un crimen cometido en el 2011 en la ciudad de Córdoba, España. Un sujeto llamado José Bretón asesinó a sus hijos, una niña de 6 años y un niño de 2. Luego quemó los cuerpos, dejando pocos restos identificables.

Bretón ejecutó dicho acto como venganza contra su entonces esposa, y madre de los menores, Ruth Ortiz, porque le había comunicado su intención de divorciarse. El asesinato de los niños fue planificado con detalle y ejecutado a sangre fría. Bretón fue capturado, llevado a juicio y condenado a 40 años de cárcel, 20 por cada niño. Leer más

La IA: ¿necesidad o imposición?

En febrero del 2023, es decir, hace poco más de dos años, escribí una columna titulada “El doble filo de la inteligencia artificial”. En ese texto, hablé de mis experiencias probando las primeras aplicaciones de inteligencia artificial (IA) que estaban a disposición del público a través de internet.

En aquellos meses, la IA era toda una novedad, algo que nos causaba curiosidad y que muchos de nosotros comenzamos a probar para ver de lo que era capaz. La “inteligencia” parecía no serlo tanto: era frecuente que te diera respuestas equivocadas a tus preguntas investigativas. Si le pedías generar una imagen, solía producir manos con dedos de más o con extremidades en posiciones imposibles. Por estar en su fase inicial, muchas personas disculpamos sus errores de funcionamiento y seguimos haciendo las cosas como siempre. Leer más

Perros de Pávlov

El objetivo por agilizar las comunicaciones a distancia logró la creación del aparato que hoy en día llamamos teléfono móvil o celular. ¿Pero qué tanto ha mejorado la comunicación entre las personas y, sobre todo, qué cambios culturales ha impuesto o provocado la masificación de estos aparatos?

Hasta finales del siglo pasado, el teléfono se utilizaba, efectivamente, para hacer y recibir llamadas, no solamente de trabajo, sino también como parte del ocio personal. La línea telefónica también era imprescindible para la transmisión de noticias. De hecho, las primeras conexiones de internet seguían utilizando la línea telefónica, emitiendo aquel sonido tan característico que muchos todavía recordamos. Leer más

La ciudad y sus fantasmas

Hace algunas semanas tuve oportunidad de ver un documental que me impresionó mucho. Se trata de Occupied City (Ciudad ocupada) del cineasta británico Steve McQueen.

El documental se centra en la ocupación nazi en los Países Bajos, ocurrida entre mayo de 1940 hasta la rendición alemana en mayo de 1945. Como ocurrió en sus territorios ocupados, los nazis se encargaron de deportar y ejecutar a todos los judíos que encontraron, así como a miembros de la resistencia, comunistas, discapacitados físicos o mentales, homosexuales, sintis y romaníes. La mayoría fueron enviados a campos de concentración, aunque muchos otros fueron ejecutados en sus viviendas, escondites, durante acciones de sabotaje o intentos de fuga. Leer más

Entrada al campo de concentración de Auschwitz

Auschwitz siempre

El 27 de enero pasado se cumplieron 80 años de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. La fecha ha sido nombrada como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, según una resolución tomada por la Asamblea General de la ONU en 2005.

Es importante recordar que, entre los millones de personas que fueron asesinadas o que perecieron debido a las infames condiciones de los campos de concentración, no sólo se encontraban judíos, sino también personas perseguidas por ser homosexuales o bisexuales, personas acusadas de ser opuestas al régimen nazi, personas de raza negra, criminales (asesinos, ladrones, falsificadores, etc.), personas con discapacidades físicas o enfermedades mentales, prisioneros de guerra soviéticos, testigos de Jehová y población roma y sinti (conocidos popularmente como “gitanos”). Leer más